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0504 - La Argentina del "antiimperialista" Néstor
Kirchner.
La desnutrición infantil avanza en la provincia en
la mayoría de los diecinueve departamentos. Los chicos no comen en el
territorio que más leche produce en la Argentina y el segundo lugar en
donde más carne se produce. Pero ni la leche ni la carne les llega a
miles de pibes.
En forma paralela, casi ciento veinte mil muchachos
entre los quince y los veinticinco años no estudian ni trabajan, pero
no caen en el delito como parece ordenar el sentido común que se
propaga por los grandes medios electrónicos de comunicación. Es hora
que la política, formal e informal, vuelva a enamorarse de la urgencia
para lograr la transformación social, sino el futuro será un
crepúsculo sin fin. A pesar de esta realidad en carne viva, centenares
de organizaciones sociales inventan la esperanza y anuncian el alba.
Daniela
Ciudad de Coronda.
Barrio 44, kilómetro 428 yendo hacia Santa Fe.
Allí sobreviven alrededor de cincuenta familias de
cosecheros de frutillas, mayoritariamente procedentes del Chaco.
Les pagan 20 centavos el kilogramo de frutilla.
Por grupo familiar logran alrededor de doce pesos
diarios.
Apenas les alcanza para comer.
En diciembre del año pasado, Daniela, de diez meses,
sufría un preocupante grado de desnutrición.
Un grupo de estudiantes de una escuela corondina que
conformaron un centro de alfabetización para el barrio, convenció a la
familia para llevar a Daniela al Hospital Alassia, en la ciudad de
Santa Fe.
El 12 de marzo de 2004, Daniela se murió.
Entre otras razones por falta de consumo de leche.
Hay que ubicarse: en la provincia que más leche
produce en la Argentina, una beba se murió porque no tuvo leche.
¿Es estúpido preguntarse por qué?.
¿A alguien le interesa el por qué?.
La desnutrición infantil crece en la mayoría de los
departamentos de la provincia de Santa Fe.
Detrás de esos números hay decenas de Daniela.
Pero hay otra insistencia, además de la repetición
del dolor impune.
Durante el primer fin de semana de mayo, los
muchachos que vienen trabajando hace más de dos años en el barrio 44
inaugurarán una suerte de escuela rancho.
Esperan que alguien entienda lo que está sucediendo.
Las nenas santafesinas
La verdad santafesina es el cuerpito una nena menor
de catorce años.
No se trata de mala literatura.
Si no de los números del Instituto Provincial de
Estadísticas y Censos.
Después de la medición de la desocupación de
setiembre de 2003, aparecieron los datos desagregados de la llamada
Encuesta Permanente de Hogares.
Los cuadros y sus números dicen que hay 285
componentes de la población económicamente activa entre los diez y
catorce años.
Pero hay un dato llamativo.
Todas son nenas.
Chiquitas de menos de catorce años que buscan
trabajar y no pueden.
Están desocupadas pero forman parte del mercado
laboral.
¿Qué tipo de trabajo hacen?.
¿Qué organismo las protege?.
¿Quiénes se encargan de ellas?.
La realidad santafesina es una nena de menos de
catorce años que busca trabajo y no lo encuentra.
Una nena que los números ven y que, sin embargo, no
aparece en los discursos oficiales.
Es fácil escribir 285.
Es difícil imaginar las caritas, los cuerpos, las
sonrisas, el llanto, los mocos y las rodillas de cada una de esas
nenas santafesinas que están adentro del número que resulta sencillo
escribir.
No les alcanza el plan jefas y jefes de hogar, ni
tampoco hay créditos para sus microemprendimientos de sobrevivencia.
La revolución educativa que prometió el gobernador
Jorge Obeid, ¿las contemplará?.
¿Qué aula estará esperando por cada una de estas 285
nenas menores de catorce años que están allí, en las cifras que pintan
la realidad existencial en los alrededores de la Casa Gris?.
Gastón
'Yo me llamo Gastón.
A mi me dicen el Tonga.
Desde chico trabajé mucho.
Puse una verdulería con mi hermano y de última se
fundió.
Salí a cirujear y como no me traía plata salí a
robar.
Caí preso varias veces...
Conocí un amigo...me drogué...y salí a robar.
Hace poco que salí de estar preso.
Y ahora quiero hacer un banco. Quiero robar un
banco.
Me voy a arriesgar así me paro para toda mi vida.
