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130811 - Anaray Lorenzo - Bohemia - Entrevista a Santiago Alba Rico, participante en la Flotilla de la Libertad II
 

El sionismo cree estar de pláceme tras conseguir boicotear la II Flotilla de la Libertad, que zarpó en mayo último con ayuda humanitaria a la Franja de Gaza, y mientras Naciones Unidas sigue postergando (tres veces consecutivas) la publicación del informe sobre el ataque del Ejército israelí a la I Flotilla, interceptada y abordada el año pasado, con saldo de nueve civiles muertos y una treintena de heridos. Sin embargo, los activistas de este noble proyecto tienen otra visión del asunto. Uno de ellos, Santiago Alba Rico, prestigioso intelectual madrileño y amigo de Cuba, accedió a comentarnos al respecto en una entrevista exclusiva para BOHEMIA, vía correo electrónico.

 

—Tanto los sionistas como sus simpatizantes alegan que la Flotilla de la Libertad, más que una iniciativa humanitaria, es una manifestación política y mediática en contra de Israel, sumido en un permanente conflicto armado de carácter internacional por causa de Hamas, la organización que gobierna la Franja. Usted, que participó activamente en este segundo intento por llevar ayuda a Gaza, ¿qué les respondería?

—Que el bloqueo es ilegal, que ha sido reiteradamente denunciado por Richard Falk, funcionario de Naciones Unidas, que la Resolución 1860 obliga a suministrar a los gazatíes todo lo necesario para una supervivencia digna, que Hamas ganó unas elecciones democráticas cuya limpieza fue garantizada por observadores europeos y que naturalmente no se puede restablecer la legalidad sin denunciar política y mediáticamente a los que la violan, que son los israelíes.

—Mientras estuvieron bloqueados los barcos en Grecia, algunos medios informaron de sabotajes contra algunas de estas embarcaciones y de la posible implicación del Mossad israelí. ¿Puede usted relatarnos qué sucedió allí?
 


Flotilla de la Libertad II

 

—El carguero griego fue saboteado por un buzo y tuvo que ser reparado en un astillero; también el barco irlandés sufrió un sabotaje muy parecido en Turquía. Por lo demás, nuestro barco, el Gernika, atracado en el pequeño puerto de Kolimbari, en Creta, fue permanentemente vigilado y sus pasajeros molestados sin interrupción por las autoridades griegas, muy sensibles a las presiones israelíes. Todos los pasajeros y barcos de la Flotilla sintieron de un modo u otro esta presión israelí.

—¿Qué se comentaba entre los integrantes de la Flotilla? ¿Cuál era el estado de ánimo general?

—Es cierto que la incertidumbre, a medida que se prolongaba la espera y se sucedían las adversidades y presiones, acabó por erosionar el ánimo de los pasajeros, pero nunca (nos hizo) abandonar la batalla, como demuestra la ocupación de la embajada española en Atenas una vez que la orden ministerial griega prohibió de manera ilegal la salida de los barcos.

—¿Qué se traduce del papel desempeñado por Grecia para impedir esta misión humanitaria?

—Mientras estábamos nosotros allí, se desarrollaban maniobras militares conjuntas en territorio griego. Las inversiones israelíes en Creta, por ejemplo, no han hecho sino aumentar, factor que hay que tener en cuenta en un país en bancarrota que se ha arrodillado ante las instituciones económicas del capitalismo. Quizás nos equivocamos al creer que Grecia era el lugar más seguro para zarpar hacia Gaza.

—Aun cuando se fracasó en el intento de romper el bloqueo marítimo de Gaza, este proyecto humanitario sigue cosechando grandes victorias. ¿Cuáles considera que son las más contundentes?

—La Flotilla fracasó en romper el bloqueo a Gaza, pero obligó a Israel a extender ese bloqueo a la propia Europa, y a Europa a revelar impudorosamente su falta de soberanía. Creo que la victoria aparente de Israel debilita en realidad su legitimidad y ahora obliga a los europeos a apoyar, por ejemplo, la propuesta de declaración de independencia de Palestina en la ONU. Por lo demás, la propia campaña de la Flotilla durante el año previo a su salida frustrada ha difundido por todas partes, en un grado sin precedentes, la conciencia de los derechos palestinos y de la criminal injusticia israelí.

—¿Pueden estas iniciativas ayudar a promover un cambio de conciencia en el mundo?

—Sin duda. La Flotilla es el resultado de una enorme movilización de distintas organizaciones y asociaciones de solidaridad con Palestina que han trabajado durante un año entero y que, además de recaudar el dinero suficiente para comprar y armar el barco, han hecho una labor impresionante de concienciación. La primera Flotilla, con el asalto al Mavi Marmara, cambió un poco la relación de fuerzas y comenzó el imparable declive de la legitimidad moral del sionismo israelí.

—¿Cuántos barcos integraron la Flotilla? ¿Qué llevaban a Gaza? ¿Cuántos internacionalistas iban a bordo?

—Inicialmente eran 12 los barcos y casi mil personas. La baja del Mavi Marmara redujo ese número a 500 activistas. En el nuestro debían viajar 50 personas, entre ellos varios periodistas, diputados españoles y dos judíos antisionistas. Los barcos trasladaban sobre todo material de construcción, material escolar y medicinas.

—¿Qué puede comentarnos acerca de los nombres de las embarcaciones?

—El nuestro, como es sabido, se llama Gernika, un nombre asociado en la memoria histórica universal al criminal bombardeo nazi sobre la población vasca del mismo nombre en 1937, durante la guerra civil. Uno de los blindados españoles que liberaron París en 1945 también llevaba ese nombre. Vale la pena referirse también al nombre del único barco que consiguió salir a aguas internacionales, donde fue abordado por la armada israelí: el Karama, término árabe que significa “dignidad”, el eslogan más repetido durante las recientes revoluciones en el mundo árabe.

—¿Llevó usted un diario consigo?

—Tomé, en efecto, muchas notas, que espero desarrollar apenas tenga tiempo. Creo que es importante tratar de articular en una narración los distintos niveles comprometidos en una iniciativa de este tipo: la alta política, la organización política y la integración antropológica de sujetos de muy distinta procedencia ideológica y cultural.

—El escritor sueco Henning Mankell, también activista del movimiento de la Flotilla, opina que el bloqueo de Gaza no es fundamentalmente una cuestión de hormigón, pañales o medicamentos, sino de la dignidad humana de la que Israel priva a sus ciudadanos y de los actos de desesperación que con ello provoca. Usted, ¿qué puede decir al respecto?

—Tiene toda la razón. En realidad Gaza no se muere de hambre; es sometido a una “dieta de adelgazamiento”, como decía con cruel ironía un asesor del Gobierno israelí en 2007. Lo verdaderamente intolerable es que la población de Gaza dependa para sobrevivir de su verdugo. Es contra esta “indignidad” contra la que luchan todos los días los palestinos y contra la que modestamente trata de llamar la atención la Flotilla.

—¿Cuáles son las intenciones del proyecto Flotilla? ¿Continuarán con este noble empeño?

—Sin duda. Hay ya nuevos proyectos en marcha. Tarde o temprano, como resultado de la lucha palestina y de la lucha internacionalista, el bloqueo cederá.

—¿Qué nuevas experiencias adquirieron con esta misión?

—Básicamente dos: comprobamos, como he dicho, el poder inmenso de Israel y la docilidad de la UE y Estados Unidos; y comprobamos también hasta qué punto es necesario concienciar y movilizar a la gente en defensa del derecho y la justicia. Cuba sabe mucho de eso.


 

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