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Evo camina seguro hacia un triple triunfo

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031209 - Hugo Moldiz - A pocos días de las elecciones generales en Bolivia, Evo Morales está muy cerca de obtener un triple triunfo: ser el primer presidente reelecto democráticamente de manera continua, superar el porcentaje de votación con el que fue elegido la primera vez y contar con una representación nunca antes vista en el Parlamento, ahora llamada Asamblea Legislativa Plurinacional desde que fue aprobada la Constitución Política del Estado. Por si fuera poco, está a un paso de alcanzar los dos tercios en el Senado. Demasiada dosis para los que lo pensaban debilitado.

Por lo tanto, el lunes 7 de diciembre los medios de comunicación, nacionales y extranjeros, tienen bastante tela de dónde agarrarse y la oposición, que en algunos casos viene siendo lo mismo, tendrá mucho por meditar sobre su futuro político y respecto de las tácticas empleadas en cuatro años para debilitar el primer presidente indígena de Bolivia y América Latina.

Pero no es posible medir la magnitud de esta historia de récord de Evo Morales, así sea de manera breve, sin una mirada a la historia de las elecciones en este país enclavado en el corazón de Sudamérica y sin una revisión a la forma cómo se elegía el Presidente de la República.

Si bien este año Bolivia cumple 27 años de vida democrática continua, es recién en 1985 que puede hablarse de una historia de las elecciones generales. Años antes, en octubre de 1982, el doctor Hernán Siles Suazo, de la reformista Unidad Democrática Popular (UDP), asumió el timón del Estado sobre la base del resultado de las elecciones de 1980, cuyo proceso fue truncado el 17 de julio de ese mismo año por un golpe militar encabezado por el general Luis García Meza.

Democracia de pactos, escasa votación

Obligado Siles Suazo a anticipar las elecciones generales, en 1985 tres candidatos de derecha se perfilaban entre los seguros ganadores. La izquierda estaba reducida a su mínima expresión. El ex dictador Hugo Banzer (1971-1978) se ubicó en primer lugar con un 32,83% y Víctor Paz Estenssoro se le aproximaba con el 30,36%. El MIR de Paz Zamora apenas superaba el 11 por ciento. Esto es importante porque los tres partidos fueron luego el eje de la llamada “democracia pactada”.

Y estas raras combinaciones de partidos afines ideológicamente, aunque con distintos idearios políticos, empezó precisamente en 1985. Una alianza entre el MNR y el MIR hizo al candidato del primero el presidente del país. Es decir, la gente votó pero no eligió. El escenario de la legalización de los acuerdos fue el Congreso Nacional.

Cuatro años después, en 1989, Gonzalo Sánchez de Lozada, con la venia de Paz Estenssoro, alcanza con el MNR el primer lugar con un 26,65. Le siguen Hugo Banzer de Acción Democrática Nacionalista (ADN) con un 25,24% y Paz Zamora con 21,83%. Y entonces, como no fue la población la que eligió sino sus representantes en el Congreso, el primero y el segundo fueron desplazados por un “golpe de mano” del tercero, quien asumió la conducción de Bolivia. Una alianza entre ADN y MIR viabiliza a Paz Zamora como presidente y le daba al banzerismo, el control del Congreso.

Culminado el período constitucional, unas nuevas elecciones generales ratificarían cuán lejos estaba la población de elegir a su presidente de manera directa. En 1993, Sánchez de Lozada obtiene el 35,55 de la votación y la coalición electoral Acuerdo Patriótico —que sellaba la unidad entre el ex dictador Banzer y los ex perseguidos del MIR— se ubicaba en un segundo lugar con sólo el respaldo del 21.95% de la votación. Esta es la primera vez en la que el Congreso respeta al que ganó las elecciones, aunque no alcanzó el 50% más uno que establecía la Constitución, y lo hace presidente.

