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Guillermo Moreno |
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210408 -
Perfil
- Mariano Confalonieri
Biografía no autorizada del apretador oficial
de los K
Mucho se escribió sobre sus frases
amenazantes y sus modales toscos. Del celo con los precios y de sus
exabruptos con los productores del campo. Pero poco se sabe de su vida
personal, de su ferretería, de su pasado en la militancia peronista y de
su heterodoxa formación económica. La historia del hombre que esconde el
personaje de Guillermo Moreno.
Sobre la foto del perro hay una frase que
reza: “Es más bueno que Lassie, ladra, pero no muerde”. Puso la imagen
en un portarretrato y la colocó arriba de su escritorio –con dedicatoria
incluida– después de que Néstor Kirchner se refiriera a él en estos
términos. A veces la mueve a la mesita ratona para que pueda verse desde
los sillones de la recepción.
Cada persona que se sienta frente a
Guillermo Moreno en su despacho de la Secretaría de Comercio Interior
intenta descifrar el costado bondadoso que le atribuyó el ex presidente
al funcionario. Pero a muchos les cuesta encontrarlo.
Le ocurrió a Susana Andrada, titular del
Centro de Educación al Consumidor. Estaba mirando detenidamente a Lassie
cuando, a los gritos, Moreno le advirtió: “Pebeta, no te metas con el
INDEC, detrás de ese tema hay mucho derpo (sic)”. Su intervención para
alterar los indicadores de precios y la composición de la cúpula del
Instituto de Estadística y Censos reveló la versión más impulsiva y
obsesiva del funcionario.
Lo mismo les pasó esta semana a los
productores agropecuarios, a los operadores del Mercado de Liniers y a
los exportadores, quienes debieron soportar fuertes presiones del perro
guardián de los precios. La historia terminó con el funcionario
denunciado por trabar el diálogo entre el campo y el Gobierno, y con su
nombre grande en los titulares de los diarios.
Pero los aprietes al campo no forman
parte de un exabrupto, sino de un estilo de vida muchas veces más
parecido al de un matón que al de un funcionario. Pueden dar cuenta de
ello comerciantes, industriales, empresarios, técnicos, ONG,
funcionarios y ruralistas.
No sólo ellos han padecido las amenazas
del supersecretario. También les ocurrió a los que han trabajado con él
en otras épocas. “Nos maltrataba tanto que estar junto a él era una
tortura mental”, recuerda uno de ellos, que tuvo la suerte de
acompañarlo cuando era jefe de asesores de la Secretaría para la Defensa
de la Competencia, durante la presidencia de Eduardo Duhalde.
Alrededor de su figura circulan historias
con ribetes míticos, algunas ciertas y otras incomprobables. Hay fuentes
que dicen que deja correr datos falaces para infundir temor. Pero los
que lo conocen bien no le tienen miedo: “Es un personaje a veces casi
risueño, otras violento”. El que habla es un colega del Gobierno que
para definirlo ironizó: “No tiene arranques de locura, tiene arranques
de tranquilidad. La mayor parte del tiempo está nervioso”.
Un pasado bien guardado.
El carácter violento de Moreno viene de sus años de militancia. Estuvo
en la JUP antes de la dictadura, y volvió a las pistas después de la
guerra de Malvinas. A sus allegados les dijo que estuvo exiliado en
Brasil. Y que al regreso se unió a las filas de Intransigencia y
Movilización, el espacio de la resistencia peronista que apostaba a la
reconstrucción del brazo universitario, al mando de Vicente Leónidas
Saadi.
Efectivamente, Moreno frecuentaba un
local en la calle Venezuela, que era de Intransigencia. Y ya en esa
época hacía gala de modos irascibles. Faltó que se cruzara con otro de
mal carácter para que la cosa se pusiera fea. Un día se agarró a las
trompadas con Gabriel Fucks, hoy titular de los Cascos Blancos.
“Rompieron vidrios y la pelea fue muy violenta”, recuerda un viejo
memorioso de los 70 que estaba presente.
En familia. En los 80, con el ocaso de la
dictadura, Moreno se casó con Alicia Paulina Mizrahi, una psicóloga de
carácter bravo; tal para cual con el hombre que había elegido como
compañero. El actual secretario tenía entonces el pelo más largo, pero
ya se había dejado crecer los bigotes que hoy lo identifican.
Antes de separarse de Alicia tuvo con
ella dos hijos, José Pablo y Victoria. Así como siempre ha cuidado al
extremo su vida privada, Moreno se preocupa por sus hijos cuando en los
medios salen notas críticas. “Me jode porque los puede perjudicar a
ellos”, dicen que brama cuando se topa con titulares negativos.
Hoy el “Nariz”, como lo apodan algunos,
vive con su gato, en La Boca. Pero desde hace dos o tres años está en
pareja con una profesional de su misma edad con actividad en la rama de
la ciencias exactas.
