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De charlatanes y papelones - De Joaquín V. González a Carlos Menem |
Caso Menem - Alsogaray María Julia Condenada - Caso Amia |
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"Si perdemos van todos presos, desde Reutemann
(fue dos veces
gobernador de esa provincia) hasta el último barrendero..."Fuente de las declaraciones del diputado
González LT3 Pedro González es un diputado nacional argentino. Antes fue intendente de de la ciudad de Villa Gobernador Gálvez. Integra un grupo de dirigentes que resisten la derogación de la Ley de Lemas que actualmente rige el sistema electoral de la provincia de Santa Fe. Justificó su postura exclamando: "Pero lo más importante es que si perdemos van todos presos, desde Reutemann (fue dos veces gobernador de esa provincia) hasta el último barrendero que haya estado en un gobierno justicialista, van a aparecer los papeles, porque siempre hay algunos papeles que se hicieron mal, y si, no los van a inventar, y van todos presos" Además, el diputado nacional declaró
que el compromiso del gobernador de derogar la Ley de Lemas fue
"una promesa de campaña, y es habitual que en la campaña uno se vaya de
boca" Otras declaraciones-confesiones del diputado argentino Pedro
González Ley de Lemas
- Juliana De Lorenzo y Martín Mari |
El diputado nacional peronista Pedro González ha tenido el "mérito" político de expresar con total frontalidad lo que piensan los peronistas que defienden la ley de Lemas. Los argumentos leguleyos acerca de la calidad de los sistemas electorales han quedado desbordados por las palabras. Como le gustaba decir a Freud, "solamente examinando las palabras, se encuentran los pensamientos" y hay buenas razones para creer que el pensamiento de González está en sus palabras y, en todo caso, habrá que ver hasta dónde esas palabras no expresan el pensamiento de los peronistas o, por lo menos, de los peronistas que defienden la ley de Lemas. Para el diputado nacional, no hay que mantener la ley de Lemas porque es un buen sistema electoral sino porque asegura la continuidad del peronismo en el poder; pero además hay que defenderla, porque si los peronistas pierden el poder irían presos desde el primero al último. A decir verdad, todo esto se sospechaba, se intuía, pero nunca nadie había expresado con tanto desparpajo los objetivos reales por lo cuales muchos peronistas defienden la ley de Lemas. Ni siquiera el opositor más contumaz se había animado a hablar con tanta crudeza. Pero lo que más llama la atención no son las críticas elaboradas por los opositores, sino el silencio de los peronistas. Ni una frase, ni una palabra, ni una consideración respecto del dirigente peronista que dijo, que si se deroga la ley de Lemas el peronismo pierde el gobierno y, si el peronismo pierde el gobierno, en la provincia van todos presos, "desde Reutemann hasta el último barrendero". A veces el ruido de las palabras impide medir exactamente su alcance. Pensemos que si lo que dice González es cierto hay que concluir que desde hace veinte años desde el poder se viene robando o algo parecido y que, además, existe en la provincia un formidable dispositivo encargado de asegurar la impunidad, mientras el peronismo sea gobierno. Es sorprendente que no haya salido ningún dirigente justicialista a decir que en una república se puede perder una elección pero, eso no quiere decir perder la libertad y mucho menos perder el honor, siempre y cuando, claro está, no se haya robado. ¿Cómo entender ese silencio? ¿Prudencia o aceptación sobre palabras que pueden haber sido inoportunas pero verdaderas? La otra alternativa es suponer que quien habló carece de entidad política y que por lo tanto no vale la pena responderle. Al respecto, bueno es recordar que González es diputado nacional e integró los primeros puestos de la lista promovida por Reutemann y además, para bien o para mal, es uno de los principales dirigentes peronistas de la provincia. Digamos que las palabras dichas no fueron expresadas por un inimputable y tampoco fueron proferidas en la esquina del barrio o en boliche de la vuelta, sino en el local del Partido Justicialista en donde estaba acompañado por varios legisladores, intendentes y dirigentes peronistas. Bueno es saber que todo esto fue expresado en una reunión pública, con periodistas presentes que estaban grabando. Acá no hubo indiscreciones o actos de mala fe por parte de la prensa. González habló sabiendo que lo estaban grabando y los peronistas que lo acompañaban asintieron o se limitaron a hacer silencio, lo cual es otra manera de asentir. Algunos comentarios escuchados en el mentidero político no cuestionan los contenidos de sus palabras sino la imprudencia. En el lenguaje politiquero, se sabe que ciertas verdades no conviene decirlas, por lo que el pecado del diputado nacional fue haber quebrado esa norma estricta del poder. Si esto fuera así, habría que preguntarse quién es más responsable: el que habla o el que sabiendo lo que ocurre hace silencio. Pero González no se conformó con defender la ley de Lemas; acto seguido arremetió contra los peronistas que pretenden derogarla y para ello desenterró el discurso ortodoxo de los infiltrados. Como se recordará, en su momento esa palabra fue la preferida de las bandas fascistas montadas por el peronismo para asesinar disidentes, durante la presidencia de Perón, Isabel y López Rega. Hoy sería una exageración decir que González pretende lo mismo. En la actualidad, ciertos políticos no matan personas, matan instituciones y esperanzas; sus comandos no van armados con itakas y pistolas sino con chequeras oficiales y planes sociales. López Rega fue un personaje siniestro... González es grotesco... nada más y nada menos... Ya veremos si González dijo o no la verdad, pero en principio lo que no podemos desconocer es que la verdad de González es el peronismo y sólo en el peronismo es posible un personaje de estas características. Digamos que sería injusto creer que todo el peronismo se parece a González, pero faltaríamos a la verdad si desconociéramos la identidad peronista del personaje. González no es sincero, es cínico; no es espontáneo es procaz; no es virtuoso, es vulgar; no busca la luz, pretende que persista la oscuridad; en sus palabras no hay autocrítica, hay impunidad. No es honesto el que dice que reconoce que comete un delito y promete seguir cometiéndolo, además amenaza a quienes pretenden ponerlo en evidencia o impedir que siga haciendo lo único que pareciera que aprendió hacer como militante político. Las palabras de González evocan espontáneamente las frases de su compañero Barrionuevo, el mismo que dijo que había que dejar de robar por dos años. Es más, comparado con González, las frases de Barrionuevo parecen proferidas por un dulce e inocente querubín o por un sonrosadito pastor quákero. Si ésta es la sinceridad de algunos dirigentes peronistas, habrá que creer como Oscar Wilde en las virtudes de la mentira. En términos penales, que el delincuente admita que es delincuente no lo transforma en inocente y mucho menos si, además, se ufana de su condición. Para decirlo de manera más clara: González, como Barrionuevo, no se arrepiente, González se jacta, no pide disculpas, promete seguir haciendo lo mismo... González es la unidad básica sin militancia; es la política desplazada por la codicia; la dádiva suprimiendo el ideal redentor; el clientelismo ahogando la justicia social. González no es un intelectual...ni Dios permita semejante cosa. Sus hábitos, su lenguaje, sus expresiones pertenecen a la cultura popular, pero esa cultura popular está más cerca del barrabrava que del luchador; más conectada al lumpen que al militante. Su filiación cultural no es la de Martín Fierro es la del Viejo Vizcacha; su humildad no es la de Segundo Sombra es la del Laucha. Su peronismo -en versión menemista- es un peronismo en donde la viveza criolla desplazó a las pasión popular; la pulsión de poder al proyecto de cambio; el cinismo y la vulgaridad a la sinceridad militante; el fanatismo privatizador a la redención social; la convivencia resignada con la corrupción a la identificación con los más sufridos. El peronismo de González no es el de los oprimidos, es el de los privilegiados; no es el peronismo de las víctimas, es el de los victimarios; no es el peronismo de la dignidad es el de la obsecuencia; no es el peronismo de los esperanzados, es el peronismo de los resentidos; no es el peronismo concebido como acto liberador sino como dispositivo de dominación. González no está del lado de los pobres porque pretende superar la pobreza, sino porque desea perpetuarla. Aunque parezca paradójico, su sensibilidad social está más cerca de las damas de beneficencia que de los militantes que aspiran a que los pobres dejen de ser pobres a través de la educación y la cultura del trabajo. A dirigentes como éstos, Yrigoyen los acusaba de "políticos de ocho por un peso". Y cuando se enojaba, los miraba con desprecio y les decía "mocito palangana". Se sabe que el peronismo como cultura popular siempre tuvo muchos rostros: el rostro de los luchadores de la resistencia, de los obreros fogueados en plenarios y jornadas militantes, de las mujeres comprometidas con la justicia social, pero también estuvo presente el rostro de los rufianes, de los fascistas, de lo alcahuetes, de los vividores. Es la diferencia entre Jorge Antonio y William Cooke, entre Framini y Juancito Duarte, entre Carrillo y Visca, entre Hugo del Carril y el Soldado Chamamé, entre Felipe Vallese y Sofovich, entre Arturo Jauretche y Carlos Menem. Todos a su manera fueron peronistas; todos a su manera creyeron en esa verdad y en ese mito...dejo librado a la inteligencia o imaginación de los lectores decidir qué lugar de la galería le corresponde a González y qué lugar les corresponde a quienes desde el silencio lo consienten |
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