Pero, como es obvio, esta forma de producir y reproducir política ingresa a un proceso de desgaste. En 1997 el binomio Hugo Banzer-Jorge Quiroga de ADN es declarado ganador con un 22,26%. Luego se ubican el MNR con Juan Carlos Durán (18,20%), CONDEPA de Remedios Loza (17,16%), MIR de Paz Zamora (16,77%) y Unidad Cívica Solidaridad (UCS) con 16,11%. El ex dictador conforma una amplia alianza (ADN, MIR, CONDEPA y UCS) y deja colgado al MNR. Con una Constitución ya reformada en 1994, que ampliaba a cinco años el período constitucional, Tuto Quiroga asume la conducción entre 2001-2002 debido a la renuncia de Banzer, quien se encontraba afectado de cáncer terminal.

Y la “democracia de pactos” ingresó a la última etapa de su recorrido. En las elecciones generales de 2002, con una abierta injerencia del embajador estadounidense Manuel Rocha, que ya advertía el crecimiento político de Evo Morales, a quien trató de expulsar del Congreso y meter a la cárcel un año antes, el candidato del MNR, Sánchez de Lozada, se ubicó en primer lugar con 22,45%. La “sorpresa” fue el MAS con Evo Morales, que se colocó en segundo lugar con 20,94%, seguido por Nueva Fuerza Republicana (NFR) de Manfred Reyes Villa (20,91%) y MIR de Paz Zamora con 16,31%.

Sánchez de Lozada asumió la conducción de Bolivia en una tarde lluviosa del 6 de agosto de 2002 y huyó el 17 de octubre de 2003 rumbo a Estados Unidos, tras una poderosa sublevación democrática. El vacío de poder, en medio de una fuerte confrontación entre el viejo bloque en el poder y el insurgente bloque nacional-indígena-popular, se mantuvo hasta fines de 2005 —primero con Carlos Mesa y luego con Eduardo Rodríguez Veltzé—, cuando el 18 de diciembre Evo Morales se corona ganador de las elecciones generales.

De récord en récord

La cualidad de la democracia en Bolivia se ha ido modificando a partir de 2005. Ya sea para consolidar su triunfo o para evitarlo, Evo Morales se ha convertido en el eje fundamental de las elecciones. Los márgenes de abstención y votos nulos —demasiado altos en las elecciones del período 1985-2002—, han dado paso a un nivel de participación nunca visto.

Las elecciones de diciembre de 2005 marcaron el punto final de la democracia de pactos —en la que los partidos hablaban por la gente— y el punto de partida de un nuevo período —en el que la gente habla por sí misma—. Evo Morales se alzó ganador con el 53,74 por ciento de la votación, seguido muy de lejos por Jorge Quiroga de Podemos —su nuevo partido que sustituyó a ADN— con un 28,59%, Samuel Doria Medina de Unidad Nacional (UN) con 7,79% y el tradicional MNR con 6,47%.

Estas eran las primeras elecciones, en más de 20 años, en las que la población votaba y elegía directamente al Presidente. Atrás quedaba ese largo historial de componendas y transacciones políticas sintetizadas en cuotas de poder en los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.

Otro resultado de ese masiva irrupción democrática, pues el nivel de participación supero el 85 por ciento de la población electoral en edad de voto, se tradujo en la composición del Congreso Nacional. El MAS se hizo de un total de 84 congresistas, de los que 72 llegaron en su condición de diputados y 12 al Senado, aunque tuvo que lamentar la deserción de dos en la cámara alta.

Podemos conquistó 56 escaños en total (13 senadores y 43 diputados), Unidad Nacional llegó a 9 (1 senador y 8 diputados) y el MNR a 8 ( 1 senador y 7 diputados).

La sorpresa no era para menos. En 2002 el MAS alcanzaba a 55 congresistas, de los que 27 eran diputados —entre los que estaba Morales— y 8 senadores, lo cual ya representaba al mismo tiempo un salto cualitativo pues en las elecciones de 1997, con la sigla de Izquierda Unida, la bancada indígena alcanzó a 4, de los cuales Evo era uno de ellos.

