Un «periodista palestino», Khaled Abu Toameh,
asegura que todo forma parte de una «campaña
de yihad para derrocar a Occidente y minar los cimientos
mismos de la cristiandad y del judaísmo». Las
referencias religiosas mencionadas mientras que vemos
cadáveres destrozados y víctimas llorosas son lo
suficientemente poderosas como para paralizar toda
reflexión. Uno quisiera saber, sin embargo, qué Occidente
judeocristiano es éste que abarca, según nos dicen, países
como Marruecos, Turquía, Rusia y Tailandia, entre otros. Uno
quisiera comprender cuál puede ser el significado de
expresiones como «derrocar a Occidente» o «minar los
cimientos de la cristiandad». Los subtítulos omiten precisar
que Khaled Abu Toameh es periodista en el diario
neoconservador The
Jerusalem Post
El profesor
Robert Wistricht, presidente del Sasson Center, subraya que
una parte del islam «rechaza un pilar
central de la civilización humana: el carácter sagrado de la
vida». Aparece entonces Hassan Nasrallah, secretario
general del Hezbollah, glorificando a aquellos que están
muriendo en nombre de su fe. El montaje tergiversa la
declaración del jeque Nasrallah: la mayoría de las
religiones –al igual que numerosas ideologías seculares–
hacen la apología del martirio (o sea, del sacrificio de sí
mismo), lo cual no quiere decir que desprecien la vida, sino
que le atribuyen un sentido. Los subtítulos omiten indicar
que el Sasson Center es un centro de estudios del
antisemitismo y que el profesor Wistricht es un consejero
del ministerio de Relaciones Exteriores de Israel.
El narrador
precisa cuidadosamente que el film no está dirigido contra
los musulmanes en su conjunto, precisión que no tiene
sentido cuando se analiza la terminología utilizada: si
existe un Islam extremista, tiene que ser por oposición a un
Islam moderado; y si el Islam extremista se manifiesta
mediante un alto grado de violencia –el terrorismo–, ello
implica que el Islam moderado es portador de un grado menor
de violencia: el odio. Mientras vemos imágenes del
peregrinaje a la Meca, el narrador se pregunta cuál es el
porcentaje de musulmanes que ha pasado ya del odio al
terrorismo. Respuesta: entre el 10 y el 15%, lo que
representaría, según nos dicen, una cantidad de personas
equivalente a la población de Estados Unidos (Aquí, la
aritmética se fue al diablo: si tenemos en cuenta que hay 1
200 millones de musulmanes, el 10 o 15% son entre 120 y 180
millones de personas y Estados Unidos cuenta con 300
millones de habitantes). En cierto sentido, esto debería
tranquilizarnos: el enorme poderío estadounidense no se
arredra ante unos pocos grupúsculos, pero tiene que
enfrentarse a un adversario a su medida.
B. …es la punta
de lanza del islam…
Después, el
documental presenta la «cultura de la yihad». Los musulmanes
están convencidos, erróneamente, de que Estados Unidos
quiere dominar el mundo e imponerle su modo de vida. Como se
creen amenazados, su respuesta es tratar de ser ellos los
que dominen el mundo y le impongan su propio modo de vida:
el Islam. Este razonamiento recurre a un eficaz juego de
espejos en el que el espectador mide el error de los demás
en función de su propia verdad.
En ese contexto, el espectador piensa de manera etnocéntrica
e interpreta cada citación que le es presentada sin tener en
cuenta el contexto cultural de la misma. En realidad, la
yihad es el equivalente de lo que los cristianos llaman el
«deber de estado». Se trata de una ascesis, o sea es a la
vez algo que el creyente tiene que cumplir, allí donde se
encuentre (según su estado), y que, cuando lo cumple,
transforma al propio creyente. La yihad puede ser tanto el
hecho de practicar la caridad hacia los pobres como el de
asumir la defensa de la patria, con tal de que la acción se
realice acercándose a Dios.
En el caso del espectador que vive en una sociedad de
consumo, el documental le lleva a tener la impresión de que
la cultura del sacrificio que permite a alguien sobrepasarse
a sí mismo es une cultura hecha de nihilismo, de destrucción
y de autodestrucción.
Un ex
«terrorista de la OLP», Walid Shoebar, explica que la
traducción correcta de la expresión «mi yihad» al alemán es
Mein Kampf (alusión al libro programático de Adolf Hitler).
Inmediatamente después de esta referencia al antisemitismo
nazi viene un fragmento de una prédica en la que un exaltado
jeque exhorta, espada en mano, a cortar cabezas de judíos,
ante el clamor de los fanáticos fieles.
El espectador se estremece. Se trata de un efecto del
montaje de las imágenes. En realidad, es poco probable que
Walid Shoebat haya participado alguna vez en atentados de la
OLP: en ese caso podría ser condenado a muerte en Estados
Unidos, país donde vive libremente. Shoebat ni siquiera es
musulmán, sino cristiano sionista. El jeque exaltado es un
ulema filmado en una mezquita de Bagdad un mes antes de la
invasión anglo-estadounidense. Y no está llamando a «matar
judíos», sino a resistir con las armas en la mano frente a
los invasores sionistas.
