|
300609 -
La noticia de un posible fraude electoral se ha extendido por
Teherán y el resto de
Irán
como un reguero de pólvora y ha sacado a la calle a los
partidarios del ayatolá Rafsanjani contra los del ayatolá Jameini. Ese caos ha sido provocado bajo cuerda por la
CIA, que
siembra la confusión inundando a los iraníes de SMS
contradictorios.
Thierry Meyssan explica este experimento
de guerra psicológica.
En marzo de 2000, la secretaria de Estado Madeleine
Albright reconoció que la administración Eisenhower organizó un cambio
de régimen en Irán en 1953 y que ese acontecimiento histórico explica la
actual hostilidad de los iraníes hacia
Estados Unidos. La semana pasada,
durante su discurso en El Cairo dirigido a los musulmanes, el presidente
Barack Obama
reconoció oficialmente que «en plena
Guerra Fría,
EE.UU.
desempeñó un papel en el derrocamiento de un gobierno iraní elegido
democráticamente [1
En aquella época, Irán
estaba controlado por una monarquía de opereta
dirigida por el sha Mohammad Reza Pahlavi. Éste había sido colocado en
el trono por los británicos, quienes obligaron a su padre, el oficial
cosaco pronazi Reza Pahlavi, a dimitir. Sin embargo, el sha debía
avenirse con un Primer Ministro nacionalista, Mohammed Mossadegh. Este
último, con el apoyo del ayatolá Abu al-Qassem Kachani, nacionalizó los
recursos petroleros [2].
Furiosos, los británicos convencieron a
EE.UU.
para que
detuviera la deriva iraní antes de que el país se hundiera en el
comunismo. Entonces, la
CIA
puso en marcha la «Operación Ajax», dirigida
a derrocar a Mossadegh con la ayuda del sha y sustituirlo por el general
nazi Fazlollah Zahedi, hasta entonces detenido por los británicos.
Zahedi instauró el régimen de terror más cruel de la época, mientras el
sha servía de tapadera a sus abusos posando para las revistas people
occidentales.
La Operación Ajax estuvo dirigida por el arqueólogo Donald Wilber, el
historiador Kermit Rooselvet (nieto del presidente
Theodore Roosvelt) y
el general Norman Schwartzkopf senior (cuyo hijo homónimo estuvo al
mando de la Operación Tormenta del Desierto. Dicha operación continúa
siendo un prototipo de subversión. La
CIA
idea un escenario que da la
impresión de un levantamiento popular mientras se trata de una operación
secreta. El punto culminante del espectáculo fue una manifestación en
Teherán, con 8.000 extras pagados por la Agencia, para proporcionar
fotos convincentes a la prensa occidental [3]
¿La historia se repite? Washington ha renunciado a atacar militarmente a
Irán y ha disuadido a Israel de tomar esa iniciativa. Para conseguir
«cambiar el régimen», la administración
Barack Obama
prefiere jugar la carta
–menos peligrosa aunque más incierta- de la acción secreta. A raíz de la
elección presidencial iraní, grandes manifestaciones oponen en las
calles de Teherán a los partidarios del presidente Mahmud Ahmadinejad y
su guía Ali Jameini por un lado y a los partidarios del candidato
derrotado Mir Hossein Musavi y del ex presidente Akbar Hashemi
Rafsanjami por el otro. Dichas manifestaciones reflejan una profunda
división en la sociedad iraní entre un proletariado nacionalista y una
burguesía que lamenta su marginación de la globalización económica [4].
Actuando bajo cuerda, Washington intenta influir en los acontecimientos
para derrocar al presidente reelegido.
Una vez más, Irán
es un campo de ensayo de métodos innovadores de
subversión. En 2009, la
CIA
se apoya en una nueva arma: el control de
los teléfonos móviles.
Desde la generalización de los teléfonos móviles, los servicios secretos
anglosajones han multiplicado sus capacidades de interceptación.
Mientras que la escucha de los teléfonos fijos necesita instalación de
cables de derivación, y por lo tanto agentes sobre el terreno, la
escucha de los móviles se puede hacer a distancia gracias a la red
Echelon. Sin embargo, ese sistema no permite interceptar las
comunicaciones telefónicas vía Skype, de ahí el éxito de los teléfonos
Skype en las zonas de conflicto [5].
