|
.
La culpa también es
de las vacas
220110
- Mario Osava* - El desmonte
indiscriminado para la crianza de ganado se revela como una de
las principales amenazas a los ecosistemas de
Brasil
y una de las principales causas del cambio climático mundial
Río de Janeiro, Brasil. El ganado bovino debería tener en el
debate mundial la misma prioridad que las armas nucleares, las
guerras y, en especial, el cambio climático, por su incidencia;
pero no está en la pauta, lamenta el activista brasileño João
Meirelles Filho, autor de dos libros sobre la ocupación
amazónica.
Esta actividad agropecuaria es en Brasil la mayor causa de
emisiones de gases invernadero: es responsable de los cuatro
quintos de la deforestación de la
Amazonia
y de tres cuartos de la quema de bosques y vegetación en todo el
país, además de generar el grueso del gas metano en el proceso
digestivo del vacuno.
No se puede creer en la promesa brasileña de reducir los gases
contaminantes, porque se basa en contener la deforestación, sin
tocar la verdadera causa que es la ganadería extensiva de
vacunos, dijo Meirelles a IPS.
Sin afrontar esa cuestión, Brasil no llevó a la 15 Conferencia
de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas
sobre el Cambio Climático, que se realizó en Copenhague ni
ninguna política para el clima, sino sólo cifras y metas
irreales, sentenció este experto, presidente del Instituto
Peabirú y promotor del desarrollo sustentable y social de la
Amazonia.
José Miguez, coordinador de la Comisión Interministerial de
Cambio Climático, difiere radicalmente de esta posición: “La
producción pecuaria no es la mayor responsable de la emisión de
gases invernadero en
Brasil”,
sino las “alteraciones en el uso de la tierra y los bosques”,
que incluyen la deforestación, aseguró el funcionario a IPS.
Pero la diatriba de Meirelles, solitaria años atrás, fue
confirmada ahora por 10 investigadores de varias universidades e
institutos gubernamentales y una organización ambientalista de
este país, quienes estimaron que por lo menos la mitad de los
gases dañinos para el ambiente emitidos en Brasil de 2003 a 2008
está asociada a la ganadería.
El estudio Estimación de emisiones recientes de gases del efecto
invernadero por la pecuaria en Brasil, que fue presentado en
Copenhague, advierte que hay una subestimación por parte de las
autoridades y algunos expertos sobre cuáles son los responsables
de la contaminación ambiental.
Y es que en los papeles oficiales sólo se consideran tres
fuentes contaminantes, como son la deforestación, la quema de
bosques y pastizales y la fermentación entérica de los vacunos,
omitiendo otros factores, como praderas degradadas, los
alimentos de los animales, el transporte y la industrialización.
La Amazonia brasileña, que concentraba cerca de 1 millón de
vacunos en 1970, hoy tiene 80 millones, con una “productividad”
de sólo uno por hectárea, destacó Meirelles, para mostrar la
correlación con el avance de la deforestación en las últimas
décadas.
En todo el país hay casi 200 millones de vacunos, uno por cada
brasileño, que ocupan un cuarto del territorio nacional y que
suman tres veces el área sembrada.
Pero éste no es solamente un problema amazónico, ni siquiera
brasileño, sino mundial. La
Organización de las Naciones Unidas parar la Alimentación y
la Agricultura estima que la ganadería ocupa 40 por ciento del
área agrícola global, recordó Meirelles.
Los más de 1 mil 200 millones de vacunos existentes en el mundo
consumen más alimentos que los 6 mil 800 millones de humanos, la
mitad de los cuales no consume su carne. Un millón de personas
no lo hace por razones religiosas y casi todas las demás por
insuficiencia de ingresos para comprarla, acotó.
Es insustentable la tendencia creciente al consumo de carne
bovina que se registra especialmente en
China, donde aún se limita a 6
kilogramos anuales por persona, lejos de los 36 kilogramos que
muestra Brasil y más de 60 en Argentina, explicó Meirelles.
