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061010
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Rafael Araya
Masry -
En defensa del asilo en
Argentina
para el ex comandante del FPMR Galvarino Apablaza
La unánime votación en el Senado chileno exigiendo a la
Presidenta Cristina Fernández la extradición del ex frentista
Galvarino Apablaza, deja al desnudo los avances que el modelo de
Pinochet ha tenido en el autodenominado “progresismo
chileno” y en su mentalidad para abordar determinados asuntos.
Porque en medio de la histeria colectiva de la UDI reclamando y
vociferando a favor de derechos humanos que jamás defendieron
cuando ellos fijaban las reglas de juego político detrás del
dictador, y que hoy surgen como bandera para reclamar por
Apablaza, aparecen los voceros concertacionistas acompañando en
un destemplado coro los reclamos a favor de que la República
República Argentina
extradite al ex integrante del Frente Patriótico Manuel
Rodríguez, desconociendo la institución del asilo y el refugio
político a que cada nación tiene el libre derecho de ejercitar
sin tener que dar explicaciones a nadie.
Estos, son resortes exclusivos y soberanos de cada estado, y se
aplica de acuerdo con los mejores criterios desde el punto de
vista humanitario y político, y no necesariamente desde el
estrictamente jurídico, aunque en este caso, también corresponde
desde lo legal refugiar a una persona que mediática y
políticamente ya ha sido sentenciada y condenada antes de ir a
un juicio en su país de origen.
Pero no llama la atención esta actitud de la Concertación, en
general y de los dirigentes PS y PPD en particular. Y es aquí
donde entra a jugar el denominado “Síndrome
de Estocolmo”.
Es decir, quienes fueron víctimas de los ejecutores e
inspiradores del más cruel sistema represivo en
Chile, hoy aparecen
enamorados de la causa de sus propios verdugos, ejerciendo no
una solidaridad, sino ya, una verdadera complicidad en los
propósitos de buscar no justicia, sino una lisa y llana venganza
por el asesinato del verdadero ideólogo de la dictadura militar
y ex senador, Jaime Guzmán Errázuriz.
Son los mismos que estaban felices el día del frustrado atentado
en contra del dictador, rogando a Dios y todos los santos que
Pinochet
hubiera muerto en el mismo y padeciendo luego una nueva
persecución y venganza, a cuenta de un hecho que al final
resultó frustrado y que trajo como consecuencia una criminal
razzia de sangre y muerte producto de la venganza ordenada por
el entonces general todopoderoso y dueño de la vida y de la
muerte de todos los chilenos.
Por eso resulta cuando menos paradójico ver al
Presidente Piñera quejándose por el refugio que
soberanamente otorgó la Argentina a Galvarino Apablaza,
aduciendo que esto atenta en contra de la defensa de los
Derechos Humanos,
algo así como “el diablo vendiendo cruces”.
Por eso no sorprende ver al Presidente del Partido Socialista,
Osvaldo Andrade, rasgándose las vestiduras en nombre de la
justicia y asumiendo una conducta absolutamente reñida con los
principios fundacionales de su propia tienda política. Compró a
paquete cerrado las bondades del modelo y el credo de sus
verdugos. ¿O puede buenamente Andrade decir que Apablaza será
objeto de un juicio justo en
Chile
cuando todos los medios de comunicación ya han pronunciado su
sentencia de culpabilidad, sin que siquiera se le haya
interrogado al respecto?
No, no existe esa garantía jurídica en
Chile,
por más que la derecha histérica ande reclamando por derechos
humanos que ellos le negaron a Dios y María Santísima y aunque
anden pregonando un verdadero “Casus Belli” a raíz de la
concesión de refugio por parte del Estado argentino.
Creo que la lucidez de la Presidenta, Cristina Fernández, se ha
impuesto con claridad ante los estertores chauvinistas que en
Chile
claman venganza. Una muestra más de que la institución del
refugio debe ser salvaguardada con todo y contra todo. Así reza
el derecho internacional y los tratados sobre la materia ya que,
con esto, la
República Argentina
no ha hecho más que ajustarse a derecho y cumplir a rajatabla
con los convenios internacionales que ha contraído, lo que
define muy bien –además- la calidad de sus instituciones y su
propia solvencia en materia de apego irrestricto a las normas
que rigen la defensa de los
Derechos Humanos.
Finalmente, pienso que el caso de Andrade y Cía. es digno de
analizar a nivel siquiátrico. Si no rompen con el Síndrome de
Estocolmo, volverán una y otra vez a tropezar con la misma
piedra, o sea, seguir levantando banderas que, lejos de tener
algo que ver con el socialismo, son las banderas de quienes
durante 17 años se ensañaron con el pueblo de
Chile,
sometiendo a su libre arbitrio a todo un país, sin el más mínimo
respeto por la vida de nadie. Los mismo que hoy echan espuma por
la boca insultando a un estado soberano, que ha aplicado ni más
ni menos un derecho que legal y legítimamente le asiste, al
conceder refugio político a quien fue un baluarte en la lucha
contra la más feroz dictadura que haya tenido
Chile.
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