Mientras estaba en Intransigencia abrió
sobre la calle Arguibel 2816/18, en Palermo, la Unidad Básica “Pueblo
Peronista” (el mismo nombre que después, como secretario de
Comunicaciones, le pondría a un inservible satélite alquilado por más de
2 millones de dólares). El barrio se fue transformando y se convirtió en
el coqueto Las Cañitas, pero la Unidad Básica siguió allí, como detenida
en el tiempo.
Moreno la mantuvo hasta fines de 2006. En
la actualidad el salón está disponible para alquilar o comprar. Tiene
apariencia de comercio antiguo, está pintado de azul, cuenta con tres
persianas corrugadas, y puertas altas. El predio luce abandonado, le
sacaron los números y todos los carteles que estaban colgados arriba de
cada una de las puertas.
Un militante del PJ que reside en el
barrio contó a PERFIL que muchos “compañeros” se alejaron de esa Unidad
Básica cuando el funcionario “empezó a bancar a Alberto Fernández,
alineado en ese momento con Cavallo”. Luego Moreno trabajó para el
sindicalista Omar Viviani en la interna peronista, en la que el líder de
los taxistas era candidato a diputado. En esos años tejió una amistad
con Hugo Moyano, quien lo convocó para que trabajara en los equipos
técnicos de la CGT.
Ferretero part time.
Paralelamente a su actividad política, Moreno puso una ferretería
mayorista, Distribuidora América, que tiene sede en el distrito de San
Martín, sobre la calle Diagonal Mendoza 3255. Hasta allí fue PERFIL.
En la dirección hay una vivienda de
familia, enrejada y con un portero. Al lado hay un portón verde alto y
grande para el ingreso de camiones. A cargo de la administración están
el hijo de Moreno, José Pablo, y un socio, también joven, Juan Enrique
Collado. Al menos dos personas más trabajan en el lugar.
La gente de la ferretería no se mostró
dispuesta a hablar con PERFIL. Por el portero eléctrico contestaron:
“No, Moreno no está, vos no podés venir acá”. Inmediatamente una persona
bajó de un auto y se paró a metros del cronista en actitud intimidatoria.
Y la nota terminó.
Cuando Moreno militaba para la fórmula
Viviani-Challú aparecía con las cajas llenas de herramientas. “Iba para
todos lados con esos bártulos”, precisó un duhaldista. Con la
ferretería, según aparece en su declaración jurada, gana 50 mil pesos al
año. Esos ingresos se suman a unos 67.243 pesos que cobra al año por su
cargo de secretario de Estado. Además tiene dos autos viejos y pocos
ahorros.
El ABC del apriete.
Moreno hizo pasar a un empresario a su despacho, pero para sorpresa de
la visita el secretario no estaba mirando al frente, sino a la pared. El
hombre empezó a hablar, pero Moreno seguía con la vista fija en el muro.
La incomodidad pudo con el empresario, que empezó a hablar cada vez más
bajo, hasta que se calló. Una vez que finalizó, Moreno giró su silla, se
ubicó de frente al visitante y le tiró tres preguntas: “¿Vos qué
profesión tenés? ¿Qué carajo sabés de este tema? ¿Sabés a qué me dediqué
los últimos 20 años?”. La respuesta a la última pregunta la dio el
funcionario: “Me dediqué a estudiar Economía, así que no hay nadie que
sepa más que yo”. Así arrancan muchas de las reuniones de Moreno.
Este hombre se recibió de licenciado en
Economía ya de grande, en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE),
donde tuvo entre sus profesores a Juan Lascurain, actual titular de la
UIA. Pero su mentor intelectual fue Eduardo Curia. También hizo buenas
migas con el ex diputado Daniel Carbonetto, afín a Duhalde. Con ese
grupo formó una agrupación que reunía a economistas ortodoxos del PJ.
Su primer empleo en la función pública
fue con Carlos Grosso intendente, como subsecretario de Producción de la
Ciudad, donde se encargaba de microcréditos para empresas. Fue de la
mano de Raquel Kismer, más conocida como Kelly Olmos, actual funcionaria
del Ministerio de Interior.
¿Cómo entró al kirchnerismo? Lo cuenta un
militante peronista: “La vinculación con el Gobierno se inició un año
antes de que Kirchner accediera a la Presidencia. Cautivó a Kirchner y a
De Vido con su discurso frontal”. Antes de las elecciones, en el marco
de la agrupación política La Corriente, Kirchner hacía reuniones y foros
para tratar diversos temas, entre ellos asuntos económicos. En uno de
esos foros estaban Eduardo Seit, Curia y Moreno. Kirchner y De Vido
formaban parte de la audiencia. Según el militante consultado, “cuando
lo escuchó, Kirchner dijo: ‘A este lo quiero ya en el equipo’. Y
entonces De Vido se levantó del asiento, y cuando salió Moreno de la
mesa lo convocó a una reunión de equipo”.
Hasta ahora nunca se separaron. Aunque ya no sea Kirchner
quien está al frente del Ejecutivo. Aunque muchos habían pensado que
Cristina no desluciría su discurso institucionalista por mantenerlo en
el gabinete. Aunque muchos vuelvan a creer que su papel en el Gobierno
está agotado.
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