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. IAPI: Del modelo 1946 al modelo 2009
.
El comercio de granos en Argentina
. La Fed. Agraria Argentina en el 2004 y su posición sobre la Junta Nacional de granos

020309 - Creación y desempeño del IAPI - Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina - Como ya se ha señalado, la política económica del peronismo contenía una alta dosis de intervencionismo estatal. El gobierno utilizó todo tipo de mecanismos para regular prácticamente la totalidad de las relaciones económicas. Por ejemplo, sus objetivos redistributivos se alcanzaron mediante un aumento considerable de los salarios y la ocupación, el control de precios de los productos de la canasta familiar, la construcción de viviendas populares y los subsidios a algunos alimentos. La industrialización fue estimulada a través de créditos a mediano y largo plazo, medidas proteccionistas de ciertas industrias, impulso a la fabricación de acero, control de las importaciones y formación de empresas mixtas.

Al mismo tiempo, se reguló la producción agrícola mediante el establecimiento de precios oficiales para los cereales, subsidios, leyes que prorrogaron los arrendamientos rurales, sanción del Estatuto del Peón y comercialización por parte del Estado de las cosechas en los mercados local y externos. Algo similar se dispuso en el caso de la ganadería. Además, se nacionalizaron las empresas de servicios públicos y, en el plano financiero, se tomó una importante medida: la nacionalización del Banco Central, el cual pasó a controlar todas las operaciones de cambio públicas y privadas. En la misma línea, el gobierno decidió repatriar la deuda externa, crear el Instituto Mixo Argentino de Reaseguros, la Flota Mercante y la Flota Aérea, al tiempo que utilizaba el gasto público como herramienta para mantener un alto nivel de ocupación e incentivar los planes de obras de los gobiernos nacional y provinciales.

Aún con los cambios que esta política implicaba, la Argentina seguía dependiendo de los recursos provenientes de su comercio exterior, principalmente basado en la producción agrícola-ganadera. Por lo tanto, el gobierno se planteó adquirir una mayor injerencia también sobre los intercambios externos. La creación del Instituto de Promoción del Intercambio (IAPI) reflejó, justamente, la intención de ejercer una acción centralizada y directa sobre los mismos.
 

El IAPI fue creado mediante el Decreto 15.350 del 28 de mayo de 1946, bajo la órbita del Banco Central. Se lo concibió como un organismo que pudiera actuar expeditivamente frente a las coyunturas internacionales que se presentaran para maximizar los beneficios de la compra, venta, distribución y comercialización de productos (1).

Entre los propósitos que guiaban su creación, sobresalen los siguientes:

a) contar con un organismo especializado en cuestiones comerciales;
b) lograr una mejor inserción externa mediante la conquista de nuevos mercados y la consolidación de la presencia argentina en los ya obtenidos;
c) realizar propaganda internacional de la calidad y diversidad de los productos argentinos;
d) complementar la actividad privada en esta materia;
e) diseñar estrategias de defensa de los precios de los productos nacionales en el mercado internacional, ante el eventual deterioro de los términos de intercambio;
f) proteger a los productores locales frente a los cambios en los precios internacionales y la acción de los monopolios internacionales y de los países importadores de productos argentinos;
g) desplegar una política pública de planificación y orientación que eliminara o redujera al mínimo el impacto desfavorable de los fenómenos naturales, climáticos o económicos que pudieran afectar la producción nacional.
 

