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Gestión Néstor Kirchner
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25/05/2003
- Discurso del Presidente Néstor Kirchner al asumir la presidencia de la República Argentina

Señores jefes de Estado, su Alteza Real, señores jefes de Gobierno, señores representantes de gobiernos extranjeros, invitados especiales, que nos honran con su presencia en este lugar, señores miembros del Congreso reunido en Asamblea, ciudadanas y ciudadanos presentes, querido pueblo argentino:

En este acto, que en los términos del artículo 93 de la Constitución de la Nación tiene por finalidad la toma de posesión del cargo de Presidente de la Nación Argentina, para el que he sido electo, creo que es necesario poder compartir con ustedes algunas reflexiones, expresando los objetivos de gobierno y los ejes directrices de gestión, para que el conjunto de la sociedad argentina sepa hacia dónde vamos, y cada uno pueda a su vez aportar su colaboración para la obtención de los fines que los argentinos deberemos imponernos por encima de cualquier divisa partidaria.

Es que nos planteamos construir prácticas colectivas de cooperación que superen los discursos individuales de oposición. En los países civilizados con democracias de fuerte intensidad, los adversarios discuten y disienten cooperando. Por eso los convocamos a inventar el futuro. Venimos desde el Sur del mundo y queremos fijar, junto a todos los argentinos, prioridades nacionales y construir políticas de Estado a largo plazo, para de esa manera crear futuro y generar tranquilidad. Sabemos adónde vamos y sabemos adónde no queremos ir o volver.

El 27 de abril las ciudadanas y los ciudadanos de nuestra Patria, en ejercicio de la soberanía popular, se decidieron por el avance decidido hacia lo nuevo. Dar vuelta una página de la historia no ha sido mérito de uno o varios dirigentes. Ha sido, ante todo, una decisión consciente y colectiva de la ciudadanía argentina.

El pueblo ha marcado una fuerte opción por el futuro y el cambio. En el nivel de participación de aquella jornada se advierte que, pensando diferente y respetando las diversidades, la inmensa y absoluta mayoría de los argentinos queremos lo mismo aunque pensemos distinto.

No es necesario hacer un detallado repaso de nuestros males para saber que nuestro pasado está pleno de fracasos, dolores, enfrentamientos, energías malgastadas en luchas estériles, al punto de enfrentar seriamente a los dirigentes con sus representados. Al punto de enfrentar seriamente a los argentinos entre sí.

En esas condiciones debe quedarnos absolutamente claro que en la República Argentina, para poder tener futuro y no repetir nuestro pasado, necesitamos enfrentar con plenitud el desafío del cambio.

Por mandato popular, por comprensión histórica y por decisión política ésta es la oportunidad de la transformación, del cambio cultural y moral que demanda la hora. Cambio es el nombre del futuro.

No debemos ni podemos conformarnos los argentinos con haber elegido un nuevo gobierno. No debe la dirigencia política agotar su programa en la obtención de un triunfo electoral. Sino que por el contrario, de lo que se trata es de cambiar los paradigmas desde los que se analiza el éxito o el fracaso de una dirigencia y de un país.

A comienzos de los ochenta se puso el acento en el mantenimiento de las reglas de la democracia y los objetivos planteados no iban más allá del aseguramiento de la subordinación real de las fuerzas armadas al poder político. La medida del éxito de aquella etapa histórica no exigía ir más allá de la preservación del estado de derecho, la continuidad de las autoridades elegidas por el pueblo. Así se destacaba como avance significativo y prueba de mayor eficacia, la simple alternancia de distintos partidos en el poder.

En la década de los noventa, la exigencia sumó la necesidad de la obtención de avances en materia económica, en particular en materia de control de la inflación.

La medida del éxito de esa política la daban las ganancias de los grupos más concentrados de la economía, la ausencia de corridas bursátiles y la magnitud de las inversiones especulativas, sin que importaran la consolidación de la pobreza y la condena a millones de argentinos a la exclusión social, la fragmentación nacional y el enorme e interminable endeudamiento externo.

Así, en una práctica que no debe repetirse, era muy difícil distinguir la solución pragmática de la cirugía sin anestesia.

Se intentó reducir la política a la sola obtención de resultados electorales; el gobierno, a la mera administración de las decisiones de los núcleos de poder económico con amplio eco mediático, al punto que algunas fuerzas políticas en 1999 se plantearon el cambio en términos de una gestión más prolija pero siempre en sintonía con aquellos mismos intereses.

El resultado no podía ser otro que el incremento del desprestigio de la política y el derrumbe del país.

En este nuevo milenio, superando el pasado, el éxito de las políticas deberá medirse bajo otros parámetros, en orden a nuevos paradigmas.

Debe juzgárselas desde su acercamiento a la finalidad de concretar el bien común, sumando al funcionamiento pleno del estado de derecho y la vigencia de una efectiva democracia, la correcta gestión del gobierno y el efectivo ejercicio del poder político nacional en cumplimiento de transparentes y racionales reglas, imponiendo la capacidad reguladora del Estado ejercida por sus organismos de contralor y aplicación.

El cambio implica medir el éxito o el fracaso de la dirigencia desde otra perspectiva. Discursos, diagnósticos sobre las crisis, no bastarán ni serán suficientes. Se analizarán conductas y los resultados de las acciones. El éxito se medirá desde la capacidad y la decisión y la eficacia para encarar los cambios.

Concluye en la Argentina una forma de hacer política y un modo de gestionar el Estado. Colapsó el ciclo de anuncios grandilocuentes, grandes planes seguidos de la frustración por la ausencia de resultados y su consecuencia, la desilusión constante, la desesperanza permanente. En esta nueva lógica, que no sólo es funcional sino también conceptual, la gestión se construye día a día, en el trabajo diario, en la acción cotidiana, que nos permitirán ir mensurando los niveles de avance. Un gobierno no debe distinguirse por los discursos de sus funcionarios, sino por las acciones de sus equipos.

Deben encararse los cambios con decisión y coraje, avanzando sin pausas, pero sin depositar la confianza en jugadas mágicas o salvadoras, ni en genialidades aisladas. Se trata de cambiar, no de destruir. Se trata de sumar cambios, no de dividir. Cambiar importa aprovechar las diversidades sin anularlas. Se necesitará mucho trabajo y esfuerzo plural, diverso y transversal a los alineamientos partidarios.