El documental se
concentra en la «cultura del odio», presentando imágenes de
multitudes que corean «¡Muerte a los Estados Unidos!». Luego
de los atentados del 11 de septiembre, los estadounidenses
se equivocaban al preguntarse por qué los árabes los odian,
ya que ese odio no proviene de la actitud de los propios
estadounidenses sino que se le inculca a los árabes a lo
largo de su educación. Ningún elemento preciso viene a
corroborar esta afirmación del documental, varios personajes
intervienen para explicar que los dictadores árabes
alimentan esa cultura del odio para desviar la cólera de sus
pueblos. Como prueba, nos presentan un video en el que
Hassan Nasrallah denuncia la responsabilidad de Estados
Unidos en las desgracias que sufre el Medio Oriente. Las
imágenes se encadenan con bastante rapidez para que el
espectador no tenga tiempo de preguntarse qué país vive bajo
la dictadura del líder de la oposición libanesa.
El odio musulmán
se ilustra mediante escenas de jolgorio filmadas en
Jerusalén y Karachi luego de los atentados del 11 de
septiembre.
Sin embargo, las imágenes captadas en Jerusalén el 11 de
septiembre sólo presentan a una veintena de exaltados y no
tienen ninguna representatividad. En cuanto a la
manifestación de Karachi, la realidad es que los
manifestantes no están celebrando la destrucción del World
Trade Center sino protestando por el ataque contra
Afganistán.
Después vienen imágenes en las que la chusma arrastra los
cuerpos de varios estadounidenses muertos en emboscadas, en
Irak (en 2004) y en Somalia (en 1991). Una vez más las
imágenes son presentadas fuera de su contexto, como si no
hubiera la menor injerencia estadounidense en esos Estados y
se tratara de crímenes gratuitos.
El documental
denuncia «la infiltración del islam extremista» en
«Occidente». El discurso se torna aquí más sutil: el Islam
es portador de valores diferentes a los de «Occidente», los
musulmanes moderados podrían llegar a integrarse adoptando
poco a poco los valores occidentales, mientras que los
musulmanes radicales serían inasimilables y tratarían de
derrocar las instituciones occidentales. Esta forma de
presentar las cosas, teniendo mucho cuidado de no acusar a
todos los musulmanes, busca en realidad hacerlos sospechosos
a todos. Sobre todo porque éstos mantienen un discurso
cuando se dirigen al público occidental y otro diferente
cuando hablan entre sí. En apoyo a esta última afirmación,
vemos imágenes de Yasser Arafat que lo muestran
sucesivamente hablando de paz en la Casa Blanca y predicando
la yihad en Palestina.
No importa que Arafat haya sido un laico. Sacadas de su
contexto, sus palabras apoyan la demostración.
Imágenes de Abu
Hamza al-Masri sirven para probar la presencia de fanáticos
en Occidente. El célebre predicador de Finsbury Park y sus
acólitos celebran los atentados del 11 de septiembre y
llaman a matar a los no musulmanes. Glenn Jenvey, el agente
de inteligencia que se infiltró en su grupo y que lo llevó
ante los tribunales, comenta estas imágenes.
No se dice aquí que Abu Hamza está purgando una pena de
prisión por incitación al odio racial y que su grupo se
componía sólo de unos pocos chiflados. Por el contrario, el
montaje de las imágenes nos hace pensar que Hamza sigue en
actividad y que dispone de batallones de seguidores, como si
representara un peligro real e inminente.
Ellos están por
todas partes. Como prueba, Brigitte Gabriel, periodista en
cruzada contra el pensamiento políticamente correcto que
restringe la libertad de expresión, asegura que Hamas
desplegó una amplia organización terrorista en Estados
Unidos. La situación es aún más grave en Europa, donde la
minoría musulmana está en pleno crecimiento. Esta última se
sublevó en Francia, en noviembre de 2005, como expresión de
su rechazo de los valores occidentales.
(¡Caramba! Para conservar un poco de credibilidad, no va a
quedar más remedio que cortar esta parte antes de poner el
film en Francia).
No nos dicen que la señora Gabriel huyó de su Líbano natal
cuando se retiraron las tropas israelíes, con las cuales
ella colaboraba.
C. …que es una
civilización nazi
Imágenes de
archivo muestran al canciller Hitler llamando a la
destrucción de la raza judía en Europa. El historiador Sir
Martin Gilbert denuncia la pasividad política ante el Reich
y los acuerdos de Munich que, al tratar de preservar la paz,
hicieron que la guerra fuera más larga y atroz. De la misma
manera, según nos dicen, el hecho de minimizar el peligro
islámico, cuando la voluntad de los yihadistas de destruir a
los judíos está demostrada, es una locura que llevará a una
confrontación general. El anciano Alfons Heck, ciudadano
estadounidense de origen alemán, presta testimonio sobre su
infancia en las filas de la Juventud Hitleriana y compara el
proselitismo del que él mismo fue víctima con el de los
jóvenes musulmanes. La historia se repite.