El flamante organismo contaba con diversas funciones. En el plano comercial, se encargaba de comprar los cereales, carnes y derivados a los productores, para luego exportarlos. También cumplía funciones financieras, asignando fondos a ciertas reparticiones públicas, gobiernos provinciales e incluso al sector privado para la adquisición de bienes de capital. Se producía, asimismo, una función reguladora del mercado interno en la medida en que sus decisiones afectaban diversos aspectos del sistema económico. Por ejemplo, cuando el Instituto compraba productos elaborados que no lograban colocación, establecía el margen de beneficio al sector industrial, creaba comisiones mixtas especiales para resolver la crisis de ciertos sectores productivos, adquiría materia prima para entregarla a los industriales a fin de que la procesaran por cuenta y orden del Instituto, etc. Asimismo, el IAPI desarrollaba funciones de promoción y fomento en tanto determinaba qué actividades productivas eran prioritarias y, en consecuencia, debían recibir un tratamiento especial como, por ejemplo, el otorgamiento de créditos sin obligación de devolución. Y dado que en la posguerra existían ciertas dificultades para la adquisición de algunos bienes en los mercados extranjeros, el IAPI cumplía una función de abastecimiento al ocuparse de importarlos y distribuirlos en el mercado interno. Por otra parte, también subsidiaba la producción de ciertos bienes de consumo masivo con el fin de mantener el nivel del salario real; por ejemplo, en cierta ocasión los frigoríficos fueron subsidiados cuando su actividad estaba afectada por las sequías y se requería cumplir con los cupos de exportación pautados.
 

En particular, en el plano externo, el IAPI tenía como funciones centrales la venta de los productos argentinos en el mercado internacional al mejor precio. A fin de cumplir esta misión, se firmaron convenios comerciales con otros países, en especial con aquellos que proveían a la Argentina de importaciones necesarias para su crecimiento industrial. Así, entre 1947 y 1949 se alcanzaron acuerdos comerciales con Suiza, Hungría, Italia, los Países Bajos, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Brasil y Suecia. Asimismo, con el objeto de fomentar el comercio exterior, el IAPI otorgó financiamiento a otras naciones para que adquirieran productos argentinos. Por último, ejercía funciones de asesoramiento y control en las negociaciones comerciales que entablaba el Poder Ejecutivo y en los convenios internacionales a los que éste arribaba.
 

Un análisis de su actuación permite rastrear algunos rasgos de la evolución de las relaciones económicas argentinas bajo el primer gobierno peronista. En principio, puede decirse que el IAPI ejerció un rol monopólico en la comercialización de productos agrícolas (principalmente, de trigo), comprando en el mercado interno y vendiendo en el internacional, mientras que en el caso de los productos ganaderos asumió un papel menos activo, de intermediación y recaudación de ingresos. Esto se corresponde con la importancia relativa que estos bienes tuvieron por esos años, medida tanto por volumen como por precios; es decir, se comercializaron principalmente cereales, seguidos por productos ganaderos y, en menor medida, forestales y mineros. La mayor capacidad exportadora de la Argentina se revela en 1949, año en el que se registran los mejores precios para los productos agrícolas a nivel internacional, aunque si se consideran los volúmenes comprados en el mercado interno y luego exportados, los años de mayor actividad fueron 1950 y 1954 (2).
 

De todos modos, su tarea se vio dificultada por las circunstancias externas, particularmente, por la baja de los precios de las mercancías de origen agropecuario, tendencia que persistió hasta mediados de la década del cincuenta. Eso hizo que a partir de 1949 las actividades del IAPI mermaran, dando lugar a que el sector privado se hiciera cargo de gran parte del intercambio. Además, a pesar del intento de alcanzar los acuerdos bilaterales antes mencionados con nuevos compradores, el comercio exterior siguió concentrándose en los vínculos tradicionales. Así, Gran Bretaña siguió ocupando el primer lugar como importador de productos argentinos, seguido de Estados Unidos, al tiempo que se manifiesta la creciente importancia del comercio con Brasil.
 

