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Impresionantes revelaciones sobre los desaparecidos en Colonia Dignidad

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260809 - Francisco Herreros - Si hay un lugar en esta tierra cuya sola mención evoque de manera más rotunda los múltiples significados del fascismo; si hay un lugar en Chile donde adquiere cuerpo la terrible admonición de Dante grabada a fuego en el dintel del infierno, aquella que dice “Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza”, ése es el fundo El Lavadero, en la comuna de Parra, donde todavía tiene su sede la fatídica Villa Baviera, alias Colonia Dignidad, la misma a la que el Consejo de Defensa del Estado acaba de acordar, con delicadeza, gracia y consideración, levantarle embargos por más de cuatro mil millones de pesos.

Esa misma Colonia Dignidad sobre la que ríos de tinta y kilómetros de cinta magnética no alcanzan para describir la totalidad de sus horrores, y que no obstante, no termina de sorprender, en ocasiones hasta el nivel del espasmo.

Es el caso del contenido de los documentos del archivo local de la CIA, que estamos en condiciones de publicar, o tal vez sería más apropiado decir filtrar, en esta oportunidad. En ocasiones anteriores hemos utilizado el término desclasificación, lo cual ha generado alguna confusión, tal vez debida al hecho de que dicho verbo es asociado a una decisión oficial y deliberada de cualquier dependencia del gobierno norteamericano, de abrir o desclasificar su información. Es así como en días recientes, un canal de noticias por cable, una radio y un quincenario dedicado a la chacota, consultaron la opinión de Peter Kornbluh, especialista en desclasificación de información de agencias gubernamentales norteamericanas, quien manifestó dudas sobre la autenticidad de los documentos, dado el hecho de que están en castellano, y por otras cuestiones de forma.

Sin embargo, como se trata de un especialista serio, concluyó que con la información disponible, en última instancia no estaba en condición de afirmar o desmentir la autenticidad de los documentos; no obstante lo cual, el periodista del quincenario en cuestión, con una ética y una técnica periodísticas muy por debajo de estándares aceptables, le atribuyó la afirmación de que eran “más falsos que la sonrisa de tatán”.

Mejor hubiera hecho el bisoño periodista en enfocarse sobre la información que le fue suministrada, en lugar de limitarse a filosofar sobre exterioridades o de suponer que un periodista de un medio como El Siglo, que hace más de veinte años rema a contracorriente de la complacencia mediática de la que en última instancia ese quincenario es tributario, vaya a publicar información que no puede sostener, aún en estrados judiciales.

Archivo

Todavía no ha llegado el momento de revelar el origen de los documentos. Pero por ahora, podemos afirmar que pertenecían al Departamento de Inteligencia de la Embajada, dependencia encargada de la compilación de información proveniente de la DEA y de la
CIA, para fines internos. Ambas dependencias operaban sobre la base de redes de colaboradores voluntarios e informantes pagados. Los antecedentes así recabados llegaban en español, por la sencilla razón de que los colaboradores e informantes eran -y son- en su mayoría chilenos. Esa información se traducía al inglés, y era enviada, por vías reservadas, a Washington. Nuestro informante supone que se remitían al Departamento de Estado y a la CIA, aunque esa parte no le consta, porque no entraba dentro de sus atribuciones. Afirma que sólo tenía acceso a aquella parte del archivo que compilaba información recabada por los equipos de tarea de nivel local, y que otra instancia de la estructura de comunicaciones de la Embajada resolvía archivar. Sin embargo, al igual que en la totalidad de los documentos filtrados hasta la fecha, la mayor prueba de suficiencia y validez es la información misma, más aún cuando, metodológicamente, sólo hemos publicado aquella que se pueda contrastar al menos con una segunda fuente.

Metodología del terror

El memorando secreto 11-22 corresponde a una recopilación de inteligencia sobre el centro de detención y torturas que funcionó en Colonia Dignidad, y entrega información hasta ahora desconocida sobre la incineración de cuerpos de detenidos desaparecidos, en el contexto de la denominada Operación Retiro de Televisores, que como ya está probado en autos, fue ordenada por un criptograma del propio general Pinochet, distribuido a divisiones, regimientos y unidades militares del país, incluida Colonia Dignidad.

