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280911
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Irina Hauser -
Página12 - LORENZETTI RATIFICO LA CONTINUIDAD DE LOS PROCESOS
CONTRA LOS RESPONSABLES DE CRIMENES DE LESA HUMANIDAD
“No vamos a retroceder en los juicios”
El presidente de la Corte Suprema fijó posición al presentar su
libro Derechos humanos: justicia y reparación. Allí fue
increpado por un grupo de hijos, nietos y familiares de
represores. Advirtió también que “el totalitarismo es una
maquinaria que no descansa.
(Ver:
El escudo ético del kirchnerismo y su gente)
Ricardo Lorenzetti acuñó una frase que, dicha por él, el
presidente de la Corte Suprema, tiene un valor agregado. “Con
los juicios de lesa humanidad no hay marcha atrás”, repite desde
hace casi dos años ante jueces, estudiantes, abogados y la
sociedad en general. Lo hace en todos los ámbitos, donde siempre
subsisten resistencias al juzgamiento de los crímenes de la
última dictadura. Pero ayer la consigna se potenció al máximo
cuando en medio de su discurso en la presentación del libro
Derechos humanos: justicia y reparación, que escribió junto a
Alfredo Kraut, un grupo de hijos, nietos y familiares de
represores comenzó a increparlo desde las butacas en el momento
en que decía que la “experiencia argentina” en los juicios por
crímenes de lesa humanidad es “incomparable a nivel mundial”.
“Acá no hay debido proceso”, le gritaban algunos jóvenes, desde
el ala derecha del Aula Magna de la Facultad de Derecho. “Basta
con los setenta”, tronó otra voz en medio de la sala.
Lorenzetti
no se detuvo, les pidió “tolerancia”, dijo que los escucharía, y
repitió cada vez con más vigor una, dos, tres, cuatro veces: “No
vamos a retroceder en los juicios de lesa humanidad”. Más tarde
advirtió que “el totalitarismo es una maquinaria que no
descansa”.
(Ver:
Argentina hundida en un mar de
corrupción:
Contrabando de Armas: Menem, Yoma, Camilión y el resto, absueltos
“Esta es una política de Estado y deben respetarla todos. Forma
parte del contrato social de los argentinos”, proclamó, y fue
ovacionado. En primera fila estaban la presidenta de
Abuelas de
Plaza de Mayo,
Estela Carlotto, y Nora Cortiñas, de Madres Línea
Fundadora. Los pañuelos blancos se veían en distintos lugares de
la sala, junto a representantes de otros organismos de derechos
humanos. “Esto nació hace muchos años en las calles, comenzaron
las madres, los hijos, las abuelas, los periodistas, los
abogados, los organismos de derechos humanos. Generó un consenso
que se trasladó a las instituciones que lo recibieron”,
reivindicó. “Este traslado no fue sencillo. Hubo muchos
obstáculos, pero fueron superados. Este proceso requirió muchos
sacrificios”, señaló
Lorenzetti.
(Ver:
Hipocresía, teatro, circo y carnaval)
El aula estaba repleta. Además de funcionarios, entre ellos el
ministro de Justicia, Julio Alak, había consejeros de la
magistratura, senadores y además fiscales, jueces y miembros de
tribunales orales que son los que llevan adelante los juicios
por violaciones a los derechos humanos durante la última
dictadura. A ellos,
Lorenzetti
les encomendó “que continúen con
firmeza, que hagan juicios respetando el debido proceso y el
derecho de defensa como no se respetó en otra época. No hay aquí
leyes especiales. Todos (los acusados) tienen defensores y a
quien no lo tiene se lo ha provisto el Estado”. “Estamos
hablando de debido proceso como nunca hubo”, subrayó Lorenzetti
con la mirada clavada en los jóvenes discípulos de Cecilia
Pando, no más de veinte, que seguían a los gritos. “Los
Montoneros empezaron”, “ciento cuarenta y cinco muertos”,
insistía el puñado de manifestantes que se presentan como “hijos
y nietos de presos políticos” y defienden el terrorismo de
Estado.
(Ver:
Hebe de
Bonafini y Ricardo Lorenzetti)
El libro que presentaba
Lorenzetti
contiene un repaso de los
vaivenes en los juicios por los crímenes dictatoriales y
reconstruye cómo desde el Poder Judicial se fueron derribando
obstáculos, como las leyes de punto final y obediencia debida,
para poder llevarlos adelante. Incluye además una reseña de
casos emblemáticos.
Lorenzetti
dijo que no quería hablar del libro en sí mismo. “No creo en
vanidades sino en ideales”, resumió. Sólo señaló que “abre una
nueva etapa, de institucionalización definitiva de los juicios
de lesa humanidad”, “garantizar su vigencia y continuidad”, para
desafiar
una “larga historia de proyectos temporarios o que cambian según
las épocas”. “Entiendo que pueda haber gente disconforme, pero
el “Estado avanza hacia la justicia, la memoria”, acotó, y pidió
ser “tolerantes aun en las divergencias más profundas”.
(Ver:
¿Felices
Fiestas para los jubilados de Argentina?)
Más allá del episodio en que intentaron interrumpirlo, el acto
tuvo un tono algo solemne. Habló la decana de la Facultad de
Derecho, Mónica Pinto, que rescató el carácter “didáctico y
pedagógico” de la obra junto con el “valor de la memoria”. El
periodista Eduardo Anguita dio el toque de distensión con
algunas anécdotas y elogió el prólogo de Baltasar Garzón. El
Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel recordó las
dificultades de la etapa de “impunidad jurídica”, dijo que el
libro sirve para asentar “los caminos de la libertad”, y que
espera que “contribuya a la conciencia del pueblo” y las “nuevas
generaciones”.
(Ver:
El escudo ético del kirchnerismo y su gente)
Lorenzetti
también habló de que “no hay que pensar sólo en el
pasado sino en el futuro”. Contó el caso de una adolescente que
fue juzgada en Alemania por pintar esvásticas en lugares
públicos, en el que el tribunal “concluyó que lo que hay que
hacer es educar” y por eso la condenó a leer el diario de Ana
Frank. Con ese criterio, anunció, se creará una comisión
ínter poderes “que trabaje con educación y cultura”, similar a la
que trabaja en acelerar los juicios. “¿Qué es lo que nos
preocupa?”, se preguntó. “En el mundo estamos asistiendo a una
gran crisis, que es el caldo de cultivo para un retroceso en
materia de derechos humanos”, advirtió. “El totalitarismo –dijo–
es una maquinaria fría que no descansa.” “El Holocausto no fue
algo instalado de golpe. Fue una lenta degradación de la
sociedad. Primero se instaló el fanatismo, luego actos de
persecución, se terminó en la peor masacre. Cuando las
sociedades se adormecen, se abre el camino para que el
totalitarismo tenga lugar y vivamos las grandes tragedias
humanas”, dijo. “No hay país sin estado de derecho, no hay país
sin tolerancia”, concluyó.
(Ver:
Wikileaks revela:
¿Argentinos informantes de la
embajada de Estados Unidos?)
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