 

Hay que reconciliar a la política, a las instituciones y al gobierno, con la sociedad.

Por eso nadie piense que las cosas cambiarán de un día para el otro y sólo porque se declame. Un cambio que pueda consolidarse necesitará de la sumatoria de hechos cotidianos que en su persistencia derroten cualquier inmovilismo y un compromiso activo de la sociedad en ese cambio. Ningún dirigente, ningún gobernante, por más capaz que sea puede cambiar las cosas si no hay una ciudadanía dispuesta a participar activamente en ese cambio.

Desarmados de egoísmos individuales o sectoriales, las conciencias y los actos deben encontrarse en el amplio espacio común de un proyecto nacional que nos contenga. Un espacio donde desde muchas ideas pueda contribuirse a una finalidad común.

En nuestro proyecto ubicamos en un lugar central la idea de reconstruir un capitalismo nacional que genere las alternativas que permitan reinstalar la movilidad social ascendente. No se trata de cerrarse al mundo. No es un problema de nacionalismo ultramontano, sino de inteligencia, observación y compromiso con la Nación. Basta ver cómo los países más desarrollados protegen a sus productores, a sus industrias y a sus trabajadores.

Se trata, entonces, de hacer nacer una Argentina con progreso social, donde los hijos puedan aspirar a vivir mejor que sus padres sobre la base de su esfuerzo, capacidad y trabajo.

Para eso es preciso promover políticas activas que permitan el desarrollo y el crecimiento económico del país, la generación de nuevos puestos de trabajo y una mejor y más justa distribución del ingreso. Como se comprenderá el Estado cobra en eso un papel principal, es que la presencia o la ausencia del Estado constituye toda una actitud política.

Por supuesto, no se trata de poner en marcha una vez mas movimientos pendulares que vayan desde un Estado omnipresente y aplastante de la actividad privada, a un Estado desertor y ausente, para retornar continuamente de extremo a extremo, en lo que parece ser una auténtica manía nacional que nos impide encontrar los justos, sensatos y necesarios equilibrios.

Se trata de tener lo necesario para nuestro desarrollo, en una reingeniería que nos permita contar con un Estado inteligente.

Queremos recuperar los valores de la solidaridad y la justicia social que nos permitan cambiar nuestra realidad actual para avanzar hacia la construcción de una sociedad más equilibrada, más madura y más justa.

Sabemos que el mercado organiza económicamente pero no articula socialmente, debemos hacer que el Estado ponga igualdad allí donde el mercado excluye y abandona.

Es el Estado el que debe actuar como el gran reparador de las desigualdades sociales en un trabajo permanente de inclusión y creando oportunidades a partir del fortalecimiento de la posibilidad de acceso a la educación, la salud, y la vivienda, promoviendo el progreso social basado en el esfuerzo y el trabajo de cada uno.

Es el Estado el que debe viabilizar los derechos constitucionales, protegiendo a los sectores más vulnerables de la sociedad, es decir, los trabajadores, los jubilados, los pensionados, los usuarios y los consumidores.

Actuaremos como lo que fuimos y seguiremos siendo siempre: hombres y mujeres comunes que quieren estar a la altura de las circunstancias asumiendo con dedicación las grandes responsabilidades que en representación del pueblo se nos confieren.
Estamos dispuestos a encarar junto a la sociedad todas las reformas necesarias y para ello también utilizaremos los instrumentos que la Constitución y las leyes contemplan para construir y expresar la voluntad popular. Vamos a apoyarnos en la Constitución para construir una nueva legitimidad de las leyes, que vaya más allá de la prepotencia del más fuerte. Un Estado no puede tener legitimidad si su pueblo no ratifica el fundamento primario de sus gobernantes. De la misma manera que luchamos contra la pobreza económica tendremos una conducta sin dobleces para impedir la pobreza cívica. Sólo cuando el gobierno se desentiende del pueblo es que toda la sociedad empobrece, no sólo económicamente sino moral y culturalmente.

Somos conscientes de que ninguna de esas reformas será productiva y duradera si no creamos las condiciones para generar un incremento de la calidad institucional.

La calidad institucional supone el pleno apego a las normas, en una Argentina que por momentos aparece ante el mundo como un lugar donde la violación de las leyes no tiene castigo legal ni social. A la Constitución hay que leerla completa. La seguridad jurídica debe ser para todos, no sólo para los que tienen poder o dinero.

No habrá cambio confiable si permitimos la subsistencia de ámbitos de impunidad. Una garantía de que la lucha contra la corrupción y la impunidad será implacable, fortalecerá las instituciones sobre la base de eliminar toda posible sospecha sobre ellas. Rechazamos de plano la identificación entre gobernabilidad e impunidad que algunos pretenden. Gobernabilidad no es ni puede ser sinónimo de impunidad. Gobernabilidad no es ni puede ser sinónimo de acuerdos oscuros, manipulación política de las instituciones o pactos espurios a espaldas de la sociedad.

Este combate es una tarea conjunta del Poder Ejecutivo, el Congreso y el Poder Judicial, pero también de la sociedad porque no podemos ignorar que es de esa misma sociedad de donde provienen los hombres y mujeres que integran las instituciones públicas y privadas.

Cambio responsable, calidad institucional, fortalecimiento del rol de las instituciones con apego a la Constitución y a la ley y fuerte lucha contra la impunidad y la corrupción deben presidir no sólo los actos del gobierno que comenzaremos sino toda la vida institucional y social de la República.

Queremos ser la generación de argentinos que reinstale la movilidad social ascendente, pero que también promueva el cambio cultural y moral que implica el respeto a las normas y a las leyes.
En este marco conceptual queremos expresar los ejes directrices en materia de relaciones internacionales, manejo de la economía, los procesos de la salud, la educación, la contención social a desocupados y familias en riesgo y los problemas que plantean la seguridad y la justicia en una sociedad democrática.

Profundizar la contención social a las familias en riesgo, garantizando subsidios al desempleo y asistencia alimentaria. Consolidando una verdadera red federal de políticas sociales integrales para que quienes se encuentran por debajo de la línea de pobreza puedan tener acceso a la educación, la salud pública y la vivienda.

