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280907 - (Bambú Press) -
La diferencia es de apenas 40 mil millones. Para cualquier ciudadano de
a pie e, incluso, para unos cuantos países de Asia, África y América
Latina, representa una cantidad exorbitante. Para
Estados Unidos,
parece que es sólo un vuelto.
En 2000 la
ONU
se propuso las Metas del Milenio para los siguientes 15 años, que
incluyen bajar a la mitad el porcentaje de personas con ingresos
inferiores a un dólar por día, disminuir también a la mitad el
porcentaje de personas que padecen hambre, reducir la mortalidad
infantil y lograr que los niños de todo el mundo completen sus estudios
primarios.
El ministro de Relaciones Exteriores cubano, Felipe Pérez Roque, estimó
en su intervención en la 62ª Asamblea General de la ONU que para
alcanzar estos objetivos se necesitan 150 mil millones de dólares. Ya lo
había dicho el 13 de junio de 2003 en la reunión cumbre del Grupo de los
77 y China, celebrada en Doha (Qatar).
La cifra es bastante menor que la cantidad que solicitó al Congreso de
Estados Unidos el secretario de Defensa, Robert Gates, para financiar
las guerras de Irak y
Afganistán
en 2008: 190 mil millones.
El argumento de Gates para justificar esta suma –que no se destinará a
medicinas, ni alimentos, ni textos de enseñanza, ni puestos de trabajo–
fue increíble: “Sé que
Irak
y otras decisiones difíciles a las que América se enfrenta en la guerra
contra el terrorismo seguirán siendo una fuente de fricción entre el
Congreso y el presidente y en la opinión pública, pero hay algo en lo
que todos podemos estar de acuerdo: el honor, el valor y el gran sentido
del deber que hemos testimoniado en nuestras tropas desde el 11 de
septiembre (de 2001)”.
Y mientras Gates habla de honor, valor y sentido del deber, el
historiador inglés Robert Brenner –famoso por su ensayo La Economía de
la Turbulencia Global, publicado en mayo-junio de 1998 en la revista New
Left Review– pregunta y se responde: “¿Y ese ‘fsssh’ que se oye? Ah, es
la economía de las burbujas que se desinfla” en Estados Unidos.
Desde la izquierda Brenner coincide con el conservador Paul Craig
Roberts, ex secretario adjunto del Tesoro bajo el gobierno de
Ronald Reagan,
ex editor asociado del Wall Street Journal y autor del libro La Tiranía
de las Buenas Intenciones (2000), quien el pasado 12 de septiembre
advirtió: “La economía estadounidense sigue muriéndose de a poco ante
nuestros propios ojos, pero los economistas, los estrategas y el público
en su conjunto están ciegos ante el temblequeo de la fabulosa tierra de
las oportunidades”.
Según Paul Craig Roberts, investigador del Hoover Institute de la
Universidad de Stanford ,“cada vez que una empresa norteamericana
transfiere al exterior la producción para el mercado interno de Estados
Unidos, las consecuencias son muy malas para la economía estadounidense.
Una de ellas es que se reemplaza trabajo estadounidense con trabajo
extranjero, con lo cual se contraen las oportunidades de mano de obra en
Estados Unidos y por lo tanto el crecimiento del ingreso. Durante lo que
va del siglo XXI, la economía estadounidense dejó de generar empleo en
las industrias de exportación o en las sometidas a la competencia de los
bienes importados”.
Pero eso no es todo. Hoy Estados Unidos tiene déficit comercial con
cualquier parte del planeta, que en total suma más de 800 mil millones
de dólares, afirma Roberts, actualmente editor colaborador de la
publicación conservadora National Review y coautor del libro Chile: dos
visiones. La era Allende-Pinochet, publicado en 2000 por la Universidad
Andrés Bello.
“En 2006 (el último dato anual), su déficit comercial total era de 838
mil 271 millones de dólares. Su déficit con Europa era de 142 mil 538
millones. Con Canadá, de 75 mil 085 millones. Con América Latina, de 112
mil 579 millones (67 mil 303 sólo con
México).