Así, la National Security Agency (NSA) acaba de hacer propuestas a los
proveedores de acceso a Internet de todo el mundo para obtener su
colaboración. A los que han aceptado se les ha retribuido
generosamente [6].
En los países que ocupan –Iraq,
Afganistán y
Pakistán-, los anglosajones
interceptan todas las conversaciones telefónicas emitidas por móviles o
conectadas con ellos. El objetivo no es conseguir transcripciones de tal
o cual conversación, sino identificar las «redes sociales». En otras
palabras, los teléfonos son los chivatos que permiten saber con quién se
relaciona una persona determinada. A partir de ahí se puede conseguir la
identificación de las redes de resistencia. Posteriormente, los
teléfonos permiten localizar los objetivos identificados y
«neutralizarlos».
Por eso, en febrero de 2008, los insurgentes afganos ordenaron a los
diversos operadores que detuviesen su actividad todos los días desde las
17:00 a las 03:00 h., para impedir que los anglosajones siguieran sus
movimientos. Las antenas de quienes no cumplieron dicha orden se
destruyeron [7].
Por el contrario (la central telefónica hormis resultó afectada por
error), el ejército israelí se cuidó mucho de bombardear las antenas
telefónicas en Gaza durante la operación Plomo Fundido en diciembre
2008-enero 2009. Aquí aparece un cambio total de estrategia por parte de
los occidentales. Desde la guerra del Golfo prevalecía la «teoría de los
cinco anillos» del coronel John A. Warden: el bombardeo de las
infraestructuras telefónicas se consideraba un objetivo estratégico para
sumir a la población en la confusión y al mismo tiempo cortar las
comunicaciones entre los centros de mando y los combatientes. Ahora es
al contrario, es necesario proteger las infraestructuras de las
telecomunicaciones. Durante los bombardeos de Gaza, el operador Jawwal [8]
dio crédito a sus abonados, oficialmente para ayudarlos, en realidad por
interés de los israelíes.
Un paso más allá, los servicios secretos anglosajones e israelíes han
desarrollado métodos de guerra psicológica basados en la utilización
extensiva de los móviles. En julio de 2008, tras el intercambio de
prisioneros y cadáveres entre Israel y
Hezbolá, los robots lanzaron
decenas de miles de llamadas a los móviles libaneses. Una voz en árabe
advertía contra cualquier participación en la resistencia y denigraba a
Hezbolá. El ministro libanés de Telecomunicaciones, Jibran Bassil [9],
presentó una denuncia ante la
ONU contra esa flagrante violación de la
soberanía del país [10].
En la misma línea, decenas de miles de libaneses y sirios recibieron una
llamada automática, en octubre de 2008, que ofrecía 10 millones de
dólares por cualquier información que permitiera localizar y liberar a
los soldados israelíes prisioneros. Las personas interesadas en
colaborar debían dirigirse a un número en el
Reino Unido [11].
Este método se está empleando en Irán para intoxicar a la población con
la difusión de noticias alarmistas y para canalizar el descontento que
suscitan.
En primer lugar, se difundió por SMS durante la noche del escrutinio la
noticia de que el Consejo de los Guardianes de la Constitución
(equivalente al Tribunal Constitucional) había informado a Mir Hossein
Musavi de su victoria. Así, el anuncio, varias horas después, de los
resultados oficiales –la reelección de Mahmud Ahmadinejad con el 65% de
los votos-, apareció como un enorme fraude. Sin embargo, tres días
antes, Musavi y sus amigos consideraban segura la victoria masiva de
Ahmadinejad y se esforzaban en explicarla por los desequilibrios en la
campaña electoral. Así, el ex presidente Akbar Hashemi Rafsanjani
detallaba sus quejas en una carta abierta. Los institutos de sondeos
estadounidenses en Irán
pronosticaban una ventaja de Ahmadinejad de 20
puntos con respecto a Musavi [12].
En ningún momento pareció posible la victoria de Musavi, incluso aunque
es probable que el trucaje acentuase el margen entre ambos candidatos.
