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080408 -
Perfil - Ceferino
Reato - Una sociedad estratégica
Madres y Abuelas, del brazo del poder
La estrecha alianza de Carlotto y Bonafini con el matrimono Kirchner.
Ventajas individuales y corporativas de haberse
desplazado de la sociedad civil a la sociedad política.
Hace unos años, en Brasil, cuando llovían las
denuncias de corrupción contra el gobernante Partido de los Trabajadores
del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, el hombre fuerte de su
gobierno, José Dirceu, se paró delante de una platea oficialista y
levantó su dedo acusador: "¡Es la elite, que nunca nos quiso!". Un
senador le replicó: "Pero, Zé (diminutivo de José), si ahora la elite
somos nosotros".
El poder es siempre una relación y las elites, por
lo menos las políticas, van circulando. Luego de varios años en el
desierto, las Madres de Plaza de Mayo, en sus dos
versiones, y las Abuelas forman parte de la constelación del
poder con su estrecha alianza con los Kirchner, como lo prueban
el viaje con la presidenta Cristina a París y la foto de la semana
pasada en la que expresaron nítidamente su respaldo al Gobierno en plena
pulseada con el campo (fueron la "guardia moral" del oficialismo, dijo
Beatriz Sarlo).
No es que los Kirchner estén usando a las Madres y
a las Abuelas. No funciona así la política; más bien ocurre que tanto
las Madres como las Abuelas han abandonado su lugar anterior
y desde la sociedad civil se han desplazado a la sociedad política, para
utilizar categorías de Gramsci.
Y lo han hecho porque ese movimiento hacia el
poder político les otorga ventajas individuales y corporativas.
Néstor Kirchner les habilitó los juicios a todos los represores de la
dictadura y les permitió gozar de los beneficios y de los oropeles del
poder político, que es un afrodisíaco al que pocos se resisten.
Un experimentado militante de los Derechos Humanos
lo describe así: "Estela (Carlotto, la titular de las Abuelas) es una
PyME: ella y su familia participan del poder político; ya Hebe (Bonafini,
la presidenta de las Madres) es más grande: tiene relación
directa con Néstor Kirchner".
Está en la naturaleza del poder político tratar de
coptar a todas las manifestaciones civiles. Por ejemplo, en 1983 Raúl
Alfonsín quiso que a la Conadep la presidiera Adolfo Pérez Esquivel,
ganador del Nobel de la Paz. Pérez Esquivel rechazó la invitación.
La movida de las Abuelas y las Madres tiene costos
evidentes: su función original se ha recortado y defienden sólo algunos
derechos humanos. Así, Bonafini no se conmueve por los secuestrados de
las FARC, el grupo guerrillero colombiano, y a Carlotto no le importan
los casi 200 jóvenes muertos en Cromañón. No es casualidad.
Ceferino Reato
es Editor del Diario Perfil
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