El déficit con Asia y el Pacífico fue de 409, mil 765 millones (233 mil
087 con China y 90 mil 996 con Japón). Y con África, el déficit
comercial estadounidense fue de 62 192 millones de dólares”, escribe
Roberts
Y esto tampoco es todo. “En lo que va del siglo XXII, el dólar ha caído
33 por ciento en relación a las demás monedas. Sigue siendo la moneda de
reserva debido ante todo a la costumbre, y a la falta de una alternativa
clara”.
Eric Toussaint, presidente del Comité por la Anulación de la Deuda del
Tercer Mundo, con sede en Bélgica y formado por una red internacional
presente en 23 países de cuatro continentes, opina que Estados Unidos es
la nación más endeudada a nivel interno y externo del mundo.
“Tiene una deuda externa equivalente al total de la deuda externa del
conjunto de todos los países llamados ‘en desarrollo’, donde vive el 85
por ciento de la población. Lo que es tremendo, escandaloso, es que los
mismos países del Sur otorgan préstamos a Estados Unidos. Para financiar
su deuda, Estados Unidos vende bonos del Tesoro. Los países ‘en
desarrollo’ han comprado un billón de dólares en bonos del Tesoro”,
explica Toussaint en “La crisis de la deuda al Banco del Sur”, publicado
este por el Anuario Bolivariano de Información de
Venezuela
(ABIVEN) en colaboración con la Universidad Bolivariana de Venezuela.
“Es oficial. Anótalo en tu calendario. Ha comenzado la quiebra de la
economía de Estados Unidos”, escribió el 20 de junio en Global Research
el analista y consultor económico Richard C. Cook, ex funcionario de la
Comisión del Servicio Civil, la Administración de Alimentos y Drogas y
la Casa Blanca en el gobierno de James Carter, quien además estuvo
durante 21 años en el Departamento del Tesoro.
¿Honor, valor y sentido del deber? Cook asegura que “entre quienes están
listos para beneficiarse con el crack está el Grupo Carlyle, el fondo de
alto riesgo que incluye a la familia Bush y a otros inversionistas de
alto perfil con conexiones gubernamentales que dan acceso a
informaciones confidenciales”. Es decir, los mismos que logran ganancias
con las ocupaciones de Afganistán e Irak.
“El hecho de que el crack esté siendo anunciado en las páginas del
Washington Post muestra que es cosa hecha”, escribe Cook. “Los
Bilderbergs,
o quienquiera que sea al que responde el Post, ya lo han decidido. Deja
saber a todos para que no queda duda que es hora de cerrar las
escotillas, ponerse a cubierto, acumular dos años de comida en latas,
blindar sus activos, lo que sea”.
¿Metas del Milenio para los próximos 15 años? ¿Disminuir la cantidad de
personas con ingresos inferiores a un dólar por día y que padecen
hambre, reducir la mortalidad infantil y lograr que los niños de todo el
mundo completen sus estudios primarios? A los mandamases de Washington
ni siquiera les conmueve el infierno que tendrán en su propio patio y
con sus propios electores en unos años más.
En Estados Unidos, escribe Cook, “los que pagarán las consecuencias será
la gente de a pie cuyos activos están cargados de deudas, tales como
decenas de millones de deudores hipotecarios, millones de jóvenes que
adeudan préstamos estudiantiles que según la nueva ley de bancarrota
‘reformada’ en 2005 nunca podrán ser cancelados, o vastas cantidades de
trabajadores con cuentas de
jubilación patrocinadas por sus empleadores u otros planes de pensión
que están combinados con el mercado de valores”.
Desde estas predicciones, una diferencia de 40 mil millones de dólares
deja de ser un vuelto. Y 190 mil millones pueden convertirse en una
mecha encendida y cerca de estallar. O, lo que es lo mismo, en una soga
al cuello que ellos mismos se están anudando.
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