En cuanto a la actuación de este organismo en el rubro importaciones, obviamente fue menos significativa ya que éstas nunca alcanzaron la magnitud de las exportaciones. Además, la escasez de divisas a menudo obligaba a comprar a los países con los que existían convenios de pago a fin de poder compensar el intercambio con la exportación de productos nacionales. En términos generales, los montos que el IAPI destinó a importaciones crecieron entre 1949 y 1954, y las mayores compras se registran en los rubros metalúrgico, de materiales de construcción, maquinarias y textiles (3). En cuanto a los países de origen de esos bienes se destacan Estados Unidos y Gran Bretaña, mientras que el comercio con la Unión Soviética registra un incremento significativo a partir de 1953.
Por otra parte, el IAPI llevó a cabo actividades financieras, utilizando los recursos provenientes de las exportaciones para adquirir, por ejemplo, los servicios públicos que estaban en manos de empresas extranjeras y expandir el perfil productivo de las empresas estatales. Parte de esos recursos también se destinaron a servicios de bienestar social (e.g., salud, educación, etc.). Simultáneamente, se otorgó financiamiento a instituciones privadas o mixtas; ejemplo de ello son los créditos concedidos a la Corporación Argentina de Productores de Carne, a los frigoríficos y a las industrias metalúrgica y jabonera. Esta política hacia el sector privado se complementó con el otorgamiento de cuantiosos subsidios: entre 1947 y 1954 el IAPI otorgó subsidios al sector agrícola por m$n 5.063.011,4, mientras que el sector ganadero recibió m$n 4.567.590,8 (4). Por último, algunos fondos fueron destinados a la promoción y el fomento de determinadas actividades definidas como esenciales para el desarrollo económico. Tal fue el caso del crédito por m$n 10 millones concedido al Ministerio de Agricultura y Ganadería para llevar a cabo un plan de lucha contra las plagas en la agricultura, así como también los fondos asignados a la compra de semillas y a proveer de materia prima a la industria del quebracho, el apoyo financiero brindado a las industrias lechera, tabacalera y azucarera y a los proyectos de inseminación artificial, etc.

NOTAS

1. Ver Novick, 1986.
2. Para mayor detalle, ver Novick, 1986, Cuadros Estadísticos, pp. 115-132.
3. Ibidem.
4. Cf. Novick, 1986, p. 72.

020309 - IAPI: Del modelo 1946 al modelo 2009 - Guillermo LoCane | 280209 |

EL VIEJO IAPI


El Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI) fue un ente público argentino bajo la órbita del Banco Central el 28 de mayo de 1946, durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón, con el fin de centralizar el comercio exterior y  transferir recursos entre los diferentes sectores de la economía. El objetivo que guió la creación del organismo fue la necesidad de contar con un ente especializado en cuestiones comerciales y lograr una mejor inserción externa mediante la conquista de nuevos mercados y la consolidación de la presencia argentina en los ya obtenidos. Asimismo, pretendió promocionar la calidad y diversidad de los productos locales y generar estrategias de defensa de los precios de los mismos en el mercado internacional, ante el eventual deterioro de los términos de intercambio, protegiendo a los productores locales frente a los cambios en los precios internacionales y la acción de los monopolios internacionales y de los países importadores de productos argentinos.
El organismo contaba con diversas funciones. En el plano comercial, se encargaba de comprar los cereales, carnes y derivados a los productores, para luego exportarlos. También cumplía funciones financieras, asignando fondos a ciertas reparticiones públicas, gobiernos provinciales e incluso al sector privado para la adquisición de bienes de capital. El IAPI regulaba de hecho el mercado interno en la medida en que sus decisiones afectaban diversos aspectos del sistema económico. Cuando el Instituto compraba productos elaborados que no lograban colocación, establecía el margen de beneficio al sector industrial, creaba comisiones mixtas especiales para resolver la crisis de ciertos sectores productivos, adquiría materia prima para entregarla a los industriales a fin de que la procesaran por cuenta y orden del Instituto, etc. Asimismo, desarrollaba funciones de promoción y fomento en tanto determinaba qué actividades productivas eran prioritarias y, en consecuencia, debían recibir un tratamiento especial como, por ejemplo, el otorgamiento de créditos sin obligación de devolución. Por otra parte, también subsidiaba la producción de ciertos bienes de consumo masivo con el fin de mantener el nivel del salario real.

