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050210 -
Tania Jamardo
Faillace
- La esclavitud es una realidad actual
Niños y niñas de la Región Norte de
Brasil,
han participado de un concurso de dibujos contra el Trabajo
Esclavo en
Brasil,
tema que los chicos y los jóvenes de Pará y Tocantins conocen
muy bien. Sin embargo, el trabajo esclavo también existe en la
Región Sudeste (Rio y San Paulo), y hasta en Rio Grande do Sul,
sea en el campo como en la ciudad. Es necesario denunciarlo y
presionar los congresistas para aprobar una alteración
constitucional que está dormida hace nueve años en los cajones,
la 438, que permitirá la confiscación de las tierras de los
señores de esclavos. Fincas de ganado, soya, caña de azúcar,
eucaliptos, y carbón vegetal, son los negocios que más utilizan
el trabajo esclavo.
Los campesinos pobres son seducidos con la promesa de buenos
empleos, y se los hacen viajar para sitios distantes con todos
los gastos pagos, y acaban ellos sometidos a sus patrones por un
sistema de endeudamiento perpetuo, impedidos de ir y venir, y
abandonar el trabajo, bajo la amenaza de armas de fuego y otros
medios de intimidación.
Aún soy esclavo
8 mil esclavos fueron libertados por la Policía Federal y el
Ministerio del Trabajo durante el gobierno de Fernando Henrique
Cardoso; 30 mil en el gobierno
Luiz Inácio Lula da Silva
– pero se calculan que existan más de 1,3 millón de esclavos en
América Latina, y cerca de 12 millones en el mundo. Ese comercio
hace circular cerca de 30 mil millones de dólares anuales.
Esa situación es denunciada en Brasil por la Comisión Pastoral
de la Tierra hace más de 20 años. Hay registro de ese crimen
específico desde los años 70. No hay actos suficientes de
fiscalización, no hay leyes eficientes, no hay justicia
competente para castigar a los criminales porque una parte de
ellos tiene asiento en el Congreso Nacional como legisladores.
De igual modo, duerme en el Congreso, el proyecto que define
como crimen odioso, eso es, imprescriptible, el crimen de
reducir alguien a la esclavitud, sometiéndolo a la privación de
su libertad, a la servidumbre por deudas, al trabajo forzado e
ilegal, y a condiciones degradantes de supervivencia y de
trabajo. Hoy, el criminal, en la mayoría de los casos, no es
encarcelado, y reincide. Hay un catastro de los acusados por el
crimen de someter trabajadores a la esclavitud, que, en teoría
los impediría de obtener préstamos públicos, pero con frecuencia
los amigos influyentes obran para que el culpable sea excluido
del catastro.
FSM 10
En el Foro Social Mundial de Porto Alegre, este año, el tema fue
presentado por el Ministro de Derechos Humanos, Paulo Vanucchi,
el juez Marcus Barberini, el senador José Neri (Psol), la
representante de la OIT, Laís Abramo, Frei Xavier Plassat, de la
Pastoral, los representantes del Ministerio del Trabajo,
Sebastião Caixeta y Marcelo Campos, el periodista Leonardo
Sakamoto (www.reporterbrasil.org.br), y el campesino de Piauí,
Francisco José dos Santos Oliveira, libertado en Pará para ser
conducido en un asentamiento agrícola en Piauí, su Estado, donde
las 42 familias allá asentadas no reciben ningún apoyo para
establecerse como unidad productiva, sea a través de asistencia
técnica o asistencia financiera para inversión (solamente
reciben la Bolsa Família para no morirse de hambre). Para
agravar el cuadro, un hacendado ha invadido parte de sus tierras
y ellos temen sufrir persecuciones físicas, como es común en
Brasil, cuando los grandes codician la tierra de los pequeños.
Como ningún ambientalista o ciudadano bien informado lo ignora,
el agrobusiness en Brasil es el mayor responsable por la
degradación ambiental de matas, fuentes, ríos, y montes
naturales... y aún por la insistencia en derrumbar las leyes
ambientales existentes en el País.
El agrobusiness está muy bien representado en la Comisión del
Congreso que estudia la posible revocación de la Ley 4771, el
Código Forestal brasileño, línea maestra de la legislación
ambiental, asunto que ha sido objeto de una audiencia pública en
Porto Alegre, con la presencia de varios congresistas, incluso
Aldo Rabelo y el catarinense Valdir Colatto, este que ha
declarado que es necesario erradicar las matas nativas de la
Sierra del Mar porque obstaculizan el lucro agrícola.
