Argentina Al día
Del genocidio y robo de tierras al
'boom sojero' - Historia política y
económica de la provincia de Santa Fe

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Santa Fe Al día - Rafaela Al día

Fragmentos del libro de
Oscar Insuain

INTRODUCCIÓN:

LA HISTORIA COMO PASIÓN Y COMPROMISO (FRAGMENTO)

Contar la historia de Santa Fe desde la Conquista hasta la actualidad supone construir un relato que dé cuenta de la vida de los habitantes y la transformación de la sociedad civil, la economía y las formas de gobierno a lo largo de los últimos quinientos años.

El autor pudo haber seguido el fácil camino de relatar una sucesión de hechos políticos, económicos, sociales y culturales de acuerdo a la historia cristalizada en un cúmulo de datos: cuándo y cómo se fundaron los pueblos y colonias, cuándo se construyó tal puerto, la primera cosecha o el primer ferrocarril, la cantidad de habitantes, la progresión de la ocupación de la tierra, la formación y desintegración de los grupos políticos, la instalación de industrias nacionales y extranjeras, los nombres de los gobernantes..., etc.

Pero cuando el periodismo se ejerce comprometidamente, desde un punto de vista nacional y popular, ya no es posible abordar la historia como una simple sucesión temporal de hechos, sino como el resultado de determinadas luchas, con avances y retrocesos, para modificar las estructuras que mantienen la concentración de las riquezas en un territorio como el santafesino que produce -por dar un ejemplo- diez o más veces la cantidad de alimentos necesarios para satisfacer las necesidades de sus habitantes.

En este punto el autor, que no toma distancia sino que se ve como sujeto y protagonista de al menos los últimos treinta años de la historia, acomete honestamente la búsqueda de la verdad histórica, investiga la existencia de un hilo conductor, muchas veces subterráneo o deliberadamente oculto, y elabora su hipótesis de trabajo.

¿Por qué Argentina, y en especial Santa Fe, presentan los índices de pobreza y marginalidad que todos conocemos? ¿Cómo es posible que mientras crece el PBI disminuye la participación de los trabajadores en el ingreso? ¿Por qué la propiedad de la tierra está concentrada en los niveles de principios del siglo XX y, a la vez, los pueblos originarios tienen que emprender una larga lucha para acceder a pequeños terrenos donde edificar sus viviendas? ¿La estructura del transporte y la inversión en obras públicas obedece a las necesidades del mercado interno o a la reducción de costos de las empresas multinacionales que drenan las riquezas de nuestra tierra? ¿Y la degradación de la educación pública, de la salud pública, de la justicia y la seguridad tiene relación con todo esto?

La investigación periodística que realizó Oscar Ainsuain, tiene por hipótesis que las barreras que frenan el desarrollo autónomo de la nación y la justa distribución de sus riquezas están construidas sobre dos ejes: la permanencia del latifundio y la dependencia del exterior que condiciona -y muchas veces determina- las decisiones de los gobernantes.

El autor sostiene que Argentina es, desde sus orígenes hasta la actualidad, un país en disputa.

DEL GENOCIDIO Y ROBO DE TIERRAS AL “BOOM SOJERO”

(FRAGMENTOS)

“La llegada del ferrocarril y las colonizaciones determinaron el inicio de una era de cambios trascendentes. El gaucho se transformaba en leyenda y era reemplazado por el peón rural, un trabajador hábil y capaz. Paralelamente a la desaparición de los rebaños, se producía un fenomenal, inédito e injusto reparto de tierras. Primero, a través de expediciones militares se mataba, expulsaba o sometía al habitante nativo y luego, con las colonizaciones públicas o privadas -o peor aún: mediante fraudulentas concesiones- se procedía a poblar las amplias llanuras pampeanas. Genocidio y robo de tierras iban de la mano.
Algunos dirigentes visionarios, como Nicasio Oroño, plantearon que si Argentina quería crecer, estas tierras tendrían que ser colonizadas y cultivadas, que “gobernar es poblar” según razonaba un importante pensador argentino.

Y fue así como nacieron los primeros pueblos o villas rurales. Dondequiera que pasaran las vías del ferrocarril, aparecían poblados cada 15 o 30 kilómetros. En general, se trataba de dos hileras de casas sencillas, frente a un ancho camino de tierra, una estación ferroviaria de ladrillos vistos de estilo inglés, una iglesia, alguna mansión importante y un edificio municipal, todo ello en torno a una plaza.

