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Por su parte, los terratenientes, que necesitaban de esta fuerza de
trabajo, parecían dispuestos a impedir que los inmigrantes abandonaran
su condición de trabajadores y accedieran a la propiedad de la
tierra...”
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“...En algunas zonas de Santa Fe irrumpió un modelo distinto al impuesto
nacionalmente entre 1820 y 1850. Y si bien en la provincia se
sancionaron normas jurídicas que llevaron a pensar en condiciones de
igualdad para acceder a la tenencia de la tierra, el privilegio o la
desigualdad aparecieron rápidamente debido a la hegemonía terrateniente.
Estos se expresaron desde concesiones “honoríficas” otorgadas a
“prohombres” como Castellanos y Mariano Cabal, hasta las cesiones que se
hicieron a empresas extranjeras de colonización como la suiza “Berck y
Herzog” o la compañía ferroviaria “Central Argentino”. Asimismo, la
venta a precios irrisorios de enormes extensiones a terratenientes
bonaerenses como Diego de Alvear o Cernadas llevó a que el latifundio
ganadero se afianzara en la mayoría del territorio provincial.
Como contrapartida, los agricultores de la región centro-sur de Santa Fe
recibían pequeñas parcelas, lo que fue un factor determinante para que
la colonización minifundista quedara reducida a áreas -en algunos casos
marginales- de la zona pampeana y de una parte de la región costera.
Indudablemente, el proceso de colonización santafesino poco y nada tuvo
que ver con el que se dio en Estados Unidos después de la guerra civil.
Allí, la victoria del Norte y del Oeste fue el triunfo de ese curso de
desarrollo del capitalismo en la economía agrícola, que se denomina el
“camino americano”. La significación fundamental de la guerra civil
estriba en la abolición del sistema esclavista y en la solución
revolucionaria del sistema agrario. Las tierras del Oeste fueron
arrebatadas a los grandes hacendados y puesta en manos de los
agricultores para su colonización”.
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“...El éxito de las dos últimas grandes expediciones contra los nativos
significó la culminación de un proceso de persecución y genocidio
comenzado por España y continuado por la oligarquía vernácula contra los
pueblos originarios que habitaban el actual territorio nacional. A lo
largo de más de trescientos años, en el Chaco Santafesino se persiguió a
las quince etnias que habían habitado temporal o permanentemente el
actual territorio provincial. para “reducirlas” o “aniquilarlas”. Nos
referimos a los Guaraníes, Tobas, Mocovíes, Abipones, Calchaquíes,
Mecoretáes, Quiloazás, Calchines, Corondas, Timbúes, Caracáes, Chanaes y
Querandíes.
La mayoría de estos pueblos lucharon valientemente, primero contra la
ocupación colonial y luego contra las campañas organizadas por los
terratenientes para apropiarse de sus tierras.
En el período colonial tal vez hayan sido los bravos Querandíes, que
habitaban en La Pampa y el sur del Litoral, los que mejor sintetizaron
en memorables batallas el valor de estos pueblos. Junto a los Guaraníes
rechazaron los primeros desembarcos españoles y en 1516 retuvieron al
primer cautivo español del que se tenga noticias, Francisco del Puerto,
que fue rescatado por Gaboto diez años más tarde.
Asimismo, fueron los Querandíes, con su valiente accionar, quienes
dificultaron los primeros intentos de los ocupantes españoles de
remontar el Río Paraná. La resistencia proseguiría luego con la llegada
al Río de la Plata de la poderosa expedición de Pedro de Mendoza que
contaba con 10 naves y 2.500 hombres armados, la misma que en el año
1536 fundó Santa María del Buen Ayre...