Reinstalar la movilidad social ascendente que caracterizó a la República Argentina requiere comprender que los problemas de la pobreza no se solucionan desde las políticas sociales sino desde las políticas económicas. Sabemos que hay que corregir errores y mejorar métodos en la forma de asignación de la ayuda social. Pero es imprescindible advertir que la tragedia cívica del clientelismo político no es producto de la asistencia social como gestión del Estado, sino de la desocupación como consecuencia de un modelo económico. En nuestro país la aparición de la figura del cliente político es coetánea con la del desocupado 
Mientras en la República Argentina hubo trabajo, nadie fue rehén de un dirigente partidario.

Al drama de la desaparición del trabajo y el esfuerzo como el gran articulador social, se sumó el derrumbe de la educación argentina.

No hay un factor mayor de cohesión y desarrollo humano que promueva más la inclusión que el aseguramiento de las condiciones para el acceso a la educación, formidable herramienta que construye identidad nacional y unidad cultural, presupuestos básicos de cualquier país que quiera ser Nación.

Una sociedad como la que queremos promover debe basarse en el conocimiento y en el acceso de todos a ese conocimiento. La situación de la educación argentina revela dos datos vinculados a su problema central, que es la calidad de la enseñanza. Por un lado, una creciente anarquía educativa, y por el otro, la crisis de los sistemas de formación docente. Ambos afectan severamente la igualdad educativa. El último sistema nacional de formación docente fue el de nuestras viejas y queridas maestras normales. Criticado por enciclopedista, memorista y repetitivo, pero nuestra generación fue la última formada en esa escuela pública y la calidad de la educación era superior a la que hoy tenemos.
Aquel viejo sistema no fue suplantado por otro. Por si esto fuera poco, se le agregó con muy buena intención, pero con resultado dudoso, lo que quiso ser la federalización de la educación. Se trató de lograr autonomía, objetivo con el que estamos de acuerdo, pero se terminó en un grado cierto de anarquía en los contenidos curriculares y en los sistemas funcionales. La igualdad educativa es, para nosotros, un principio irrenunciable, no sólo como actitud ética sino esencialmente como responsabilidad institucional. Debemos garantizar que un chico del Norte argentino tenga la misma calidad educativa que un alumno de la Capital Federal.

Es correcto que las provincias dirijan y administren el sistema de prestación del servicio educativo, pero el Estado nacional debe recuperar su rol en materia de planificación y contenidos de la educación y sistemas de formación y evaluación docente. Garantizar la igualdad educativa de norte a sur es aportar a la formación de una verdadera conciencia e identidad nacional.

En el campo de la salud, el Estado asumirá un rol articulador y regulador de la salud pública integral sumando los esfuerzos de los subsectores públicos provinciales y nacionales, privados y de obras sociales, orientado a consolidar las acciones que posibiliten generar accesibilidad a las prestaciones médicas y a
los medicamentos para toda la población.

La ley de prescripción por el nombre genérico de los medicamentos recientemente reglamentada será aplicada con todo vigor y el Programa Remediar, de gratuita distribución de medicamentos ambulatorios, continuará.

Es objetivo de gobierno concretar un Sistema Nacional de Salud, que se consolidará en una red en la que el hospital público será un eje referencial, con los demás centros de salud, públicos o privados, para ser pilares estratégicos de la atención primaria de salud, integrándose con las políticas de contención social para avanzar en la tarea de prevención.

El objetivo de dar salud a los argentinos impone que se asuman políticas de Estado que sean impermeables a las presiones interesadas, por poderosas que sean, provengan de donde provengan.

Entre los fundamentales e insustituibles roles del Estado ubicamos los de ejercer el monopolio de la fuerza y combatir cualquier forma de impunidad del delito, para lograr seguridad ciudadana y justicia en una sociedad democrática en la que se respeten los derechos humanos.
El cumplimiento estricto de la ley que exigiremos en todos los ámbitos debe tener presente las circunstancias sociales y económicas que han llevado al incremento de los delitos en función directa del crecimiento de la exclusión, la marginalidad y la crisis que recorren todos los peldaños de la sociedad.

Pero también hay que comprender que, como sociedad, hace tiempo que carecemos de un sistema de premios y castigos. En lo penal, en lo impositivo, en lo económico, en lo político, y hasta en lo verbal, hay impunidad en la Argentina. En nuestro país, cumplir la ley no tiene premio ni reconocimiento social.

En materia de seguridad no debe descargarse sólo sobre la policía la responsabilidad de la detección de las situaciones de riesgo que sirven de base al desarrollo de la delincuencia. Son el Estado y la sociedad en su conjunto los que deben actuar participativa y coordinadamente para la prevención, detección, represión y castigo de la actividad ilegal.

Una sociedad con elevados índices de desigualdad, empobrecimiento, desintegración familiar, falta de fe y horizontes para la juventud, con impunidad e irresponsabilidad, siempre será escenario de altos niveles de inseguridad y violencia.

Una sociedad dedicada a la producción y proveedora de empleos dignos para todos resultará un indispensable apoyo para el combate contra el delito.

Para comprender la problemática de la seguridad y encontrar soluciones no sólo se debe leer el Código Penal, hay que leer también la Constitución Nacional en sus artículos 14 y 14 bis, cuando establecen como derechos de todos los habitantes de la Nación el derecho al trabajo, a la retribución justa, a las condiciones dignas y equitativas de labor, a las jubilaciones y pensiones móviles, al seguro social obligatorio, a la compensación económica familiar y al acceso a una vivienda digna, entre otros.

El Estado debe ser esclavo de la ley para enfrentar el delito, pero no puede aceptar extorsiones de nadie, ni de quienes aprovechan una posición de fuerza en cualquiera de los poderes del Estado o en la economía, ni de quienes usan la necesidad de los pobres para fines partidistas.

La paz social, el respeto a la ley, a la defensa de la vida y la dignidad son derechos inalienables de todos los argentinos.
El delito es delito, sea de guante blanco, sea de naturaleza común, sea de mafias organizadas.

Gobernabilidad es garantizar la prestación de un servicio de justicia próximo al ciudadano, con estándares de rendimiento, de eficiencia y de equidad que garanticen una real seguridad jurídica para todos los habitantes, cualquiera que sea su estatus económico o social

En el plano de la economía es donde más se necesita que el Estado se reconcilie con la sociedad. No puede ser una carga que termine agobiando a todas las actividades, ni igualándolas hacia abajo con políticas de ajuste permanente a los que menos tienen.