Posteriormente, los ciudadanos seleccionados se dieron a conocer en
Internet para conversar en
Facebook o se abonaron a las líneas de
información Twitter. Entonces recibieron, siempre por SMS, las
informaciones –verdaderas o falsas- sobre la evolución de la crisis
política y las manifestaciones en curso. Se trataba de mensajes anónimos
que esparcían noticias de tiroteos y numerosos muertos; noticias que
hasta la fecha no se han confirmado. Por una desafortunada coincidencia
de calendario, la empresa Twitter debía suspender el servicio durante
una noche, el tiempo necesario para el mantenimiento de sus
instalaciones. Pero el departamento de Estado de Estados Unidos
intervino para exigirle que suspendiera dicha operación [13].
Según el New York Times, esas operaciones contribuyeron a sembrar la
desconfianza entre la población [14].
Simultáneamente, en un nuevo esfuerzo, la
CIA
moviliza a los militantes anti iraníes en
EE.UU.
y el Reino Unido para añadir al desorden.
Se ha distribuido una Guía práctica de la revolución en Irán, que
incluye varios consejos prácticos, entre ellos:
. Ajustar las cuentas Twitter sobre la zona horaria de Teherán.
. Centralizar los mensajes en las cuentas Twitter@stopAhmadi,
iranelection y gr88.
. No atacar los sitios oficiales de
Internet del Estado iraní. «Dejen
hacer al ejército» de EEUU para eso (sic).
Al aplicarlos, esos consejos impiden cualquier autentificación de los
mensajes Twitter. Ya no se puede saber si los envían testigos de las
manifestaciones en Teherán o agentes de la
CIA
desde Langley, y no se
puede distinguir lo verdadero de lo falso. El objetivo es crear todavía
más confusión y empujar a los iraníes a luchar entre sí.
Los estados mayores de todo el mundo siguen con atención los
acontecimientos en Teherán. Cada uno intenta evaluar la eficacia de este
nuevo método de subversión en el laboratorio iraní. Es obvio que el
proceso de desestabilización ha funcionado. Pero no es seguro que la
CIA
pueda canalizar a los manifestantes para que ellos mismos hagan lo que
ha renunciado a hacer el Pentágono si no desean hacerlo: cambiar el
régimen, acabar con la revolución islámica.
[1]
«Discurso
en la Universidad de El Cairo», Barack Obama, 4 de junio de 2009.
[2]
«BP-Amoco,
coalición petrolera anglosajona», Arthur Lepic, Red
Voltaire, 10 de junio de 2004.
[3]
Sobre el golpe de 1953, la obra de referencia es All
the Shah’s Men: An American Coup and the Toots of Middle East Terror,
de Stephen Kinzer, John Wiley & Sons editores (2003), 272 pp.
[4]
«La
société iranienne paralysée», Thierry Meyssan, Red
Voltaire, 5 de febrero de 2004.
[5]
«Taliban
using Skype phones to dodge MI6», Glen Owen, Mail
Online, 13 de septiembre de 2008.
[6]
«NSA
offering ’billions’ for Skype eavesdrop solution», Lewis Page, The
Register, 12 de febrero de 2009.
[7]
«Taliban Threatens Cell Towers», Noah Shachtman, Wired,
25 de febrero de 2008.
[8]
Jawwal es la marca de PalTel, la sociedad del multimillonario palestino
Munib Al-Masri.
[9]
Jibran Bassil es uno de los principales líderes de la Corriente
Patriótica Libre, el partido nacionalista de Michel Aoun.
[10]
«Freed Lebanese say they will keep fighting Israel», Associated Press,
17 de julio de 2008.
[11]
El autor de este artículo ha sido testigo de esas llamadas. También se
puede consultar «Strange Israeli phone calls alarm Syrians. Israeli
Intelligence services accused of making phone calls to Syrians in bid to
recruit agents», Syria
News Briefing, 4 de diciembre de 2008.
[12]
Citado en «Ahmadinejad
won. Get over it», Flynt Leverett e Hillary Mann Leverett, Politico,
15 de junio de 2009.
[13]
«U.S. State Department speaks to Twitter over Iran”, Reuters, 16 de
junio de 2009.
[14]
«Social
Networks Spread Defiance Online», Brad Stone y Noam Cohen, The
New York Times, 15 de junio de 2009.
|