...Superado el período colonial, continuó la persecución y el despojo de
tierras. En la campaña al Chaco Santafesino, el desalojo que sufrió el
nativo fue violento; lo apartaron de la caza y buscando quebrar su
identidad cultural le impusieron ritos cristianos. Las reservas de
originarios eran verdaderos campos de concentración en los que, además
de esclavizar al nativo, se llevaba adelante una planificada tarea
tratando de imponerles una nueva cultura. Los que lograban escapar de
las reservas deambulaban por los montes sin saber qué hacer, mientras
que una minoría se asoció a grupos de bandidos blancos, que
aterrorizaban los poblados practicando todo tipo de pillaje.
En 1871, como parte de la generalizada resistencia a la campaña de
Obligado, los nativos saquearon las colonias de Alejandra y San Justo;
en 1874 Emilia sufrió dos invasiones y Reconquista fue devastada. En
1875 sufrieron ataques Santa Rosa, San Javier y, nuevamente, Alejandra;
en 1876 Grutly; y en 1877 fueron atacadas Pilar, Humbolt, Romang y, otra
vez, Alejandra. Iriondo, una colonia muy alejada de la frontera, también
sufrió las consecuencias de la incursión del malón.
Luego de la derrota definitiva, sobrevino la dispersión de los
originarios, con la consecuente disgregación de las familias.
Hambrientos y desnutridos, los descendientes del Guaycurú, del Toba y
del Mataco morían de pulmonía, mientras sus mujeres, convertidas en
sirvientas del hombre blanco, eran violadas sistemáticamente por el amo,
el capataz o algún jefe militar.
En la frontera sur la situación no fue muy distinta. En 1867 el gobierno
provincial tuvo que otorgar franquicias fiscales a los ganaderos de la
zona cuyas haciendas habían sido diezmadas por los malones. En 1872 fue
atacada San José de la Esquina y ese mismo año colonias bien protegidas
como Cañada de Gómez y Tortugas fueron asoladas por distintos
contingentes originarios. Ante estos acontecimientos el cónsul inglés en
Rosario envió a su país un informe en el que sostenía dramáticamente:
“...Es increíble pero es melancólicamente cierto que los indios
estuvieron a 21 millas de Rosario durante dos días, y sólo entonces las
autoridades se enteraron del hecho enviando un destacamento para
oponérseles...” (Registro Oficial, Mac Donnell, Rosario, 15 de Junio de
1872, citado por Gallo, Ezequiel, La pampa gringa, Editorial
Sudamericana, Bs. As.,1983)
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Refiriéndose al festival de corrupción que generó el reparto de tierras
en Santa Fe, Ovidio Lagos escribía:
“...Con el mayor cinismo se ha repartido la propiedad entre los círculos
personales que han dominado Santa Fe, pasando sus mandatarios sobre
ellas como una calamidad pública. Sin darse cuenta de la temeridad de
los abusos y de los medios inmorales de que se han valido para
enriquecerse a costa de los despojos mas inauditos hechos a la
provincia, a títulos de fiscales, unas veces con el objetivo de
colonizar y otras de dividir a los palaciegos del poder...” (Diario La
Capital, Rosario, abril de 1884)
Más adelante, conociendo detalles del robo agregaba:
“...La tierra pública no se ha vendido en Santa Fe; se han regalado
centenares de leguas ... Ultimamente se negociaron cien leguas entre
gallos y media noche a $ 800 fuertes pagados moneda provincial en
billetes que tenían un desmérito del 25 por ciento. Especulación leonina
y si se quiere ilegal, no obstante haber merecido la sanción de las
cámaras por orden del finado Iriondo, a quien los titulados legisladores
obedecían ciegamente sin poder observar una coma en la redacción absurda
de la ley que autorizó ese escándalo...” (Diario La Capital, Rosario,
abril de 1884)
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“...El Rosariazo comenzó con concentraciones simultáneas en distintos
puntos de la ciudad. A media mañana, desde el desbordado local de la
Fraternidad, los trabajadores ferroviarios ganaron la calle para marchar
hacia el local de la CGT. A este contingente se sumaron grupos
estudiantiles y los obreros de la fábrica alimenticia Minetti y Cía
S.A..
