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La hybris argentina

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170708 - Cadal - Héctor Ricardo Leis y Eduardo Viola * - Dos cientistas políticos argentinos exiliados en Brasil desde los 70 analizan el hilo oculto que teje el trágico destino de la Argentina, simbolizado en la hybris, un concepto de la Grecia antigua. Los autores desmenuzan cómo ese sino cruel atravesó la historia de nuestro país, desde Rosas y Roca, pasando por los militares y el peronismo, y terminando en los Kirchner. Y explican por qué nos puede llevar a la ruina como nación.

La hybris es el hilo oculto que teje el trágico destino de nuestra patria. En la tragedia griega, están poseídos por la hybris aquellos que, de forma arrogante, no resisten a la tentación de ponerse por encima de los hombres y las leyes, desafiando incluso a los propios dioses. Esos personajes son siempre excepcionales en algún sentido, pero la ceguera que los conducirá a su ruina descansa, en buena medida, en la valoración exagerada de sus propias fuerzas. Esto los lleva a creerse inmunes e impunes, con derecho a hablar sin escuchar, a hacer y deshacer lo que está prohibido al resto de los mortales. Desde la época de Homero que los griegos advierten a los mortales sobre los peligros de la hybris. Pero ese aviso parece no haber llegado todavía a la Argentina.

La hybris nos persigue desde la Mazorca de Rosas y la Conquista del Desierto. Pero en la Argentina moderna está asociada fundamentalmente a los militares y al peronismo. Vertientes que, no por acaso, convergen en la figura histórica del general Perón. Fueron militares los que dieron los golpes de 1930 y de 1943, inaugurando una hybris de violencia estatal con consecuencias trágicas, pocas veces vista en el continente, que tendría su apoteosis en miles de desaparecidos, fruto de la represión a la guerrilla en los 70, y en el delirio no menos trágico de la guerra de las Malvinas.

Convergiendo con eso, aunque por una línea de acción más societal, avanzó el movimiento peronista, cuyos líderes, desde Perón y Eva Perón, insisten en dividir al país en dos partes irreconciliables: peronistas y antiperonistas. Por medio de las acciones mancomunadas de la institución militar y del Movimiento Peronista, los argentinos fueron literalmente cocinados a fuego lento en un destino histórico repleto de desgracias. A esa caldera son muchos los que contribuyeron.

En los famosos 60 y 70 hubo golpes militares y lucha insurreccional. El llamado revisionismo histórico actualizó los odios de la lucha entre federales y unitarios; y la izquierda revolucionaria concibió la lucha armada como consecuencia necesaria de la lucha de clases, como se vio en el Cordobazo de 1968 y en varias puebladas más. Del otro lado, los grandes hacendados y la cúpula de la Iglesia Católica desarrollarían complicidades tortuosas con el partido militar.

La gran obra de construcción de una comunidad nacional, próspera y republicana, inaugurada por la generación de los Sarmiento y los Alberdi, sería severamente afectada a partir de ese cuadro. La hybris peronista, que había permitido en los 50 que los niños aprendieran a leer con frases como “Evita me ama” y que las masas quemasen iglesias y cometieran el sacrilegio de sus altares, iría a encarnar en los Montoneros, que surgieron en 1970 con el magnicidio de Aramburu y concluyeron en 1979 y 1980 organizando el suicidio colectivo de cientos de sus militantes, en lo que ellos llamaron técnicamente la “contraofensiva”.

La misma hybris estuvo en Perón cuando apoyó y fomentó el accionar de las organizaciones armadas de su movimiento, para después echarlas de la Plaza de Mayo, cuando llegó al poder en 1973, así como en las agrupaciones sindicalistas, que en 1973, en Ezeiza, masacraron desde un palco a los militantes que intentaban acercarse con banderas que no eran de su agrado. Agrupaciones que nunca descansan en su furia, ni siquiera el día que su líder fue enterrado en la Quinta de San Vicente, en 2006.