EL NUEVO IAPI

Se supone que el proyecto en que trabajó en los últimos días el equipo que encabeza Ricardo Echegaray en la AFIP, está redactado en base a proyectos presentados oportunamente por los diputados Cantero Gutiérrez y Macaluse con el fin de crear un nuevo organismo estatal de regulación del mercado agropecuario. El objetivo de esa agencia sería “estabilizar precios, evitar distorsiones en la distribución de la renta entre los distintos sectores de la cadena favoreciendo a los productores y garantizar la seguridad alimentaria para el conjunto de la población”. Concretamente, la idea es regular el mercado. El Estado compraría, a través de esa nueva agencia, una parte importante de la producción, se aseguraría el abastecimiento local a precios razonables y exportaría el resto. Otro objetivo es intentar vender la mayor porción posible de la producción a empresas aceiteras y molineras, para dar mayor valor agregado a las exportaciones argentinas.
Además de intervenir en forma directa en el mercado, el proyecto en el que trabaja el gobierno prevé que la nueva agencia pueda crear una base de datos precisa de stocks de granos y de ganado; realizar un seguimiento pormenorizado de la cadena de comercialización y sancionar las malas prácticas comerciales que derivan en una injusta distribución de la renta agraria al interior del sector. En el proyecto se afirma que la función fundamental sería “garantizar la seguridad alimentaria y la disponibilidad y accesibilidad de alimentos a precios razonables para la población argentina en un marco de transparencia comercial”. Este organismo, aún sin nombre, podría “comprar, vender, almacenar y distribuir productos agropecuarios y alimentos, por sí o por terceros, para estabilizar precios y garantizar la seguridad alimentaria de la población”.

020309 -
Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina - El comercio de granos en Argentina

De acuerdo con Gravil, el cultivo cerealero en la
Argentina jugó un rol heroico en el contexto de la crisis económica de los años 30, pues fue el pilar de la recuperación de las exportaciones argentinas durante dicha década, a pesar de los múltiples problemas que enfrentaba el agro: la baja productividad, la debilidad de los productores agrícolas, la escasez de maquinarias y elevadores y la competencia de poderosos países productores como Estados Unidos, Canadá y Australia. A su vez, el gobierno argentino trató de proteger al productor agrícola, adoptando importantes medidas de política económica. En octubre de 1931, fue establecido el sistema de control de cambios por parte del Estado. En noviembre de 1933 el peso fue devaluado 20% y se creó la Junta Nacional de Granos, la cual asumió el control de las ventas al exterior. Por este mecanismo, el gobierno reconoció obtener una utilidad de 91 millones de pesos en los primeros nueve meses, cantidad que fue utilizada en parte para financiar una ayuda estatal al comercio de exportación de granos. Otras medidas, tales como la fijación de precios básicos para el trigo, maíz, lino y linaza y el pago por adelantado de 80% del valor de la cosecha por parte del Banco de la Nación fueron disposiciones del gobierno que apuntaron a favorecer las exportaciones de granos y a proteger al productor agrícola de la crisis mundial y la competencia extranjera. (1)

Estas medidas, por cierto, estimularon el crecimiento en los volúmenes de las exportaciones agrícolas durante la década, que pasaron de 9.278.809 de toneladas en 1930 a 12.094.484 en 1933 y 16.316.009 en 1937. (2) En términos de valor, las exportaciones agrícolas pasaron de 322.896.000 pesos oro en 1930 a uno de 388.020.000 en 1931. Declinaron levemente en 1932 y 1933, para recuperarse en 1934, alcanzando su punto más alto de la década en 1937, con 654.968.000 pesos oro. (3)