Ni bien comenzó la represión policial, la protesta se extendió como
reguero de pólvora. Fueron quemados decenas de ómnibus urbanos e
interurbanos cuyos empresarios se habían negado a parar. Los colectivos
incendiados sirvieron de barricadas en todos los puntos estratégicos de
la ciudad, incluidos los cruces de vías.
Otros grupos de ferroviarios, junto a los obreros cerveceros y vecinos,
se atrincheraron en Avenida Alberdi y José Ingenieros barricando toda la
zona. En el norte de la ciudad, los trabajadores de Luz y Fuerza
marcharon desde la Usina Sorrento por boulevard Rondeau hacia el centro,
lugar en que fueron reprimidos. Ante el accionar policial, los distintos
grupos se dispersaban y reaparecían levantando barricadas en distintas
esquinas.
En el centro, otra columna de trabajadores de Luz y Fuerza marchó desde
la sede de la empresa Agua y Energía ubicada en Catamarca y Sarmiento;
los trescientos manifestantes originales, al llegar a Córdoba y Entre
Ríos, se habían transformado en miles. En esa intersección se desató la
represión y una hora después los enfrentamientos se habían extendido al
conjunto del microcentro, principalmente en los alrededores de la Plaza
Sarmiento...”
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“...En la ciudad de Rosario se desarrolló un importante movimiento,
ligado al MSTM, que convocó a un buen número de sacerdotes con trabajo
social, especialmente en las villas. A poco de conocidas las
conclusiones del Concilio Vaticano II y de la Conferencia de Medellín
(donde se destacó la participación de Mons. Eduardo Pironio, obispo de
Mar del Plata), los sacerdotes manifestaron en una reunión con el
arzobispo Guillermo Bolatti, la necesidad de implementar los cambios que
también sus comunidades les reclamaban.
El arzobispo no sólo evitó acceder a los pedidos, sino que, a través de
un grupo estrechamente ligado a él y al pensamiento tradicionalista,
hizo pública la disputa con el MSTM en el diario La Capital.
Con el transcurso del tiempo, la relación entre el obispo y los
sacerdotes contestatarios se fue deteriorando aún más, y la disputa
alcanzó su punto de mayor tensión con la detención de un importante
número de curas, frente a la catedral de la ciudad, mientras pedían por
la libertad de los presos políticos. Los eclesiásticos disidentes
estuvieron detenidos en el Cuartel de Bomberos de Rosario durante tres
días.
Simultáneamente, la decisión del arzobispo Bolatti de designar un nuevo
sacerdote en Cañada de Gómez, fue resistida por una parte importante de
los habitantes del lugar, que ocuparon la parroquia en defensa del padre
Armando Amiratti. Entre junio y julio de 1969 se produjeron los hechos
que terminaron con la ocupación de la ciudad por parte de 120 agentes de
la policía provincial y del II Cuerpo de Ejército, con un saldo de 4
heridos de bala, 29 detenidos y varios contusos. Los feligreses fueron
reprimidos con gases lacrimógenos y en la ciudad aparecieron carteles y
pintadas que decían ‘Renuncie señor arzobispo. Una iglesia nueva, una
iglesia de los pobres....”
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“...La manifiesta complicidad de la dirigencia política santafesina con
el golpe de estado se expresaría con total nitidez tanto en el Concejo
Municipal de Rosario como en la Casa Gris. Mientras la prensa del mundo
esperaba el desenlace en los lobby de los hoteles, mientras los tanques
-la avanzada de la peor tragedia de nuestra historia- se ponían en
movimiento para derrocar al gobierno constitucional, los concejales de
la ciudad, en una “ardorosa” polémica, debatían -entre otros temas
menores- el robo de tapas de tormenta, la explotación de una calesita y
el meneado tema de los residuos. Mientras tanto, en la capital
provincial, Carlos Sylvestre Begnis esperaba al interventor militar en
la puerta de la Gobernación para entregarle “ordenadamente” el control
de la Provincia, como si se tratara de una sucesión democrática.