El objetivo básico de la política económica será el de asegurar un crecimiento estable, que permita una expansión de la actividad y del empleo constante, sin las muy fuertes y bruscas oscilaciones de los últimos años.

El resultado debe ser la duplicación de la riqueza cada quince años, y una distribución tal que asegure una mejor distribución del ingreso y, muy especialmente, que fortalezca nuestra clase media y que saque de la pobreza extrema a todos los compatriotas.

Para alcanzar tales objetivos respetaremos principios fundamentales que ayuden a consolidar lo alcanzado y permitan los avances necesarios.

La sabia regla de no gastar más de lo que entra debe observarse. El equilibrio fiscal debe cuidarse. Eso implica más y mejor recaudación y eficiencia y cuidado en el gasto. El equilibrio de las cuentas públicas, tanto de la Nación como de las provincias, es fundamental.

El país no puede continuar cubriendo déficit por la vía del endeudamiento permanente ni puede recurrir a la emisión de moneda sin control, haciendo correr riesgos inflacionarios que siempre terminan afectando a los sectores de menores ingresos.

Ese equilibrio fiscal tan importante deberá asentarse sobre dos pilares: gasto controlado y eficiente e impuestos que premien la inversión y la creación de empleo y que recaigan allí donde hay real capacidad contributiva.
Mantenimiento del equilibrio fiscal y trajes a rayas para los grandes evasores, en la seguridad de que si imponemos correctamente a los poderosos el resto del país se disciplinará.

Terminaremos con la Argentina donde el hilo se corta por lo más delgado y en eso actuaremos con energía, porque no es posible una economía sin esfuerzo y no alcanzará para ayudar a los desprotegidos si no hay cumplimiento impositivo. Quien no cumple sus obligaciones impositivas le resta posibilidades de ascenso social a los demás. La evasión es la contracara de la solidaridad social que exigiremos.

Debemos asegurar la existencia de un país normal, sin sobresaltos, con el sector público y el sector privado cada uno en sus respectivos roles. Hay que dotar a la República Argentina de buena administración, gobernabilidad, estabilidad con inclusión y progreso social, y competitividad.

Con equilibrio fiscal, la ausencia de rigidez cambiaria, el mantenimiento de un sistema de flotación con política macroeconómica de largo plazo determinada en función del ciclo de crecimiento, el mantenimiento del superávit primario y la continuidad del superávit comercial externo, nos harán crecer en función directa de la recuperación del consumo, de la inversión y de las exportaciones.

Sabemos que la capacidad de ahorro local y, por ende, el financiamiento local, es central en todo proceso de crecimiento sostenido. Ello requiere estabilidad de precios, entidades financieras sólidas y volcadas a prestar al sector privado -personas y empresas-, con eficiencia operativa y tasas razonables.

El desarrollo del mercado de capitales con nuevos instrumentos, con transparencia, con seguridad, es fundamental para recuperar la capacidad de ahorro y para alejarnos definitivamente de las crisis financieras internas que en los últimos 20 años han golpeado fuertemente y por tres veces a los ahorristas y depositantes.

Los fondos externos deben ser complementarios a este desarrollo de los mercados locales y su gran atractivo está ligado a que sean fondos de inversión extranjera directa -inversión productiva-, que no sólo aportan recursos sino también traen aparejado progresos en la tecnología de procesos y productos.
Nuestro país debe estar abierto al mundo, pero abierto al mundo de una manera realista, dispuesto a competir en el marco de políticas de preferencia regional -fundamentalmente a través del MERCOSUR-, y de políticas cambiarias flexibles acorde a nuestras productividades relativas y a las circunstancias del contexto internacional.

El crecimiento requerirá de una demanda creciente que aliente las inversiones, tanto para atender el mercado interno como a las exportaciones.

A contrario del modelo de ajuste permanente, el consumo interno estará en el centro de nuestra estrategia de expansión.

Precisamente para cumplir con esta idea de consumo en permanente expansión, la capacidad de compra de nuestra población deberá crecer progresivamente por efecto de salarios, por el número de personas trabajando y por el número de horas trabajadas.

Esas tres variables juntas definen la masa de recursos que irán al consumo y al ahorro local y su evolución no puede ser fruto de una fantasía o de puro voluntarismo.
En nuestro proyecto nacional trabajaremos de la única manera seria que es crear un círculo virtuoso donde la masa de recursos crece -crece si la producción crece- y la producción aumenta si también lo hace la masa de recursos.

Avanzaremos simultáneamente en forma cuidadosa y progresiva creando las condiciones para producir más y distribuir lo que efectivamente se produzca.

Nuestras mejores posibilidades se ubican en torno al avance de la calidad institucional en el marco de una economía seria y creíble.

Trabajando en torno a estos principios, sin espectacularidades ni brusquedad en el cambio, seriamente, paso a paso, como cualquier país normal del mundo, podremos cumplir con los objetivos y cumplir hacia adentro y hacia fuera con nuestras obligaciones y compromisos.

Acortando los plazos, el Estado se incorporará urgentemente como sujeto económico activo, apuntando a la terminación de las obras públicas inconclusas, la generación de trabajo genuino y la fuerte inversión en nuevas obras.
No se tratará de obras faraónicas, apuntaremos más a cubrir las necesidades de vivienda y de infraestructura en sectores críticos de la economía para mejorar la calidad de vida y a perfilar un país mas competitivo, distribuyendo la inversión con criterio federal y desarrollando nuestro perfil productivo.

Tenemos que volver a planificar y ejecutar obra pública en la Argentina, para desmentir con hechos el discurso único del neoliberalismo que las estigmatizó como gasto público improductivo. No estamos inventando nada nuevo, los Estados Unidos en la década del treinta superaron la crisis económico financiera más profunda del siglo de esa manera.

La construcción intensiva de viviendas, las obras de infraestructura vial y ferroviaria, la mejor y moderna infraestructura hospitalaria, educativa y de seguridad, perfilarán un país productivo en materia de industria agroalimentaria, turismo, energía, minería, nuevas tecnologías, transportes, y generará puestos de trabajo genuinos.

Produciremos cambios en el sistema impositivo para tornarlo progresivo, lo que permitirá luego reducir alícuotas en función de la mejora en la recaudación, ampliada como quedará la base imponible y eliminadas que sean las exenciones no compatibles con la buena administración. Eso nos dará solidez y solvencia fiscal.

