¿Porqué Argentina ha olvidados a
sus ex-combatientes de la guerra de Malvinas?
¿Será acaso porque Argentina no soporta la derrota sufrida y quiere
esconderla debajo de la alfombra?
¿Será acaso porque su clase política, tras más de 20 años, tiene
mucho que esconder?
¿Será acaso porque la Argentina no soporta mirar cara a cara a los hombres
que mandó a la muerte, mintiéndoles?
¿Será acaso porque sus gobiernos no pueden explicar satisfactoriamente,
quiénes se quedaron con el dinero que donaron miles de ciudadanos y que
debió servir para aliviar el sufrimiento de quienes estaban en el frente?
¿Será porque Argentina quiere que Malvinas quede tras el telón que esconde
la recurrente maniobra de su clase política, de no investigar un pasado de
corruptela y prefiere continuar exhibiendo una deplorable fachada de
triunfalismo?
0203 - Fuente La Nación - No cesan los suicidios de ex
combatientes de Malvinas -
Oliver Galak
El dato, más simbólico que estadístico,
estremece: la cantidad de suicidios de ex combatientes argentinos de la
Guerra de las Malvinas ya es superior al número de los que cayeron durante
el combate en las islas.
En la guerra murieron 649 argentinos: 323 durante el hundimiento del crucero
General Belgrano y 326 en el archipiélago. ¿Cuántos ex combatientes se
suicidaron? El Estado no tiene cifras oficiales, pero entre los veteranos la
mayoría habla de más de 350 casos. Hay incluso quienes afirman que ya son
454 los ex combatientes que se quitaron la vida, una tragedia que no cesa.
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Soldados argentinos muertos en
Malvinas
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“Todos los que estuvimos en Malvinas –confiesa César
González Trejo, fundador de la Federación de Veteranos de Guerra– nos
preguntamos en algún momento si no hubiera sido mejor que nos quedáramos
allá. Siempre surge la pregunta: ¿por qué él, por qué mi compañero, y no
yo?”
Hace pocas semanas, González Trejo perdió a un amigo y compañero de
militancia, Ignacio Bazán, que apareció colgado en su casa de Lanús. De los
soldados conscriptos que sobrevivieron a la guerra, Bazán era el único que
había sido condecorado con la medalla de honor al valor en combate por su
heroico rescate de un compañero que se había caído al mar.
"Un día no tenía un mango y fue a empeñar la medalla al Banco Ciudad",
recuerda González Trejo con lágrimas en los ojos. Dice que Bazán estaba
orgulloso de su experiencia en Malvinas.
El problema fue lo que vino después: una sociedad que miró para otro lado,
que no recordó a los que murieron ni contuvo a los que volvieron. La maldita
"desmalvinización".
El éxito de la película "Iluminados por el fuego", ganadora en España del
premio Goya al mejor film extranjero, volvió a colocar el drama de los
suicidios en el centro de la escena. Cuenta los recuerdos que despierta en
un ex combatiente el intento de uno de sus compañeros por quitarse la vida.
El guión está basado en el libro homónimo -escrito por Edgardo Esteban y
Gustavo Romero Borri- sobre las experiencias del primero de ellos en la
guerra.
"Yo sentía que el drama de lo que vivimos permanecía dentro de nosotros
-confiesa Esteban-. No hubo políticas de contención psicológica por parte
del Estado. A mí me pasó que no podía dormir en un colchón y me tenía que
acostar en el piso. O me tiraba cuerpo a tierra cada vez que escuchaba un
avión. Al escribir este libro me pareció que incluso por mis propios
fantasmas había que trabajar sobre el grave problema de los suicidios."
Sin freno
En el inicio de la posguerra, el drama de los suicidios se cobró unas 50
víctimas por año. No sólo no había contención estatal, tampoco estaban
creadas todavía las organizaciones de ex combatientes que hoy -aunque a
veces enfrentadas entre ellas- los agrupan.