Para dar crédito a este paralelo, el montaje de las imágenes
mezcla discursos antisemitas nazis con discursos
antiisraelíes árabes y persas. También alterna imágenes de
jóvenes combatientes árabes con imágenes de jóvenes
hitlerianos. Unos y otros extienden el brazo, haciendo el
saludo romano. El espectador, si no conoce la cultura
mediterránea, es inducido así a confundir automáticamente
esta forma de juramento solemne con el ritual nazi.
John Loftus, el
fiscal que dirigió la búsqueda de criminales nazis en
Estados Unidos, explica doctoralmente que la cultura
musulmana considera a los judíos como no humanos y enseña
que Alá exhorta a matarlos. Itamar Marcus, director de un
centro de estudios sobre los medios palestinos, subraya que
la propaganda musulmana se hace eco de los clichés
medievales que acusan a los judíos de alimentarse con sangre
de niños cristianos. Es por eso que en la serie
Diáspora se presenta una escena con ese
mito del sacrificio ritual como si éste último fuera parte
de la ideología judía. Lo más grave no sería sin embargo la
escena en sí, sino el momento en que se puso en pantalla:
durante el Ramadán, momento en que se mira la televisión en
familia.
Se trata de una escena repulsiva. Desgraciadamente, ello no
quiere decir gran cosa ya que no sería difícil encontrar
escenas comparables en numeras «series americanas» que
imputan toda clase de crímenes imaginarios a los musulmanes.
El documental
prosigue subrayando el prejuicio según el cual los judíos
manipulan a Estados Unidos y comparándolo con la teoría del
complot judío mundial desarrollada por los nazis. El choque
que ocasionan las imágenes es tan fuerte que el espectador
no puede darse cuenta de que el propio documental está
tratando, desde el principio, de convencerle de la
existencia de… un imaginario complot islámico mundial.
Volviendo al
paralelo histórico, varios personajes intervienen para
recordar que el gran muftí de Jerusalén (quien fuera en su
época el líder del nacionalismo musulmán) se alió con Adolf
Hitler en 1941 para exterminar a los judíos y que creó una
división SS musulmana.
De nuevo, las imágenes son convincentes, pero lo son porque
no mencionan la complejidad del período histórico al que se
refieren y parten de la errónea suposición según la cual la
«cuestión judía» fue el centro de la Segunda Guerra mundial.
El reproche que el documental hace a los palestinos podría
aplicarse también a todos los pueblos colonizados del
Imperio británico que trataron de unirse al Reich con la
esperanza de obtener su propia libertad. Así sucedió en el
caso de la India, el Mahatma Gandhi no pudo ir a Alemania,
pero le escribió a Adolf Hitler pidiéndole ayuda, mientras
que Chandra Bose creó una división SS hindú. O sea, nada de
esto tiene que ver con el antisemitismo nazi, pero las
secuencias anteriores tratan de hacer creer lo contrario.
Vienen después
imágenes de profanaciones de sinagogas cometidas por los
nazis, de profanaciones de iglesias en Bosnia, en Nigeria y
en Irak, y de la profanación de un templo hindú en
Indonesia, atribuidas todas a los musulmanes. Incluso se ve
la quema de una cruz en público, en Londres. ¿Qué quieren
entonces? John Loftus responde: «Es muy
simple. Quieren matar a los judíos, derrocar la democracia y
destruir la civilización occidental».
El documental
termina con un mensaje de esperanza acompañado de una música
reconfortante después de tan duras imágenes. Al igual que
Roosevelt cuando dirigió la guerra contra los nazis, Estados
Unidos tiene que cerrarle hoy el paso al fascislamismo con
el apoyo de los musulmanes moderados. Ante el Mal, la peor
que se puede hacer es no hacer nada. The End.
Los productores
Obsession: Radical Islam’s War Against the West
fue producido por Aish HaTorah, una yeshiva
(escuela talmúdica), generosamente financiada por las
autoridades israelíes. Esta organización dispone de una
asociación de relaciones públicas, la Hasbara Fellowship,
que se dio a conocer recientemente al organizar campañas de
protesta contra el ex presidente estadounidense James Carter,
cuando éste último calificó el trato que reciben los
palestinos de apartheid. También dispone
de una asociación de monitoreo y de producción audiovisual,
Honest Reporting, que dice contar con 140 000 miembros en
Israel. El conjunto se encuentra bajo la dirección del
rabino Ephraim Shore, y de su segundo, Yarden Frankl, un
cabildero del AIPAC.
El film
Obsession: Radical Islam’s War Against the
West con subtítulos en francés
Nota: estos
subtítulos no son oficiales.
Une versión sin
subtítulos se encuentra disponible en la siguiente url:
http://www.youtube.com/watch?v=gG1gSdBhhjE