No quiero robar más estéreos, bicicletas, todas esas
pavadas. Porque caés por alguna de esas pavadas y te matan a palo y
prefiero robar algo grande y pararme para toda mi vida y que sea lo
que Dios quiera. Porque si me matan a palo por una bicicleta no da la
bocha.
Para comprarme una buena casa, tener mi familia
bien.
Yo se que a mi familia no le gusta todo esto pero lo
tengo que hacer porque no hay laburo en ningún lado...'
(Testimonio del vídeo 'Trabajo infantil', de los
investigadores de la Universidad Nacional de Rosario, Jorge Kohen y
Gustavo Bruffman).
Con sus 16 años, Gastón forma parte del universo de
111.810 jóvenes que viven en Santa Fe entre los 15 y 24 años que no
trabajan ni estudian, según un estudio de la consultora Equis.
No tienen presente ni futuro porque no encuentran
trabajo.
Porque el trabajo define el presente y la percepción
del futuro.
Trabajo es sinónimo de futuro y de derechos humanos.
De allí la necesidad de cambiar la geografía
existencial de los 19 departamentos provinciales alrededor del
trabajo.
Porque se conoce el presente y se avizora el futuro.
En carne viva, como la mismísima realidad de los
pibes santafesinos.
Menores en situación de riesgo
Al 19 de febrero de 2003 había 72 menores de
dieciocho años internados en distintas instituciones como IRAR, Casa
del Adolescente de Rafaela, Hogar Granja Casajoven de General Lagos,
Residencia Juvenil de Coronda, Hogar Nueva Vida de Reconquista y Hogar
Santa María Eufrasia.
A ellos hay que sumar otros 135 que están 'en
programas alternativos a la privación de la libertad' en Rosario,
Santa Fe, Reconquista, Rafaela y Casa del Adolescente, también de
Rosario.
Es decir que el número total de menores en conflicto
con la ley penal a cargo de la Dirección Provincial del Menor asciende
a solamente 207 muchachos.
Adolescentes entre los 16 y 18 años.
A ellos hay que sumarles los detenidos en diferentes
penales para menores que funcionan en Rosario, Santa Fe, Venado
Tuerto, Villa Constitución, Rafaela y Reconquista.
La cifra trepa a 127 más.
Y los que dependen directamente del Servicio
Penitenciario Provincial suman 39.
Es decir que los adolescentes presos en toda la
provincia de Santa Fe son 166.
Apenas el 5,53 por ciento de los aproximadamente 3
mil detenidos en toda la geografía santafesina.
Un porcentaje mínimo.
Si se sacara la proporción tomando como base el dato
de todos los menores en conflicto con la ley penal, el resultado
tampoco sería llamativa.
Hay 373 menores en conflicto con la ley penal.
Un 12,43 por ciento del universo de personas
detenidas en Santa Fe.
Las cifras oficiales demuestran que los menores son
víctimas y no victimarios de un sistema que los excluye.
En octubre de 2002, cuando se realizó la última
Encuesta Permanente de Hogares, en el Aglomerado Santa Fe - Santo Tomé
se registraron 4.252 niños y adolescentes entre los diez y los
diecinueve años como desocupados. Representan el 57 por ciento del
universo etario compuesto de 7.473 muchachos.
En el Gran Rosario, en tanto, la medición arrojó que
sobre 27.540 pibes de esa franja que va desde los diez a los
diecinueve años, hay 15.566 desocupados. Otra vez el 56,5 por ciento
de esa población.
Esto quiere decir que solamente entre los dos
grandes aglomerados de la provincia hay 35.013 chicos y adolescentes
que quieren trabajar y no pueden hacerlo.
Una población cien veces superior a los menores en
conflicto con la ley penal.
Y hay otra cifra que ubica a los pibes como víctimas
del sistema y no como potenciales agresores.
Entre 1999 y 2003 la deserción escolar trepó a un
índice que está entre el 35 y 38 por ciento, según le confesó el
Ministro de Educación, Daniel Germano, a la periodista santafesina
Ivana Fux.
Entre 1992 y 1998, en cambio, los números llegaron a
mostrar una deserción que llegó al 17 por ciento.
La conclusión es simple y dramática: en los últimos
cinco años se duplicó el exilio de los pibes de las escuelas públicas
santafesinas.
Y obviamente que el sector más castigado es el de
los chicos que tienen entre diez y dieciocho años.
Un universo que involucra a aproximadamente a 91 mil
pibes del Aglomerado Santa Fe y más de 245 mil chicos del Gran
Rosario. Es decir 336 mil muchachos que crecen entre los diez y los
diecinueve años en los dos principales conglomerados urbanos de la
provincia.
