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Argentina Al día |
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0805 - Una necesidad latente e imposible de repeler generó un nuevo espacio, pero esta vez puramente latinoamericano. Se trata de la nueva señal televisiva: Telesur. Su denominación agrupa un deseo, una promesa y un futuro comprometido con la sociedad latinoamericana. La señal tendrá base en la ciudad de Caracas, Venezuela, y será transmitido a toda América del Sur, Centro América, Caribe, América del Norte, Europa Occidental y Norte de África a través del Satélite NSS. Se lanzó su transmisión el 23 de julio, y a partir del mes de agosto se transmitirá en nuestro país a través de Canal 7 un noticiero de media hora diario. Esta propuesta promete ser una alternativa en cuanto a la oferta de medios de comunicación. Es preciso establecer aquí una aclaración; reconocemos a Telesur como un medio alternativo, pero ¿alternativo de qué? Una mirada a los medios actuales permite reconocer bajo una multiplicidad de canales un discurso único que penetra en cada parte del planeta, o bien podríamos hablar de un discurso dominante que circula por aquí y por allá, con intereses propios y no comunes. En muchos casos este discurso impide la aparición y más que la aparición, la difusión de un discurso diferente. En este contexto se genera y surge Telesur, una sociedad multiestatal que pretende, mediante este nuevo espacio, generar un discurso propio y elaborado por propios protagonistas y no por “ajenos”. La idea está muy bien reflejada en la programación que se ofrece. Títulos tales como Nojolivud, Cinexcepción, Memorias de fuego, Voces en la cabeza, entre otros, son programas que hacen referencia a los procesos históricos de formación social de nuestros territorios y nuestra gente; a las nuevas y viejas tendencias musicales latinoamericanas; a las expresiones cinematográficas ajenas al círculo “hollywoodense” y all seguimiento de la lucha y la acción social de los pueblos en busca de una nueva organización y distribución mundial. Lo que se pretende, una vez más, es buscar alternativas y medios que contribuyan a la libre circulación de la información, para que finalmente se transforme en real el derecho a la información. Es imposible no recordar que esta lucha comienza varios años atrás, más precisamente en el año 1973, con el debate internacional sobre el Nuevo Orden Mundial de la Información y las Comunicaciones (NOMIC). En una primera etapa se puede reconocer el surgimiento y la estructuración de demandas periféricas, es decir, la materialización de las primeras críticas a la situación imperante en el ámbito de la comunicación; y la necesidad de generar propuestas dirigidas a revertir las formas de dependencia cultural, heredadas desde la época colonial. Dependencia en un principio económica y política, pero agravada con la aparición de las comunicaciones, y expandida hacia una dominación cultural y social. Ante esta agravada dominación ideológica, los Jefes de Estado y de Gobierno de los Países no Alineados, debieron subrayar la necesidad de reafirmar y preservar la identidad cultural y nacional. Además creció la preocupación acerca de las estructuras y la circulación global de la información. Así crecieron también las relaciones de dependencia, el imperialismo cultural y la falta de recursos de comunicación. Además de la preocupación de que tales recursos están en su mayoría, en manos de quienes detentan el poder económico. La segunda etapa corresponde a la conformación de la Comisión Mc Bride (1977), donde se establecieron, abiertamente, aspectos como el fuerte vínculo existente entre la comunicación y las estructuras de poder, la circulación multilateral de la información como un instrumento indispensable para la democratización y para una mayor participación de las masas. También resuena la voz de los defensores de aquel discurso dominante como es el caso de Estados Unidos, quién sostuvo que las razones de este desarrollo desequilibrado tiene sus raíces en la desequilibrada historia de la industrialización cuando “algunos comenzaron primeros el camino del desarrollo y otros lo comenzaron más tarde”, por lo que sostuvo que hablar de conspiraciones para dominar los flujos de información y cultura, carece de objetivos prácticos, salvo incrementar la polarización. En septiembre