.
A un año de una catástrofe
0405 -
Castellanos
- Juan Carlos Tizziani -
A dos años de una catástrofe
Más de 10.000 personas llenaron ayer
la plaza de Mayo para exigir justicia a dos años de la gran inundación del
río Salado que devastó un tercio de la ciudad y dejó 139 muertos: 23
reconocidos por el gobierno y 116 por secuelas. Un cartel que se colgó
temprano frente a la Casa Gris, entre dos mástiles con banderas a media
asta, sintetizó el reclamo: "Basta de impunidad. Condena a los inundadores",
como llaman a los responsables políticos de la catástrofe. Santa Fe vivió
un día de duelo que se reflejó en los rostros que poblaron la protesta,
sobre todo en las mujeres y hombres más viejos. La plaza de hace un año
estalló de bronca, después del apagón y la lluvia de proyectiles que cayó
sobre la sede del poder. La de ayer fue muy distinta: revivió el dolor y
la tristeza. En los días de la inundación conmovía ver a los santafesinos
llorar por la calle; ayer el llanto volvió como calco de que las heridas
siguen abiertas. El documento que se leyó a cuatro voces desde el palco
fue durísimo, identificó con nombres y apellidos a los culpables,
reivindicó "la lucha por la verdad y la justicia", pero también advirtió
en tono de escarmiento: "¡No dejaremos a los inundadores en paz, donde
vayan los iremos a buscar!".
La concentración comenzó a media tarde, en la rotonda de
Las Flores, muy cerca de la defensa inconclusa por la que el río Salado se
metió en la ciudad y sepultó al cordón oeste. La marcha recorrió esos
barrios, uno por uno, hasta llegar dos horas después a la plaza de Mayo,
al acto de la justicia, como se lo llamó. Cuando ingresaron los más
rezagados, la plaza ya estaba llena. Una columna de la Corriente Clasista
y Combativa repleta de jóvenes llegó entonando el clásico: "¡Lole,
compadre!". Es fácil imaginar el resto: "¡Te juntabas con Menem y salvabas
tus vacas, la gente se moría y la ciudad se inundaba! ¡La ciudad se
inundaba!, le cantaron a Reutemann.
El mismo reproche se repitió aquí y allá. Una jovencita
levantó su pancarta con otra foto de Reutemann: "Está libre porque los
jueces son sus amigos". Y en el extremo de la plaza un muchacho exhibió en
el manubrio de su bicicleta un cuadro de Reutemann con la boca sellada y
otra consigna: "No se olviden. Nunca más este señor debe abrir la boca
para prometer tanto y no cumplir nada. La gente no tiene que olvidar. Y
este hombre tendrá el final que se merece: en el Infierno, con fuego",
sentenció el ciclista.
Los reclamos de justicia se escribieron con otras
palabras. "Santa Rosa de Lima no olvida ni perdona", decía un cartel. "Los
inundadores han cambiado nuestras vidas. Juicio y castigo", agregaba otro,
con una firma muy irónica: "Agrupación José Ignacio Rucci": un claro
mensaje a los ejecutores del ex líder de la CGT, en los 70. "A 24 meses de
la tragedia no hay responsables ni imputados. Señores jueces: queremos una
Justicia justa, basta de impunidad".
Desde el palco, comenzaron a recordar adhesiones. Pero
algunas voces de la multitud se levantaron para reclamar el Himno antes
que leyeran el documento de los convocantes al acto: la Asamblea de
Afectados por la Inundación, la Carpa Negra, la Marcha de las Antorchas,
Nunca más inundaciones, entre otros grupos. "Lo vamos a cantar", respondió
uno de los locutores, mientras presentaba a Nilda Godoy, una reconocida
artista santafesina, que cantó las estrofas a capella.
Derecho al palco, un grupo grande también cantó pero de
espaldas a la Casa Gris. Todos rodeaban las cruces que hay en el centro de
la plaza de Mayo por cada uno de los muertos por la inundación. Un
monumento popular contra el olvido. "Lo cantamos así por repudio al
gobierno, a todo lo que nos pasó, a lo que perdimos", dijo una de las
mujeres.
