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151011
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Esteban Mercatante -
PTS -
Aunque los impactos de la crisis en la
Argentina
empiezan a ser una realidad palpable, el kirchnerismo insiste
con que la política oficial nos preserva de los coletazos. El
candidato a vice,
Amado Boudou, critica los ajustes en Europa mientras en su
presupuesto para 2012 planea implementarlos acá.
Con amigos así...
En esta sintonía, el sociólogo y bloguero kirchnerista
Artemio López
pregunta en su post “Crisis. What crisis?”, y festeja que entre
los “intelectuales orgánicos” de la oposición patronal y los
medios opositores “no logran brindar unánimemente un panorama
sombrío”. Tal vez no para el gobierno ni para los empresarios,
pero el artículo de Lucas Llach al que recurre Artemio pinta un
panorama bastante sombrío para la clase trabajadora. Llach
sugiere que, como en 2009, la
Argentina
podría aprovechar la crisis como oportunidad.
(Ver:
Amado Boudou y los 20 millones de pesos
"desaparecidos")
Digamos antes que nada que, aunque
Artemio
lo cite en su favor, para Llach la crisis va a pegar fuerte en
la
Argentina.
Su cuota de optimismo es que en el marco de la misma pueda ser
más sencillo depreciar un poco el peso en relación al dólar,
recuperando algo de la competitividad perdida por los aumentos
de precios, sin que estalle la inflación.
La pregunta que Artemio prefiere no hacer es: ¿por qué en el
contexto recesivo de 2009 se pudo depreciar la moneda sin que
aumentara la inflación, que de hecho ese año se desaceleró y fue
de 15%, cuando en 2008 había rondado el 21%? La respuesta es que
la destrucción de empleos permitió que los asalariados
soportaran los costos de este ajuste. Si le creemos al INDEC,
entre finales de 2008 y mediados de 2009 se destruyeron 200 mil
puestos de trabajo, a lo que se agregan más de 100 mil
suspensiones. Los REPRO apenas mitigaron el impacto. Esto
inclinó la balanza a favor de los empresarios en las paritarias.
Aunque se registraron aumentos de sueldos, pocos gremios
pudieron ganarle a la inflación. Como afirmaba un consultor a
finales de 2009: “Este año va a seguir habiendo una pérdida del
salario real. Hace un tiempo que en la Argentina no se habla de
aumentos de sueldos sino de ajustes inflacionarios” (“Salarios:
aseguran que por este año la suerte de los aumentos ‘ya está
echada’”, iProfesional.com, 29/8/09).
(Ver:
Ha llegado la hora de la "desmundialización")
Este avance capitalista sobre las condiciones laborales explica
por qué pudo depreciarse el peso durante 2009 sin que explotara
la inflación, dando así oxígeno al “modelo”.
Además, con el chantaje de la desocupación, los empresarios
arrancaron nuevas cláusulas de productividad con el chantaje de
la crisis. Por eso, cuando la economía retoma el crecimiento a
fines de 2009 acoplada al crecimiento chino y un boom de consumo
en
Brasil,
se da un importante salto de la producción por obrero. Este
aumento de la productividad, junto con la menor pauta de
aumentos salariales, explica por qué el costo laboral para los
empresarios sigue hoy casi un 20% por debajo del que tenía en
2001.
La receta Artemio-Llach para transformar la crisis (frente a la
cual estamos blindados según el primero) en una oportunidad, no
es entonces buen augurio para la clase trabajadora. Detrás del
optimismo en los discursos oficiales, el gobierno ya puso rumbo
a este objetivo de frenar la “inercia de precios” (que en el
discurso oficial existe tan poco como los impactos de la crisis)
buscando establecer como techo para los aumentos salariales un
18%. Es decir, menos que la inflación.
(Ver:
La banca pública es mejor que la banca privada: el caso
de EEUU)
Tapando el sol con las manos
No sólo la propuesta de Llach nos remite a 2009. En los últimos
días Fiat anunció suspensiones de personal. Aunque luego dio
marcha atrás, esto no significa en principio otra cosa que
dejarlas para después de las elecciones. General Motors y
Renault también reconocieron “estar analizando” medidas
similares. En VW ya han cortado las horas extras. La que no dio
marcha atrás fue la textil Alpargatas, que paralizó la
producción en su planta de Tucumán y suspendió a 1300 operarios.
Detrás de estos movimientos, están los primeros indicios de que
la economía de
Brasil
viene perdiendo ritmo. El pronóstico de crecimiento para este
año se redujo a 3,5%. El consumo parece estar cayendo aún más
fuerte, al menos en algunos rubros como la compra de
automóviles: en las fábricas de
Brasil
el stock de unidades que tienen almacenadas alcanza para las
ventas de 37 días, dos días más del nivel que las automotrices
consideran peligroso. Otras industrias muestran síntomas
similares.
(Ver:
Un país muy rico con habitantes muy pobres)
Brasil es el principal talón
de Aquiles del optimismo oficial. Desde el socio del
Mercosur pueden venir problemas en varios frentes. Uno de
ellos es la moneda de
Brasil,
que empezó a depreciarse. Durante los últimos años, la
apreciación del real en relación al dólar dio margen para que la
economía argentina soportara la inflación sin preocuparse tanto
por perder competitividad. Aunque todavía queda margen porque el
real sigue fuerte, que haya cambiado la tendencia pone límites
para que la economía argentina mantenga una inflación del 20%
anual o más. Por eso el gobierno apura las promesas a
empresarios de que el año próximo tomará medidas para contener
los salarios.