Pero Evo Morales iba a confirmar que los actos electorales en Bolivia habían cobrado otra magnitud. En la elección de representantes para la Asamblea Constituyente, el 2 de julio de 2006 el MAS obtuvo una votación importante. esto implica, que salvo el MAS, que confirmó su ascenso, Podemos y Unidad Nacional bajaron en un 15% y 7%, respectivamente, con un MNR reducido a Beni y parte de Santa Cruz.

Pero ahí no acabaría el historial de récord de Evo Morales. El 10 de agosto de 2008, en un referéndum revocatorio convocado por el Ejecutivo, tras una iniciativa del Senado, controlado por la oposición, el jefe del actual Estado Plurinacional recibió el 67 por ciento del electorado nacional. Un mes después, la victoria electoral merecería una respuesta de la ultraderecha: un intento de golpe cívico-prefectural que, alentado por Estados Unidos, pretendía la división del país.

Cinco meses después, el 25 de enero de 2009, Bolivia fue escenario de un referéndum constitucional en el que el pueblo, también por vez primera en más de 180 años de vida republicana, iba a decidir si aprobaba o no el texto constitucional redactado en la Asamblea Constituyente y modificado parcialmente en octubre de 2008 por el Congreso Nacional.

El acto electoral contó con el 85% de la población electoral. La Constitución fue aprobada por el 62%, lo que en buenas cuentas implicaba un masivo respaldo al programa electoral del MAS para el período 2010-2015. Otra victoria contundente del nuevo bloque en el poder.

¿Y cómo está el panorama para el 6?

De acuerdo a varias proyecciones realizadas hasta la semana previa a las elecciones del domingo 6, Evo Morales se perfila claramente a una victoria con una votación que se colocaría alrededor del 60 por ciento, es decir con 6 puntos adicionales al porcentaje con el cual fue electo presidente en 2005.

Si la tendencia se confirma el domingo y la CNE no le quita cerca del 7% de sus votos, con argumentos nada convincentes, la victoria no dará espacio a la duda, sobre todo después de cuatro años en los que el gobierno enfrentó campañas de especulación alimentaria, intento de golpe de Estado, estrategias de desgaste e incluso planes de magnicidio.

Con esa votación, el MAS obtendría en el Senado —que por disposición constitucional ha subido de 27 a 36 representantes— un total de 23 escaños y la coalición PPB-Convergencia 13. Con eso el partido de gobierno se ubica a un paso de obtener los dos tercios y deja en manos de Tarija, Chuquisaca o Pando la posibilidad de hacerlo.

En la cámara baja el MAS llegaría a 82 —es decir 10 más en relación con la elección de 2002 y 78 adicionales respecto de 1997—, seguido por PPB-Convergencia con 33, UN con 11 y 4 de Alianza Social (AS) del ex alcalde René Joaquino.

En cuanto a la representación de las circunscripciones indígenas para los pueblos con menos población, que la Constitución fija en 7 escaños, el MAS se llevaría todos.

Esto quiere decir, si la tendencia no cambia en la semana, que la Asamblea Legislativa Plurinacional tendría a 105 representantes del MAS, 46 de PPB-Convergencia, 11 de Unidad Nacional y 4 de Alianza Social.

Los dos tercios tienen una importancia relativa. Con ese grado de representación en la Asamblea Legislativa la designación de algunas autoridades del poder central (contralor, presidente Banco Central y otros) y una probable reforma constitucional tendrían el camino expedito.

Empero, aun sin dos tercios en la Asamblea, una reforma constitucional podría ser trabajada por iniciativa ciudadana, lo cual implica una cantidad —5%— de firmas del padrón electoral —que el MAS puede obtener en un cerrar y abrir de ojos— para luego someterla a referéndum popular. En síntesis, los dos tercios son la cereza de la torta - La Epoca

 


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