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Rebelión - Para
Sandra Mirna
Hace pocas semanas, oficiales de la policía boliviana se acercaron a
generales de las Fuerzas Armadas de Bolivia (FAB) investigando su
disposición para dar un golpe de Estado, entre ambas fuerzas. Uno de los
militares claves para el éxito del golpe se negó a participar e informó
al Presidente. Siguen los preparativos sin él. Y siguen los anuncios en
la radio que elogian al "ejército patriótico que mató al
Che Guevara y la subversión".
Los militares nunca dan un golpe de Estado en el aire, me dijo hace
siete años el amigo, General Alberto Mueller Rojas, hoy día, miembro del
Estado Mayor Presidencial de
Hugo Chávez. Es esta lógica que se observa desarrollar actualmente
en Bolivia. Todo un bloque conspirativo compuesto por diferentes fuerzas
sociales y estatales trabaja aceleradamente para acabar con el
Presidente
Evo Morales.
Los prefectos (gobernadores) de los Estados energéticos y separatistas
Beni, Pando, Santa Cruz de la Sierra y Tarija, promueven la conformación
de los llamados "Comités Civiles", que son las cabezas de lanza de la
subversión política visible. Tanto los prefectos como los comités
cívicos han entrado en franca rebelión contra el gobierno constitucional
de Evo Morales, al declarar que "no acatarán la Constitución Política
del Estado emergente de la Asamblea Constituyente, en caso de que esta
no sea aprobada en todos sus artículos por los dos tercios de votos" de
los constituyentes. Advierten avanzar en las "autonomías
departamentales", si no se cumple esa condición suya.
Cuentan, por supuesto, con el apoyo de la Corte Suprema de Justicia de
la Nación -tan reaccionaria y corrupta como sus demás homólogos
burgueses en el mundo- que le proporciona a la insubordinación planeada
la apología del delito.
Ante la reciente declaración de la Asamblea Constituyente de
considerarse "originaria, plenipotenciaria y funcional", es decir, no
restringida en su construcción del nuevo Estado por la normatividad
existente, los magistrados sostienen la posición de los prefectos
facciosos. Dictaminan que según el derecho constitucional el poder de la
Asamblea Constituyente no es "originario-fundacional" sino
"derivado-reformador" y, por lo tanto, sometido a la legislación vigente
que exige los tercios de los votos.
Los comités civiles cuentan con el financiamiento de sectores
empresariales y la colaboración de altos oficiales de la policía, por
ejemplo, coroneles. Sus actos son inflados y promulgados por los medios
de comunicación privada, muchas veces con los patrones de la propaganda
fascista. Algunos de los más importantes medios están en manos de
magnates capitalistas con fuertes inversiones agrícolas en las
provincias separatistas y que temen la reforma agrícola del gobierno.
En lo social, las asociaciones de padres de familia -generalmente
reaccionarias y controladas por la Iglesia- en alianza con sectores del
magisterio y los colegios y universidades privadas promueven paros,
bloqueos y manifestaciones contra el gobierno. Sectores energéticos
tratan de generar escasez de diesel y gasolina, a fin de producir
malestar entre la población.
Al igual que en Chile, los transportistas tienen la función de quebrar
la economía y la paz pública con un paro nacional, convocado para el
inicio de la próxima semana, con la intención de hacer confluir todos
los sectores anti-gubernamentales en un gran frente desestabilizador.
Refiriéndose explícitamente al paro subversivo de los transportistas
chilenos contra Salvador Allende (1972), financiado por la CIA
estadounidense, Evo Morales calificó hace dos días al paro boliviano
como un paro "ideológico": "Es la lucha del poder", dijo el líder
popular y dejó claro lo que está en juego: "o los grupos gamonales
(elite, H.D.) , o los movimientos populares".
A este frente desestabilizador amenaza asociarse la Central Obrera
Boliviana (COB), que-aprovechando el enfrentamiento armado entre
cooperativistas y asalariados mineros en Huanuni, Departamento de
Potosí, que hha dejado alrededor de quince muertos y sesenta heridos-
está tomando una posición antagónica frente al gobierno.
El conflicto de Huanuni es de origen económico. Se produjo por el
intento de unos cuatro mil cooperativistas mineros, cercanos al Ministro
de Minería Walter Villarroel, de quedarse con la explotación de la más
rica mina de estaño de Bolivia, Possokoni, expulsando de manera violenta
a unos mil mineros asalariados de la empresa estatal COMIBOL. El Estado
fue tomado por sorpresa. Ante la disyuntiva de matar a mineros con las
Fuerzas Armadas, por una parte, o de ser acusado de "negligencia y
ausencia del Estado", por otra, pasaron 36 horas que se convirtieron en
una mina de oro propagandística y política para la derecha. Esta
aprovechó al máximo su hegemonía en los medios de comunicación y, muy
semejante a la manipulación mediática durante los días del golpe de
Estado en Venezuela, ha golpeado incesantemente al gobierno.
En Bolivia se sigue minuciosamente el manual de la subversión
estadounidense. La máquina facciosa es lubricada con dinero, patrones
propagandísticos y programación política por el imperialismo
estadounidense que después del 11 de septiembre, 2001 puso a Evo Morales
en la lista de posibles terroristas que usan las fuerzas de seguridad de
Estados Unidos para rastrear a los terroristas.
Los cómplices de la Unión Europea y las transnacionales energéticas
complementan la falange subversiva. "BP-Tony", Primer Ministro británico
y agente político de la British Petroleum, ha sugerido a las empresas
energéticas del Reino Unido que no inviertan en el gas de Bolivia.
Esta es la política que ya practica Petrobrás, la transnacional
brasileña-internacional, cuya actitud depredadora y neocolonial frente a
Bolivia y los demás países latinoamericanos, hace palidecer el
comportamiento de algunas otras transnacionales occidentales; política
neocolonial que requiere urgentemente la organización de un boicot de
todos sus productos en toda América Latina, para quebrar a su
parasitaria tecnocracia chovinista, igual a la de PdVSA antes del
gobierno bolivariano.
Todos quieren remover al "indio" Evo que perturba los negocios, al igual
que al "negro" Chávez en Venezuela. Para Chávez, después del golpe
militar fracasado, el medio de "remoción" seleccionado es el veneno o el
accidente. En Bolivia, los gamonales y sus padrinos imperiales coinciden
en que un golpe militar podría ser el medio adecuado. Solo que un golpe
militar, como dice el amigo Mueller Rojas, no se puede dar en el
"vacío". Lo que vemos en Bolivia es el intento de la derecha mundial, de
llenar este vacío.
Hoy, más que nunca, la Revolución boliviana necesita nuestra solidaridad
mundial.
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