Distinta suerte habían corrido otros Gobernadores, como Atilio López, en
Córdoba o Miguel Ragnone, en Salta, que fueron asesinados por bandas
armadas que respondían a la Triple A.
Para corroborar la manifiesta complicidad de la dirigencia política
santafesina, habría que señalar que, en muchos pueblos y ciudades
pequeñas del interior, los jefes comunales e intendentes se mantuvieron
en sus cargos...”
- - -
“...Sectores básicos como petroquímica, celulosa, acero, química,
maquinarias y herramientas trabajaban con una gran capacidad ociosa, con
alto riesgo de terminar en un proceso de quiebra o de extranjerización.
Por ejemplo, a comienzo de los ’90, en el Gran Rosario estaban radicadas
varias fábricas carroceras, pero debido a la apertura de las
importaciones esta rama industrial ingresó a mediados de la década en
una profunda crisis. En 1995, las principales firmas locales del sector
se declararon en quiebra o en convocatoria de acreedores, por lo que
cientos de trabajadores perdieron su fuente laboral.
Mientras la mayoría de la pequeña y mediana industria se endeudaba para
sobrevivir, las abundantes inversiones en grandes centros comerciales y
supermercados crearon un clima de “boom consumista”, instalando en la
sociedad argentina la cultura del shopping.
El magnate George Soros realizaba grandes inversiones en el país y
también en Rosario, donde lograba adquirir a bajos precios los
excelentes terrenos del parque Scalabrini Ortiz, ubicados frente al Río
Paraná y que pertenecían al Estado Nacional.
Además, en 1996 se instalaba en esta ciudad la cadena francesa de
supermercados Carrefour; en 1997, el supermercado Norte, del grupo Exxel;
en 1998, la chilena Jumbo adquiría la ex planta textil Estexa y también
en ese año desembarcaron las cadenas nacionales Coto y Libertad. Unos
años antes, la empresa chilena Falabella había absorbido a La Favorita,
la tienda más importante y tradicional de Rosario.
Estas inversiones llevaron a la quiebra a miles de pequeños y medianos
comercios y también a grandes supermercados de capitales rosarinos como
Reina Elena y San Cayetano. Según la Encuesta Permanente de Hogares, en
1993 existían en Rosario 15.667 locales comerciales de los cuales el 34
% se dedicaba a la venta minorista de almacén y bebidas. En seis años
desaparecieron aproximadamente 8.500 locales.
No obstante, las inversiones extranjeras más importantes registradas
durante ese período en el Gran Rosario, y que analizaremos más adelante,
fueron sin duda realizadas por las multinacionales del cereal y la
empresa automotriz General Motors.
En 1995, producto de la devaluación mexicana -el “tequila”- en nuestro
país se agudizaron la recesión y el desempleo, que trajeron como
consecuencia la crisis financiera y fiscal. Argentina fue la única
economía del continente que redujo el nivel de actividad en 1995, clara
demostración de los límites del “modelo” económico impuesto por Menem y
Cavallo.
Como consecuencia del “tequila”, hasta el pujante sector inmobiliario
entró en un proceso de estancamiento. La inestabilidad de los ingresos
con una clara tendencia al congelamiento o caída, las elevadas tasas de
interés y las altas exigencias en materia de garantías de las entidades
financieras coadyuvaron para que se frenara la demanda. Hay que tener en
cuenta que las tasas en dólares estaban ubicadas entre el 15 y el 18 % y
se exigían 1.500 pesos o dólares de ingreso por grupo familiar para
poder acceder a un crédito inmobiliario.
Entre 1994 y 1997, la transformación del sistema financiero provocó una
reducción de las entidades bancarias, que de 205 pasaron a 141. Se
produjo un proceso de quiebras, concentración y extranjerización que fue
importante a nivel nacional como así también en el ámbito provincial. El
Banco Río fue comprado por el Santander de España; el Francés y el
Crédito Argentino, por el también español Bilbao Vizcaya; el Roberts por
el Hong Kong & Shangai Bank Corporation (HSBC); y el Quilmes por el
canadiense Nova Scotia.