Impunidad
En cuanto a los culpables del crimen de someter a la esclavitud
a sus trabajadores, no tienen mucho que temer. Los acusados
pagan una multa pecuniaria, y sufren un castigo simbólico que
puede ser la de ofrecer algunas bolsas con alimentos a los
pobres de su vecindad. Pocos jueces llevan en serio el crimen de
esclavitud, 122 años después de la promulgación de la Ley Áurea,
que ha libertado todos los esclavos en Brasil.
La razón alegada por ellos, es que la esclavitud moderna se
parece poco a la esclavitud clásica. Por ejemplo, hoy la
esclavitud no se ciñe solamente a los negros: democráticamente
cualquiera puede ser esclavo, blanco, negro, pardo o amarillo.
Los esclavos modernos tampoco son torturados y muertos en la
plaza pública – cuando el terrateniente cree necesaria la
contención de su indignación, o de su huída (por el riesgo de
que le denuncien), emplea otros medios, tanto antiguos como
modernos, y hasta sui generis, además de mucho más discretos...
Además de las desapariciones en la selva, disparos, palizas,
agua contaminada, alimentación insuficiente, carencia de
alojamientos y condiciones de higiene y salubridad, existen
registros de procesos muy especiales, para garantizar la
impunidad del terrateniente.
En una visita hecha por la Policía Federal a una propiedad
rural, según relata el padre Ricardo Rezende Figueira en LA
JUSTICIA DEL LOBO, libro de testimonios y documentario sobre el
Sur de Pará, se encontraron huesos humanos COCIDOS, en un
reducto de puercos, porque los esclavos, después de asesinados
probablemente a balazos o cuchillazos, habían sido arrojados a
los animales con la finalidad de destruir indicios. Los puercos
comen carne, como se sabe, y los criminales han preferido darles
carne humana COCIDA y no cruda, para prevenir futuras agresiones
contra ellos mismos, si el olor fuera semejante.
También en las ciudades existe esclavitud
La progresión (o regresión) de los regimenes de trabajo urbano
también camina a pasos grandes tras el derrumbe de los derechos
adquiridos por la lucha centenaria de los trabajadores, desde la
consagración del neoliberalismo.
La extinción de los puestos de trabajo mediante la
automatización llevaron a los trabajadores a someterse a
situaciones que serían consideradas degradantes e inadmisibles
hace quince años, por el recelo de verse a la calle sin
alternativas.
La esclavitud o servidumbre también existe en los estados del
Sur. Fueron detectados cerca de Porto Alegre, hace unos pocos
años: grupos de esclavos, trabajando bajo el sistema de
servidumbre por deudas en cultivos de frutas.
Actualmente, hay una industria de zapatos que se ha refugiado al
interior del estado, para huir la fiscalización, donde las
condiciones de trabajo son “análogas a la esclavitud”, y donde
los casos de LER sin tratamiento llevan a lesiones irreversibles
y a la deficiencia física permanente.
La ausencia de visitas periódicas a los locales de trabajo se
explica oficialmente por la escasez de fiscales y especialistas
en condiciones de trabajo, en tanto otros órganos – incluso
sindicales – no poseen autorización para ejercer esa vigilancia.
FIERGS, órgano clasista máximo de la industria de Rio Grande do
Sul, hace algunos años, logró prohibir legalmente que el CRST
(Centro de Referencia de la Salud del Trabajador – municipal)
hiciera visitas a los locales de trabajo, después de que una
metalúrgica fue multada por desproteger a sus obreros contra la
carga de hierro flotante en el aire. La defensa de la
Municipalidad en el proceso judicial que se ha seguido,
simplemente no compareció a la audiencia, y los trabajadores de
la capital han perdido su protección por negligencia de los
abogados municipales. Hay que considerar que hasta hoy la
Municipalidad nada hizo para revertir la situación.
En este momento, en Brasil, en vez de unirse, los órganos
clasistas de la clase obrera se fragmentan. Hoy son OCHO
centrales de trabajadores, que merecen por cierto, la
denominación de centrales, y son completamente impotentes para
cualquiera acción conjunta.
Hay que remarcar que todo eso no es obra de un azar, sino el
resultado de una estrategia políticamente correcta, que
sacramenta la diversidad como pretexto para la desigualdad, y
que a la larga desmontará todas las conquistas del mundo del
trabajo y deberá llegar al perfeccionismo de proponer el
neomaltusianismo como la única política social posible en la
pos-modernidad: que se extingan los excedentes humanos para que
los dueños del mundo vivan con más desahogo.
- Tania Jamardo Faillace es
Periodista y escritora de Porto Alegre y Activista social -
Alainet
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