040508 - Frente a la ola nacionalista
que barre Latinoamérica los Estados Unidos han desplegado una política
agresiva mitigada tan solo por el mayor énfasis que le exigen sus
guerras en Asia. La crisis energética es sin duda la mayor urgencia en
la formulación de las estrategias gringas pero no tienen menor peso
otras consideraciones relativas al agua, las materias primas en general
y el control territorial sin que falten esfuerzos por ampliar mercados
para sus excedentes agrícolas e industriales mediante tratados de libre
comercio.
Las armas de esta política imperialista son múltiples y no por conocidas
menos eficaces: sabotaje económico, presiones diplomáticas, campañas
mediáticas, fomento de desórdenes públicos, promoción del descontento
alimentando rumores y medias verdades, actividades subversivas,
atentados terroristas y cuando todo esto falla o las condiciones están
maduras, el clásico golpe militar.
Si antes se intentaba legitimar el intervencionismo mediante la excusa
de la “lucha contra el comunismo” ahora se arguye una supuesta “lucha
contra el terrorismo”, la “guerra contra el tráfico de drogas” o si nada
de esto cuadra, el gobierno en cuestión será acusado de practicar un
populismo irresponsable que convierte al país en “un peligro para la
estabilidad regional”.
De tales estrategias no deben descartarse los movimientos separatistas
que pretenden romper la unidad nacional, precisamente de las naciones
que se convierten en “problema” para los Estados Unidos. No es casual
que ahora, cuando el nacionalismo reverdece en Latinoamérica, los
movimientos separatistas aparezcan precisamente en las naciones que más
han avanzado en la defensa de su soberanía nacional. En Venezuela, la
llamada “república del Zulia”; en Ecuador, los rumores de separatismo de
la región de Guayaquil y en Bolivia el independentismo de las provincias
del oriente. Zulia es uno de los departamentos más ricos, un verdadero
mar de petróleo, decisivo para la economía nacional. Guayaquil es el
centro de mayor desarrollo económico y las provincias del oriente
boliviano constituyen grandes reservas de gas y petróleo.
Las banderas del separatismo son muy similares. Pretenden
indefectiblemente que el centralismo de Caracas, Quito o La Paz ahogan
su pujanza, sin que quepa más salida que reivindicar lo propio así sea
llevando el proceso hasta las últimas consecuencias, es decir, la
separación. En todos los casos se trata de iniciativas de las
oligarquías locales, por lo general bien vinculadas con multinacionales
del petróleo o el gas. Aparecen entonces organizaciones internacionales
generosamente financiadas que sustentan a las ong´s locales y dan las
orientaciones pertinentes. No falta el seminario con intelectuales
liberales y especialistas de la moderna administración que se rasgarán
las vestiduras ante la supuesta falta de descentralización y la rigidez
burocrática que impiden a las regiones hacer un uso “más racional de sus
recursos”, ahora malgastados por un centralismo asfixiante y premoderno.
Y tras todos ellos, el omnipresente embajador de marras que interviene
groseramente y garantiza a lo separatistas el apoyo incondicional al
movimiento por parte de los Estados Unidos.
El separatismo del Zulia está por ahora en letargo aunque sería ingenuo
pensar que se haya olvidado por completo. Tampoco debe descartarse que
vuelvan a sonar voces separatistas en Guayaquil. Pero el peligro más
inminente está en Bolivia. Allí, el próximo 4 de mayo se realizará un
referendo de “autonomía” en la provincia de Santa Cruz, a pesar de haber
sido declarado ilegal por la Corte Nacional Electoral y fracasar en el
intento de conseguir algún tipo de apoyo de la OEA. En realidad, ninguna
institución representativa a nivel internacional ha aceptado servir de
testigo en ese evento y todos han dado su respaldo al gobierno legítimo
de Evo Morales que ha denunciado no solo su naturaleza ilegal sino los
verdaderos intereses separatistas que se esconden tras ese referendo.