El desarrollo poblacional, tanto como el de la agricultura y la ganadería, estuvieron estrechamente vinculados a la expansión ferroviaria. Un quintal de cereal (trigo, maíz o lino) o un buen novillo, tenían más valor si podían ser transportados con facilidad a Buenos Aires, Córdoba o Bahía Blanca.

Se podría afirmar que desde el momento mismo en que las cuchillas del arado de rejas múltiples cortaron el suelo santafesino, permitiendo que comenzaran a florecer los cultivos, se produjo un cambio total en la fisonomía de la provincia. Fue el momento en que se instalaron los molinos de viento, se parcelaron los campos con alambrados de púa y se construyeron los primeros caminos de tierra.

También se abandonó la explotación exclusiva de los flacos animales salvajes, sólo útiles por sus cueros, el sebo y el tasajo. En cuanto la refrigeración permitió que la carne soportase el viaje oceánico, el consumidor inglés comenzó a exigir cortes vacunos de primera calidad. Fue entonces cuando los alambrados comenzaron a encerrar ejemplares Shorthorn, Hereford y Black Angus en cuidadas praderas de alfalfa.

De esta manera quedó radicalmente modificada la vieja geografía colonial dominada por los gauchos y los originarios. El primero, cuando ya no fue necesario para arriar al cimarrón, perdió su identidad económica y cultural, en tanto que el segundo fue sometido en una bárbara campaña militar organizada. Y aparecieron los inmigrantes europeos que, con mucha audacia, penetraron hasta lo más profundo de la provincia, produciendo una transformación total de la fisonomía de la región. Trabajaron como aparceros, peones golondrinas o arrendatarios para cultivar maíz, trigo, lino o alfalfa.

Los cambios llevaron a una valorización de estas tierras que en el lapso de una década aumentaron su cotización hasta en un mil por ciento, proporcionando a sus dueños ingresos anuales equivalentes al quince por ciento del valor de lo producido. Es decir que los que poseían las tierras eran los que monopolizaban las riquezas recientemente desarrolladas y, en cambio, los sacrificados inmigrantes afrontaban una dura lucha por la subsistencia. Si bien no morían de hambre, en la mayoría de los casos no podían acceder a la posesión de los suelos. Si eran peones, vivían en cobertizos ubicados cerca de los corrales; y si eran arrendatarios o colonos podían construirse una casa de adobe. Su dieta estaba compuesta por los alimentos más baratos: carne para el pastor y trigo para el agricultor.

 

 

 

 

 

 

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Por su parte, los terratenientes, que necesitaban de esta fuerza de trabajo, parecían dispuestos a impedir que los inmigrantes abandonaran su condición de trabajadores y accedieran a la propiedad de la tierra...”
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“...En algunas zonas de Santa Fe irrumpió un modelo distinto al impuesto nacionalmente entre 1820 y 1850. Y si bien en la provincia se sancionaron normas jurídicas que llevaron a pensar en condiciones de igualdad para acceder a la tenencia de la tierra, el privilegio o la desigualdad aparecieron rápidamente debido a la hegemonía terrateniente. Estos se expresaron desde concesiones “honoríficas” otorgadas a “prohombres” como Castellanos y Mariano Cabal, hasta las cesiones que se hicieron a empresas extranjeras de colonización como la suiza “Berck y Herzog” o la compañía ferroviaria “Central Argentino”. Asimismo, la venta a precios irrisorios de enormes extensiones a terratenientes bonaerenses como Diego de Alvear o Cernadas llevó a que el latifundio ganadero se afianzara en la mayoría del territorio provincial.

Como contrapartida, los agricultores de la región centro-sur de Santa Fe recibían pequeñas parcelas, lo que fue un factor determinante para que la colonización minifundista quedara reducida a áreas -en algunos casos marginales- de la zona pampeana y de una parte de la región costera.