El documento -el más duro hasta ahora- rebatió la tesis
oficial que responsabiliza a la naturaleza. "No fueron causas naturales
las que provocaron que el río Salado ingrese a la ciudad y quede embolsado
en su interior. Un río que ingresó por un terraplén incompleto por culpa
de los gobernantes y funcionarios incapaces", agregó. Y los mencionó. "Los
ministros de Obras Públicas como Mercier y Berli, directores de Vialidad
como Tibaldo y D`Ambrosio, intendentes como Rosatti y Alvarez y
gobernadores como Reutemann y Obeid. Con toda la tropa de reciclados" en
cargos públicos.
"¿Y el señor presidente?", se preguntó el documento. Y
al toque se escuchó la respuesta: "Cómplice del reciclaje, rodeado de
inundadores: Rosatti, ministro de Justicia; Reutemann, senador y chofer en
Alemania y premiado con la presidencia de la comisión de Infraestructura,
Vivienda y Transporte en el Senado de la Nación que, entre otras
atribuciones, dictamina sobre la prevención de desbordes y obras de
defensa de inundaciones".
"Santa Fe se inundó, pero es una de las pocas ciudades
del mundo que tiene el triste privilegio de contar con récord de
ingenieros en Recursos Hídricos en el gobierno. Inundadores profesionales
con un récord de inundaciones como Depetris. Balbarrey, Boscarol, Berli,
Jonás Fratti y muchos otros reciclados en los gobiernos provincial,
municipal y nacional o en el Enress, que nunca avisaron, al igual que
Reutemann, que estaba preocupado en hacerle campaña a Menem".
"El documento repasó las pérdidas ("perdimos nuestra
salud y tenemos secuelas físicas y psíquicas") y los cinco daños: "El daño
de habernos inundado. El de saber que no debería haber pasado y que nada
se hizo para evitarlo. El daño que produce la impunidad, saber que los
responsables no sólo no recibieron su castigo sino que se reciclaron en
cargos con inmunidad".
120404 - Página 12 - Juan Carlos Tizziani
- A un año de una catástrofe
cuyos responsables no dan la cara
El nuevo pedido de juicio y castigo a Reutemann y Obeid y
otros responsables -
El ex corredor de Fórmula 1, Carlos Alberto Reutemann y Jorge Obeid son ex gobernador de la Provincia de Santa Fe el
primero y actual el segundo, ambos pertenecen al mismo partido político:
Peronismo
Más de 10000 personas conmemoraron la inundación de Santa fe
Al cumplirse el primer aniversario de la trágica crecida, las
víctimas de la inundación se concentraron frente a la Casa de Gobierno
provincial. Responsabilizaron a las autoridades de entonces por la falta
de previsión y a las actuales por la ausencia de ayuda
Una marcha que convocó a más de 10 mil
personas –la mayor en Santa Fe desde el retorno a la democracia, en 1983–
propuso ayer la “condena social a los responsables directos” de la
catástrofe del río Salado y arriesgó algunos nombres: Carlos “Lole”
Reutemann, el gobernador Jorge Obeid, el ex intendente Marcelo Alvarez,
entre otros. A un año del fatídico 29 de abril de 2003, los santafesinos
se movilizaron en demanda de “Justicia para nuestros muertos”, “Juicio y
cárcel a los culpables”, “Confiscación de todos sus bienes” y una ley de
indemnización integral a los afectados. Porque ya casi nadie duda de que
la catástrofe podría haberse evitado, o al menos mitigado en su dolor: 67
muertos (23 reconocidos oficialmente, 44 por secuelas) y más de 100 mil
personas en el desamparo.
La Plaza de Mayo fue desbordada por esa multitud sufriente. Un pequeño
cartel –entre tantos– que levantaba una niña de 10 años, Antonella Romero,
bien pudo sintetizar ese péndulo de ayer, entre el llanto y la bronca:
“Santa Fe tiene mucho dolor y tristeza por los muertos, por los enfermos,
por cada hogar que quedó vacío y destrozado”.