Paralelamente, se registraron quiebras (vaciamientos) como la del Banco
Integrado Departamental (BID), cuya casa central estaba ubicada en la
ciudad de Venado Tuerto o el caso del Banco Comercial Israelita (una
histórica entidad financiera rosarina) que fue comprado por el Banco
Bisel, entidad que a su vez ya había sido absorbida por el grupo francés
Credite Agricole.
También las compañías de Seguros corrieron similar suerte; hubo algunos
cierres importantes como el de General Paz o la aseguradora de
Federación Agraria Argentina, en tanto otras firmas fueron adquiridas
por grandes cadenas internacionales. Este proceso se hizo extensivo a
los medios de comunicación y a vastos sectores de la economía. La
concentración y extranjerización fue muy importante en el sector de la
alimentación donde la empresa francesa Danone compró Bagley, La
Serenísima y Villa del Sur o Villavicencio; y la norteamericana Nabisco
logró apropiarse de Terrabusi y Canale...”
- - -
“...En el conjunto del país, el Argentinazo tuvo características
disímiles. En Santa Fe, la situación ya era explosiva desde los primeros
días de diciembre. En el sur provincial se organizó un vasto movimiento
de resistencia a las medidas económicas implementadas por Cavallo.
En Chabás, el jueves 6 de diciembre se realizó una asamblea de la que
participaron las instituciones del lugar, contando la misma con la que
adhesión del Presidente Comunal. Los vecinos acordaron realizar una
movilización el lunes 10 con cortes de ruta, con el objetivo de bloquear
la entrada de los bancos exigiendo el traspaso de todas las deudas
contraídas a pesos y la suspensión de los remates por 180 días. A la
vez, se resolvió dejar de pagar los créditos bancarios hasta que se
devolvieran los depósitos a los ahorristas “acorralados”.
El lunes a las 6 de la mañana, los organizadores despertaron a la
población con 80 bombas de estruendo. Inmediatamente el Sindicato de
Camioneros resolvía cortar las principales esquinas con los vehículos de
carga, en tanto la mayoría de los habitantes del lugar se volcaba a la
plaza principal donde, a partir de las 8, se realizó un acto en el que
hablaron el párroco del pueblo, el Presidente Comunal, una representante
del Movimiento de Mujeres en Lucha y el coordinador de la Comisión de
Emergencia (organización que nucleaba a las distintas instituciones
convocantes). A las 10,30 la multitud se trasladó a la ruta con el
objetivo de impedir un remate solicitado por el Banco Bisel. Debido a la
falta de garantías, a las 11 la Jueza actuante decidía la suspensión del
mismo. A esa altura de los acontecimientos la policía estaba totalmente
desbordada limitándose a observar lo que sucedía.
El viernes 14 cortaron la ruta 9 los fabricantes de muebles de Correa y
Cañada de Gómez. El lunes 17, una semana después del levantamiento de
Chabás, los habitantes de Firmat, Bigand, Carrera, Sanford, Elortondo,
Arteaga y San José de la Esquina bloquearon la entrada a los bancos
obligando a la suspensión de las actividades. Este era el clima que se
vivía en el sur santafesino en los días previos al Argentinazo...”
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En 1996, Felipe Solá, Secretario de Agricultura del gobierno de Carlos
Menem, autorizó la semilla de soja RR inventada por la multinacional
estadounidense Monsanto. RR significa resistente al Roundup, marca
comercial del herbicida total glifosato, también desarrollado por
Monsanto. La multinacional norteamericana, a partir de 2004, luego de
lograr la supremacía en el mercado nacional, comenzó a presionar para
recaudar regalías por el uso de sus semillas, argumentando que en
Estados Unidos cobraba 14 dólares y en Brasil 7 dólares por tonelada de
soja RR.