Además de ineficiente productor de proteína, exigiendo 8
kilogramos de forraje por cada uno de carne, el vacuno es un
depredador ambiental y social. En Brasil, el mismo gremio de
grandes agricultores y ganaderos calcula que hay 70 millones de
hectáreas de pastizales degradados.
La expansión de la ganadería extensiva de vacuno constituye, de
hecho, el único ciclo económico de Brasil, la forma principal de
ocupación de todo el territorio nacional, según Meirelles,
dejando a un lado los del oro, del azúcar o del café de los que
hablan los historiadores, porque fueron locales y limitados.
El ganado fue el instrumento histórico de ocupación de la Mata
Atlántica, la extensa área boscosa cercana al litoral Este de
Brasil que ya perdió 93 por ciento de sus florestas originales,
y de otros ecosistemas, como el Cerrado, la sabana central del
país cuya mitad ya fue deforestada. Esa depredación se repite en
la Amazonia, advirtió Meirelles.
A la deforestación y degradación de las tierras se suma la
erosión, la sedimentación de los ríos y otros daños.
Los 3 millones de vacunos que pastan en la inmensa y húmeda isla
de Marajó, en la desembocadura del río Amazonas, “alteran los
llanos, abren riachuelos y cambian el régimen hídrico”, según el
activista. Máxime si se tiene en cuenta que una buena cantidad
de ellos son búfalos, los más terribles destructores de la
naturaleza.
Además, el avance del ganado vacuno tiene costos sociales
absurdos, fomentando los más numerosos casos de trabajo esclavo
moderno y los cruentos conflictos por la tierra, al ser usado
por empresarios y potentados para asegurar la posesión ilegal de
grandes latifundios con mínimo empleo.
No es, por otra parte, una actividad rentable, observó Meirelles.
En su opinión, habrá que reducir drásticamente el ganado vacuno
en Brasil y en el mundo, generando conciencia para un menor
consumo de su carne. Ese proceso cultural exige un tiempo, que
la humanidad no dispone, para mitigar el cambio climático,
reconoció. Por ende, acciones y liderazgo gubernamentales se
hacen urgentes para impulsar soluciones.
Brasil, al asumir el compromiso de reducir en 80 por ciento la
deforestación amazónica para 2020, debería poner a la ganadería
bovina en la pauta de negociaciones climáticas y promover
políticas que eviten esa catástrofe visible, pero escamoteada
por “alguna ceguera inexplicable”, concluyó Meirelles -
Red
Voltaire
La culpa también
es de las vacas - Mario Osava*
1009 -
RÍO DE JANEIRO (IPS/TerraViva) La ganadería vacuna
debería tener la misma prioridad que el cambio climático, las
armas nucleares y las guerras en el debate internacional, pero
no está en la pauta, lamentó el activista brasileño João
Meirelles Filho, autor de dos libros sobre la ocupación
amazónica.
En Brasil la ganadería es la mayor causa de emisiones de gases
invernadero, al provocar cuatro quintos de la deforestación
amazónica y tres cuartos de las quemas de bosques y vegetación
agrícola en todo el país, además generar el grueso del gas
metano emitido en el proceso digestivo del vacuno.No se puede
creer en la promesa brasileña de reducir esos gases, porque se
basa en contener la deforestación sin tocar la verdadera causa
de ella, que es la ganadería extensiva de vacunos, afirmó
Meirelles a TerraViva. Sin enfrentar esa cuestión, Brasil no
plantea en Copenhague ninguna política para el clima, sino
cifras y metas irreales, sentenció.
Sin embargo, “la pecuaria no es la mayor responsable de la
emisión de gases del efecto invernadero en Brasil”, sino las
“alteraciones en el uso de la tierra y los bosques”, que
incluyen la deforestación, según dijo a TerraViva José Miguez,
coordinador de la Comisión Interministerial de Cambio Climático,
expresando la visión del gobierno.
Pero la diatriba de Meirelles, solitaria años atrás, fue
confirmada ahora por 10 investigadores brasileños de varias
universidades e institutos gubernamentales y una organización
ambientalista. Por lo menos mitad de los gases invernadero
emitidos en Brasil de 2003 a 2008 están asociados a la
producción de ganado vacuno.