Si el porcentaje de la deserción escolar fuera de
una aplicación mecánica, se estuviese hablando de más de cien mil
adolescentes que nunca terminarán los ciclos de la llamada Educación
General Básica en algún momento de la presente década.
Semejante cifra multiplica por trescientos el número
de los menores en conflicto con la ley penal.
Los pibes y el delito en la provincia
'El 80 por ciento de los robos calificados y
homicidios esclarecidos son cometidos por menores de entre 12 y 16
años'. La escalofriante cifra fue revelada a La Capital por la jefa de
la Policía de la provincia, Leyla Perazzo. Y esta declaración se
complementa con otra proveniente del Poder Judicial. Los jueces de
menores indicaron que en los últimos 15 años se triplicó el número de
causas en las que los chicos son protagonistas de hechos delictivos.
Para completar el panorama, el ministro de Gobierno santafesino,
Alberto Gianneschi, admitió que la provincia carece de institutos para
'reencauzar a los jóvenes delincuentes', decía la nota de la
periodista Gabriela Zinna, publicada en La Capital del 2 de febrero de
2004.
'La violación y el brutal homicidio de Susana Leonor
Luján, una jubilada de 77 años que vivía en Ludueña Sur y que fue
asesinada presuntamente por cinco menores -dos de ellos de 14 años y
los restantes de 16-, puso de manifiesto con total crudeza la realidad
que se vive en Rosario. De hecho, por este caso también se detuvo un
mayor que habría operado como entregador de la víctima', agregaba la
cronista.
Perazzo indicó que detrás de los menores que
delinquen se advierte la influencia de adultos. Según ella, son los
mayores los que les facilitan las armas a los chicos, los que les
enseñan a disparar, a fabricar tumberas y los entrenan para delinquir.
Para la jefa policial, la marginalidad es otra de
las razones por la cual los menores caen en la delincuencia.
Inmediatamente señaló que el contexto familiar en el que un joven se
mueve influye directamente en la trasgresión de las normas.
Las estadísticas muestran que en el último tiempo
disminuyó el promedio de las edades de los delincuentes. 'Hasta hace
unos años, eran adolescentes de 17 ó 18 años. Ahora, hay nenes de 12
que ya empiezan a cometer estos hechos', destacó Perazzo.
La titular de la Policía explicó que la disminución
en la edad promedio de los delincuentes tiene una directa vinculación
con el consumo de drogas y de alcohol. Las cifras muestran que el 70
por ciento de los detenidos en la provincia de Santa Fe son menores de
25 años.
Tres historias
-Vemos la otra realidad de nuestros alumnos -dice la
maestra jardinera que protesta contra la poda salarial, el atraso para
hacer efectivos los concursos, el corralito a la educación terciaria y
el recorte que supone la eterna aplicación de la emergencia económica
y previsional.
-Tienen que estar en la calle cirujeando. La única
comida es la del comedor -cuenta la seño mientras sus palabras
empiezan a describir el paisaje que tiene adentro pero que no es de
ella, sino de sus chicos.
-El otro día íbamos a cruzar la calle y uno de mis
alumnos iba a cruzar solo. 'No, esperá que hacemos el cordón', le
dije. '¡¿Qué me va a cuidar?!...Yo me voy a afanar todos los días al
centro...y ahora me va a cuidar para cruzar la calle...', me dijo.
Y otra maestra del mismo nivel inicial, de las que
atienden las necesidades de chicos de cinco años, contó un pequeño
viaje de su propia memoria.
'Están con una violencia muy grande generada por el
hambre, por la violencia que tienen los papás, el frío en el invierno
peor que nunca y te repito, ese hambre que no sacás con nada....Cuando
llega el primero de mayo yo siempre les pregunto para qué sirve
trabajar. Me contestaron, por primera vez en ocho años, para ganar
plata para comprar comida...Generalmente los chicos a los cinco años
me dicen para comprar juguetes, para ir al parque o para ir al cine.
Esta vez nos contestaron, todos, para comprar comida', dijo la
maestra.
Ya no hay lugar para relacionar la poca plata que
puede traer el padre con la alegría del viaje corto hacia ese centro
cada vez más misterioso y más hostil. Tampoco para soñar con la
dulzura chiquita de un caramelo. Cuando hay plata en la casa de los
chicos de cinco años sirve para comer.
