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Julio Cleto Cobos y Martín Redrado |
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El pensamiento
del neoliberal Redrado
100110 -
Alonso Quijano -
¿Cuántos años trabajó, dócilmente, el
masterizado
Martín Redrado para los Kirchner? Tantos que nimeacuerdo. Y en
esos tantos en el Banco Central, apoltronado en sus butacas,
cancerbero de la plutocracia, inmutable y aceitoso, avaló todos
los desaguisados de Néstor y Cristina.
Sin embargo, recién ahora, la sorprendente oposición vernácula
(los de siempre, los que se escondieron cuando el clamor exigía
"que se vayan todos"), "descubre" que el licenciado sedente,
disfrutando del dulce contacto de la guita con sus ancas, es un
genuino miembro de la resistencia,
un héroe, un arquetipo de la nacionalidad.
Se acuerdan del Cleto Cobos. Sí, pero sólo a partir de la
milonga del campo y de su "no positivo" (expresado mientras
destrozaba el micrófono y de reojo junaba los ojos inyectados de
Pichetto). También fue cómplice de todo lo que el kirchnerismo
perpetró a cambio de las monedas (nada despreciables, y si no
pregúntele a los que están y estuvieron) del poder. Finalmente
lo apretaron fiero y sus "convicciones" se fueron al carajo. La
oposición, en otro alarde de creatividad y sagacidad
intelectual, lo transformo en un héroe.
Ni Redrado ni Cobos, por nombrar sólo dos, han
demostrado jamás, capacidad para algo; estos burócratas de
depósito, sin vuelo intelectual, con un vocabulario elemental,
en un país sin estadistas, sin políticos dignos de tal título,
han ingresado al olimpo donde moran los elegidos, quizás, para,
por qué no, unonuncasabe, eldiademañana, integrar fórmulas para
conducir los destinos de nuestra Gran Nación Argentina.
100110 -
Ser anti-kirchnerista es ser anti-redradista -
Lucas Llach
De todas las derivaciones posibles de la conminación
opositora a Redrado para que se sentara sobre las reservas, esta
que ocurrió –Redrado volviendo pomposamente al Banco Central,
casi como un héroe que permanece inmutable ante un golpe de
palacio– es la que menos prefiero. Nuestro pobre
antikirchnerismo –no el mío– es tan furibundo que la única
condición que pone para transformar a alguien en héroe es que
esté contra los Kirchner, llámese ese alguien Raúl Castells,
Francisco de Narváez, Alfredo De Angeli, Víctor De Genaro, Grupo
Clarín, “Ingeniero” Blumberg, Julio Cobos o, como en esta
ocasión, Martín Redrado.
Como apuntábamos hace un tiempo, la gestión de Redrado al frente
del Banco Central ha sido lamentable. Es, seguramente, el
banquero central que más puntos agregó a la inflación de su país
durante esta década en todo el mundo — fueron alrededor de 12%.
Fue, también, el único banquero central del mundo (posiblemente,
de la historia) que admitió pasivamente que su gobierno dibujara
los índices de inflación. Su autodefensa –la supuesta buena
gestión ante la crisis internacional– no se sostiene. La
Argentina no navegó la crisis mejor que países similares. Y, por
algunos meses –cuando se resistió a devaluar la moneda mientras
todos devaluaban– pagó un precio innecesario en la forma de una
tasa de interés más alta. No sabemos qué habría ocurrido si la
situación internacional no hubiera mejorado y, por lo tanto, no
se hubieran apreciado las monedas de otros países — en ese
contexto, la política redradista de plantarse frente al viento
en contra habría sido un desastre.
Por fin, y más relevante para el argumento: la gestión de Martín
Redrado ha sido la de un muñeco una marioneta kirchnerista no
más difícil de manejar que un Guillermo Moreno o un Daniel
Scioli. Los cantos martinianos a la autonomía del Banco Central
son, a esta altura, muy tardíos. Durante años Redrado permitió
que le manejaran la política monetaria, la política cambiaria
(que son casi lo mismo) y la política de distribución de
dividendos del Banco Central. ¿Tiene sentido ahora que la
oposición política salga a inmolarse en su defensa? No: salir en
defensa de un banquero central que ha sido absolutamente
dependiente del Poder Ejecutivo no es la mejor manera de
garantizar la automonía del Banco Central. Permitir que lo echen
transmite un mensaje bastante claro: a quien se comporte como
marioneta no habrá que defenderle la vida, porque nunca la ha
tenido.