El crecimiento de las exportaciones agrícolas sobrepasó en gran manera al de otros grupos de exportaciones. Sobre un volumen total de exportaciones de 11.027.493 de toneladas en 1930, las agrícolas representaron 9.278.809 toneladas, mientras que las ganaderas tuvieron un volumen de sólo 1.212.334 toneladas. Los volúmenes de exportaciones de productos forestales y minerales fueron aún de menor importancia. En 1933, sobre un volumen total de 13.776.607, las exportaciones agrícolas alcanzaron un volumen de 12.094.484 toneladas, mientras las ganaderas sólo sumaron 1.151.424 toneladas. Y en 1937, sobre un total de 18.235.425, los volúmenes respectivos fueron de 16.316.009 toneladas y 1.275.912 toneladas. (4) En términos de valor, también las exportaciones agrícolas superaron a las ganaderas a lo largo de la década, no obstante lo cual es muy significativo el valor de las últimas en relación a su volumen. Sobre un total de 614.104.000 pesos oro para 1930, las exportaciones agrícolas tuvieron un valor de 322.896.000 pesos oro y las ganaderas uno de 262.597.000 pesos oro. En 1937, un año particularmente excelente para las exportaciones agrícolas, éstas alcanzaron un valor de 654.968.000 pesos oro sobre un valor total de exportaciones de 1.016.839.000, mientras que el de las exportaciones ganaderas fue de 320.262.000 pesos oro. (5) Si se toma en cuenta la participación porcentual de las exportaciones agrícolas y ganaderas en relación con el valor total de las exportaciones, en 1930, las exportaciones agrícolas representaron 55,5% del valor total de las exportaciones argentinas, frente a 41,2% de las ganaderas. El porcentaje más alto de participación del sector agrícola en la década se dio en 1932, con 65,8% del total de las exportaciones, mientras el sector ganadero representó 30,5%. En 1937 las exportaciones agrícolas alcanzaron otro pico, con 64,5% frente a 31,5% de las exportaciones ganaderas, y el punto más bajo de la década se dio al año siguiente, cuando el valor de las exportaciones agrícolas fue de 47,5% frente a 45,5% de las ganaderas. (6)

Gravil sostiene que durante la década de 1930 las exportaciones argentinas de productos agrarios experimentaron una sostenida recuperación sobre la base de la diversificación de los mercados de colocación. Hubo factores que por cierto incentivaron esta positiva recuperación del comercio argentino de granos: las medidas anteriormente mencionadas de control estatal, y, posteriormente, el estímulo adicional que significó el debilitamiento de los controles sobre la importación en
Reino Unido a partir del estallido de la Segunda Guerra en 1939. En 1934, las exportaciones de trigo representaron 27,5% de las exportaciones mundiales, las de maíz 64,6% y las de linaza 77%. Para 1937, los porcentajes fueron 23,4%, 69,6% y 83,1% respectivamente. (7) Hacia 1939, las exportaciones de granos argentinas representaron el 31,8 % del mercado cerealero mundial, mientras Canadá y Estados Unidos representaron un 15,4 % y un 8,6 %, respectivamente. (8)

En lo que respecta al volumen de las exportaciones agrícolas argentinas enviadas al Reino Unido, se destacaron en primer lugar las de maíz, que sin embargo declinaron de 3.015.992 toneladas en 1931 a 2.312.119 toneladas en 1933. En los años siguientes experimentaron una suave recuperación, hasta alcanzar el máximo de la década en 1936, con 3.435.203 toneladas, para luego seguir un comportamiento descendente en el resto de la década y principios de los años 40. Los volúmenes de exportación de trigo hacia el
Reino Unido se ubicaron detrás de los de maíz en términos de importancia, alternando alzas y bajas. Se destacaron los volúmenes alcanzados en 1934, 1939 y 1940: 1.887.747 toneladas, 1.646.551 y 1.294.993 toneladas respectivamente. (9)

