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041007 - La atractiva surcoreana Lee Young
Ae, nacida en octubre de 1971, mide un metro con 65 centímetros, pesa 48
kilos y es la actriz más reconocida de Asia. Graduada en Lengua y
Literatura Alemana en la Universidad de Hangyang y con un postgrado en
periodismo en la Universidad de Jungang, protagoniza series de
televisión y películas de intriga, y ha ganado premios en su país como
la Mejor Actriz y la Actriz Más Popular en 1996, 1998 y 1999.
Lee Young Ae trabajó en Zona conjunta de seguridad (2000), un thriller
político ambientado en Panmunjon, la zona desmilitarizada en el límite
que divide a las dos Coreas, en el que protagonizó a una inteligente
investigadora militar. Ubicada a 168 kilómetros de Pyongyang, capital de
Corea del Norte, y a sólo 70 de Seúl, capital de Corea del Sur, Panmunjon es una de las fronteras más militarizadas del mundo. Fue allí
fue donde se firmó el armisticio en 1953, que puso fin a la guerra de
Corea iniciada en 1951, el primer conflicto armado de la
Guerra Fría. Lo
curioso es que oficialmente ambos países aún continúan en guerra porque
nunca suscribieron un acuerdo de paz.
A ese film le siguió Un hermoso día de verano (2001), donde Lee Young Ae
encarnaba a una hermosa locutora de radio transformada en una mujer
divorciada y egoísta. Después trabajó en Old Boy (2003), una violenta
historia premiada en los festivales internacionales de Sitges y Cannes,
considerada por el director
Quentin Tarantino como la película que él siempre habría querido
hacer. Al parecer, Hollywood hará una remake con la actuación Nicolas
Gage en el papel masculino.
La carrera de Lee Young Ae, de 36 años de edad, culminó con Lady
Venganza (2005), película que ya es considerada “de culto”, en la que
actuó como una joven acusada de asesinar a un niño y que luego de una
condena de trece años en la cárcel planea una sádica revancha contra el
verdadero culpable.
El presidente de Corea del Sur, Roh Moo Hyun, le obsequió el miércoles 3
de octubre todas las películas de Lee Young Ae al jefe de estado de
Corea del Norte, Kim Jong-il, un fanático del cine y un admirador de la
actriz, cuando ambos se reunieron en Pyongyang. Fue el segundo encuentro
de ambos líderes en siete años. El primero había sido en 2007, tras 50
años sin cónclaves de mandatarios de los dos países.
Pero Kim Jong-il y Roh Moo Hyun, quien llegó acompañado por una comitiva
de 300 personas, no hablaron de cine sino de la difícil integración
económica de las dos Coreas. La del sur es la tercera nación asiática
más desarrollada después de Japón y Singapur, está considerada la
doceava economía del mundo y posee el séptimo Producto Interno Bruto
(PIB): 24.500 dólares per capita en 2006.
En cambio, el PIB de
Corea del Norte se estima en 580 dólares per capita y, desde los
parámetros capitalistas de Estados Unidos y Europa, está inmersa en “una
economía desolada que afronta condiciones desesperadas”.
Pero tampoco fue ésa la principal novedad luego de la reunión, sino el
anuncio hecho en Pekín de que Corea del Norte dejará inactivo su reactor
nuclear de Yongyon y otras instalaciones radioquímicas antes del 31 de
diciembre, con lo que finalizarán las complicadas negociaciones a seis
voces entre
Estados Unidos,
China,
Rusia,
Japón y las dos Coreas para
desactivar el programa atómico.
Kim Jong-il, un hombrecito de aspecto pop-bizarro y baja estatura –que
se alborota el pelo con secador eléctrico y usa zapatos con plataforma
de varios centímetros para parecer más alto– está en el poder desde que
en 1994 murió su padre Kil Il Sung. Se apoya en un ejército de más de un
millón de hombres, varias fábricas de armamentos, una poderosa
artillería, armas químicas y, según datos de la inteligencia militar
estadounidense, bombas nucleares. Estos artefactos, aunque son
tecnológicamente viejos, tienen una potencia equivalente a 200 toneladas
de TNT: podrían exterminar a 200 mil japoneses, provocar daños graves a
Corea del Sur y causar insoportables bajas a las tropas norteamericanas
establecidas en el país vecino. Con un 22.9 por ciento del presupuesto
nacional, las Fuerzas Armadas norcoreanas son unas de las más poderosas
de Asia.
El presidente
George W Bush elogió inmediatamente la decisión de Kim Jong-il,
hasta ayer considerado “el
Stalin de Asia”. El gobierno norcoreano
recibirá a cambio asistencia equivalente a un millón de toneladas de
fuel oil pesado, negociará que se reinicien las obras de dos reactores
de agua liviana abandonados a medio construir en 2002 y logrará que se
le retire de la lista negra del terrorismo. Tras los atentados del
11
de Septiembre del 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York,
Bush incluyó
Corea del Norte, junto con Irak e
Irán, en lo que denominó el “eje del
mal”.
Ahora sólo falta que todas estas peripecias asiáticas inspiren a un
guionista surcoreano y que la hermosa Lee Young Ae protagonice un nuevo
thriller de espionaje.
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