Con el tiempo, los suicidios se fueron espaciando, pero nunca
desaparecieron. "La media es de un suicidio por mes", afirma el ex
combatiente Ernesto Alonso.
Antes del de Bazán, el último caso que trascendió en los medios fue el de
Ramón Antonio Acevedo, también conocido como "Pucará". Trabajaba como
pescador y vivía en un pequeño rancho sobre el río Paraná, en la localidad
chaqueña de Puerto Vilelas. Tenía cinco hijos. En diciembre pasado, luego de
que lo internaran por un problema de cirrosis, se disparó con una escopeta.
Las historias se repiten, pero son todas distintas, todas únicas. Los hechos
hablan con la fuerza de los símbolos: hace siete años, Eduardo Paz,
desempleado, dejó sin padre a sus seis hijos al arrojarse al vacío desde el
Monumento Nacional a la Bandera, en Rosario. Una semana antes, el gobierno
provincial le había dado una casa.
Según González Trejo, "hay también muchas muertes que se catalogan como
accidentes y que pudieron estar motivadas en un impulso de autodestrucción".
Aunque no cuenta con una lista precisa, Rodolfo Merlino asegura que son 454
los casos de suicidio. Es el presidente del Centro de ex Combatientes Islas
Malvinas (Cecim) de la ciudad de La Plata. Desde allí, intenta dar
contención a sus compañeros y reclamar que el Estado asuma su
responsabilidad para con los veteranos.
"Queremos que se tome la cuestión de las Malvinas en serio porque se van a
seguir muriendo compañeros -advierte Merlino-. ¿O vos te creés que yo no
tengo estados depresivos a veces?"
De acuerdo con un reciente informe del Cecim, el 78 por ciento de los ex
combatientes sufre trastornos relacionados con el sueño. El 28 por ciento de
los encuestados reconoció tener ideas recurrentes respecto del suicidio,
mientras que un 10 por ciento dijo haber tenido uno o más intentos de
quitarse la vida después de la guerra.
Por si fuera poco, alrededor del 60 por ciento no tiene resuelta en forma
estable su situación laboral. La mayoría de los soldados que combatieron en
las islas provenía de los sectores socioeconómicos medios y medios bajos;
además de los problemas que tienen como veteranos, enfrentan los de
cualquier argentino de 43 años que ha sufrido las sucesivas crisis del país.
Trastornos delicados
Como jefe del servicio de Estrés Postraumático del hospital Alvear y
coordinador del Equipo de Factores Humanos del SAME, Daniel Mosca atendió
varios casos de ex combatientes.
Entre los posibles trastornos que puede generar un conflicto bélico, enumera
Mosca, figuran la depresión, la ansiedad, el estrés postraumático, las
alergias y las enfermedades autoinmunes. "Tanto los trastornos depresivos
como los postraumáticos tienen una alta tasa de suicidabilidad", explica.
Pero más que la guerra, aquí el problema fue la falta de atención inicial.
"Las consecuencias psíquicas del trauma, lejos de disminuir, con el tiempo
aumentan", dice Mosca, y ejemplifica con una estadística de su servicio:
entre los sobrevivientes de Cromagnon, que fueron atendidos a los dos días
del "evento traumático", la tasa de medicación es del 20 por ciento. Entre
los veteranos de Malvinas, casi olvidados en los primeros años tras la
guerra, es de casi el 80 por ciento.
Según estadísticas del Ministerio de
Salud del año 2004, la tasa anual de suicidios en la Argentina es de 8,2
casos cada 100.000 habitantes. Si se considera que hay unos 14.000
sobrevivientes del conflicto bélico por la soberanía de las islas Malvinas
(el censo que realizó el Ministerio del Interior habla de más de 25.000,
pero esa cifra ha sido muy resistida entre los excombatientes) y se toma
como cierta la cantidad de 350 casos que manejan los propios veteranos, la
tasa anual de suicidios en este segmento sería de 108,7 cada 100.000
habitantes; esto es, casi 14 veces más que entre el resto de la población.
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