Indudablemente, el proceso de colonización santafesino poco y nada tuvo que ver con el que se dio en Estados Unidos después de la guerra civil. Allí, la victoria del Norte y del Oeste fue el triunfo de ese curso de desarrollo del capitalismo en la economía agrícola, que se denomina el “camino americano”. La significación fundamental de la guerra civil estriba en la abolición del sistema esclavista y en la solución revolucionaria del sistema agrario. Las tierras del Oeste fueron arrebatadas a los grandes hacendados y puesta en manos de los agricultores para su colonización”.

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“...El éxito de las dos últimas grandes expediciones contra los nativos significó la culminación de un proceso de persecución y genocidio comenzado por España y continuado por la oligarquía vernácula contra los pueblos originarios que habitaban el actual territorio nacional. A lo largo de más de trescientos años, en el Chaco Santafesino se persiguió a las quince etnias que habían habitado temporal o permanentemente el actual territorio provincial. para “reducirlas” o “aniquilarlas”. Nos referimos a los Guaraníes, Tobas, Mocovíes, Abipones, Calchaquíes, Mecoretáes, Quiloazás, Calchines, Corondas, Timbúes, Caracáes, Chanaes y Querandíes.

La mayoría de estos pueblos lucharon valientemente, primero contra la ocupación colonial y luego contra las campañas organizadas por los terratenientes para apropiarse de sus tierras.

En el período colonial tal vez hayan sido los bravos Querandíes, que habitaban en La Pampa y el sur del Litoral, los que mejor sintetizaron en memorables batallas el valor de estos pueblos. Junto a los Guaraníes rechazaron los primeros desembarcos españoles y en 1516 retuvieron al primer cautivo español del que se tenga noticias, Francisco del Puerto, que fue rescatado por Gaboto diez años más tarde.

Asimismo, fueron los Querandíes, con su valiente accionar, quienes dificultaron los primeros intentos de los ocupantes españoles de remontar el Río Paraná. La resistencia proseguiría luego con la llegada al Río de la Plata de la poderosa expedición de Pedro de Mendoza que contaba con 10 naves y 2.500 hombres armados, la misma que en el año 1536 fundó Santa María del Buen Ayre...

...Superado el período colonial, continuó la persecución y el despojo de tierras. En la campaña al Chaco Santafesino, el desalojo que sufrió el nativo fue violento; lo apartaron de la caza y buscando quebrar su identidad cultural le impusieron ritos cristianos. Las reservas de originarios eran verdaderos campos de concentración en los que, además de esclavizar al nativo, se llevaba adelante una planificada tarea tratando de imponerles una nueva cultura. Los que lograban escapar de las reservas deambulaban por los montes sin saber qué hacer, mientras que una minoría se asoció a grupos de bandidos blancos, que aterrorizaban los poblados practicando todo tipo de pillaje.

En 1871, como parte de la generalizada resistencia a la campaña de Obligado, los nativos saquearon las colonias de Alejandra y San Justo; en 1874 Emilia sufrió dos invasiones y Reconquista fue devastada. En 1875 sufrieron ataques Santa Rosa, San Javier y, nuevamente, Alejandra; en 1876 Grutly; y en 1877 fueron atacadas Pilar, Humbolt, Romang y, otra vez, Alejandra. Iriondo, una colonia muy alejada de la frontera, también sufrió las consecuencias de la incursión del malón.

Luego de la derrota definitiva, sobrevino la dispersión de los originarios, con la consecuente disgregación de las familias. Hambrientos y desnutridos, los descendientes del Guaycurú, del Toba y del Mataco morían de pulmonía, mientras sus mujeres, convertidas en sirvientas del hombre blanco, eran violadas sistemáticamente por el amo, el capataz o algún jefe militar.

En la frontera sur la situación no fue muy distinta. En 1867 el gobierno provincial tuvo que otorgar franquicias fiscales a los ganaderos de la zona cuyas haciendas habían sido diezmadas por los malones. En 1872 fue atacada San José de la Esquina y ese mismo año colonias bien protegidas como Cañada de Gómez y Tortugas fueron asoladas por distintos contingentes originarios. Ante estos acontecimientos el cónsul inglés en Rosario envió a su país un informe en el que sostenía dramáticamente:

“...Es increíble pero es melancólicamente cierto que los indios estuvieron a 21 millas de Rosario durante dos días, y sólo entonces las autoridades se enteraron del hecho enviando un destacamento para oponérseles...” (Registro Oficial, Mac Donnell, Rosario, 15 de Junio de 1872, citado por Gallo, Ezequiel, La pampa gringa, Editorial Sudamericana, Bs. As.,1983)

