300908 - José
Luis Fiori
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"Todas las monedas son símbolos, y su peso o
composición no tiene mayor importancia. Lo que de hecho importa es
el nombre o el poder de quien la emite".
Mitchell Innes, What is money, Banking Law Journal 1913, mayo, p. 32
Para sorpresa de los ideólogos, los
Estados Unidos
acaban de dar una clase, corta, sintética y brillante, sobre la
naturaleza del capitalismo y sobre el funcionamiento de sus
mercados. Con pocas palabras, el gobierno norteamericano anunció, en
esta última semana, la estatización de las dos mayores empresas de
financiamiento hipotecario de los
Estados Unidos – la
Fannie Mae y la Freddie Mac – creadas por el Estado
norteamericano, en 1938 y 1970, y después privatizadas, con el
objetivo de disminuir los gastos públicos y aumentar la competencia
sectorial. Al anunciar su decisión, el secretario del Tesoro
norteamericano prometió inyectar hasta 200 mil millones de dólares
de los contribuyentes, en las dos empresas que controlan la mitad
del mercado de las hipotecas en los Estados Unidos, estimado en 12
billones de dólares. Pero no es sólo esto: en los últimos meses, la
Fed (Reserva Federal) financió la compra del Bear Stearns por el J.P.
Morgan; creó una nueva línea de financiamiento para firmas externas
del sector bancario; y puso a sus "inspectores" a controlar los
bancos de inversión. Mientras tanto el Congreso norteamericano
aprobaba, el pasado 30 de julio, la Ley para la "Recuperación de la
Economía y el Sector Inmobiliario", y discutía una nueva
reglamentación rigurosa y detallada del mercado financiero
norteamericano, Y ahora, más recientemente, el ex presidente de la
Fed,
Alan Greenspan, propuso directamente la creación de una nueva
agencia estatal de análisis de riesgo de las empresas privadas. O
sea, de todos lados está llegando la misma señal: como dice el
diario Financial Times: "en el conflicto perenne entre la política y
el mercado, no hay duda, que en este momento, la política está
ganando". (1)
Lea:
John Kenneth Galbraith
En cuanto a esto, los analistas económicos se estrujan la cabeza
hace más de un año, sin conseguir explicar la naturaleza, la
extensión y el futuro de la crisis hipotecaria norteamericana. Tal
vez porque todos comparten, de una forma u otra, la misma tesis del
Financial Times: la idea equivocada de que existe un "conflicto
perenne" entre la Política y el Mercado. A pesar de que la historia
de la formación de los mercados y del capitalismo, apunte en la
dirección opuesta, de una solidaridad esencial y originaria entre el
poder, el mercado y los capitales privados. Una historia que
comienza a mediados del Siglo XIV, con el poder arbitrario de los
príncipes que definían de forma soberana el valor de los tributos
que tenían que ser pagados por sus súbditos, y al mismo tiempo,
definían el valor de la moneda que acuñaban para el pago de sus
propios tributos. Asimismo cuando circulaban otras monedas y títulos
privados, dentro de su "principado", ellos siempre eran referidos,
en última instancia, al valor de la moneda soberana. Este "circuito"
inicial se complicó con la expansión de las guerras y la necesidad
de los príncipes a recurrir al endeudamiento, creando la deuda
pública negociada por los comerciantes-banqueros, en un mercado cada
vez más extenso de títulos y monedas. Fue así que nació el capital
financiero a través del señoreaje entre las monedas y títulos de las
unidades soberanas del mundo Medieval.
Lea:
Socialistas
en Wall Street
El paso siguiente de esta historia ocurrió en los Siglos XVII y
XVIII, con el nacimiento de los primeros estados nacionales, y con
la "revolución financiera" que cambió el rostro del capitalismo
europeo. Esta revolución comenzó en Holanda, en el siglo XVII y se
completó en Inglaterra en el Siglo XVIII. Los dos países
centralizaron sus sistemas de tributación y crearon bancos públicos
responsables de la administración conjunta de la deuda soberana, en
la forma de un bono del Estado, y de la deuda privada, en la forma
de letras de cambio, que se transforman en la base de un sistema de
crédito cada vez más elástico, creativo y diversificado, aunque
siempre referido, en última instancia, a la moneda de cuenta
nacional. Y no hay duda que la fusión entre esta nueva finanza
holandesa e inglesa, a partir de 1689, tuvo un papel decisivo en el
fortalecimiento de la victoria colonial de Inglaterra y en la
proyección internacional de la moneda inglesa, la Libra, que fue
hegemónica en todo el mundo hasta su "casi-fusión" con el Dólar
norteamericano, durante el Siglo XX. En una especie de sucesión de
"hereditaria", que partió de Holanda y de Inglaterra y se prolongó
en los Estados Unidos, manteniendo la supremacía
monetario-financiera anglo-sajona, incuestionable durante los cuatro
siglos de historia de este sistema mundial, que fue creado a partir
de la expansión política y económica de Europa.
Lea:
Colapso
financiero global
Durante el período en que la "moneda internacional" tuvo una base
metálica, la Libra y el Dólar también tuvieron una restricción
financiera intraspasable, impuesta por la necesidad del equilibrio
del Balance de Pagos del país emisor de la moneda de referencia.
Pero después del fin del Sistema de
Bretton Woods, en 1973, esta restricción desapareció con el
nuevo sistema monetario internacional "dólar-flexible", que no tiene
ningún tipo de patrón metálico de referencia. En este sentido, se
puede decir que hubo una nueva "revolución financiera" – en la
década de 1980 – que provocó una especia de retorno a los orígenes
de la relación entre el poder, la moneda y el crédito. Los Estados
Unidos volvieron a definir, de manera soberana y aislada, el valor
de su moneda, pese a que ella ya era la moneda internacional, y
también el valor de sus títulos de la deuda pública, no obstante de
que ellos se habían transformado en la base de referencia de la
propia moneda. Además de esto, el gobierno norteamericano desreguló
sus mercados financieros, y con ello liberó la expansión casi
infinitamente elástica del crédito, lejos del mundo de las
mercancías y del "valor-trabajo", y limitado apenas por la capacidad
de tributación y endeudamiento del propio Estado norteamericano, que
todavía es un poder en expansión y que gana más poder con el
fortalecimiento de su crédito internacional y de su capital
financiero. En este sistema, por lo tanto, no existe un "conflicto
perenne" entre la política y el mercado, como piensa la teoría
económica convencional. Lo que existe y siempre existió es una
"memorable alianza" entre el poder y las finanzas, que estuvo en el
origen del capitalismo y del "milagro europeo", según Max Weber, y
que sigue moviendo la frontera expansiva del sistema inter-estatal
capitalista en este inicio del Siglo XXI.
Nota:
(1) Plender, J. en Financial Times, 21 de agosto
de 2008
José Luis Fiori.
Es
profesor de economía y ciencia política en la
Universidad pública de Río de Janeiro, y es miembro del Consejo
Editorial de SINPERMISO.