Los dos primeros puntos del documento acreditan los nexos gestados en los albores mismos de la dictadura, entre la DINA y Colonia Dignidad, la cual puso a disposición de los agentes del Estado para sus tareas represivas los fundos Lavadero, San Manuel y El Litral, así como un inmueble en la ciudad de Parral.

La inteligencia norteamericana identifica a Erwin Fege como jefe de seguridad de Colonia Dignidad, y a Willy Malessa como el encargado de la incineración de los cuerpos. El procedimiento consistía, primero, en rociar los cuerpos con fósforo químico, luego incinerarlos en alguno de los ocho hornos construidos para el efecto, para terminar esparciendo las cenizas dentro de los predios.

Todo esto mientras la maquinaria oficial negaba las detenciones a sus familiares y los tribunales rechazaban los recursos de amparo, la mayor parte de las veces “por no haberse acreditado el cuerpo del delito”.

Difícil imaginar crueldad más lejana a la condición humana.

El 26 de marzo de 2004, el noticiario central de Chilevisión dio a conocer el testimonio de José Efraín Vetter Veuhof, fugado de Colonia Dignidad, el que después rindió ante el ministro Jorge Zepeda. Algunos párrafos de ese testimonio: “Willy Malessa enterró 15 autos de detenidos desaparecidos, por orden de Paul Schäfer, usando una retroexcavadora K-235 (.,.) El encargado de la seguridad era Erwin Fege; él estaba a cargo de un grupo de unas 20 personas, armadas. Hacían prácticas de tiro, en las noches, en un subterráneo (…) Willy Malessa recibió la orden de Shäfer de remover el ‘paquete’, de sacarlo desde donde estaba y llevarlo a otro lugar. El estuvo trabajando más de una semana, solo, en un valle interior. Willy y Erwin Fege pueden saber donde están los restos de los desaparecidos. Cuando el tema de los DDHH resurgió se preocuparon de que alguien pudiera entrar y vinieran a hacer excavaciones. Hoy quizás ya creció el bosque y es imposible saber dónde están los restos, pero están preocupados. (…) Ellos podrían ayudar a muchos chilenos. Ellos tienen que pensar que un día van a llegar al cielo y tendrán que dar cuentas a su Dios. Hoy Willy y Erwin tienen casas en el sur y viven como reyes. ¿Cuándo despertarán y ayudarán a tantos chilenos? ¿Por qué lo hicieron?” El 17 de julio de 2005, después de declarar ante el ministro Jorge Zepeda, le dijo a El Mercurio: "Willy Malessa y Erwin Fege se fueron, pero siguen viviendo de los que están allí. Cuando se fueron pidieron 90 millones. Y aunque en asamblea dijimos que no, igual se les dio. Después hasta yo trabajé llenando fardos y fardos de pasto para el fundo de Fege. Y todavía se les mandan los productos de la Colonia para vender".

Según este testigo, Malessa y Fege viven en Purrranque, sin haber sido sometidos a proceso hasta la fecha.

Retiro de televisores

Otro antecedente de la máxima importancia es el que dice relación con la denominada Operación Retiro de Televisores, que como se sabe consistió en la exhumación e incineración de cuerpos de detenidos desaparecidos. De acuerdo al documento de la inteligencia norteamericana, se realizó en dos etapas, los años 1977 y 1989.

La orden codificada, según el criptograma A-1 de la Comandancia en Jefe del Ejército, habría sido impartida por el propio general Augusto Pinochet y enviada a todas las guarniciones y divisiones del país.

Por lo que respecta a Colonia Dignidad, el documento P-100930, del 8 de octubre de 1990, firmado por el jefe de Dicomcar 2, documento oficial, susceptible de ser periciado, corrobora esa información en términos casi absolutos. Señala que “por orden del Señor Director General”, cargo que por entonces desempeñaba el general Rodolfo Stange, se procedió a la “exhumación e incineración” de las personas individualizadas, “según criptograma de la Comandancia en Jefe del Ejército”.

El hecho de que un documento de Dicomcar aparezca en el archivo de la
CIA revela la porosidad del entorno de la inteligencia, y confirma la versión de nuestro informante, en el sentido de que las más de las veces el método de las redes locales de la CIA consistía en la compra de información. En todo caso, conviene insistir: la última palabra compete a tribunales.