Una piba de quince años, de vivaces ojos marrones y
de movimientos delicados, se acomoda en la silla y le apunta al
micrófono. Cientos de personas no saben lo que va a decir. Está en el
medio de un congreso. Pone sobre la mesa una carpeta con cartulinas de
colores y se adivinan escritos con fibras y dibujos varios.
-A mi me violaba mi papá. Ahora que me pude juntar
con muchos amigos a los que le pasó lo mismo voy a los barrios a
ayudar a los otros chicos para que cuenten eso que da tanta vergüenza
y que parece imposible de superar. Yo siempre escucho decir a la gente
grande que ellos hablan de resistencia. A mi me enseñaron otra
palabrita, resiliencia. La capacidad que tienen algunos metales que
una vez que fueron modificados, violentados, son capaces de
convertirse en mejores metales que antes. Nosotros apuntamos a eso.
Nosotros somos resilientes.
En los grandes aglomerados de la provincia, Santa Fe
- Santo Tomé y Gran Rosario, viven 411.104 chicos menores de catorce
años. La niñez, como dirían los discursos oficiales.
El 30 por ciento de ellos son maltratados.
Es decir que 123.332 sufren algún tipo de violencia
que no se juzga, entre ellos, la explotación sexual.
Los muchachos
Una consultora nacional reveló en febrero de 2004
que el 35 por ciento de los jóvenes santafesinos viven en la
exclusión.
¿Qué significa semejante cifra?.
¿Qué hay detrás de esos números?.
Desde la Universidad Nacional de Rosario se
investigó el fenómeno y surgió un estudio: 'Subsistencia de jóvenes
que realizan trabajos informales en el actual modelo neoliberal', se
llama el trabajo de investigación de Malvina Bulivasich, Fernando
Christin, Ana María Fernández y Cecilia Ulla.
'Trabajan en grupos entre dos y cuatro personas (a
veces son parientes entre sí), se juntan en esquinas decididas
estratégicamente, viven en pensiones que pagan con lo que recolectan
de sus trabajos. Sus experiencias laborales son escasas y,
habitualmente, están ligadas a otros trabajos informales: vendían en
la calle, se dedicaban al 'tarjeteo' o alguna otra changa. Venden
mentitas. Limpian vidrios. Todos los días, desde temprano, comienzan
las labores que concluirán llegada la noche. El almuerzo o algún otro
parate para comer algo, suele ser efectuado en algún centro de
asistencia o comedor comunitario', se apunta en la investigación.
Los grupos tienen códigos, territorios y liderazgos
que varían de acuerdo al sector al que pertenecen. Estos jóvenes salen
'a trabajar para colaborar con la manutención de sus hogares, muchos
de estos casos asumen responsabilidad como integrantes de familias,
por lo general numerosas. También existen grupos conformados por
jóvenes que manifiestan expresamente rebeldía y alejamiento de toda
cuestión que represente integrarse a un sistema que lo asista más que
en lo indispensable. Algunos, alejados del seno familiar, duermen en
lugares inciertos y hasta evitan referirse a cuestiones que indaguen
sus motivaciones más íntimas y subyace en la atmósfera de la
entrevista, el temor a la sanción (generación de una idea negativa en
su interlocutor), pero a la vez de rebeldía que se traduce en la
negación del miedo y en 'todo lo que la calle enseñó'.
Hay quienes fueron beneficiados con el plan 'jefes y
jefas de trabajo', por lo general alguien del núcleo familiar pudo
acceder a uno de los planes, pero la ayuda resulta insuficiente. 'En
las entrevistas declaran arrastrar con un pasado con problemas de
drogas, ya superados, y haber pertenecido a círculos delictivos, por
los cuales tienen antecedentes penales', se apunta.
La mayoría de los jóvenes ha abandonado su primer
núcleo familiar, es decir, ya no viven con sus padres, provienen de
familias desintegradas y hostigadas por alguna problemática
particular.
Muchos de ellos tuvieron hijos a una edad que ronda
entre los 17 y 22 años, algunos viven con sus parejas, otros ejecutan
el rol de jefe de familia y tienen a cargo hermanos menores e,
incluso, familiares ascendentes. Son pocos los que reciben ayuda de
familiares en situación económica más favorable.
Pájaro: 'Siempre crié a mi hermano, pero eso, es más
chico, es el que estaba ahí sentado'.
Maxi: 'Si, ayudo a mi hermano más que nada, porque
mi mamá de chico nos dejó y se fue, falleció mi papá y nos quedamos
solos'.