En ese período, además, se impuso el sistema de labranza de siembra
directa. Este sistema se realiza con una máquina moderna y, a diferencia
de la labranza tradicional, abre un pequeño surco depositando la semilla
y el fertilizante. Este novedoso método, que no da vuelta toda la
tierra, deja siempre el suelo cubierto del rastrojo del cultivo
anterior. De esta manera se logra impedir la erosión producida por el
viento y el agua. Con la transformación de los métodos de siembra se
redujeron los costos; por un lado se usa menos gasoil y con la aparición
del glifosato -mata todo vegetal menos la soja- se dejaron de usar otros
herbicidas.
Los especialistas en temas agrarios sostienen que la siembra directa, la
soja RR y el herbicida a base de glifosato fueron los pilares del
proceso de sojización. Este proceso se ha consolidado de tal manera que
en la cosecha 2002-2003, sobre un total de 70 millones de toneladas
producidas, 35 fueron de soja. Hay que indicar, asimismo, que en razón
de que la soja y sus derivados -aceites y harinas- son escasamente
consumidos en Argentina, la economía nacional se encuentra en una
situación complicada debido a que el grueso de la producción agraria
pasó a depender del mercado externo que el país no controla.
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Los planes económicos aplicados en distintos períodos de nuestra
historia -como sucedió en los ‘90- han contribuido no sólo a mantener
sino a profundizar el proceso de concentración de tierras. A tal punto
esto es así, que tomando como base los Establecimientos Agropecuarios
Productivos (EAP) de más de 5.000 hectáreas, tenemos que en el censo
agropecuario de 1913, 5.300 terratenientes eran dueños del 48 % de las
tierras, y en el censo 2001 algo más de 6.000 son propietarios de casi
el 50 % de las mismas.
Lejos quedó el avance parcial en la redistribución de la tierra, logrado
con la sanción de la Ley 13.246. En 1948 en Alcorta, en una histórica
concentración, catorce mil productores agropecuarios habían saludado la
decisión del gobierno de Perón de promulgar esa ley, que entre otros
beneficios establecía la duración de los arriendos en cinco años, con
opción a tres años más. Simultáneamente, el Banco Nación otorgaba una
línea de créditos para la adquisición de campos. Esto posibilitó que
miles de chacareros accedieran a la propiedad de la tierra. Por el
contrario, hoy se puede observar que se está volviendo a una
concentración similar a la de principios de siglo...
...El ‘boom sojero’ se desarrolla en un país en que la concentración de
tierras es impresionante. Según datos del Censo Agropecuario 2001, los
936 terratenientes más poderosos tienen 35.515.000 hectáreas, y en el
otro extremo 137.021 agricultores poseen solamente 2.288.000.
Benetton (900 mil), Cresud (460 mil), Bunge (260 mil), Amalia Lacroze de
Fortabat (220 mil) poseen 2 millones de hectáreas, una superficie
similar al territorio de Bélgica. También tienen importantes extensiones
los Bemberg, con 143.000 hectáreas, Whertein -presidente de la Bolsa de
Comercio de Buenos Aires y la Cámara de Comercio Argentino-China-, con
98.000 y la familia Blaquier, con 45.000. De las 35 familias
tradicionales que en el censo del año 1913 concentraban la mayor parte
de las tierras, 30 siguen siendo grandes propietarios. Se destacan los
Anchorena, con 40.000 hectáreas, y los Gómez Alzaga con 60 mil.
En Santa Fe, la situación es similar. Los 17 principales terratenientes
son propietarios de 617.000 hectáreas y los 6.133 chacareros más
pequeños tienen 158.000”
Del libro: Del genocidio y robo de tierras al 'boom sojero' -
Historia política y económica de la provincia de Santa Fe - Autor:
Oscar Ainsuain - Género: Investigación
periodística - Editorial: UNR Editora, Rosario, mayo de 2006, 380
páginas. |