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Refiriéndose al festival de corrupción que generó el reparto de tierras en Santa Fe, Ovidio Lagos escribía:

“...Con el mayor cinismo se ha repartido la propiedad entre los círculos personales que han dominado Santa Fe, pasando sus mandatarios sobre ellas como una calamidad pública. Sin darse cuenta de la temeridad de los abusos y de los medios inmorales de que se han valido para enriquecerse a costa de los despojos mas inauditos hechos a la provincia, a títulos de fiscales, unas veces con el objetivo de colonizar y otras de dividir a los palaciegos del poder...” (Diario La Capital, Rosario, abril de 1884)

Más adelante, conociendo detalles del robo agregaba:

“...La tierra pública no se ha vendido en Santa Fe; se han regalado centenares de leguas ... Ultimamente se negociaron cien leguas entre gallos y media noche a $ 800 fuertes pagados moneda provincial en billetes que tenían un desmérito del 25 por ciento. Especulación leonina y si se quiere ilegal, no obstante haber merecido la sanción de las cámaras por orden del finado Iriondo, a quien los titulados legisladores obedecían ciegamente sin poder observar una coma en la redacción absurda de la ley que autorizó ese escándalo...” (Diario La Capital, Rosario, abril de 1884)

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“...El Rosariazo comenzó con concentraciones simultáneas en distintos puntos de la ciudad. A media mañana, desde el desbordado local de la Fraternidad, los trabajadores ferroviarios ganaron la calle para marchar hacia el local de la CGT. A este contingente se sumaron grupos estudiantiles y los obreros de la fábrica alimenticia Minetti y Cía S.A..

Ni bien comenzó la represión policial, la protesta se extendió como reguero de pólvora. Fueron quemados decenas de ómnibus urbanos e interurbanos cuyos empresarios se habían negado a parar. Los colectivos incendiados sirvieron de barricadas en todos los puntos estratégicos de la ciudad, incluidos los cruces de vías.

Otros grupos de ferroviarios, junto a los obreros cerveceros y vecinos, se atrincheraron en Avenida Alberdi y José Ingenieros barricando toda la zona. En el norte de la ciudad, los trabajadores de Luz y Fuerza marcharon desde la Usina Sorrento por boulevard Rondeau hacia el centro, lugar en que fueron reprimidos. Ante el accionar policial, los distintos grupos se dispersaban y reaparecían levantando barricadas en distintas esquinas.

En el centro, otra columna de trabajadores de Luz y Fuerza marchó desde la sede de la empresa Agua y Energía ubicada en Catamarca y Sarmiento; los trescientos manifestantes originales, al llegar a Córdoba y Entre Ríos, se habían transformado en miles. En esa intersección se desató la represión y una hora después los enfrentamientos se habían extendido al conjunto del microcentro, principalmente en los alrededores de la Plaza Sarmiento...”

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“...En la ciudad de Rosario se desarrolló un importante movimiento, ligado al MSTM, que convocó a un buen número de sacerdotes con trabajo social, especialmente en las villas. A poco de conocidas las conclusiones del Concilio Vaticano II y de la Conferencia de Medellín (donde se destacó la participación de Mons. Eduardo Pironio, obispo de Mar del Plata), los sacerdotes manifestaron en una reunión con el arzobispo Guillermo Bolatti, la necesidad de implementar los cambios que también sus comunidades les reclamaban.

El arzobispo no sólo evitó acceder a los pedidos, sino que, a través de un grupo estrechamente ligado a él y al pensamiento tradicionalista, hizo pública la disputa con el MSTM en el diario La Capital.

Con el transcurso del tiempo, la relación entre el obispo y los sacerdotes contestatarios se fue deteriorando aún más, y la disputa alcanzó su punto de mayor tensión con la detención de un importante número de curas, frente a la catedral de la ciudad, mientras pedían por la libertad de los presos políticos. Los eclesiásticos disidentes estuvieron detenidos en el Cuartel de Bomberos de Rosario durante tres días.