Pablo: 'Tengo cuatro hermanos, con el hermano más
grande dejá nomás, es como si fuera yo el más grande, el otro no ayuda
a mi vieja... .... a mi viejo no lo veo desde los doce años nos
abandonó'
Mauro: 'Tengo hermanos más grandes y hermanas más
chicas, así, alquilamos una pensión por mes y la pagamos ente todos.
Los fines de semana me voy con mi nena'.
El trabajo es fundamental para la subsistencia
diaria, los aportes económicos son imprescindibles y no pueden dejar
de llevar a sus hogares la cuota diaria para cubrir las necesidades
más básicas.
Aspiran a un trabajo que sea 'fijo' o -en términos
económicos-, que sea formal. Consideran que trabajar de en la calle es
incierto e inseguro, algunos factores dificultan la permanencia en la
calle, como la posibilidad de confrontar con la policía o la amenaza
de que algún factor exógeno -lluvia, viento, etc. - concluya en un día
inactivo.
Pájaro: 'Me gustaría trabajar en cualquier cosa...
menos limpiando vidrios... porque es muy sacrificada la vida de un
limpiavidrio... cuando viene alguno así y le querés limpiar y te dice
que no ¿cómo te vas a sentir vos?'
Mauro: 'Trabajaba, pero lo que pasaba es que no me
alcanzaba la plata, y la plata yo se la alcanzaba a mi papá'
Gabriel: 'La verdad, no se consigue trabajo por
ningún lado, y porque tengas un tatuaje en el cuerpo la gente te mira
mal'
Maxi: 'Se complica porque piensan que les vas a
robar'
Pablo: 'Me gustaría tener otro trabajo, pero como no
hay nada, por ahora no, sigo con esto, por lo menos me alcanza para el
puchero'
La gran mayoría destaca la importancia del 'saber
leer y escribir', aunque ninguno de los jóvenes entrevistados concluyó
el nivel secundario. El hecho de no poseer un título lo califican como
un obstáculo para poder acceder a un trabajo formal.
En su ideal a futuro planean terminar los estudios,
pero este punto en pocas ocasiones es concretado. Por lo general,
tienen presente terminar el colegio secundario e incluso averiguan
sobre las posibilidades para poder hacerlo, pero estos proyectos
quedan en la nada.
Pájaro: 'Nunca pude estudiar, tenía que cuidar a mi
hermano'
Cecilia: 'Estuve averiguando para terminar el
secundario, pero al final no empecé... ...por la nena, no la puedo
dejar sola'.
El trabajador informal aspira tener otro trabajo que
no sea en la calle, aunque pocos manifiestan preferencia por algún
oficio o actividad particular.
En general, han estado un tiempo en busca de empleo
antes de decidirse a trabajar como limpiavidrios, son pocos los que
continúan con la búsqueda. La constante decepción, el sentimiento de
exclusión y la necesidad de trabajar diariamente, produce que se
aboquen a las tareas mencionadas.
Maxi: 'Tengo muchas esperanzas de conseguir otro
trabajo'
Pablo: 'De acá a unos años espero conseguir trabajo
y ayudar a mi mamá'
La desvinculación de las estructuras laborales y de
sus marcos de protección, junto con la crisis de las instituciones de
socialización, nos lleva a pensar que la vida de los individuos se
hace compleja y frágil para enfrentar los embates de las exigencias
contemporáneas de la globalización.
Así estos pobladores de escenarios de carencias
tuvieron y tienen escasas -casi nulas-, posibilidades de elección,
fueron aislados de oportunidades de obtener un nivel aceptable de
calidad de vida, y allí están a la espera de ser reconocidos como
ciudadanos.
Ente los interrogantes que 'han surgido a lo largo
la realización de las actividades, tanto en los trabajos de campo como
en las instancias reflexivas, destacamos los siguientes: ¿Cuáles son
las problemáticas más frecuentes que mantienen a este grupo alejado de
las posibilidades de su ingreso al mercado de trabajo? ¿Es importante
su acceso a los espacios del mundo del trabajo (sus instituciones)
para conformar sus subjetividades e identidades?
¿Podrán integrar otras maneras de gozar de los
derechos sociales que no esté ligada a la concepción de que solo los
asalariados lo pueden hacer? ¿Este grupo de jóvenes permanecerá como
los 'otros' asociados a la delincuencia y el delito?', se preguntan
los autores del estudio.
Mientras tanto, la mayoría de los muchachos que
sobreviven en la provincia gambetea la trampa del sistema y rechazan
el delito como sinónimo de futuro.
Es la historia en carne viva. La que debe ser
cambiada. |