Forma parte de nuestra decisión cumplimentar con aquello que fue mandato constitucional del '94 y que lamentablemente hasta hoy no se ha cumplido. Darnos una nueva ley de coparticipación federal no sólo implica nueva distribución y nuevas responsabilidades sino el diseño de un nuevo modelo de país.

No se puede recurrir al ajuste ni incrementar el endeudamiento. No se puede volver a pagar deuda a costa del hambre y la exclusión de los argentinos generando más pobreza y aumentando la conflictividad social. La inviabilidad de ese viejo modelo puede ser advertida hasta por los propios acreedores, que tienen que entender que sólo podrán cobrar si a la Argentina le va bien.

Este modelo de producción, trabajo y crecimiento sustentable y con reglas claras, generará recursos fiscales, solvencia macroeconómica y sustentabilidad fiscal creando las condiciones para generar nuevo y mayor valor agregado. Tiene además que permitir negociar con racionalidad para lograr una reducción de la deuda externa.

Este gobierno seguirá principios firmes de negociación con los tenedores de deuda soberana en actual situación de default, de manera inmediata y apuntando a tres objetivos: la reducción de los montos de deuda, la reducción de las tasas de interés y la ampliación de los plazos de madurez y vencimiento de los bonos.

Sabemos que nuestra deuda es un problema central. No se trata de no cumplir, de no pagar. No somos el proyecto del default. Pero tampoco podemos pagar a costa de que cada vez más argentinos vean postergados su acceso a la vivienda digna, a un trabajo seguro, a la educación de sus hijos, o a la salud.

Creciendo nuestra economía crecerá nuestra capacidad de pago.

En materia de defensa, actuaremos con un concepto integral de la defensa nacional, integrando la contribución de la acción de nuestras fuerzas armadas en pro del desarrollo, trabajando para su modernización e impulsando la investigación científicotecnológica en coordinación con otros organismos gubernamentales, para que, sin apartarse de su actividad principal puedan contribuir al bienestar general de la población.

Queremos a nuestras fuerzas armadas altamente profesionalizadas, prestigiadas por el cumplimiento del rol que la Constitución les confiere y por sobre todas las cosas, comprometidas con el futuro y no con el pasado.

Desde este proyecto nacional la República Argentina se integrará al mundo dando pasos concretos hacia consensos políticos basados en el fortalecimiento del derecho internacional, el respeto a nuestras convicciones, la historia y las prioridades nacionales.

Partidarios en la política mundial de la multilateralidad como somos, no debe esperarse de nosotros alineamientos automáticos sino relaciones serias, maduras y racionales que respeten las dignidades que los países tienen.

Nuestra prioridad en política exterior será la construcción de una América Latina políticamente estable, próspera y unida con base en los ideales de democracia y justicia social.

Venimos desde el Sur de la Patria, desde la tierra de la cultura malvinera y de los hielos continentales, y sostendremos inclaudicablemente nuestro reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas.

El MERCOSUR y la integración latinoamericana deben ser parte de un verdadero proyecto político regional. Nuestra alianza estratégica con el MERCOSUR, que debe profundizarse hacia otros aspectos institucionales que deben acompañar la integración económica, y ampliarse abarcando a nuevos miembros latinoamericanos, se ubicará entre los primeros puntos de nuestra agenda regional.

Una relación seria, amplia y madura con los Estados Unidos de América y los Estados que componen la Unión Europea es lo que debe esperarse de nosotros. El estrechamiento de vínculos con otras naciones desarrolladas y con grandes naciones en desarrollo del oriente lejano, y una participación en pro de la paz y la obtención de consensos en ámbitos como la Organización de las Naciones Unidas para que efectivamente se comprometa con eficacia en la promoción del desarrollo social y económico ayudando al combate contra la pobreza.

La lucha contra el terrorismo internacional que tan profundas y horribles huellas ha dejado en la memoria del pueblo argentino, nos encontrará dispuestos y atentos para lograr desterrarlo de entre los males que sufre la humanidad.

La inserción comercial de la Argentina ocupa un lugar central en la agenda de gobierno. Consolidar la política comercial como una política de Estado permanente que trascienda la duración de los mandatos de gobierno y cuente con la concurrencia del sector privado, de la comunidad académica y de la sociedad civil en general, será un objetivo estratégico de primer orden de esta administración.

Profundizar la estrategia de apertura de mercados, incrementar sustancialmente nuestro intercambio con el resto del mundo. Diversificar exportaciones hacia bienes con mayor valor agregado. Desconcentrar las ventas por destino y multiplicar el número de exportadores de modo que los beneficios del comercio exterior se derramen sobre todas las ramas productivas.
La apertura masiva de nuevos mercados exige la negociación simultánea y permanente en todos los foros de negociación que involucren a nuestro país.

Finalmente, no se trata de agotar en estas líneas la totalidad de los cursos de acción que seguiremos. No creemos en los catálogos de buenas intenciones. Queremos expresar el sentido y la dirección de las cosas que haremos.

Se trata de abordar de una manera distinta los principales temas, identificando adecuadamente los verdaderos problemas de la agenda social con la finalidad de que el conjunto sepa cómo ayudar, cómo sumar, cómo ayudar a corregir.

Pensando el mundo en argentino, desde un modelo propio, este proyecto nacional que expresamos convoca a todos y a cada uno de los ciudadanos argentinos, por encima y por fuera de los alineamientos partidarios, a poner manos a la obra en este trabajo de refundar la Patria.

Sabemos que estamos ante un final de época. Atrás quedó el tiempo de los líderes predestinados, los fundamentalistas, los mesiánicos. La Argentina contemporánea se deberá reconocer y  refundar en la integración de equipos y grupos orgánicos, con capacidad para la convocatoria transversal, el respeto por la diversidad y el cumplimiento de objetivos comunes.

Tenemos testimonios de gestión y resultados. Somos parte de esta nueva generación de argentinos que en forma abierta y convocante, y desde la propuesta de un modelo argentino de producción, trabajo y crecimiento sustentable llama al conjunto social para sumar, no para dividir. Para avanzar y no para retroceder. En síntesis, para ayudarnos mutuamente a construir una Argentina que nos contenga y nos exprese como ciudadanos.