Simultáneamente, la decisión del arzobispo Bolatti de designar un nuevo sacerdote en Cañada de Gómez, fue resistida por una parte importante de los habitantes del lugar, que ocuparon la parroquia en defensa del padre Armando Amiratti. Entre junio y julio de 1969 se produjeron los hechos que terminaron con la ocupación de la ciudad por parte de 120 agentes de la policía provincial y del II Cuerpo de Ejército, con un saldo de 4 heridos de bala, 29 detenidos y varios contusos. Los feligreses fueron reprimidos con gases lacrimógenos y en la ciudad aparecieron carteles y pintadas que decían ‘Renuncie señor arzobispo. Una iglesia nueva, una iglesia de los pobres....”

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“...La manifiesta complicidad de la dirigencia política santafesina con el golpe de estado se expresaría con total nitidez tanto en el Concejo Municipal de Rosario como en la Casa Gris. Mientras la prensa del mundo esperaba el desenlace en los lobby de los hoteles, mientras los tanques -la avanzada de la peor tragedia de nuestra historia- se ponían en movimiento para derrocar al gobierno constitucional, los concejales de la ciudad, en una “ardorosa” polémica, debatían -entre otros temas menores- el robo de tapas de tormenta, la explotación de una calesita y el meneado tema de los residuos. Mientras tanto, en la capital provincial, Carlos Sylvestre Begnis esperaba al interventor militar en la puerta de la Gobernación para entregarle “ordenadamente” el control de la Provincia, como si se tratara de una sucesión democrática. Distinta suerte habían corrido otros Gobernadores, como Atilio López, en Córdoba o Miguel Ragnone, en Salta, que fueron asesinados por bandas armadas que respondían a la Triple A.

Para corroborar la manifiesta complicidad de la dirigencia política santafesina, habría que señalar que, en muchos pueblos y ciudades pequeñas del interior, los jefes comunales e intendentes se mantuvieron en sus cargos...”

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“...Sectores básicos como petroquímica, celulosa, acero, química, maquinarias y herramientas trabajaban con una gran capacidad ociosa, con alto riesgo de terminar en un proceso de quiebra o de extranjerización. Por ejemplo, a comienzo de los ’90, en el Gran Rosario estaban radicadas varias fábricas carroceras, pero debido a la apertura de las importaciones esta rama industrial ingresó a mediados de la década en una profunda crisis. En 1995, las principales firmas locales del sector se declararon en quiebra o en convocatoria de acreedores, por lo que cientos de trabajadores perdieron su fuente laboral.

Mientras la mayoría de la pequeña y mediana industria se endeudaba para sobrevivir, las abundantes inversiones en grandes centros comerciales y supermercados crearon un clima de “boom consumista”, instalando en la sociedad argentina la cultura del shopping.

El magnate George Soros realizaba grandes inversiones en el país y también en Rosario, donde lograba adquirir a bajos precios los excelentes terrenos del parque Scalabrini Ortiz, ubicados frente al Río Paraná y que pertenecían al Estado Nacional.

Además, en 1996 se instalaba en esta ciudad la cadena francesa de supermercados Carrefour; en 1997, el supermercado Norte, del grupo Exxel; en 1998, la chilena Jumbo adquiría la ex planta textil Estexa y también en ese año desembarcaron las cadenas nacionales Coto y Libertad. Unos años antes, la empresa chilena Falabella había absorbido a La Favorita, la tienda más importante y tradicional de Rosario.

Estas inversiones llevaron a la quiebra a miles de pequeños y medianos comercios y también a grandes supermercados de capitales rosarinos como Reina Elena y San Cayetano. Según la Encuesta Permanente de Hogares, en 1993 existían en Rosario 15.667 locales comerciales de los cuales el 34 % se dedicaba a la venta minorista de almacén y bebidas. En seis años desaparecieron aproximadamente 8.500 locales.

No obstante, las inversiones extranjeras más importantes registradas durante ese período en el Gran Rosario, y que analizaremos más adelante, fueron sin duda realizadas por las multinacionales del cereal y la empresa automotriz General Motors.

En 1995, producto de la devaluación mexicana -el “tequila”- en nuestro país se agudizaron la recesión y el desempleo, que trajeron como consecuencia la crisis financiera y fiscal. Argentina fue la única economía del continente que redujo el nivel de actividad en 1995, clara demostración de los límites del “modelo” económico impuesto por Menem y Cavallo.