Lista fatídica

En la lista adjunta aparece Juan Maino Canales, militante del MAPU, detenido el 26 de mayo de 1976, por agentes de la DINA. Numerosos testimonios dan cuenta de su presencia en Colonia Dignidad. Por el delito de secuestro calificado de Maino Canales, el ministro Jorge Zepeda tiene encausados a Paul Schäfer Schneider, Rolf Wenderoth Pozo, Carlos López Tapia, Osvaldo Pincetti Gac y Eugenio Fieldhouse Chávez.

Luego, aparecen los nombres de Hernán Sarmiento Sabater y Haroldo Laurie Luengo, ambos sin militancia política, detenidos por Carabineros el 28 de julio de 1974, en Parral, y de José Luis Morales Ruiz, detenido el 1 de agosto de 1974, en la misma ciudad. Por el caso de 15 detenidos desaparecidos de Parral, entre los que están Sarmiento, Laurie y Morales, el ministro de Dedicación Exclusiva Alejandro Solís condenó a penas que van entre 10 y 17 años al ex coronel de Carabineros, Pablo Caullier Grant; al ex teniente coronel de Ejército, Hugo Cardemil Valenzuela, y al ex sargento Luis Alberto Hidalgo.

A continuación, vienen los nombres de dos militantes de las Juventudes Comunistas, Pedro Merino Molina, detenido el 14 de septiembre de 1974, en la casa de un conocido, en Coronel, y Adán Valdevenito Olavarría, detenido el 25 de septiembre del mismo año, en Lota. Aparte de la militancia, ambos comparten la circunstancia de que sus nombres aparecieron en la lista publicada en la revista O’Día de Curitiba, en el marco de la Operación Colombo, y que sus casos judiciales están sobreseídos temporalmente, sin culpables.

En la lista del documento de Dicomcar sigue el nombre de José Hilario San Martín, identidad que probablemente corresponda a José Isaías San Martín Benavente, jefe de Dirinco de Temuco, quien se presentó voluntariamente a Carabineros, el 19 de septiembre de 1973. Por este caso, están encausados el ex general de Carabineros Gonzalo Arias González, el ex-capitán Eduardo Orlando Riquelme Rodríguez y los ex-suboficiales Juan de Dios Fritz Vega y Omar Burgos.

Terrorismo selectivo

Luego, aparecen Alan Bruce Catalán y Alvaro Vallejos Villagrán, integrantes de estructuras de dirección intermedia del MIR. Bruce fue detenido el 13 de febrero de 1975, en una ratonera en la que además cayeron Iván Monti Cordero, Carmen Díaz Darricacarrere, y Jaime Vásquez Sáenz, todos desaparecidos hasta el día de hoy.

Los últimos testimonios disponibles dan cuenta de su presencia en Villa Grimaldi, en pésimas condiciones físicas y mentales, antes de que su rastro se perdiera hasta el antecedente entregado por el documento de Dicomcar 2, que por una caprichosa parábola terminó en el archivo de la
CIA.

Vallejos Villagrán, detenido el 20 de mayo de 1974, también fue bárbaramente torturado. Numerosos testimonios dan cuenta de su presencia en Colonia Dignidad. Por el secuestro calificado de Vallejos Villagrán se encuentran procesados los ex coroneles de Carabineros César Manríquez Bravo y Ciro Torré, y los colonos alemanes Gerhard Mücke y Kurt Schenellenkamp. La lista de Dicomcar 2 suministra los nombre del del ex-diputado Carlos Lorca Tobar y Exequiel Ponce Vicencio, integrantes de la Comisión Política del Partido Socialista, detenidos el 25 de junio de 1975, en un golpe represivo que además incluyó a Ricardo Lagos Salinas, Michelle Peña Herreros. Mireya Rodríguez, Carolina Wiff, Rosa Solís y Sara Donoso Pacheco, todos desaparecidos hasta el día de hoy. Procesado por el secuestro y desaparición de Carlos Lorca Tobar, permanece el ex agente de la DINA, suboficial Basclay Humberto Zapata Reyes. El antecedente de que los cuerpos de Lorca y Ponce habrían sido incinerados en Colonia Dignidad era desconocido hasta ahora.

Finalmente, la lista entrega los nombres de Jorge Muñoz Poutays y Mario Zamorano, detenidos en la ratonera de Calle Conferencia, en el contexto de una operación represiva contra la dirección clandestina del Partido Comunista, que se realizó entre los días 30 de abril y 6 de mayo de 1976. Por ese caso, el ministro de Dedicación Exclusiva, Víctor Montiglio tiene 74 encausados, entre los que cabe mencionar a Manuel Contreras, Miguel Krassnoff Martchenko, Ricardo Lawrence Mires, Germán Barriga Muñoz y Federico Chaigneau Sepúlveda, integrantes de la Brigada Lautaro de la DINA, que además incluía personal de todas las ramas de las Fuerzas Armadas.