Convocamos al trabajo, al esfuerzo, a la creatividad, para que nos hagamos cargo de nuestro futuro, para que concretemos los cambios necesarios para forjar un país en serio, un país normal, con esperanza y con optimismo.

Formo parte de una generación diezmada. Castigada con dolorosas ausencias. Me sumé a las luchas políticas creyendo en valores y convicciones a los que no pienso dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada. No creo en el axioma de que cuando se gobierna se cambia convicción por pragmatismo. Eso constituye en verdad un ejercicio de hipocresía y cinismo. Soñé toda mi vida que éste, nuestro país, se podía cambiar para bien. Llegamos sin rencores pero con memoria. Memoria no sólo de los errores y horrores del otro. Sino que también es memoria sobre nuestras propias equivocaciones.

Memoria sin rencor que es aprendizaje político, balance histórico y desafío actual de gestión.

Con la ayuda de Dios seguramente se podrá iniciar un nuevo tiempo, que nos encuentre codo a codo en la lucha por lograr el progreso y la inclusión social, poniéndole una bisagra a la historia

Con mis verdades relativas -en las que creo profundamente- pero que sé, se deben integrar con las de ustedes para producir frutos genuinos, espero la ayuda de vuestro aporte. No he pedido ni solicitaré cheques en blanco.

Vengo en cambio a proponerles un sueño. Reconstruir nuestra propia identidad como pueblo y como Nación.

Vengo a proponerles un sueño, que es la construcción de la verdad y la justicia.
Vengo a proponerles un sueño, el de volver a tener una Argentina con todos y para todos.

Les vengo a proponer que recordemos los sueños de nuestros patriotas fundadores y de nuestros abuelos inmigrantes y pioneros. De nuestra generación, que puso todo y dejó todo, pensando en un país de iguales.

Porque yo sé y estoy convencido que en esta simbiosis histórica vamos a encontrar el país que nos merecemos los argentinos.

Vengo a proponerles un sueño, quiero una Argentina unida. Quiero una Argentina normal. Quiero que seamos un país serio. Pero además quiero también un país más justo.

Anhelo que por este camino se levante a la faz de la tierra una nueva y gloriosa Nación. La nuestra.

Muchas gracias. Viva la Patria


Quién Quiere el acuerdo - Martín Granovsky Fuente Página 12 21/07/2003

Carlos Menem usaba una táctica con los presidentes norteamericanos en su primera reunión: no pedir nada. Se presentaba como un alumno aplicado que aborrecía la mala conducta histórica de la Argentina y solo ofrecía hacer los deberes. Prometía economía de mercado, alineamiento militar y apertura comercial. A Fernando de la Rúa la endeblez interna le jugó una mala pasada. La última reunión con George Bush, en el 2000, estuvo marcada por la resistencia de las provincias a respaldarlo en la negociación. Tanto miedo tenía De la Rúa por los mercados que fue Bush, y no él, quien criticó a los bancos norteamericanos. Cuando en su momento Página/12 contó ese detalle de la reunión secreta, pudo palpar los nervios oficiales ante una revelación que, sentían, los haría enemistar con el sector financiero.
Menem ofrecía capitalizar deuda –es decir, pagar el principal– y buscaba el Plan Brady. De la Rúa quería un poco de aire. ¿Y Néstor Kirchner? A diferencia de los anteriores, llegará el miércoles a Washington habiendo roto con las relaciones carnales y las relaciones intensas con los Estados Unidos. La Argentina abandonó ese modelo cuando criticó a la Casa Blanca por la invasión de Irak. Kirchner tampoco exhibirá una posición militarista sobre Colombia, como Menem cuando envió aviones livianos para combatir el narcotráfico. Esa es la gran distinción entre Kirchner, por un lado, y Menem y De la Rúa por otro. Pero la negociación permanente por la deuda externa continúa. Esa es la relativa familiaridad de la agenda común.
El problema es comprender el matiz exacto de la postura presidencial ante la deuda.
Kirchner representa a un país que ya entró en default, y lo hizo sin orden ni negociación. Volver atrás es, además de inútil, imposible. El Gobierno parece estar disconforme con las tasas altas y la falta de crédito internacional, pero no luce seguro de que con un acuerdo externo que suba el nivel actual de pagos por la deuda, las condiciones generales de la economía mejoren. Ahora es, en cierto modo, “vivir con lo nuestro”. Con un acuerdo malo habría auxilio para la economía pero el costo de ese auxilio sería, a la larga, peor que la enfermedad. Ni garantizaría el crecimiento ni la justicia social.
Por eso Bush suena más apurado que Kirchner. Por eso, también, cuando el Gobierno pide un acuerdo digno no está haciendo propaganda sino marcando un objetivo concreto de negociación. Siempre la alternativa aceptable fue un acuerdo mediocre, nunca el no acuerdo. Esta vez, en cambio, la variante sería seguir sin acuerdo. Y la novedad es que se trata de una opción que no espanta a Kirchner

Ofensiva neoliberal contra el gobierno de Kirchner - Carlos Gabetta Fuente: Fuente Monde Diplomatique 14/07/2003

Desconcertada al principio ante la determinación del presidente Néstor Kirchner en sus primeras medidas de gobierno, la derecha neoliberal argentina ha iniciado una inescrupulosa y virulenta campaña cuyo objetivo es dividir a la sociedad. Una trampa sin perspectivas, en la que no obstante no deben caer los sectores democráticos y progresistas.

