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170610 - Enrico Udenio - Thomas Jefferson, Montesquieu, Rousseau, Voltaire, son algunos de los ilustres hombres que en el siglo XVIII imaginaron a la administración pública sobre las bases de la división de poderes. Todos ellos se inspiraron en un antepasado inglés: John Locke. Este hombre, nacido en 1632 y fallecido en 1702, escribió en 1689 el Tratado para un Gobierno Civil, en el cual postulaba la necesidad imperiosa que tenía la sociedad civil de que la corrupción política del poder ejecutivo sea controlada por otro poder de similar fuerza.

Locke insistió en que una comunidad está unida a través de la protección que otorga un contrato social. Si éste contrato es violado por los gobernantes, el pueblo se siente desprotegido en sus derechos y, por ende, pierde sentido la conveniencia de su integración social.
Para Locke, la independencia de la justicia era el principal poder que solidificaba ese contrato y unificaba a la comunidad.

Si aceptamos su filosofía, podemos entonces asegurar que la decisión del Juez Osvaldo Oyarbide de sobreseer a los Kirchner en la causa por presunto enriquecimiento ilícito, producirá un daño más grande de lo que probablemente muchos imaginan. La puerilidad de la burda maniobra judicial profundizó en la sociedad la ya incorporada y nefasta creencia de que es imposible que la justicia argentina pueda ser independiente del poder ejecutivo. Se solidifica el pensamiento de que ningún juez se va a animar a fallar contra un gobernante mientras éste ejerza el mandato. De hecho, en la historia argentina nunca un presidente fue condenado a nada, sin importar los delitos o contravenciones en los que pudo haber incurrido. Un juicio equivalente al Watergate norteamericano es de improbable, por no decir imposible, ejecución en la Argentina.

UNA ACCIÓN QUE EVIDENCIA “SOBORNERÍA”

“Cuatro cosas le pertenecen a los jueces: escuchar cortésmente, contestar sabiamente, considerar todo sobriamente, y decidir imparcialmente.” Sócrates (A.C. 469-399) Filósofo griego. Maestro de Platón.

El juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Carlos Fayt, usó palabras muy claras al decir que “el problema es cuando no hay soberanía sino 'sobornería' popular”. Desde ya, el mismo Fayt se encargó de aclarar inmediatamente que: “(…) pero eso no pasa en la
Argentina, por supuesto".

Por la otra parte, Néstor Kirchner, a su vez, defendió personalmente la decisión de Oyarbide al decir: “Cuando la Justicia falla algo que no les gusta, es un mal juez”, aludiendo a la adversa y dura reacción que tuvo la oposición con respecto al tema.

En las palabras del ex presidente hay verdades y mentiras. Es totalmente cierto que cuando la Justicia dictamina contra los deseos de uno, hay un sentimiento de displacer en aquellos que están en desacuerdo, y se genera un manto de duda sobre las capacidades profesionales y/o la honestidad del juez del caso. Pero es mentira cuando dice que el disgusto es sobre el fallo. En realidad, toda la adversa reacción que se produjo con la decisión judicial de Oyarbide, se debió, principalmente, al inusual proceso de investigación que llevó a cabo este magistrado. O para ser más claro, en el proceso de investigación que NO llevó a cabo.

Ya se habló mucho de las irregularidades que se produjeron en la causa (el mismo fiscal que no apeló las dos exoneraciones anteriores por similar delito y que seguramente tampoco apelará ahora; la intervención de la AFIP para “corregir” la declaración jurada; la entrevista “explicativa” del contador de los
Kirchner con Oyarbide; el rechazo de este juez a que se realizara otro peritaje según lo solicitado por el demandante, o de cualquiera otra acción que demorara la resolución del caso; la sospecha de corrupción existente sobre la actuación del perito de la Corte; los irrisorios valores con que compraron los terrenos en Calafate; son sólo algunas de esas irregularidades existentes) por lo que me voy a referir concretamente a las medidas que no quiso efectuar Oyarbide renunciando expresamente a contar con un mayor caudal de datos e informaciones.

UN JUEZ IDEAL

“Si una nación valora cualquier cosa más que a la libertad, perderá su libertad: y la ironía de eso es que si lo que más valora es la comodidad o el dinero, perderá eso también.” - William Somerset Maugham (1874-1965) Escritor inglés, nacido en Francia.