En términos de valores, las exportaciones argentinas hacia el
Reino Unido durante la década de 1930 registraron la tendencia inversa a la apuntada para el conjunto del comercio exterior argentino, donde las exportaciones agrícolas superaron en valor y en volumen a las ganaderas. Mientras en 1933 el valor de las ventas de productos agrícolas fue de 194.191.227 pesos moneda nacional, el de los productos ganaderos fue de 211.402.184. Sólo en 1934 las exportaciones agrícolas hacia el Reino Unido, con un valor de 313.767.946 pesos moneda nacional, superaron a las ganaderas, con uno de 231.587.566 pesos moneda nacional. Con esta expresa excepción, se mantuvo a lo largo de la década el predominio del sector ganadero sobre el agrícola en las exportaciones argentinas hacia Gran Bretaña. En 1937 las exportaciones agrícolas alcanzaron su valor más alto: 326.433.935 pesos moneda nacional. (10)
Por otra parte, el creciente éxito de los granos argentinos en los mercados de ultramar fue un factor que por cierto estimuló al gobierno a reconsiderar su adhesión al Acuerdo Internacional del Trigo. Este acuerdo tuvo su origen en una propuesta argentina presentada en enero de 1933 en una sesión preliminar de la Conferencia Económica Mundial en Ginebra y consistió en que los cuatro países productores de trigo más importantes a nivel mundial -Canadá, Estados Unidos, Australia y Argentina- elaborasen las bases de un plan general para limitar la producción y el comercio de trigo. Según el acuerdo finalmente alcanzado en la Conferencia Internacional de Londres en agosto de 1933, la Argentina y Australia convinieron en lugar de la reducción de sus cultivos, exportar para la temporada 1934-1935 el equivalente a una disminución del 15% de las superficies destinadas a la producción triguera, empleando los sobrantes en otros usos diferentes al consumo humano. (11)

La limitación de las exportaciones de granos no pareció en ese momento onerosa para el gobierno argentino, pues no existía acopio en el país y los pronósticos de la cosecha correspondiente eran pobres. Por lo tanto, la gestión de Justo consideró conveniente firmar el acuerdo en agosto de 1933. Pero ya hacia diciembre de dicho año se hizo evidente que el excedente exportable del año superaría la cuota establecida por el acuerdo. Además, el proteccionismo del Canadian Wheat Pool había obligado a los molineros británicos a recurrir crecientemente al trigo argentino de manera que la harina británica de alta calidad pasó a contener 40% de trigo argentino. Argumentando que la pobre cosecha triguera de Estados Unidos no le permitiría a este país llenar la cuota de exportación y que de todos modos los países europeos no observaban el acuerdo -Rusia no daba el menor síntoma de querer cooperar-, el gobierno argentino rompió lo convenido y exportó un volumen tope de trigo en 1934. El volumen de exportaciones trigueras creció de 3.929.223 toneladas en 1933 a 4.793.747 en 1934, alcanzando el tope de la década. En ese año el Reino Unido importó 1.887.747 toneladas de trigo argentino, contra 1.215.670 toneladas del año anterior. Esta demanda declinó al año siguiente, se recuperó en 1936, alcanzando volúmenes cercanos al de 1934, y luego volvió a bajar en 1939 y 1940. (12)

Asimismo, las exportaciones de maíz y de linaza, aún más significativas que las de trigo, consolidaron la posición de la Argentina como exportador mundial de cereales en la década de 1930. Mientras que la
Argentina aportó 22,3% de las exportaciones mundiales de trigo en 1935 y 23,4% en 1937, en esos mismos años las proporciones para el maíz fueron 73,5% y 69,6%, y para la linaza, 86,7% y 83,1%. (13) Los excelentes resultados del comercio de granos fueron en consecuencia un poderoso factor en la recuperación general de la economía argentina del año 1937, el cual fue un año excelente. Los volúmenes de las exportaciones de trigo, maíz y lino registraron en dicho año un significativo aumento respecto al año anterior: 3.887.195 toneladas contra 1.610.386 toneladas en el caso del trigo; 9.087.363 toneladas contra 8.381.690 en el del maíz y 1.802.048 toneladas contra 1.487.926 toneladas en el caso del lino. (14)