Las primeras semanas de gestión del presidente argentino Néstor Kirchner han estado signadas por una serie de iniciativas concretas que le han valido los más altos índices de confianza y popularidad que se recuerdan en democracia. Atrás quedaron las dudas motivadas por la cobarde retirada en la segunda vuelta electoral de su rival, el ex presidente Carlos Menem, que dejó a Kirchner en el más alto puesto del país con el exiguo 22% de los sufragios obtenidos en la primera vuelta. Todos los pronósticos indicaban que obtendría bastante más del 60% en la segunda (eso motivó la retirada de Menem), pero lo cierto es que cuando asumió sólo podía exhibir lo obtenido en la primera, cosa que la derecha neoliberal no se privó de recordar (1).
Consciente de que en los primeros meses de mandato debía revalidar la legitimidad que su despechado rival le negara y, sobre todo, de que la crisis del país y el sulfuroso estado de ánimo de la sociedad no dejaban margen para vacilaciones, Kirchner y su reducido equipo de hombres de confianza (la mayoría viejos amigos de la militancia juvenil en los años ’70 y funcionarios de su provincia, Santa Cruz, devenidos experimentados políticos), decidieron hacer de la necesidad virtud y se lanzaron a una serie de operaciones quirúrgicas en las principales llagas de la purulenta institucionalidad argentina: pase a retiro de lo que quedaba, en la cabeza de las fuerzas armadas, de la generación de militares comprometidos con violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura; intervención a la corrupta obra social de jubilados y pensionados (PAMI) una megaempresa con un presupuesto superior a los 1.000 millones de dólares de la que depende la salud de centenares de miles de viejecitos en todo el país; reestructuración de la también corrupta e ineficaz Corte Suprema de justicia, una excrecencia del menemismo… y así sucesivamente. En pocas semanas, Kirchner imprimió un ritmo de vértigo a su actividad y no pasó un día sin que alguna medida o declaración suya o de alguno de sus colaboradores no diese en el centro de la expectativas de la mayoría de una sociedad harta de política-espectáculo, hipocresías y descaro de parte de políticos y funcionarios.

El problema económico

Fuera del brulote de «La Nación», la derecha neoliberal argentina no dio mayores señales de reaccionar en esas vertiginosas primeras semanas. Al movilizarse espontáneamente hasta forzar la renuncia del estólido y reaccionario presidente Fernando de la Rúa, en diciembre de 2001, la sociedad había dado señales claras de que no estaba dispuesta a seguir tolerando tanto las políticas económicas neoliberales como la «institucionalidad» funcional a esas políticas: un Congreso incompetente y corrupto; una Corte Suprema enfeudada al Poder Ejecutivo; una dirigencia política devenida corporación de negocios delictivos… y así con todas y cada una de las instituciones de la República, con muy raras excepciones. De manera que las primeras medidas políticas de Kirchner –que además encontraron un favorable eco en la prensa internacional- difícilmente podían ser atacadas sin dar un paso en falso ante la sociedad.
Pero ahora se aproximan cruciales decisiones económicas ante las que la derecha neoliberal no está dispuesta a quedarse de brazos cruzados: renegociación de la deuda externa con el Fondo Monetario Internacional y los acreedores privados (se estima que el 61% de la deuda externa privada en bonos del Estado está en manos de especuladores argentinos); renegociación de los en su mayoría espúreos contratos con las empresas privatizadas (el gobierno ha solicitado el asesoramiento en el tema de la prestigiosa Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales –FLACSO- que viene monitoreando la dudosa legalidad de los contratos y todos los incumplimientos de esas empresas); persecución de los grandes evasores fiscales y reforma del sistema tributario y reestructuración del sistema financiero, entre otras.
Esa es exactamente la línea de flotación de la derecha neoliberal; el punto en el que un cambio radical desde el modelo rentístico-especulativo (impuesto por la dictadura militar desde 1976 y llevado al paroxismo en democracia por Carlos Menem y su organización político-delictiva), hacia un modelo capitalista razonable y normal de producción acabaría con los negocios de ese sector y, en algunos casos, lo pondría en graves dificultades, ya que su propio endeudamiento suele ser importante: es el caso del diario «La Nación», entre otros.
Es por eso que desde principios de julio la derecha neoliberal ha salido de su aparente letargo para lanzarse a una inescrupulosa escalada de calumnias y falsas verdades. Para citar sólo un ejemplo, ha literalmente enloquecido con la propuesta del gobierno de nombrar al prestigioso jurista Eugenio Zaffaroni en la Corte Suprema de Justicia, a pesar de que el mismo gobierno ha decidido establecer un mecanismo democrático de consulta a diversos sectores de la sociedad y de que Zaffaroni ha sido muy crítico con el presidente Kirchner cuando éste gobernaba la provincia de Santa Cruz. Pasando descaradamente por alto el frondoso e impecable curriculum nacional e internacional de Zaffaroni y el incuestionable apoyo de la mayor parte de los ciudadanos a su nombramiento, la derecha neoliberal no vacila en apelar a los más bajos y reaccionarios argumentos para atacarlo.
El objetivo de la campaña de la derecha neoliberal es claro: salir de su aislamiento agrupando al conjunto de la derecha en un frente «antimarxista», como si el presidente Kirchner y su equipo, en lugar de adecentar y modernizar al esperpéntico capitalismo argentino, se propusieran instalar en el país la dictadura del proletariado. Se trata de una estrategia que le dio resultado en otras oportunidades, pero que difícilmente cuaje en estas circunstancias: la guerra fría acabó hace más de una década y ese fantasma ya no asusta a nadie. Lo que sí está en cuestión, no sólo en Argentina sino en el mundo entero, es el neoliberalismo y sus consecuencias económicas, sociales y ambientales. Difícilmente los golpeados productores agrarios e industriales argentinos, a pesar de que están mayoritariamente agrupados en la derecha política, suscriban esta vez un discurso y un programa que han llevado al país –y a ellos mismos, en muchos casos- a la ruina.
Pero se trata de una trampa en la que, sobre todo, no deben caer el propio gobierno y los sectores progresistas y democráticos de la sociedad argentina. La derecha más recalcitrante siempre se ha valido de estos métodos, pero antes contaba con sectores de la producción no afectados y, en última instancia, con las fuerzas armadas para desplazar a gobiernos que no respondían ciento por ciento a sus intereses. Ahora se encuentra aislada, pero eso no quiere decir que haya perdido poder –sobre todo económico- ni apoyos internacionales: no debe olvidarse que en el gobierno de los Estados Unidos están George Bush Jr. y la derecha neoliberal fundamentalista.
El principal objetivo de los demócratas y progresistas argentinos debe ser profundizar el aislamiento de esa derecha neoliberal, ofreciendo al actual gobierno un sólido apoyo crítico que no excluya la vigilancia sobre sus acciones ni la actividad social en demanda de todos los derechos largo tiempo violentados.