Como consecuencia del “tequila”, hasta el pujante sector inmobiliario entró en un proceso de estancamiento. La inestabilidad de los ingresos con una clara tendencia al congelamiento o caída, las elevadas tasas de interés y las altas exigencias en materia de garantías de las entidades financieras coadyuvaron para que se frenara la demanda. Hay que tener en cuenta que las tasas en dólares estaban ubicadas entre el 15 y el 18 % y se exigían 1.500 pesos o dólares de ingreso por grupo familiar para poder acceder a un crédito inmobiliario.

Entre 1994 y 1997, la transformación del sistema financiero provocó una reducción de las entidades bancarias, que de 205 pasaron a 141. Se produjo un proceso de quiebras, concentración y extranjerización que fue importante a nivel nacional como así también en el ámbito provincial. El Banco Río fue comprado por el Santander de España; el Francés y el Crédito Argentino, por el también español Bilbao Vizcaya; el Roberts por el Hong Kong & Shangai Bank Corporation (HSBC); y el Quilmes por el canadiense Nova Scotia.

Paralelamente, se registraron quiebras (vaciamientos) como la del Banco Integrado Departamental (BID), cuya casa central estaba ubicada en la ciudad de Venado Tuerto o el caso del Banco Comercial Israelita (una histórica entidad financiera rosarina) que fue comprado por el Banco Bisel, entidad que a su vez ya había sido absorbida por el grupo francés Credite Agricole.

También las compañías de Seguros corrieron similar suerte; hubo algunos cierres importantes como el de General Paz o la aseguradora de Federación Agraria Argentina, en tanto otras firmas fueron adquiridas por grandes cadenas internacionales. Este proceso se hizo extensivo a los medios de comunicación y a vastos sectores de la economía. La concentración y extranjerización fue muy importante en el sector de la alimentación donde la empresa francesa Danone compró Bagley, La Serenísima y Villa del Sur o Villavicencio; y la norteamericana Nabisco logró apropiarse de Terrabusi y Canale...”

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“...En el conjunto del país, el Argentinazo tuvo características disímiles. En Santa Fe, la situación ya era explosiva desde los primeros días de diciembre. En el sur provincial se organizó un vasto movimiento de resistencia a las medidas económicas implementadas por Cavallo.

En Chabás, el jueves 6 de diciembre se realizó una asamblea de la que participaron las instituciones del lugar, contando la misma con la que adhesión del Presidente Comunal. Los vecinos acordaron realizar una movilización el lunes 10 con cortes de ruta, con el objetivo de bloquear la entrada de los bancos exigiendo el traspaso de todas las deudas contraídas a pesos y la suspensión de los remates por 180 días. A la vez, se resolvió dejar de pagar los créditos bancarios hasta que se devolvieran los depósitos a los ahorristas “acorralados”.

El lunes a las 6 de la mañana, los organizadores despertaron a la población con 80 bombas de estruendo. Inmediatamente el Sindicato de Camioneros resolvía cortar las principales esquinas con los vehículos de carga, en tanto la mayoría de los habitantes del lugar se volcaba a la plaza principal donde, a partir de las 8, se realizó un acto en el que hablaron el párroco del pueblo, el Presidente Comunal, una representante del Movimiento de Mujeres en Lucha y el coordinador de la Comisión de Emergencia (organización que nucleaba a las distintas instituciones convocantes). A las 10,30 la multitud se trasladó a la ruta con el objetivo de impedir un remate solicitado por el Banco Bisel. Debido a la falta de garantías, a las 11 la Jueza actuante decidía la suspensión del mismo. A esa altura de los acontecimientos la policía estaba totalmente desbordada limitándose a observar lo que sucedía.

El viernes 14 cortaron la ruta 9 los fabricantes de muebles de Correa y Cañada de Gómez. El lunes 17, una semana después del levantamiento de Chabás, los habitantes de Firmat, Bigand, Carrera, Sanford, Elortondo, Arteaga y San José de la Esquina bloquearon la entrada a los bancos obligando a la suspensión de las actividades. Este era el clima que se vivía en el sur santafesino en los días previos al Argentinazo...”