Centro de exterminio

Como puede apreciarse, la lista de la Dicomcar acredita la condición de centro de exterminio de Colonia Dignidad, toda vez que incluye casos de detenidos desaparecidos de fechas diversas y distintos lugares de detención, en que se superponen víctimas de detenciones indiscriminadas, propias de la primera fase de la represión, con aquellas altamente selectivas, característica de la segunda, con “neutralización” de cuadros de dirección de los partidos Socialista y Comunista, y del MIR.

Esa condición es corroborada por el punto 7 del documento de inteligencia norteamericana, que señala que a ese recinto eran trasladados detenidos de Santiago, Talca y Temuco, y agrega que en Dignidad se utilizó el método de cámaras de gas y petróleo, en tanto crematorios “científicamente planificados” para asegurar la “eliminación” de los cuerpos. De estos hornos, según el documento, habrían existido unos ocho, con capacidad para dos o tres cuerpos.

También por el documento se puede saber que los alemanes se encargaban de la tortura, y luego suministraban a la DINA análisis de inteligencia y directrices de búsqueda, es decir, listas de personas a detener, elaboradas con información obtenida bajo tortura.

También, fluye que en el recinto se elaboraba armamento de guerra, así como armas químicas y bacteriológicas, entre otras, gas sarín, en el contexto del Proyecto Andrea, en el que también participaron Michael Townley y Eugenio Berríos.

El documento de la inteligencia norteamericana sugiere vínculos entre el servicio secreto alemán y la Colonia Dignidad.

La lista de Schäfer

En su punto 10, el documento individualiza a los integrantes de la Brigada Sur de la DINA, integrada por Eduardo Guy Neckelmann Schültz, Rolf Wenderoth Pozo, Fernando Gómez Segovia; Augusto Deichler Guzmán y Nelson Luvecce Massera. Al día de hoy, Gómez Segovia está procesado por asociación ilícita, y Wenderoth por el secuestro de Juan Maino Canales. Asimismo, está acreditado que Neckelmann, Deichler y Luvecce vivieron en una casa situada Carrera Pinto 262, en Parral, cedida por la Colonia Dignidad.

Entre los integrantes de las unidades operativas de nacionalidad alemana, el documento 11-22 identifica a Gerd Seewald Lefebre, Hans Jurgen Bollman, Albert Schreiber Rauschenberger; Kurt Schenellenkamp Nelaimischkies, Karl van den Berg Schuurman, Gerhard Mücke Koschitzke, Erwin Fege y Willy Malessa. Salvo estos dos últimos, el resto, además de Paúl Schäfer Schneider, Harmut Hopp Moittel, Gisela Gruhlke Hann, Peter Schmidt Spinti, Wolfgang Freidhelm Zeitner Bohnau; Matthias Gerlach Maschke; Renate Freitag Hartman; Rebeca del Carmen Schäfer Schneider, Manuel Contreras Sepúlveda, Pedro Espinoza Bravo, Fernando Gómez Segovia, y Armando Fernández Larios, están procesados en calidad de autores del delito de asociación ilícita, por el ministro Jorge Zepeda, que acumula todas las causas por violaciones a los derechos humanos, perpetradas en Colonia Dignidad.

De acuerdo con el informe de inteligencia norteamericano, todas estas personas participaron, en las décadas de los 70 y los 80, en alrededor de 140 desapariciones en predios de Colonia Dignidad. Sólo en la Operación Cerro Gallo, comandada, aparentemente, por el ex teniente coronel Hugo Cardemil, se habrían ejecutado y hecho desaparecer en las condiciones descritas a unos veinte militantes del Partido Comunista.

Por último, el documento 11-22 de la
CIA, informa que por Monte Maravilla se designaba a un campo de concentración y trabajos forzados, tanto para opositores a la dictadura, como para castigo de colonos alemanes díscolos.

En suma, postular que Colonia Dignidad es sinónimo de infierno matizado con los trazos más crueles del fascismo, es incluso condescendiente. - El Siglo

 


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