Oyarbide no quiso investigar el exorbitante monto que paga el empresario Juan Carlos Relats por el alquiler de los hoteles de propiedad de los Kirchner. Era fácil hacerlo. Bastaba solicitar los balances de todos los hoteles de cinco y cuatro estrellas de Calafate para deducir las posibilidades de beneficio que se pueden obtener con ellos. Ningún empresario abonará mucho más de lo habitual en estos casos. Según las versiones que pude obtener, Relats abona por mes tres veces más del máximo monto posible de beneficio que se puede obtener en la zona. De hecho, esta información obtenida no genera ninguna sorpresa, ya que el mismo Relats declaró que esos hoteles le daban mucha pérdida.
¿Cómo es que un empresario decide hacer tan mal negocio?
En este caso, el juez podía disponer de una probable, rápida y sencilla respuesta: se trata de la misma persona que recibió numerosas concesiones de servicios y construcciones viales de obras públicas ordenadas por el matrimonio Kirchner, en su carácter de gobernantes. Muchas tuvieron luego sospechas de sobreprecios como el caso de la ruta en Villa María, Córdoba, que se inauguró hace poco. Como si esto no fuera suficiente, las empresas de Relats recibieron reajustes de precios por parte de la presidenta.

¿Cuánto puede tardar cualquier habitante del país para asociar la probabilidad de la existencia de un “retorno” de favores presidenciales a través de alquileres de hotelería cuyos excesivos montos son imposibles de justificar desde una lógica empresarial?
Si eso pensamos nosotros, vulgares ciudadanos, ¿cómo a un experimentado juez de la Nación no se le ocurre que esto pueda ser así y proceder a su investigación?

A su vez, Oyarbide aceptó que los Kirchner recibieran por su dinero depositado en el banco el doble o el triple de intereses que en promedio ofrecen los bancos argentinos.

Mi equipo de trabajo intentó obtener el dato de cuál fue el máximo interés que otorgó el mismo banco a otros clientes. No lo logró. En cambio, pudimos conocer las cifras de otros dos bancos. Estos datos nos revelaron que los intereses que recibieron los Kirchner superaba de dos a tres veces el porcentaje habitual en estos casos. ¿Por qué Oyarbide no exhortó al banco en cuestión a que informara los detalles de sus operaciones crediticias con todos sus clientes para certificar lo dicho por los Kirchner y –si así se comprobaba- requerir una explicación por las diferencias que hubiera?

Ante la requisitoria periodística, el juez intentó explicar su negativa a investigar más profundamente argumentando que él se remitió a lo expuesto por las cifras de la declaración jurada y los extractos bancarios. Explicación inverosímil que sólo los ingenuos pueden llegar a creer.

Voy a intentar explicar por qué es inverosímil de una manera más personalizada y sencilla. Desde lo económico, este juez “nos enseñó” que si queremos blanquear dinero mal habido, podemos hacerlo de esta manera: declaramos que tenemos un millón de pesos de patrimonio más que el año pasado porque un “Juan de los Palotes” nos alquiló una baulera de 5 m2 que tenemos en el sótano del edificio a razón de $ 60.000 por mes. De aquí, ya justificamos $720.000. Por la diferencia de $ 280.000 que aun existe, decimos que tuvimos depositado en el banco $400.000 y que esa suma la cobramos en conceptos de elevadísimos intereses. Después usted manda a su contador para que hable con el juez y con el perito, y arregle las dudas y los números “sueltos”.
El juez no investiga a “Juan de los Palotes” ni le pregunta por qué paga tanto por una baulera. Tampoco verifica la existencia de ese dinero declarado en el banco ni exhorta a la entidad financiera para que explique las razones por las que pagaron tanto interés, si es que efectivamente estaba depositado ese dinero. Sólo mira nuestra declaración, nuestros números bancarios y le pide al perito que diga si las sumas y restas más o menos encajan, y…. ¡sentencia que esa enorme diferencia de dinero la ganamos honestamente!

¿Dónde se encuentra ese juez al que llevamos nuestra declaración? Ese juez tiene nombre y apellido: se llama Osvaldo Oyarbide.
Pero, claro, para que todo funcione así usted tiene que ser presidente de la nación.

LA OTRA CORTE

“Proclamo en voz alta la libertad de pensamiento, y muera el que no piense como yo. ”
Voltaire (Francois Marie Arouet) (1694-1778) Filósofo francés. Uno de los máximos precursores de la Ilustración Francesa.

