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270111 - Valeria Perasso - Vivir junto al Riachuelo, uno de los ríos más contaminados del planeta

El Riachuelo, el río que cruza el sur de Buenos Aires, arrastra no sólo toneladas de chatarra y basura, sino también un cóctel letal de metales pesados.

En su cuenca viven cerca de seis millones de personas, que siguen esperando una solución a esta crisis ecológica y social desde hace décadas.

Vea cómo es vivir cerca de uno de los ríos más contaminados del mundo en este video desde Buenos Aires

El
Riachuelo de Buenos Aires ostenta un título tan repulsivo como el hedor que desprende y que inunda los barrios por los que cruza: es el río más contaminado de Argentina y uno de los cinco con mayores niveles de polución del planeta.

En su recorrido de apenas 64 kilómetros, el Matanzas-Riachuelo –como se llama- lleva mucho más que agua: mercurio, cadmio y una larga lista de metales pesados, casi 9.000 toneladas de chatarra, barro contaminado hasta un metro por debajo del lecho.

Las dioxinas carcinogénicas, que no se ven, y el humo, que sí, completan un paisaje devastado a apenas tres kilómetros del centro de la capital argentina.

La zona de la cuenca alberga además al 15% de los habitantes del país- agrupados en asentamientos y villas de emergencia donde el índice de pobreza alcanza 45%. El 35% carece de agua potable.

La limpieza del Riachuelo es una mancha negra en el historial ecológico de los últimos gobiernos. Los US$250 millones que entregó el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en 1998 se esfumaron hace rato y sólo una tercera parte de aquel dinero se usó para el fin con el que había sido dado.

Ahora, y tras un inédito fallo de la Corte Suprema en 2008 que conminó al Estado a sanear el río, un préstamo de US$840 millones del Banco Mundial deberá invertirse en la titánica tarea.

Hace unas semanas, fue nombrado un nuevo ministro de Medio Ambiente, Juan José Mussi, que señaló que colocará al Riachuelo entre sus prioridades. Tiene un plazo perentorio: el 1 de febrero, según determinó la Justicia, deberá presentar un plan para erradicar viviendas precarias de las márgenes del río.

Navegando aguas muertas

No es fácil adivinar su estado real cuando se mira el Riachuelo desde el barrio de La Boca, junto al pintoresco pasaje Caminito que fotografían anualmente millones de visitantes. Para lavarle la cara, unas barreras de contención ubicadas a un kilómetro de ese punto turístico retienen los residuos flotantes.

Pero basta navegarlo para descubrir que lo que hay allí es río muerto. Sin oxígeno ni fauna, con valores de contaminación cuatro veces por encima del máximo establecido por la Organización Mundial de la Salud.

Basta también mirar las orillas para entender las causas: un complejo industrial denso y vetusto que vierte desechos sin control ni tratamiento.

"Cuando la Corte Suprema dictó el fallo en 2008, se hizo un censo de industrias radicadas en la cuenca y se estableció un listado de 4.100, aunque todo el mundo sabe que hay de 20.000 a 30.000. Deberían haberlas inspeccionado todas en 180 días, pero en dos años se revisó menos del 40%", denunció Félix Cariboni, de la organización Greenpeace, durante un recorrido en bote con BBC Mundo.

"(Hay) carencia de tecnologías limpias (...), externalización de los costos al ambiente y existencia de establecimientos clandestinos", enumeró en un informe Javier García Espil, experto de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN).

La Autoridad de Cuenca Matanza-Riachuelo (Acumar) -un organismo interjurisdiccional creado en 2006 para ocuparse de la limpieza, zanjando disputas por el reparto de responsabilidades entre el gobierno nacional, el provincial y el de la ciudad - realizó un censo de empresas a fines de 2010 para contar con información fidedigna.

Pero apenas una treintena de inspectores para un polo industrial gigantesco hacen la tarea casi imposible.

Olvidados en la orilla

La crisis del hábitat es sólo una de las caras del problemático Riachuelo. La Corte lo puso por escrito: lo que urge es mejorar la calidad de vida de los habitantes de la cuenca.

Las "villas miseria" se erigen entre basurales a cielo abierto, donde se depositan desechos sólidos de las fábricas y residuos de los locales, a los que las autoridades no proveen servicio de recolección. Son el patio de juego de cientos de niños y ratas a plena luz del día.

Según un estudio de la Defensoría del Pueblo, en 2010 el número de espacios de depósito de residuos pasó de 141 a 217.

Las enfermedades y la muerte acechan desde el agua y las orillas: bronquitis, alergias, alteraciones neurológicas, cáncer y metahemoglobinemia, una rara dolencia sanguínea que aquí se ha hecho endémica. La mortalidad infantil es de más del doble que en otros partidos bonaerenses.

"Tenemos mucho cáncer, mucho más que antes. Hay vecinos con problemas de leucemia, enfermedades en la piel, casos de hepatitis fulminante… cada vez peor", señaló Adriana Gónzález, que lleva 14 años en Villa Lamadrid.

Lento pero seguro

La Acumar también corre contra el reloj. Tiene plazos por cumplir, informes que entregar a la justicia y un área de 2.230 km2 alrededor del río para sanear.

Según su presidente ejecutivo, Gustavo Villa Uría, en un trabajo conjunto con cooperativas de la zona, en cuatro meses de 2010, removieron unas 70.000 toneladas de basura.

Pero el crecimiento poblacional atenta contra su cruzada: para las autoridades, el surgimiento de nuevos focos de contaminación está relacionado con la instalación de más viviendas precarias.

Para algunas voces críticas, además, la tarea de remoción de residuos de las márgenes resulta insuficiente.

"Lo dramático es cómo el poder político le da importancia a lo visual o cosmético (...). Pero con cuestiones de fondo como la eliminación de basurales y la contaminación fabril, los gobiernos no hacen nada", reclamó Alfredo Alberti, miembro de la Asociación de Vecinos de La Boca.

Con el Plan Integral de Saneamiento Ambiental 2009, la Acumar promete llevar la misión más allá.

Hacer, por ejemplo, el tendido cloacal que el 55% de la población local espera desde hace 40 años o revisar sistemas de potabilización del agua.

"Lo estamos corrigiendo, pero los tiempos de la obra pública y las tareas de infraestructura son más largos que la decisión política", justificó Villa Uría. ¿Cuánto más largos? Respondió el funcionario: "limpiar el Riachuelo puede llevar 10 o 15 o 50 años más".


 

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