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Rafaela
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En esta primera etapa se tomaron cinco localidades testigo: Alcorta, Bigand, Carreras, Máximo Paz y Santa Teresa, en el sur santafesino; y Pérez Millán, en el norte bonaerense. "Se escogieron con el criterio de que están en áreas altamente explotadas en los últimos 50 años, bajo aplicación intensa de clorados y fosforados dentro de diferentes actividades agroproductivas", explicó Susana Olego, de Mujeres Federadas Argentinas. Por su parte, el ingeniero Alberto Gelín, presente en el estudio a partir del convenio entre FAA, AFA, INTA, CAFER, explicó la inquietud original. "La introducción de moléculas sintéticas (agroquímicos, bifenilos policlorados) en los ciclos materiales es una constante en esta región. Y el hombre que participa activamente en este proceso, se expone a estos agentes que inciden en su salud. Muchas de estas moléculas son sospechadas de riesgo; y dada su continua e intensa aplicación, se planteó evaluar la posible incidencia de esto sobre la salud e la población rural del área". En conclusión, Gelín afirmó que "los resultados muestran en forma preliminar que existe una relación causal entre los factores de riesgo sospechados, y los casos detectados". En tanto, el médico Alejandro Oliva, del Instituto Universitario Italiano de Rosario y director del proyecto, concluyó en esta primera etapa: "Confirmamos que la aparición de ciertas patologías en estos ambientes rurales supera -en muchos casos, ampliamente- las cifras medias esperadas para el resto del país". El relevamiento indagó acerca de la composición familiar, datos sobre enfermedades más comunes padecidas en el grupo, malformaciones, cáncer y esterilidad. En el caso de los productores agropecuarios, se les preguntó sobre la superficie trabajada y la que trataba con insecticidas y herbicidas, sobre los producto usados, los elementos de protección, el tratamiento de los envases y asesoramiento técnico recibido. El ingeniero Gelín, quien además preside el Colegio de Ingenieros Agrónomos, marcó la intensa aplicación de insecticidas organoclorados a partir de la llamada "revolución verde". Se fumigó por años con DDT, heptacloro, lindano y HCH, hasta que se prohibieron. "De 1960 a 1978 tuvieron amplia difusión los organoclorados y organofosforados como el Parathión. Del '78 al '94 la tendencia introdujo el monocrotofós, endosulfán y piretroides; y desde el '94 para acá, se aplicaron piretroides, endosulfán, clorpirifós y otros funguicidas. Sin olvidar la rotunda aparición del glifosato, de creciente aplicación", enumeró Gelín. El especialista agregó que "en esta primera etapa estudiamos fuentes fijas de contaminación como basurales a cielo abierto que emiten dioxinas por la quema de la basura y llegan a varios kilómetros distancia, también tomamos los transformadores ubicándose en el plano del pueblo que pudieran haber tenido PCB. Pero también tomamos plantas de acopio de cereales por los tratamientos con plaguicidas, así como los depósitos de agroquímicos y los equipos de fumigación de aire y tierra. Y finalmente los feed-lot pueden llegar a dejar nitratos y nitritos en concentraciones importantes fruto del orín y la bosta de los animales, que se amontonan en este tipo de explotación ganadera". "Esto es un informe preliminar, y sus resultados deben ser tomados con cautela, pero no dejar de valorarlos. En la segunda etapa ya se hará un relevamiento con mayor aproximación. Pero lo hecho vale para advertir que hay una relación entre la salud de la gente y los factores ambientales en nuestros pueblos. Y acaso algo tenga que ver este incremento de nuevas tecnologías y agroquímicos que requieren los cultivos transgénicos que vienen dominando la agricultura en las últimas dos décadas", advirtió Olego La infertilidad,
otra consecuencia En los análisis hechos en la Argentina a los hombres que estuvieron expuestos a este tipo de agroquímicos aparecieron altas dosis de estradiol, la hormona femenina, y una disminución el nivel de testosterona, la hormona masculina. "Esta es una conclusión importante que demuestra que algunos pesticidas aumentan el nivel de hormonas femeninas en los hombres", había explicado en diálogo con el diario Clarín, el andrólogo Alejandro Oliva. El estudio es el primero de este tipo que se realiza en América Latina y surgió de la preocupación de este médico de 52 años, especialista en fertilidad y sexualidad masculina. Tanto en el Hospital Italiano de Rosario como en el Centro de Urología de la ciudad de Santa Fe y en el Sanatorio Adventista de la provincia de Entre Ríos, el médico comenzó a atender pacientes preocupados por su infertilidad. En la mayoría de los casos, y después de la primera consulta, Oliva descartó que las causas fueran las que comúnmente se asocian a este tipo de patologías. Ya en esos años, a mediados de la década del `90, en los ambientes científicos se comenzaba a hablar de la relación entre el uso de los pesticidas y los problemas de fertilidad. En 1996, en un congreso en Santa Marta (Colombia), Oliva presentó los casos. Y un grupo de científicos franceses se interesó en el tema. Así, logró el apoyo económico del gobierno de Francia y comenzó a trabajar con dos médicos de gran prestigio a nivel mundial: Luc Multigner y Alfred Spira. Las consecuencias de la exposición a agroquímicos aún no están indagadas a fondo. "Existe una hipótesis que indica que también pueden provocar problemas neurológicos", explica Oliva |
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