Los cortesanos eran persona que servían al rey en la corte. En los tiempos modernos, un cortesano es una persona que sirve obsequiosamente al que considera su superior.

Los Kirchner tienen su propia corte. El filósofo José Pablo Feinmann es uno de ellos pero, como suele suceder, pierde su capacidad intelectual por estar demasiado comprometido social y emocionalmente con el poder.

El domingo 13 de diciembre escribió una nota en el diario oficialista Pagina 12. Totalmente desbordado, incurrió en insultos soeces contra todos aquellos que piensan que los Kirchnes son autoritarios y corruptos. Voy a citar algunos párrafos significativos: “(…) libros que han salido últimamente para arrojar material defecatorio, excremental, estiercolero, sobre la figura de “los K”, como les dice la oposición para simular que se trata de un gobierno familiar, de apenas dos personas autoritarias, una especie de orden feudal en pleno siglo XXI (…) Un libro de Aguinis, otro de Majul, enseguida uno de un periodista de Perfil, Edi Zunino, antes uno del infaltable Joaquín Morales Solá (…) Hay, todavía, una clase media que se los devora. (…) El Plan de Gobierno de la “oposición” es claro y, sobre todo, nada institucional: . Eso es todo. (…) escriben, arman, traman, inventan, dicen algunas verdades (al fin y al cabo, es cierto que hay corrupción en este gobierno, sólo que lo que nos espera con el horrible fascismo que está armándose es mucho, pero mucho peor), mienten con descaro, destilan un odio enfermizo, escupen, gritan, sudan (…) creyendo que llegará el día en que los serán destituidos. (…) El odio los denuncia. Se desbocan. (…) A Macri también. ¿O no sabe a quién pone? ¿Tan ingenuo es? (…) los elige es porque son fascistas. Y si alguien elige fascistas para que lo acompañen es porque con ellos está cómodo. Y si lo está es porque con la democracia se siente mal, se siente atado. Y los que todavía no se dieron cuenta es porque son tan fascistas como él”.

Muy interesante lo de Feinmann. Supongo que no debe analizarse o, si lo hace, no tiene un buen terapeuta que le enseñe lo que es una proyección (1), en especial con relación al odio enfermizo y la materia fecal. Además, parecería que tiene cierta confusión teórica sobre lo que son la democracia y el fascismo y, por lo tanto, le cuesta distinguirlas.

Pero hay algo mucho más significativo que se extrae de sus palabras. Días atrás, en la respuesta del periodista del diario Perfil, Edi Zunino, encontré una perlita. Hacía referencia a la frase de Feinmann “es cierto que hay corrupción en este gobierno, sólo que lo que nos espera con el horrible fascismo que está armándose es mucho, pero mucho peor”.
Zunino expresaba a continuación: “El filósofo preferido de Néstor y Cristina acaba de disminuir el noventista axioma de <roban pero hacen> a una especie de <roban pero piensan como yo>”

Me vino enseguida a la memoria un reportaje realizado a Martín Sabbatella, que cuando era intendente de Morón manifestaba una fervorosa adhesión hacia Néstor Kirchner, en el que dejaba deslizar que entre un deshonesto izquierdista y un honesto derechista, nunca se quedaría con éste último. La inclinación ideológica era mucho más significativa que la honestidad en una persona.

Cruel destino le espera a la Argentina si se considera a la honestidad del funcionario público mucho menos importante que su inclinación ideológica.

Después de haber vivido ambas etapas, estoy comenzando a creer que los corruptos del menemismo eran “nenes de pecho” al lado de lo que estamos viviendo en la actualidad.
Sería muy interesante encontrarnos con la edición de un libro titulado “Robo para la corona, versión Siglo XXI” de Horacio Verbitsky
¿No lo creen posible, no?
Yo tampoco.

Enrico Udenio

26 de diciembre de 2009
PD: Por sugerencia de uno de los foristas, la nueva versión del libro de Verbitsky podría titularse: "Robo para la Corona K"...

(1): La proyección es un mecanismo de defensa a través del cual la persona se enfrenta a conflictos emocionales y amenazas atribuyendo incorrectamente a los demás, sentimientos, impulsos o pensamientos propios, que le resultan inaceptables o que le generan negación. De esta manera, proyecta en los otros características o sentimientos propios que le producen ansiedad. Una de las más comunes es acusar a ese otro de algo que uno es y no quisiera ser.

 


 

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