En realidad, quienes lo propician buscan un enfrentamiento directo con
La Paz y si es posible hasta una guerra civil para derrocar al gobierno
progresista. Les molesta mucho la ley de reforma agraria que afecta a la
gran propiedad improductiva; les resulta muy incómodo que se afecten las
ganancias fabulosas de las multinacionales del gas y del petróleo; les
inquieta en extremo que el gobierno promueva los derechos de la
población indígena –mayoritaria en el país- y denuncian como un
“atentado contra la producción” que las autoridades intenten liberar a
los jornaleros guaraníes, sometidos a condiciones de atroz explotación,
en realidad modernos esclavos que, como en ciertas zonas de Brasil,
laboran en grandes haciendas a cambio tan solo de poder ocupar ranchos
miserables y recibir una alimentación más miserable aún.
El gobierno de Evo Morales será sometido este domingo a una prueba de
fuego. A los promotores del referendo parece importarles poco no tener
apoyo de ningún gobierno o autoridad internacional. Su conducta
permanente, después de haber sido desalojados democráticamente del poder
por las masas indígenas no ha sido otra que la obstrucción, el sabotaje
y la amenaza. Mientras, el embajador de los Estados Unidos se distingue
como un padrino diligente y acucioso y no sería extraño que Washington
esté a la espera del menor incidente para justificar la partición del
país y el surgimiento de un nuevo Kosovo en los Andes. En los Balcanes
los gringos y los europeos no han tenido inconveniente en apoyarse en un
llamado “movimiento de liberación nacional de Kosovo”, en realidad una
banda de delincuentes comunes dedicados al tráfico de drogas, armas y
personas y, según denuncia la antigua fiscal para Yugoslavia - la señora
Carla Di Ponte – implicados igualmente en el tráfico de órganos humanos
utilizando a prisioneros serbios.
En Bolivia se dan coincidencias muy curiosas. El actual embajador gringo
viene directamente de los Balcanes, en cuyas guerras separatistas ha
tenido destacado papel; los dirigentes separatistas de Santa Cruz y
otras provincias no solo son de un racismo extremo sino que su principal
dirigente, Marinkovic, es por casualidad un inmigrante croata; su
discurso se sustenta en teorías “científicas” de una supuesta pureza de
raza (la blanca “nación camba”) frente a la “decadente e inferior”
naturaleza del indígena del altiplano (de eso a la “limpieza étnica” no
hay más que un paso), y para terminar, una foto reciente muestra al
embajador de los Estados Unidos departiendo distendidamente con dos
sujetos, el jefe de los separatistas y un peligroso jefe paramilitar
colombiano que tiene orden internacional de búsqueda y captura por
múltiples crímenes. ¿De qué hablarían tan distinguidas personas?.
Defender la integridad nacional es entonces una urgencia en
Latinoamérica. En la anterior reunión de la OEA y en la siguiente del
llamado Grupo de Río por unanimidad se condenó la incursión de Colombia
en Ecuador y se reafirmó el principio de la no intervención y el respeto
a la soberanía nacional (Bogotá solo recibió el apoyo de Washington). La
OEA tampoco avala el referendo de Santa Cruz, ni la Unión Europea aceptó
supervisarlo. Todas ellas son victorias destacables de Latinoamérica
frente al intervencionismo. La nota más reciente la ha puesto Brasil: de
ahora en adelante, todo extranjero que desee entrar en su territorio
amazónico debe obtener antes una autorización expresa de las
autoridades, de suerte que se impida la piratería científica, el expolio
y el saqueo de especies y conocimientos. No se puede ser ingenuo en
asunto tan delicado.
El próximo 4 de mayo se juega mucho en Santa Cruz. Por ahora el gobierno
de Bolivia ha obrado con enorme prudencia y se ha llenado de razones.
Pero la provocación a la guerra civil es permanente y existen intereses
nacionales y extranjeros empeñados en provocarla. Evo Morales tiene el
apoyo de las fuerzas armadas y –lo más importante- mantiene la reserva
inagotable de las masas indígenas, movilizadas y dispuestas a defender
la integridad territorial de su país, sostener el proceso de reformas y
lanzarse a la lucha si se da el caso. Los Cien Mil Ponchos Rojos, aunque
muy mal armados, están alerta, si es que este domingo se confirman los
peores augurios y la sangre vuelve a correr en Bolivia.