El día amaneció con lluvia –igual que el 29 de abril de 2003–, como para
agitar fantasmas o viejos miedos. Pero a media mañana, una brisa del sur
despejó las nubes. Y comenzó entonces el ir y venir por la Plaza de Mayo,
donde las banderas estaban a media asta. Un decreto del gobernador Obeid
había adherido al duelo y dispuso un asueto en la administración pública y
en las escuelas, a partir de las 13. Otra reacción tardía.
A las cuatro de la tarde, ya había otro clima y sol a pleno. Una misa que
celebró el arzobispo de Santa Fe, monseñor José María Arancedo, convocó a
más de mil personas en el cordón oeste (ver aparte). Y una hora después,
la plaza ya estaba llena. Las columnas seguían llegando desde los barrios
del drama: Centenario, Chalet, San Lorenzo, Barranquitas, Villa del
Parque. Mientras otros se sumaban por las suyas, con velas, carteles y
consignas. Una camioneta trajo a una muchacha de blanco, disfrazada de
Justicia y una balanza del poder en sus manos: en el platillo más pesado,
la imagen de Reutemann y de Alvarez. En el más liviano, los inundados.
El gobierno se esmeró en su operativo de seguridad. Dejó a oscuras la
Plaza de Mayo la noche anterior. Y amuralló la Casa Gris –como se conoce
en Santa Fe al palacio oficial– con una valla de acero. Más de 200
policías se desplegaron en el frente, con perros y a caballo. En el
interior, una docena de vehículos, dos autobombas, una ambulancia y hasta
un camión que se utiliza para trasladar presos a “La Piojera”, el nombre
vulgar de la Alcaidía de Jefatura. Ante tanto despliegue de uniformes y
mangueras, el despacho de Obeid permaneció vacío.
El acto comenzó con el Himno. Y desde el palco, alguien comenzó a leer los
nombres de los muertos. “¡Presente!”, gritaron en la plaza ante las 67
víctimas de la catástrofe: 23 reconocidos por el gobierno y 44 por
secuelas de la inundación. Las consignas comenzaron a transformar el dolor
en bronca. “¡Que se vayan todos, que no quede ni uno solo!”, gritaron una
y otra vez. Y luego otro cántico aportó su toque setentista. “¡Si éste no
es el pueblo, el pueblo dónde está!”
La marcha fue convocada por 30 organizaciones, entre ellas las que nuclean
a víctimas de la tragedia. Un documento común sintetizó los reclamos:
“Hace un año inundaron nuestras casas, nuestros barrios. Resistimos con
todas las fuerzas: poníamos bolsas de arena, subíamos las cosas un poco
más. Pero fue en vano. Nadie nos avisó y ellos lo sabían. Y ahí,
violentados, fuimos arrojados hacia cualquier lugar, lejos de nuestras
pequeñas cosas que quedaron bajo el agua”.
“Esta catástrofe era evitable”, se escuchó en los parlantes. La plaza
reaccionó con más consignas de la bronca. La voz siguió: “El desamparo y
la desprotección que vivimos cada día de estos doce meses profundizó las
consecuencias de la inundación. Hoy sabemos que los efectos están en
nuestros cuerpos. Las secuelas físicas y psíquicas de la población
aumentan cada día. Las políticas de Estado pusieron todo su esfuerzo en
ocultar, negar, manipular políticas electorales. Negociar, nada más ni
nada menos, que nuestras vidas”.
Tras la lectura del documento, la gente no quería irse de la plaza. “¡El
pueblo no se va, el pueblo no se va!”, gritaron. Una respuesta a las
exhortaciones para que se fueran. Otro apagón detonó la furia y agitó los
temores del 29 de enero, cuando un grupo provocó destrozos en el Palacio
de Gobierno. Entonces no estaba el muro de acero clavado en el cemento.
Algunos chicos comenzaron a tirar piedras. Estallaron algunas bombas, pero
no más que eso. Los gritos contra Reutemann y Obeid se multiplicaron.
Hasta que la luz calmó los ánimos.
|