de 1978 se celebra la aprobación de la “Declaración sobre los Principios Fundamentales Relativos a la Contribución de los Medios de Comunicación de Masas al fortalecimiento de la Paz y la Comprensión Internacional y la Lucha contra la Propaganda Belicista, al Racismo y al Apartheid” que entre otras cosas, señala: “El ejercicio de la libertad de opinión , de la libertad de expresión y de la libertad de la información constituye un factor esencial de fortalecimiento de la paz y de la comprensión internacional. Es esencial que los medios de comunicación contribuyan a fomentar los derechos humanos haciendo oír la voz de quienes luchan contra el colonialismo y la ocupación extranjera.” Hoy podemos decir que el transcurso del tiempo no trajo una solidaridad global, no trajo una cooperación por parte de quienes tienen los recursos para que quienes verdaderamente los necesitan, puedan hacer de ellos auténticos medios de comunicación. Pero si logró que la brecha existente entre los países desarrollados y los países en vías de desarrollo sea cada vez más extensa e insuperable. Una mirada más a fondo, nos induce a pensar que el tiempo ayudó a la consolidación de una identidad latinoamericana más definida, permitiendo que los integrantes de estos territorios, puedan agruparse bajo objetivos y necesidades en común, para luchar por una circulación informática más justa y equitativa. Entonces ahora que todos conocemos el derecho a la información y reconociendo que es un derecho humano fundamental hagamos alusión a aquella vieja frase que nos recuerda que debemos “hacer valer nuestros derechos”. Telesur es una opción que podemos escoger o no, pero que debemos saber que existe. Es una consolidación de cuestiones propias del aroma latinoamericano, que promueve el valor de lo propio por sobre lo extranjero y que lo defiende con un ideal cultural lleno de raíces y sustentos que no remiten más que a lo étnico. Cuando hablamos de cultura, debemos recordar que lo hacemos desde el concepto de formación social. Definido como la producción de fenómenos que contribuyen, mediante la representación o reelaboración simbólica de las estructuras materiales, a comprender, reproducir o transformar el sistema social, es decir, todas las prácticas e instituciones dedicadas a la administración, renovación y reestructuración del sentido. Al entenderla como parte de un proceso social, las relaciones de producción no pueden ser ajenas y exteriores al tema. Entonces, cuando hablamos de una dependencia económica y reconocemos la dominación mercantil, podemos entender a la comunicación como parte de esa realidad despareja, es decir, cuando todos los países abren sus fronteras para la libre circulación de bienes no parece descabellado pensar en que, de la mano de ellos viene una política, una ideología y una cultura foránea. Ya lo decían: “Cualquier práctica es simultáneamente económica y simbólica”. Cuando brota la cultura, brota por necesidad lo popular, la popularidad como uso y no como un origen, es decir, su valor no reside en su autenticidad o su belleza, sino en su representatividad sociocultural, en su capacidad de materializar y de expresar el modo de vivir y pensar de las clases postergadas, las maneras como sobreviven y reorganizan lo que viene de la cultura hegemónica y lo integran y funden con lo que viene de su memoria histórica. Concluyamos ahora en que el objetivo de Telesur es generar espacios de articulación, distribución y producción colectiva, potenciando así una red de información plural, balanceada, profesionalmente elaborada en forma y contenido, capaz de competir con los oligopolios que acaparan la dinámica de la comunicación, actualmente. Recordemos también que es la consolidación de una antigua idea que contribuye a la afirmación del derecho a la información y a la libertad de expresión. Nos invade hoy la idea de que este será un medio para dar voz a los que no la tienen, aunque es necesario reconocer que nuestros pueblos siempre han tenido voz, lo que no han tenido, son los medios para difundirla. Con la promesa de Telesur se afianza el deseo de cambio y resistencia, de generación por sobre el de reproducción; la esperanza de que una vez podamos decir que la frase se ha invertido a nuestro favor, hoy podemos hablar de lo típico por lo étnico. |
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