NOTAS

1. Ver al respecto Roger Gravil, "State Intervention in Argentina's Export Trade between the Wars", Latin American Studies, 2, 2, Great Britain, Nov. 1970, pp. 156-157, quien cita las siguientes fuentes: Banco Tornquist, Business Conditions in the Argentine Republic, Report Nº 201, enero de 1934, p. 22, y "British Chamber of Commerce in the Argentine Republic", en Monthly Journal, XIV, 31 de febrero, 1934, p. 19. El control de cambios establecido a partir del 10 de octubre de 1931 implicó un racionamiento de las escasas divisas disponibles y una manipulación de los tipos de cambio por parte del gobierno argentino. Apuntó a erradicar la especulación en el mercado cambiario, evitar una mayor depreciación del peso y permitir al gobierno argentino cumplir con el servicio de la deuda pública nacional en el exterior. Esta política fue instrumentada por una Comisión de Control de Cambios con amplias facultades para supervisar todas las remesas de divisas al exterior, fijar los tipos de cambio oficiales comprador y vendedor y distribuir el monto de divisas disponibles. Esta distribución se realizó en la práctica de acuerdo a un orden de preferencias establecido con anterioridad y en forma explícita por el Ministerio de Hacienda. Dicho orden de prioridades fue el siguiente: en primer lugar, la cartera económica ubicó a las demandas del gobierno y las empresas estatales para atender el servicio de sus deudas en el exterior; en un segundo lugar de prioridades estableció el pago de ciertas importaciones indispensables y ciertos bienes de consumo vitales para la economía argentina; en un tercer lugar fijó las remesas de bancos, casas comerciales y compañías de servicios públicos extranjeras para cancelar obligaciones financieras en el exterior; en un cuarto lugar de importancia, las necesidades de divisas de extranjeros, y en un quinto y último lugar de oportunidades, el Ministerio de Hacienda colocó el pago de importaciones no esenciales o consideradas de lujo. Ver Raúl García Heras, "Las compañías ferroviarias y el control de cambios en la Argentina durante la gran depresión", en Desarrollo Económico, Nº 116, enero-marzo 1990, p. 484, quien cita como fuente: Ministerio de Hacienda, Memoria correspondiente a 1932, tomo I, p. 70.

2.Anuarios del Comercio Exterior de la República Argentina, correspondientes a los años 1930 a 1940, citados en Vicente Vázquez Presedo, Estadísticas históricas argentinas II (comparadas), segunda parte 1914-1939, Buenos Aires, Ediciones Macchi, 1976, p. 184.

3.Anuarios del Comercio Exterior de la República Argentina, correspondientes a los años 1930 a 1940, cit. en V. Vázquez Presedo, Estadísticas..., segunda parte, p. 189.

4.Anuarios del Comercio Exterior de la República Argentina, años 1930 a 1940, cit. en V. Vázquez Presedo, Estadísticas...., segunda parte, p. 184.

5.Anuarios del Comercio Exterior de la República Argentina, años 1930 a 1939, cit. en V. Vázquez Presedo, Estadísticas..., segunda parte, p. 189.

6.Anuarios del Comercio Exterior de la República Argentina, años 1930 a 1939, cit. en V. Vázquez Presedo, Estadísticas..., segunda parte, p. 226.

7.Ruth Kelly, "The Foreign Trade of Argentina and Australia 1930-1960 (1)", Economic Bulletin for Latin America, X, Nº 1, marzo 1965, p. 56, cit. por R. Gravil, "State intervention...", op. cit., p. 170.

8.A. Martínez de Hoz, "Agricultura y ganadería", en J. A. Paita (editor), Argentina 1930-1960, Buenos Aires, 1961, 192, cit. por R. Gravil, The Anglo-Argentine Connection.., op. cit., p. 187.

9.Anuarios del Comercio Exterior de la República Argentina, años 1930 a 1943.

10.Anuarios del Comercio Exterior de la República Argentina, años 1934, 1935 y 1937.

11.La Prensa, 6 de septiembre de 1933, p. 10.