Hay, claro, una cuestión de formas: la salida de Redrado tiene
que darse como legalmente deba darse, y no está mal que la
oposición fuerce a los Kirchner a aceptar el mundo de las
formas, al que por lo general esquiva. Pero de allí a defender a
la figura de Redrado hay un gran paso. El avasallamiento del
Banco Central por el kirchnerismo no está en este pequeño
episodio de política veraniega; está en toda la gestión de
Redrado, desde el principio hasta este merecido final -
Lucas Llach Blog (08.01.10)
180110
- El pensamiento
del neoliberal Redrado - Martina
Latasa
El libro retro de Redrado y sus semejanzas con la crisis actual
Publicado en 1994, un joven Redrado explica la utilización de
los medios de comunicación para sobrevivir a los embates
políticos y su posición sobre la incumbencia del Estado en el
mercado cambiario a través de la autoridad monetaria. Su
admiración por Menem y la guerra con Cavallo.
Martín Redrado, el hombre en el que están puestas todas las
miradas, está acostumbrado a las tensiones políticas. Así lo
confiesa en su libro Tiempo de desafíos que publicó en 1994.
En la obra, el actual presidente del Banco Central repasa su
vasta experiencia laboral que a los 30 años selló con su
incorporación al gobierno menemista como titular de Comisión
Nacional de Valores (CNV). Y se revela como un astuto buscador
de la utilización de los medios y de sus relaciones políticas
para sobrevivir a los embates para destronarlo de sus cargos.
“Considero que ningún administrador serio puede desarrollar hoy
su acción si no tiene en cuenta a los medios de comunicación
masiva”, dijo Redrado entonces. Como si fuera hoy.
Dieciséis años atrás, el joven Redrado tenía ya conceptualizadas
las intervenciones de un gobierno en el mundo financiero. Por
ese entonces los cuestionamientos hacia el ministro de Economía,
Domingo Cavallo, tenían que ver con la supuesta intervención en
la Bolsa a través del Banco de Inversiones y Comercio Exterior (BICE)
y las maniobras con los títulos de las privatizadas. Pero
Redrado defendió el accionar estatal y detalló que para él
“intervenir no es lo mismo que tratar de darle estabilidad al
mercado. El Estado participa en el mercado cambiario a través
del Banco Central para garantizar la paridad entre el dólar y el
peso y pocos entienden eso como una intervención”.
El sanguíneo ministro de Economía de Carlos Menem le ofreció la
presidencia de la CNV tras reconocer que “el área de mercado de
capitales estaba bastante descuidada”. Redrado recuerda que
antes de aceptar hizo una ronda telefónica con empresarios y
economistas del momento: Roberto Alemann, Manuel Solanet,
Bernardo Neustadt, Raúl Moneta y José Martínez de Hoz, entre
otros.
En Estados Unidos había conocido a Cavallo, que solía visitar a
los estudiantes argentinos en tierras del norte. La primera
impresión que tuvo el joven Redrado fue la de “un hombre humilde
y accesible” pero con el correr de los años cambiaría esa
percepción.
Redrado colmó la paciencia de Cavallo al calificar de “estafa”
el procedimiento de recompra de acciones de YPF de los
jubilados, diseñado por Merrill Lynch y First Boston, los dos
bancos preferidos del entonces ministro. Cavallo le respondió
acusándolo de mentiroso y de pedir fondos a empresarios para
financiar una futura campaña electoral.
“El ministro usó las primeras planas para pedirme que me fuera,
cuando bastaba con llamarme, dar la cara y hablar de frente. Yo
no tenía obligación de reportarme a él porque la CNV es un
órgano autárquico, pero tampoco como vidrio. Sabía que en la
práctica no podía seguir adelante si no contaba con su apoyo”,
describe Redrado en sus páginas.
En su libro, Redrado cuenta que durante los primeros años de la
década del noventa fue un hombre muy influyente en las
decisiones financieras del gobierno menemista. Su experiencia en
guiar privatizaciones en países europeos lo puso en un lugar
privilegiado para comandar el proceso local. Pero la pelea con
Cavallo le hizo vivir tensiones políticas que probablemente
recuerde por estos días.
Tras el cortocircuito por las acciones de YPF, ni la protección
de Carlos Corach y Alberto Kohan salvó a Redrado del decreto de
salida.
“Cavallo quiso deshacerse de mí y me convirtió en una especie de
justiciero”, dice Redrado en su libro noventista.
En el texto cargado de referencias personales, el hoy titular
del BCRA, revela uno de los tantos momentos que estuvo cerca de
ser ministro de Economía. Fue para mediados de 1995 cuando la
dupla Menem-Cavallo no estaba en su mejor momento. “Menem tenía
dos nombres en carpeta: el de Ricardo López Murphy y el mío”.
Para Menem, Redrado guarda varios elogios. Lo califica de
“seductor” y recuerda la firmeza con la que le aseguró la
permanencia de la convertibilidad. “Martín, la continuidad del
proceso, soy yo. Siempre recordé ese ió con acento riojano”,
escribe Redrado -
Crítica
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