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240110 -
Pablo Stefanoni
- La autoestima indígena, uno de los mayores logros de
Evo Morales.
Evo inicia su segundo mandato con un profundo cambio en Bolivia
Nació este viernes el
Estado Plurinacional de
Bolivia
y
empezó a regir la nueva Constitución. En ella se reconoce la
igualdad entre aborígenes y mestizos y la defensa férrea de los
recursos naturales. Morales prometió un "socialismo
comunitario".
"El Estado colonial murió. Está naciendo el nuevo Estado
plurinacional, autonómico y solidario". Con esas palabras
recibió Evo Morales, por segunda vez, la banda presidencial para
un nuevo mandato de cinco años, avalado por el 64% de los votos.
Para reforzar la idea de refundación no se ahorró en
escenificaciones. La antigua banda y medalla presidenciales,
"símbolos de la República liberal", fueron trasladadas, cual
pieza de museo, a la bóveda del Banco Central por una guardia
del batallón Colorados, y se las reemplazó por un nuevo diseño
con marcas andinas.
Evo ya no juró por Dios sino por los "próceres de la liberación,
por los héroes que dieron la vida por la patria y por el pueblo
boliviano y la igualdad de todos los seres humanos". Y
gigantescos retratos de los líderes anticoloniales
Tupaj Katari
y su esposa
Bartolina Sisa, que se rebelaron contra los
españoles en 1781, fueron colocados en la fachada del Palacio
Quemado, la casa de gobierno, junto a los tradicionales Sucre y
Bolívar.
"Hasta 2005, la República Liberal fue de casta, apellido y
chequera", dijo el vicepresidente
Álvaro García Linera, quien
citó al marxista italiano
Antonio Gramsci para explicar el
pasaje del Estado aparente al Estado integral.
En su discurso de investidura ante el Parlamento, el copiloto de
Morales definió como socialista la meta del "proceso de cambio",
aunque aclaró que ese tránsito "puede llevar años, décadas o
siglos". Y él mismo se autodefinió como "un viejo bolchevique y
tupackatarista" antes de dejarle la palabra a Morales.
Luego habló el mandatario boliviano. Cuando Evo anunció que
haría un informe de gestión se supo de inmediato que su discurso
sería largo. Y en dos hora resumió con puntos y comas todas las
medidas tomadas, incluyendo la cantidad de lámparas de bajo
consumo distribuidas.
El líder boliviano pidió a la nueva Asamblea Legislativa
Plurinacional que apruebe, como primera norma, la Ley Marcelo
Quiroga Santa Cruz de investigación de fortunas mal habidas e
ironizó entre vivas de sus seguidores: "¿Acaso quienes no
aplauden (los opositores) piensan votar en contra?"
Evo dijo luego que ojalá pudiera trabajar 30 horas por día y
subrayó varios de sus récords. Su preferido: la holgada cantidad
de reservas internacionales, que pasaron durante su mandato de
1.400 a casi 9.000 millones de dólares.
"La derecha creía que la inflación iba a ser la tumba del
indio", se jactó al resaltar la salud de la macroeconomía
boliviana y la baja inflación, al tiempo que resaltó las
políticas sociales y pedía paciencia a quienes se dormían.
"Con la renta Dignidad, el problema que tenemos con el compañero
Álvaro es que las viejitas no paran de besarnos y abrazarnos",
siguió en tono jocoso.
Añadió, además, que el Estado entregará tierras a los emigrados
bolivianos que quieran retornar de países receptores como
Argentina,
Brasil o
España.
Más serio prosiguió: "Felizmente, sin la DEA estadounidense,
hemos interceptado un mayor número de fábricas de cocaína que en
años anteriores".
Los palos a EE.UU. fueron una marca de su discurso, justo cuando
se intentan normalizar las relaciones bilaterales, sin embajador
luego de la expulsión de
Philip Goldberg en 2008.
Barack Obama envió a la ceremonia a la ministra de Trabajo Hilda
Solís y a la subsecretaria para la Democracia y Asuntos Globales
María Otero, nacida en Bolivia. En Nueva York, el embajador
adjunto de EE.UU. ante la ONU, Alejandro Wolff, calificó de
retrógrado a Morales, luego de que este acusara a Washington de
aprovechar el terremoto en Haití para invadir la isla.