12.Volúmenes de exportación del trigo argentino en 1933 y 1934 en Anuarios del Comercio Exterior, años 1933 y 1934, cit. en V. Vázquez Presedo, Estadísticas..., op. cit., segunda parte, p. 210. Volúmenes de exportación de trigo argentino hacia el Reino Unido entre 1930 y 1940, en Anuarios del Comercio Exterior de la República Argentina, años 1930 a 1940. Respecto de la adhesión y ruptura de la Argentina como miembro del Acuerdo Internacional de Trigo ver R. Gravil, "State Intervention...", op. cit., pp. 170-171, quien cita las siguientes fuentes: "British Chamber of Commerce in the Argentine Republic", Monthly Journal, XIII (agosto 1933), pp. 15-16; Banco de la Nación Argentina, Revista Económica, 6 (6), agosto 1933, pp. 97-98; "British Chamber of Commerce in the Argentine Republic", Monthly Journal, XIV, 30 de diciembre 1933, p. 14; J.W.F. Rowe, Primary Commodities in International Trade, Cambridge, 1965, p. 152.

13.R. Kelly, op. cit., p. 50, cit. en R. Gravil, "State Intervention...", op. cit., p. 172.

14.Datos del Anuario del Comercio Exterior, año 1940, y Revista de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, año 1948, p. 18, citados por V. Vázquez Presedo, Estadísticas..., op. cit., segunda parte, p. 185.

Aclaración: Las obras citadas (op. cit.) que no se mencionan explícitamente en este listado de citas, se encuentran en las páginas inmediatamente anteriores. Para ello, haga un click en el botón "Anterior". También puede utilizar la opción "Búsqueda" , ingresando el nombre del autor de las obras respecto de las cuales se requiere información.

020309 - La Fed. Agraria Argentina en el 2004 y su posición sobre la Junta Nacional de granos
- Alberto J. Lapolla

Federación Agraria Argentina - 21/01/2004 - El Santafesino

FAA EXHORTA AL SENADO A TRATAR UN PROYECTO QUE EL CAMPO ESPERA

Urge recuperar la Junta Nacional de Granos para defensa de la producción

Federación Agraria Argentina exhorta al universo de actores que componen el agro argentino a apoyar, y a los senadores nacionales a darle tratamiento, al proyecto de ley que ya tiene estado parlamentario sobre la recuperación de la Junta Nacional de Granos (JNG), iniciativa elaborada por el legislador entrerriano Ricardo Taffarel.

Federación Agraria Argentina / 21/01/2004

El proyecto procura crear este vital instrumento que garantizaría la transparencia en el comercio de granos que hoy el gobierno nacional pretende controlar y representaría una herramienta de protección a la actividad rentable de todos los productores agrarios del país.

Precisamente, cuando aún resuena la polémica por la reciente modificación a la forma con que las firmas agroexportadoras deberán liquidar ganancias -fundada en la intención de evitar mecanismos de evasión y elusión impositiva- urge entonces solucionar el problema de raíz.

Recuperar aquella Junta Nacional de Granos es la vía natural para erradicar este sistema oscuro de triangulaciones, empresas fantasma y maniobras que perjudican al Estado y a la producción.

Por otra parte, esta iniciativa recoge un prolongado reclamo de Federación Agraria por la reinstauración de este organismo regulador, esencia de uno de los tópicos aprobados en el reciente 91° Congreso Anual Ordinario: recuperar la función igualadora de un Estado que solo se justifica su razón de ser en un rol activo en defensa de la producción nacional y las condiciones justas y equitativas para todos sus actores.

El proyecto de creación de una nueva JNG ingresó el 12 de junio pasado a las comisiones de Agricultura, ganadería y pesca, Industria y comercio, Economía nacional e inversión, Asuntos administrativos y municipales, Presupuesto y hacienda, y Legislación general. Urge que los senadores agilicen el estudio de la propuesta y le den tratamiento cuanto antes en el recinto de la Cámara Alta para que la JNG vuelva a ser realidad.

Para ello, se requiere que los representantes del pueblo hagan caso omiso a las voces contrarias que responden a los intereses de quienes en los últimos años han hecho grandes negociados a costa de la ausencia del Estado en el comercio de granos y en perjuicio de los productores, rehenes de los vaivenes provocados del mercado.

El texto íntegro del proyecto se encuentra a disposición pública en el sitio web de Federación Agraria, www.faa.com.ar


 

 

 

 

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