El estudio “Estimación de emisiones recientes de gases del
efecto invernadero por la pecuaria en Brasil”, será presentado
este sábado en Copenhague y reconoce una subestimación porque
solo considera tres fuentes, la deforestación, quemas de
pastizales y fermentación entérica de los vacunos, omitiendo
otros factores, como pastizales degradados, alimentos animales,
el transporte y la industrialización.
En la Amazonia brasileña había cerca de un millón de vacunos en
1970, hoy son 80 millones, con una “productividad” de solo uno
por hectárea, destacó Meirelles para evidenciar la correlación
con el avance de la deforestación en las últimas décadas. En
todo el país son casi 200 millones, uno por cada habitante
humano, y ocupan un cuarto del territorio nacional, tres veces
el área sembrada.
No se trata de un problema amazónico ni exclusivamente
brasileño, sino mundial. La Organización de las Naciones Unidas
para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que la
ganadería ocupa 40 por ciento del área agrícola global, recordó
Meirelles.
Los más de 1.200 millones de vacunos existentes en el mundo
consumen mayor cantidad de alimentos que los 6.800 millones de
personas, pero la mitad de la humanidad no consume su carne, un
pequeño sector por razones religiosas y casi todos los demás por
insuficiencia de ingresos, acotó.
No es sustentable la tendencia de creciente consumo de carne
vacuna, que se registra especialmente en China, donde aún está
limitada a seis kilogramos anuales por persona, lejos de los 36
kilos en Brasil y los más de 60 en Argentina, sostuvo Meirelles,
presidente del Instituto Peabirú, que promueve el desarrollo
sustentable y social en la Amazonia.
Además de ineficiente productor de proteína, pues requiere ocho
kilos de forraje por cada kilo de carne, el vacuno es un
depredador ambiental y social. En Brasil el mismo gremio de
grandes agricultores y ganaderos estima que hay 70 millones de
hectáreas de pastizales degradados.
La expansión de la ganadería extensiva constituye, de hecho, el
único ciclo económico de Brasil, la forma principal de ocupación
de todo el territorio nacional, según Meirelles, al contrario de
los “ciclos” del oro, del azúcar o del café, a los que se
refieren los historiadores, porque fueron locales y limitados.
El ganado fue el instrumento histórico de ocupación del Bosque
Atlántico, el “bioma” costero brasileño que perdió 93 por ciento
de sus selvas originales, y de otros ecosistemas, como el
Cerrado, la sabana central que tiene la mitad de su área ya
deforestada. Esa historia se está repitiendo en la Amazonia,
advirtió Meirelles.
A la deforestación y degradación de las tierras se suma la
erosión, la sedimentación de los ríos y otros daños. En la
inmensa y húmeda isla de Marajó, en la desembocadura del río
Amazonas, tres millones de vacunos son los más terribles
destructores de la naturaleza, pues “alteran los llanos, abren
riachuelos y cambian el régimen hídrico”, según el activista.
Además, el avance del vacuno tiene costos sociales absurdos,
pues fomenta numerosos casos de trabajo esclavo moderno y
conflictos agrarios cruentos, al ser usado para asegurar la
posesión ilegal de tierras, generando un mínimo de empleos.
No es una actividad rentable, la mayoría de los ganaderos
amazónicos viven mal, observó Meirelles, que se ha dedicado a
desarrollar alternativas sustentables en lo ambiental y lo
económico.
En su opinión, habrá que reducir drásticamente el ganado vacuno
en Brasil y en el mundo, generando conciencia para un menor
consumo de su carne. Ese proceso cultural exige un tiempo, del
que la humanidad no dispone para mitigar el cambio climático,
reconoció. Por ende, las acciones y el liderazgo gubernamental
se hacen urgentes para impulsar soluciones.
Brasil, al asumir el compromiso de reducir en 80 por ciento la
deforestación amazónica hasta 2020, y con una ganadería tan
extensa y dañina, debería colocar al sector en la pauta de las
negociaciones climáticas y promover políticas que eviten esa
catástrofe visible, pero escamoteada por “alguna ceguera
inexplicable”, concluyó Meirelles.
* Mario Osava Periodista
|