En su largo discurso,
Evo Morales también envió un mensaje al
recién elegido presidente chileno,
Sebastián Piñera, frente a la
actual mandataria
Michelle Bachelet, quien escuchaba en el palco
de invitados especiales junto a
Rafael Correa
(Ecuador),
Hugo
Chávez (Venezuela) y Fernando Lugo (Paraguay), Mohamed Abdelaziz
(Saharaui) y Felipe de Borbón, príncipe de Asturias.
"Así es la democracia, felicitamos, pero también esperamos que
se respete la agenda de 13 puntos para seguir discutiendo el
asunto del mar", dijo el presidente.
También hubo palabras para los militares. Al tiempo que
destacaba estar equipando a las FF.AA., lanzó sorpresivamente:
"Lamentablemente, en muchos institutos militares se sigue
enseñando que el enemigo es el socialismo. Hay que cambiar eso,
el verdadero enemigo es el capitalismo, no el socialismo". El
Alto Mando aplaudió. Y el acto terminó con un largo desfile
indígena-militar -
Clarín
Análisis: EL PRESIDENTE BOLIVIANO, ENTRE EL IMAGINARIO
DESARROLISTA Y LAS EXPECTATIVAS DESMESURADAS
Basta ver una foto de la composición de la nueva Asamblea
Legislativa Plurinacional para captar el dato más importante del
proceso político y social que vive Bolivia: los ponchos, las
polleras y los cascos mineros que en 2002 comenzaron a poblar el
Congreso pero hoy le dan la "personalidad" al nuevo órgano
legislativo. Y la autoestima indígena se puede ver también en
los mercados, entre las vendedoras "de pollera" y las
compradoras de clase media, y en las quejas más privadas de las
élites de que "los indígenas ya no son como antes".
Con todo, y pese a los esfuerzos del gobierno por diferenciarse
del nacionalismo revolucionario de los años 50 -evidente en el
reciente reemplazo del busto del ex presidente Víctor Paz
Estenssoro por Túpac Katari en el Senado- resulta difícil
ocultar los parecidos. Los llamados a construir el socialismo,
una posibilidad que el vicepresidente Álvaro García Linera
negaba hasta hace poco y ahora asume pero en un período de
"años, décadas o siglos", no parecen reflejarse en las políticas
públicas, ni en el debate de los movimientos sociales. Y el
discurso eco-comunitarista tiene como correlato un modelo
económico sostenido en el extractivismo de materias primas: gas
y minería, y en un imaginario fuertemente desarrollista.
Lo que parece unir a la enorme diversidad que contiene el "evismo"
es el nacionalismo popular. No es casual que la medida más
aplaudida hasta ahora de Morales, junto con las políticas
sociales, haya sido la nacionalización de los hidrocarburos (y
la inclusión de una cláusula constitucional por la cual se
iguala la privatización de recursos naturales con la traición a
la Patria).
Modernización del país, integración física, económica y social,
Estado fuerte que controle los recursos naturales y reemplace a
la inexistente burguesía nacional como motor del desarrollo, son
la marca de fábrica de todos los gobiernos nacionalistas que
tuvo Bolivia desde el siglo XIX, y que fueron muchos. Así como
los desfiles indígena-mineros-militares que ayer volvieron a
repetirse como tributo del pueblo al líder, que saludaba desde
el balcón.
Ni la onda new age-cósmica, ni las visiones para las cuales
desde Katari hasta Evo no pasó nada, parecen explicar un
complejo proceso de fuertes rupturas y sorprendentes
continuidades, con un Evo que se apoya en conquistas de procesos
de cambio y revoluciones anteriores. Pero la visualización
romántica de los indígenas como una alternativa fácil a la
"decadente modernidad occidental" alienta, por momentos, una
serie de expectativas desmesuradas, como cuando la intelectual
mexicana Ana Esther Ceceña se pregunta: "¿Será Bolivia el
espacio de gestación de un nuevo sistema de organización de la
vida planetaria? ¿Será Bolivia quien ofrezca la clave para
comenzar esa nueva era de la humanidad, la era del vivir bien en
el no-capitalismo?".
Quizás sea cargar mucho sobre los hombros de esta pobre y
sufrida nación que busca cosas más terrenales, como dignidad,
salud y educación de mayor calidad, igualdad entre indígenas y
mestizos, salir de la miseria, tener carreteras para sacar los
productos de las zonas rurales.
En síntesis, un Estado digno de ese nombre y un modelo económico
que hace medio siglo hubiera sido calificado de
"socialdemócrata" -
Clarín
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