La hybris peronista también está presente en su ideología. Quizá, la desmesura se expresa aquí mejor que en cualquier otro lugar. En un movimiento que nació como pro fascista en los 40 y 50, la mayoría de sus militantes se transfiguraron en pro socialistas en los 60 y 70, para después, una nueva mayoría se transfigurara en pro liberal, en los 90. Consiguiendo en el nuevo milenio superar todo eso, al dar lugar a otra mayoría que se pretende heredera ideológica de la historia completa del peronismo.

Pero la Argentina se diferencia de la tragedia griega. Allá el sujeto de la hybris siempre encontraba el justo castigo. Asumiendo su culpa se reestablecía entonces la paz en la sociedad. La lección era aprendida por todos para que la hybris no se repitiese. Pero en la Argentina la justicia parece no llegar nunca a estancar el flujo de la hybris. Cuando ella no viene de los militares, viene del peronismo y, a veces, como en los 60 y 70, viene de todos lados. Sin justicia, la hybris genera resentimiento social en unos o en otros. Resentimiento que, a su vez, se recicla en más hybris, renovando periódicamente el círculo vicioso de la trágica política argentina.

La hybris del peronismo es cíclica y encarna en aquellos que son recibidos como salvadores de la patria en momentos de desgracia. Pero la desgracia está al comienzo y al fin de cada momento histórico. Comenzó con Perón, salvando al país en 1946 y dejándolo dividido, en bancarrota y “golpeado” en 1955. Siguió con Cámpora al gobierno y Perón al poder, salvando otra vez al país en 1973 y dejándolo nuevamente dividido, en bancarrota y “golpeado” en 1976. Continuó con Menem, que salvó al país en 1989 y lo dejó en 1999, nuevamente dividido, corrompido y rumbeando para el default de 2001. Nuevamente los Kirchner salvaron al país en 2003, colocándolo al poco tiempo nuevamente en la dirección de un destino incierto.

A partir del momento fundacional militar-peronista, definido en el período de 1943-1946, la Argentina tuvo una hybris desdoblada, ora militar, ora peronista. Los golpes de 1955, 1962, 1966 y 1976 no se pueden entender fuera de la dialéctica perversa de los militares con el peronismo. Sorprende descubrir en medio de todo eso a gobiernos relativamente eficientes y moderados. Las gestiones de Frondizi, Illia y Alfonsín nunca llegaron a gozar de la intensidad del voto popular de un Perón, ni de un Menem o de un Kirchner, aunque sin duda fueron los mejores estadistas que la Argentina ya tuvo en esas tristes décadas. Ellos no estaban poseídos por la hybris, quizá por eso se convirtieron en presas fáciles de los ataques de peronistas y militares, que acabaron desestabilizándolos, de un modo u otro.

Los actores de la hybris Argentina nunca piden perdón y no tienen la menor conciencia de su responsabilidad en la tragedia colectiva de la Argentina. Llevan la desgracia para todos, con el mismo convencimiento que declaran que la culpa es del otro. La hybris los ciega.

La crisis de 2008, desatada por la protesta de los productores rurales contra el alza de las retenciones, es heredera de esa ceguera. En 2001 el país corrió serios riesgos de desintegración social y política. Por suerte para todos, a pesar de los serios daños colaterales para muchos, la Argentina encontró un camino de salida, de la mano de Duhalde, Lavagna y el propio Kirchner. Después de tanto sufrimiento acumulado en las últimas décadas, la Argentina parecía tener ahora todas las condiciones para apagar definitivamente el fuego de la hybris. Lo que vemos hoy es todo lo contrario.

Los militares, aunque a regañadientes, han aprendido la lección. Además del hecho de que todos los militares que participaron de la represión en la época de la dictadura están presos o procesados, existe un historial de reconocimiento público de su hybris. En 1995 el general Martín Balza, jefe del Ejército durante el gobierno de Menem, reconoció públicamente el accionar criminal de las Fuerzas Armadas durante el Proceso y apeló para que se haga justicia con los responsables, pero también que sean cerradas las heridas abiertas. En 2004, el general Roberto Bendini, jefe del Estado Mayor, subido a un patético banquito, retiró de la pared del Colegio Militar el cuadro de Videla. Actualmente son obligados a obedecer a un ministro de Defensa, Nilda Garré, que estuvo próxima a los Montoneros, y los cadetes son instruidos en el Liceo Militar de acuerdo con la doctrina de los derechos humanos. ¿El peronismo ha pasado por algo parecido?