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En 1996, Felipe Solá, Secretario de Agricultura del gobierno de Carlos Menem, autorizó la semilla de soja RR inventada por la multinacional estadounidense Monsanto. RR significa resistente al Roundup, marca comercial del herbicida total glifosato, también desarrollado por Monsanto. La multinacional norteamericana, a partir de 2004, luego de lograr la supremacía en el mercado nacional, comenzó a presionar para recaudar regalías por el uso de sus semillas, argumentando que en Estados Unidos cobraba 14 dólares y en Brasil 7 dólares por tonelada de soja RR.

En ese período, además, se impuso el sistema de labranza de siembra directa. Este sistema se realiza con una máquina moderna y, a diferencia de la labranza tradicional, abre un pequeño surco depositando la semilla y el fertilizante. Este novedoso método, que no da vuelta toda la tierra, deja siempre el suelo cubierto del rastrojo del cultivo anterior. De esta manera se logra impedir la erosión producida por el viento y el agua. Con la transformación de los métodos de siembra se redujeron los costos; por un lado se usa menos gasoil y con la aparición del glifosato -mata todo vegetal menos la soja- se dejaron de usar otros herbicidas.

Los especialistas en temas agrarios sostienen que la siembra directa, la soja RR y el herbicida a base de glifosato fueron los pilares del proceso de sojización. Este proceso se ha consolidado de tal manera que en la cosecha 2002-2003, sobre un total de 70 millones de toneladas producidas, 35 fueron de soja. Hay que indicar, asimismo, que en razón de que la soja y sus derivados -aceites y harinas- son escasamente consumidos en Argentina, la economía nacional se encuentra en una situación complicada debido a que el grueso de la producción agraria pasó a depender del mercado externo que el país no controla.

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Los planes económicos aplicados en distintos períodos de nuestra historia -como sucedió en los ‘90- han contribuido no sólo a mantener sino a profundizar el proceso de concentración de tierras. A tal punto esto es así, que tomando como base los Establecimientos Agropecuarios Productivos (EAP) de más de 5.000 hectáreas, tenemos que en el censo agropecuario de 1913, 5.300 terratenientes eran dueños del 48 % de las tierras, y en el censo 2001 algo más de 6.000 son propietarios de casi el 50 % de las mismas.

Lejos quedó el avance parcial en la redistribución de la tierra, logrado con la sanción de la Ley 13.246. En 1948 en Alcorta, en una histórica concentración, catorce mil productores agropecuarios habían saludado la decisión del gobierno de Perón de promulgar esa ley, que entre otros beneficios establecía la duración de los arriendos en cinco años, con opción a tres años más. Simultáneamente, el Banco Nación otorgaba una línea de créditos para la adquisición de campos. Esto posibilitó que miles de chacareros accedieran a la propiedad de la tierra. Por el contrario, hoy se puede observar que se está volviendo a una concentración similar a la de principios de siglo...

...El ‘boom sojero’ se desarrolla en un país en que la concentración de tierras es impresionante. Según datos del Censo Agropecuario 2001, los 936 terratenientes más poderosos tienen 35.515.000 hectáreas, y en el otro extremo 137.021 agricultores poseen solamente 2.288.000.

Benetton (900 mil), Cresud (460 mil), Bunge (260 mil), Amalia Lacroze de Fortabat (220 mil) poseen 2 millones de hectáreas, una superficie similar al territorio de Bélgica. También tienen importantes extensiones los Bemberg, con 143.000 hectáreas, Whertein -presidente de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires y la Cámara de Comercio Argentino-China-, con 98.000 y la familia Blaquier, con 45.000. De las 35 familias tradicionales que en el censo del año 1913 concentraban la mayor parte de las tierras, 30 siguen siendo grandes propietarios. Se destacan los Anchorena, con 40.000 hectáreas, y los Gómez Alzaga con 60 mil.

En Santa Fe, la situación es similar. Los 17 principales terratenientes son propietarios de 617.000 hectáreas y los 6.133 chacareros más pequeños tienen 158.000”

Del libro: Del genocidio y robo de tierras al 'boom sojero' - Historia política y económica de la provincia de Santa Fe - Autor: Oscar Ainsuain - Género: Investigación periodística - Editorial: UNR Editora, Rosario, mayo de 2006, 380 páginas.


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