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Discépolo: El profeta de la anomia argentina

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Enrique Santos Discépolo

. Letra del tango "Cambalache"

140310 - José Enrique Miguens - Hace muchos años que vengo sosteniendo, contra los positivistas, que para comprender a fondo la realidad social de un país hace falta recopilar buena información (cosa que no aportan nuestros sociólogos), pero sobre todo hace falta un gran corazón, un gran amor al propio país y una gran experiencia de la vida.

Esto lo tenía Enrique Santos Discépolo del que celebramos los 100 años de su nacimiento. Y uno de sus grandes aciertos de interpretación de nuestra realidad lo obtuvo con su gran tango “Cambalache” de 1935. Porque en este, no solamente describe acertadamente la desintegración de la sociedad argentina, que los sociólogos denominan técnicamente “anomia”, sino que apunta certeramente a las causas que la provocan.

Sociólogos argentinos y extranjeros hace rato que diagnostican que nuestra sociedad está en estado de “anomia aguda”. Este término, adoptado del griego por Emilio Durkheim, uno de los pilares de la Sociología, define a una sociedad desintegrada en la cual no rigen las normas de conducta y los patrones de comportamiento que mantienen la convivencia pacífica entre sus miembros y su integración como sociedad. Esto da lugar a una sociedad desorientada que no sabe cuál es su conveniencia ni hacia donde dirigirse, con individuos que se pelean para sacarse ventajas unos a los otros caiga quien caiga, en desmedro de su propia sociedad. En esta situación todos estamos envueltos y todos nos perjudicamos, por eso canta acertadamente Discepolín: “Vivimos revolcaos en un merengue/ Y en el mismo lodo/ todos manoseaos”. Aunque muchos se nieguen a aceptarlo, nadie escapa de esta situación sociocultural, todos estamos adentro.

Lo malo es que para Discépolo esto fue característico de todo el siglo XX entre nosotros. “Pero que el siglo XX es un despliegue/ de maldá insolente/ ya no hay quien lo niegue”. Maldad insolente es la que se exhibe impúdicamente a los ojos de todos nosotros, porque ha desaparecido la crítica y el control social como vemos hoy con los Senadores nacionales coimeros que olímpicamente siguen sancionando leyes apoyados por el resto de encubridores. ¡Discépolo no se hacía ilusiones cuando nos anunció que en el año 2000 las cosas seguirían igual!

La definición que hace de la anomia no puede ser más precisa. “Hoy resulta que es lo mismo/ ser derecho que traidor/ ignorante, sabio, chorro/ generoso o estafador.../ ¡Todo es igual!/ ¡Nada es mejor!/ Lo mismo un burro/ que un gran profesor”.

Parece que hubiera previsto el drama del Dr. Favaloro (científico internacionalmente) maltratado por pinches burocráticos mediocres enquistados en cargos públicos. O el increíble caso del Prof. Dr. Juan Antonio Mazzei ganador por concurso del cargo de Director del Hospital de Clínicas, que fue obligado a renunciar por personal de maestranza y servicio impulsados por el Contador Shuberoff que vive a costa nuestra como Rector de la Universidad de Buenos Aires. “Es lo mismo el que labura/ noche y día como un buey/ que el que vive de los otros/ que el que mata, que el que cura/ o está fuera de la ley...”

Sólo hacía falta condensar la anomia en una valoración moral: "¡Qué falta de respeto,/ que atropello a la razón!/ Cualquiera es un señor/ cualquiera es un ladrón/.../Igual que en la vidriera/ irrespetuosa/ de los cambalaches/ se ha mezclado la vida...”. ¡La Argentina es un gran cambalache donde todo está en venta a cualquiera, a precios de liquidación!

Letra del tango "Cambalache"

El tango Cambalache se estrenó en una clásica obra del teatro de revista, en el Teatro Maipo. Pero como consecuencia de éste acto, el director de la película “El alma del bandoneón” (Mentasti) se enfureció y presentó una enfática queja, ya que existía un acuerdo entre Discépolo y el director de cine para que éste último fuera el titular exclusivo de este tango.


Letra y música de Enrique Santos Discépolo (1935)

Que el mundo fue y será
una porquería, ya lo sé.
En el quinientos seis
y en el dos mil, también.
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
barones y dublés.
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos en un merengue
y en el mismo lodo
todos manoseados.
Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador...
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
Lo mismo un burro
que un gran profesor.
No hay aplazaos ni escalafón,
los ignorantes nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
da lo mismo que sea cura,
colchonero, Rey de Bastos,
caradura o polizón.
¡Qué falta de respeto,
qué atropello a la razón!
Cualquiera es un señor,
cualquiera es un ladrón...
Mezclao con Stravisky
va Don Bosco y La Mignon,
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera
irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remache
ves llorar la Biblia
junto a un calefón.
Siglo veinte, cambalache
problemático y febril...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil.
¡Dale, nomás...!
¡Dale, que va...!
¡Que allá en el Horno
nos vamo’a encontrar...!
No pienses más; sentate a un lao,
que ha nadie importa si naciste honrao...
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura,
o está fuera de la ley...
 

 


 

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