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080308 -
Bambú Press
- El traficante de armas más importante del mundo, Viktor
Bout, de 43 años, propietario de una flota de 50 aviones y ex
contratista al servicio de Estados Unidos y Gran Bretaña en el
Golfo Pérsico, gozaba de cierta inmunidad en el cenagoso
ambiente de las transacciones de guerra internacionales. Esta
prerrogativa se le acabó en Tailandia, cuando fue apresado por
agentes encubiertos de la DEA por intentar vender armamento a
las FARC, a las que ya había suministrado misiles SAM-7 entre
noviembre de 1997 y abril de 1998.
Lo curioso del caso es
que varias empresas aéreas de Bout transportaron equipo militar,
soldados y “contratistas” de empresas de seguridad privadas en
Afganistán e Irak, donde prestó servicios a las tropas de ocupación
estadounidenses y británicas. Entre 2003 y 2006, sus aviones volaron
cientos de veces a Bagdad y Kabul por cuenta del Departamento de Defensa
norteamericano y de la empresa petrolera Halliburton.
La relación de Bout con
el Pentágono era tan fluida y provechosa que cuando en marzo de 2004 el
Consejo de Seguridad de la ONU decidió congelar los bienes de quienes
habían apoyado al ex dictador de Liberia, Charles Taylor, Estados Unidos
logró que no se incluyera al traficante. Ese mismo año Londres también
lo excluyó de su “lista negra” a pedido de Washington.
Se cree que Viktor Bout,
nacido el 13 de enero de 1967 en una pequeña localidad de Tayikistán, en
la ex Unión Soviética, fue oficial de aviación hasta el colapso del
comunismo en 1991. Y como habla fluidamente inglés, francés, portugués,
uzbeko y algunos idiomas africanos, también se cree que a fines de los
‘80 egresó del Instituto Militar de Lenguas Extranjeras de Moscú, donde
el GRU (servicio de inteligencia de las Fuerzas Armadas) entrenaba a sus
agentes destinados al exterior.
El comerciante, que
utilizaba cinco pasaportes diferentes, hizo negocios en Angola, Liberia,
Ruanda, Sierra Leona, Somalia y Sudán, y entre sus destrezas figuraba
vender armas a dos bandos enfrentados en un conflicto. En los años ‘90,
por ejemplo, era proveedor del legendario comandante Ahmed Massud, líder
de la Alianza del Norte en Afganistán, y al mismo tiempo vendía armas y
aviones a sus enemigos talibanes. La flota aérea del mercader ruso voló
para el gobierno de Angola y también para sus enemigos de la UNITA.
Bout también trabajó
para gobiernos europeos: en 1993 transportó de fuerzas de paz belgas a
Somalia y en 1994 llevó soldados franceses a Ruanda.
Un informe
de Amnistía Internacional de 2005 lo menciona como proveedor de armas
para Bulgaria, Eslovaquia y Ucrania.
Luego del tsunami que en diciembre de 2004 arrasó las
costas de Indonesia, Sri Lanka, India y Tailandia, sus aviones llevaron
ayuda humanitaria en Sri Lanka.
Se sospecha que también ha
vendido armamento a la organización terrorista Al Qaeda y al movimiento
talibán afgano.
Conocido como “el Bill
Gates del tráfico de armas” y “el pionero de la globalización mafiosa”,
Bout era dueño de la mayor flota del mundo de
viejos y pesados aviones de carga Antonov e Ilyushin, y en sus
empresas trabajaban alrededor de 300 empleados. A pesar de su juventud,
ya ingresó a un territorio de leyenda que inspiró dos documentales, una
película de aventuras y un best seller.
En mayo de 2002, la
cadena de televisión pública estadounidense PBS produjo el documental
Traficantes de armas para su programa Frontline, en el cual aparece
Bout entre otros vendedores. Otro documental, La
pesadilla de Darwin, que describe los
negocios del traficante en África, fue nominada en 2004 al Oscar como la
mejor película de no ficción. Al año siguiente, Nicolas Gage protagonizó
El señor de la guerra, donde representa a un elegante Bout,
más delgado y sin bigotes. Y en 2007 se publicó la biografía El
mercader de la muerte, escrita por los reporteros Stephen Braun, de
Los Angeles Times, y Douglas Farah, de The Washington Post.
Ahora, por alguna razón, Bout perdió la gracia del
Departamento de Defensa. Un fiscal del Distrito Sur de Nueva York
repentinamente se acordó que entre fines de 1997 y comienzos de 1998 el
traficante había vendido lanzacohetes blindados y misiles tierra-aire
SAM-7 a las FARC y pidió su extradición a Tailandia. Con algún retraso
–ya transcurrió una década desde aquella operación– el fiscal Michael
García dijo que el ex contratista del Pentágono “enfrenta
a cargos relacionados con la confabulación para suministrar armas a
organizaciones terroristas que han amenazado y amenazan los intereses
estadounidenses” y que podría ser condenado a 15 años de prisión.
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