Más preocupante es el menor crecimiento económico, especialmente
del consumo. Aunque para algunos (entre ellos el optimista
Artemio) la desvalorización del real en relación al dólar podría
permitir que la economía siga creciendo, puede ocurrir que por
el cambio de tendencia en la cotización de su moneda, dejen de
ingresar masivamente los capitales extranjeros. La amenaza de
perder valor en dólares puede hacer que los capitales
especulativos -que los hay en abundancia- no sólo dejen de
ingresar, sino que huyan espantados. Esto podría significar que
se invierta rápidamente la tendencia de “plata dulce” que
alimentó un boom de consumo a crédito. Algunas de las
principales “víctimas” en este escenario serán las compras de
bienes durables, entre ellos los automóviles, cuyos volúmenes
podrían caer fuertemente. Considerando que la industria
automotriz argentina es
Brasil-dependiente
(el 80% de los autos tienen ese destino de exportación), suena
difícil compartir el optimismo que muestran los voceros
oficiales, mucho menos comprar el relato de que el impacto de
una crisis externa se mitigaría por la supuesta “diversificación
de exportaciones”.
(Ver:
Sudamérica: Recargar el edificio del sistema)
Otros canales que tampoco están blindados
La crisis en Europa y su impacto en las finanzas está acelerando
nuevamente la fuga de capitales en la
Argentina
y haciendo caer el precio de la tonelada de soja. Aunque no es
tiempo de cosecha ni de venta al exterior, si sigue la tendencia
podría caer fuerte el valor de las exportaciones de 2012.
El deterioro de lo que fueran los pilares del crecimiento
económico desde fines de 2002, es decir la moneda devaluada (que
ha desaparecido porque la inflación fue haciendo que se
apreciara por los aumentos de precios que disminuyeron el poder
de compra del dólar en
Argentina),
el superávit comercial y el superávit fiscal, le han quitado a
la economía argentina “capacidad de reacción” ante cualquier
cambio brusco, en palabras de economistas heterodoxos cercanos a
la visión oficial como José María Fanelli. Si esto era así antes
de la depreciación del real, más aún lo es ahora.
Aunque la deuda pública en dólares es hoy una parte menor de la
deuda total, los pagos de intereses y capital en dólares
rondarán en 2012 los 8 mil millones de dólares. Este monto es
casi igual al que se espera de superávit comercial el año
próximo (es decir, la diferencia en valor entre lo que la
economía argentina vende al exterior, y lo que importa desde el
extranjero). Esto significa que si continúa la fuga de
capitales, y a esto le sumamos las remesas de utilidades
empresarias, el gobierno debería afrontar una fuerte caída de
las reservas del Banco Central para pagar la deuda. Por eso el
ministro de Economía está apurando los trámites para emitir
deuda en
Estados Unidos,
archivando en el anaquel de los recuerdos cualquier verso sobre
el desendeudamiento, Amado Boudou prepara su tan ansiado regreso
a los mercados internacionales.
Modelo for export: haz lo que yo digo pero no lo que yo hago
Amado Boudou se prepara para presentar en la reunión del
G-20 una posición “contraria a los planes de ajuste”. Pero el
presupuesto de 2012 que envió al congreso promete un aumento
global del gasto del 18,8%. Salvo que le creamos al Indec, se
trata de un presupuesto que a todas luces congela el gasto
público. Si la inflación supera el 19% de hecho habría ajuste.
Con ningún presupuesto ocurrió esto en tiempos K.
Si cumple con este presupuesto, el gobierno estaría
generalizando una práctica que viene llevando adelante
sectorialmente hace años: el ajuste por inflación. Este ajuste
se produce no por disminución de partidas.
Sencillamente, se mantiene los montos asignados en el
presupuesto, y se deja que la inflación haga su trabajo,
haciendo que caigan las partidas en términos reales. La
recaudación, en cambio, se mueve al ritmo de los precios, lo que
permite mejorar las cuentas fiscales. Hasta ahora, el gobierno
ajustaba de esta forma algunas partidas (salarios de empleados
públicos, salud, educación) para aumentar otras (subsidios a
empresas, alguna obra pública). Ahora se vendría un ajuste
general, incluyendo subsidios, lo cual preanuncia aumento de
tarifas de servicios.
Ante este panorama, va a ser difícil que frente a una nueva
recesión el gobierno lance planes REPRO o canjes de productos
(electrodomésticos, etc). Con los impactos de la crisis
imponiendo el “plan Llach”, o de forma más contenida, hay menos
recursos para que el gobierno compense con medidas fiscales las
consecuencias socialmente regresivas del modelo. Esto preanuncia
que se viene una línea más dura hacia el movimiento obrero y los
sectores populares que Cristina Fernández y su ministro Aníbal,
junto con la justicia y las patotas sindicales, nos estuvieron
adelantando por estos días. Todo sea para que los trabajadores
hagan su aporte para transformar la crisis en una oportunidad...
para los capitalistas.
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