1 El ideólogo del diario neoliberal «La Nación», José Claudio Escribano, firmó un artículo en el que afirmaba que «la Argentina ha resuelto darse gobierno por un año», luego de sugerir que «Washington» no veía con buenos ojos a Kirchner. En un país que ha sufrido numerosos golpes de Estado –todos apoyados más o menos abiertamente por la derecha que representa «La Nación», publicar algo así es mucho más que una reacción circunstancial: representa una declaración de guerra formal. Ver José Claudio Escribano, «Treinta y seis horas de un carnaval decadente», en «La Nación», Buenos Aires, 15-5-03

Kirchner limita su facultad para designar nuevos jueces de la Corte - Fuente Monde Diplomatique 19/06/2003

Modificó por decreto el mecanismo de selección, que ahora incluye consultas con organizaciones no gubernamentales ante cada vacante en el Máximo Tribunal. Advirtió que la medida es "un primer paso irreversible para terminar con viejas prácticas".

El presidente Néstor Kirchner ratificó este mediodía en la Casa Rosada que autolimitó por decreto su facultad de designar nuevos jueces de la Corte Suprema, a través de un mecanismo de consulta con organizaciones no gubernamentales que se activará ante cada vacante en el Máximo Tribunal. "La Corte necesita ganarse la confianza de la sociedad", justificó el santacruceño, y advirtió que la medida significa "un primer paso irreversible".

"No nos interesa conformar una Corte adicta y no nos sirven las viejas prácticas", enfatizó Kirchner en un discurso en el que se mostró con buena parte del Gabinete. De este modo, el mandatario sigue mostrándose como el impulsor de procesos de renovación en instituciones con credibilidad ajada: las Fuerzas Armadas, la Policía Federal, la conducción del PAMI, la Corte Suprema.

Para Kirchner, "la manera de ser fieles (con la sociedad) es autolimitar la propia facultad constitucional" del Presidente de enviar el pliego de un candidato a juez al Senado.

"No se trata de eludir la reponsabilidad de nombrar ante el Senado", aclaró en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, sino de "ser fieles a nuestras manera de pensar donde cambiar es imprescindible".

El decreto presentado hoy, con el que el Presidente abre el juego del consenso en las decisiones sobre la Corte, recoge iniciativas surgidas durante el año pasado en el capítulo Justicia de la denominada Mesa de Diálogo Argentino. La clave del cambio buscado está en una de las frases que el santacruceño desgranó en la Casa de Gobierno: "Hay que terminar con la práctica extendida de gobierno de turno, que para tener gobernabilidad necesitan forjar tribunales adictos o caer en críticas negociaciones"

Mientras tanto, la jugada de Kirchner continúa su marcha en el Congreso. La Comisión de Juicio Político de la Cámara de Diputados, se reunió esta mañana para analizar nuevos cargos contra el presidente de la Corte, Julio Nazareno, y citarlo para que realice su descargo el próximo juevesDiscurso leído por el Presidente Kirchner en el Congreso, el día 25 de Mayo del 2003, cuando asumió la presidencia

Habrá cambios en la forma de designar a los jueces de la Corte - Fuente: La Nación. Buenos Aires19/06/2003

El primer mandatario limitó la facultad presidencial para nombrar a los ministros del máximo tribunal; es con el fin de terminar con los "tribunales adictos", argumentó

El presidente Néstor Kirchner anunció esta mañana su decisión de "autolimitar" su facultad constitucional para designar a los jueces de la Corte Suprema de Justicia, en lo que consideró "un paso más" en busca de "reconciliar a la política, las instituciones y el gobierno con la sociedad", tal como lo prometió al asumir

En el salón Blanco de la Casa Rosada, y rodeado de todos sus ministros, el vicepresidente y el jefe de gobierno porteño, el primer mandatario ratificó que "no queremos una Corte adicta", y afirmó que cuando se produzca una vacante en el máximo tribunal, el nombre de los postulantes será publicado en diarios y en Internet, y se dará participación a una gran variedad de organizaciones profesionales, sociales y políticas para que estudien a fondo sus antecedentes

Asimismo, afirmó que "la manera de ser fiel a la palabra" comprometida al asumir la Presidencia, para dotar de la mayor transparencia posible al ejercicio de su poder, será, dijo, "autolimitar la propia facultad constitucional, siempre dentro de los parámetros mismos de la Constitución", para la selección de los miembros de la Corte
 Los detalles del decreto
 
Tras del discurso, el Presidente difundió el decreto que establece los límites a las atribuciones presidenciales para designar a los nuevos miembros de la Corte, según el cual en un plazo máximo de 30 días después de que se produzca una vacante, se tendrán que publicar "en el Boletín Oficial, en dos diarios nacionales y en la página de Internet del Ministerio de Justicia el nombre y antecedentes de las personas propuestas"
 Dispuso que luego de quince días de publicadas las nóminas, tanto los ciudadanos en general, como las organizaciones no gubernamentales, los colegios profesionales, las entidades académicas y defensoras de derechos humanos, entre otras, expondrán "por escrito y en modo fundado" sus observaciones acerca de los candidatos
 Luego, otros 15 días después de abiertas las observaciones, se elevarán los nombres propuestos al Senado

El Sr K dijo que Bush se comprometió a  ayudar a la Argentina / Bush invita al Sr K

"No habrá Relaciones Carnales con Estados Unidos" Fuente: Clarín Buenos Aires

Rafael Bielsa, el ministro de Relaciones Exteriores de Néstor Kirchner
que asumirá este domingo, dijo que durante la gestión presidencial del santacruceño "no habrá relaciones carnales con Estados Unidos". Inclusive sostuvo que su objetivo principal será fortalecer el bloque regional del MERCOSUR.

"Seguro que no habrá más relaciones carnales en mi paso por la Cancillería. Y me atrevo a decir que tampoco durante la presidencia de Kirchner", expresó Bielsa, en declaraciones que publica hoy el diario La Capital de Rosario.

El jurista, quien asumirá el cargo del próximo 25 de mayo, señaló su postura frente a "plantear si ALCA o MERCOSUR es una trampa del modelo cultural de los 90: Estados Unidos y las relaciones carnales o una asociación con los que se nos parecen". "La secuencia es al revés. Hay que fortalecer la unión con los que se nos parecen", enfatizó.

No obstante, Bielsa agregó que concretar el fortalecimiento del bloque regional "llevará un enorme esfuerzo, porque hace falta una gran cantidad de cuadros técnicos de las respectivas cancillerías".

"Hay un destino pensado de México hacia abajo que implica una agenda colectiva y, mediante ella, relacionarnos con Estados Unidos y otros bloques continentales como la Unión Europea, India o China", dijo Bielsa.

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