Nadie de peso en el peronismo ha hecho alguna vez la menor autocrítica por su hybris, ni por voluntad propia, ni obligado por cualquier circunstancia. Nunca vino desde el peronismo un pedido de perdón a la sociedad en su conjunto o un llamado serio y sincero para la reconciliación con el adversario. Para el movimiento peronista esas palabras parecen ser ecos del infierno. Eso vale tanto para Perón como para Lorenzo Miguel, para Firmenich como para Menem: la culpa por cualquier cosa que ocurrió en la Argentina nunca fue de ellos. Así la cartilla de las masas peronistas siempre reza por la misma hybris, a pesar de los cambios ideológicos descriptos. Para los Kirchner esto no parece ser diferente. Su accionar desde el gobierno también tiende a acentuar identidades que dividen a la nación en supuestos buenos y malos, obligando a la gente a pensar más en el pasado que en el futuro. Es un comportamiento dominado por la hybris. No les llevó mucho tiempo transformar mentalmente a los productores rurales en “piqueteros de la abundancia”, en “golpistas” y “gorilas”.

Cuando se quiere construir un país se trae para el presente lo que va a unir a sus ciudadanos en el futuro, pero cuando la hybris domina se trae para el presente lo que dividió al pueblo en el pasado. Las elites políticas que están hoy en el poder en los principales países vecinos (Brasil, Chile y Uruguay) crean mucho mejores condiciones para viabilizar el futuro de sus pueblos que en la Argentina. Sus líderes saben bien que no existe futuro sin reconciliación, en esos países nadie apuesta a aumentar la división nacional a partir de un determinado conflicto. Pero el tema de la reconciliación siempre estuvo ausente de la política argentina o fue algo retóricamente impuesto por el vencedor al derrotado, sin cualquier consentimiento. Así, cuando los lugares se intercambiaban y el derrotado pasaba a vencedor y viceversa, la cosa continuaba igual, apenas cambiaba de signo.

La experiencia internacional muestra que, sin el espíritu de reconciliación, la justicia nunca llega y los actores continúan reivindicando su propia “verdad”. ¿Cuándo se va a hacer justicia con la parte que le toca a cada uno? Nunca hubo en la historia argentina “buenos” absolutamente, entonces cuando llega la hora de hacer juicios históricos y construir la memoria hay que hacer un esfuerzo por darle a cada uno la parte que le corresponde. En la Argentina de hoy no existe un diálogo auténtico entre las partes en conflicto, precisamente, porque la hybris ciega a quien, ejerciendo la autoridad del Estado, tendría la principal responsabilidad, no apenas por el diálogo, sino sobre todo por la reconciliación.

Cuando alguien habla con odio de un sector o grupo del país, pasado o presente, sean militares o guerrilleros, liberales o peronistas, obreros o productores rurales, lo que hace es no pensar en el futuro. Aquel que viviendo en democracia es guiado por la hybris tiene dos horizontes posibles para continuar su acción: el de una guerra civil o el de la eliminación de la propia democracia.

El dilema argentino hoy no es democracia o dictadura. Es producir una reconciliación, en donde todos puedan sentirse reconocidos como una parte genuina de la nación, o continuar soportando la hybris que convoca a todos cíclicamente para la tragedia. Los dioses que pueden hacer posible la reconciliación todavía esperan que el peronismo admita su parte en la hybris argentina.

* Eduardo Viola es doctor en Ciencia Política por la Universidad de San Pablo y posdoctorado en Economía Política Internacional por la Universidad de Colorado. Es profesor titular del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Brasilia desde 1993.
Héctor Ricardo Leis posee títulos de máster en Ciencia Política por la University of Notre Dame y de máster y doctor en Filosofía por la Universidad Católica de Río de Janeiro. Actualmente es profesor asociado del Departamento de Sociología y Ciencia Política de la Universidad Federal de Santa Catarina.
Ambos son autores del libro América del Sur en el mundo de las democracias de mercado (CADAL/Homo Sapiens, 2008).

 

 

 

 

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