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130508 -
Bambú
Press - La increíble PC del comandante
Raúl Reyes, número dos de las
FARC asesinado el 1 de marzo pasado en Ecuador por tropas
colombianas, resultó ser una voluminosa caja de caudales
binarios, repleta de correspondencia, documentos
comprometedores, planes desestabilizadores y financiamientos
secretos que, en manos de expertos en inteligencia
contrainsurgente, parecen multiplicarse como los cinco panes y
dos peces bíblicos con los que Jesús alimentó a cinco mil
seguidores a orillas del Mar de Galilea.
El
pequeño computador bolivariano es, como se sabe, una súper máquina
blindada a prueba de ataques aéreos, ya que resistió exitosamente las
diez bombas GBU 12 Paveway II con que la Fuerza Aérea de Colombia arrasó
el campamento guerrillero en pocos minutos. Estos proyectiles, diseñados
para destruir edificios, hangares, pistas aéreas, puentes, embarcaciones
y rampas de lanzamiento de misiles, pesan más de 200 kilos y pueden
atravesar casi dos metros de hormigón armado. Observadores del ejército
ecuatoriano comprobaron que en el reducto de las FARC los explosivos
dejaron cráteres de 2,40 metros de diámetro por 1,80 metros de
profundidad... pero la locuaz laptop salió ilesa.
Aunque
la inteligencia militar colombiana continúa extrayendo un documento tras
otro en esa especie Caja de Pandora portátil e invulnerable, queda la
sensación de que cada hallazgo es más de lo mismo, con la obvia
finalidad de comprometer al presidente
Hugo Chávez en el financiamiento a la cincuentenaria organización
insurgente y al gobierno de
Rafael Correa como un cómplice que aporta territorio.
El
mandatario venezolano, en honor a la verdad, está más interesado en
liderar la integración económica de América del Sur que en una poco
conveniente guerra con el país vecino, que seguramente serviría de
excusa para la intervención militar de Estados Unidos. “Presidente
Uribe, piense muy bien hasta dónde es capaz de llegar, le hago un
llamado a la reflexión públicamente”, exhortó Chávez en su programa
dominical Aló Presidente.
A
mediados de abril pasado, un grupo de 21 expertos estadounidenses en
asuntos internacionales –entre los que se encuentran académicos de las
universidades de Harvard, Washington y Nueva York y del Consejo de
Asuntos Hemisféricos– advirtió en una carta abierta que el informe que
dará a conocer la Interpol sobre el contenido de la computadora de Reyes
se basa en “exageraciones sustanciales con propósitos políticos”.
“Incluso si llegara a corroborarse que los computadores personales en
efecto pertenecían a miembros de las FARC, no existe evidencia que
indique que los documentos disponibles para el público pudieran servir
de base para ninguna de las afirmaciones extremistas hechas por el
gobierno colombiano en cuanto a que Ecuador y Venezuela tuvieran algún
tipo de relación financiera con los rebeldes”, sostiene la carta
divulgada en Washington. “De hecho, análisis independientes de los
documentos indican que el gobierno colombiano ha exagerado de manera
sustancial el contenido de estos documentos, quizás con fines políticos.
Cualquier cobertura mediática de los hallazgos de la Interpol deberá
dejar en claro que muchas de las acusaciones colombianas ya han sido
ampliamente desacreditadas”.
Firman la declaración Charles Bergquist (University of Washington,
Seattle),
Larry Birns (Council on Hemispheric Affairs), Amy Chazkel (Queens
College, City University of New York), Avi Chomsky (Salem State
College), Luis Duno Gottberg (Florida Atlantic University), James Early
(TransAfrica Forum Board of Directors and Institute for Policy Studies
Board of Directors), Samuel Farber (Brooklyn College, City University of
New York), Sujatha Fernandes (Queens College, City University of New
York), Lesley Gill (American University), Greg Grandin (New York
University), Daniel Hellinger (Webster University), Forrest Hylton (New
York University), Diane Nelson (Duke University), Jocelyn Olcott (Duke
University), Diana Paton (University of Newcastle, Reino Unido), Fred
Rosen (North American Congress on Latin America), T.M Scruggs
(University of Iowa), Sinclair Thomson (New York University), Miguel
Tinker Salas (Pomona College), Mark Weisbrot (Center for Economic and
Policy Research) y John Womack (Harvard University).
Desde
luego que para el gobierno de
Uribe y la administración de
George W. Bush las firmas de esta constelación académica tienen el
mismo peso que la rúbrica del cacique Toro Sentado o un autógrafo de
Chespirito.
Por la mismas fechas, el Pentágono
anunció que el 1 de julio restablecerá su Cuarta Flota naval –creada en
1943 con la misión enfrentar submarinos alemanes y disuelta en 1950–
para navegar por aguas latinoamericanas y combatir el terrorismo “junto
a sus socios comerciales”, con Colombia a la cabeza. Se trata de diez
buques, un portaviones y un submarino nuclear que dependen del Comando
Sur con sede en Miami. La formación marítima seguramente está en
condiciones de presentar combate en condiciones de igualdad a toda una
red de laptops narcoterroristas.
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