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Características, antecedentes e importancia
- Yang Enrui, Francisco Javier Haro
Navejas, Julio A. Díaz Vázquez, Seán Golden -
Observatorio de la Política China
El 15 de octubre del 2007 se inaugura en Beijing el XVII
Congreso del Partido Comunista de China. Fuentes oficiales
destacan que el evento debe marcar el inicio de una “nueva
etapa” en el proceso de reforma y apertura al exterior,
apostando por un desarrollo científico y la armonía social. A
mayores, en la nueva dirección que salga elegida de este
congreso deben figurar las piezas clave llamadas a asegurar la
transición de la cuarta a la quinta generación.
Al respecto, quisiéramos compartir con algunos amigos y
colaboradores del OPCh, reconocidos expertos en temas chinos,
algunas cuestiones de interés.
1. ¿Qué resultados principales cabe esperar de este XVII
Congreso del PCCh?
2. ¿Qué retos más significativos afronta el PCCh para no ver
peligrar su posición central en el sistema político chino?
3. ¿Qué contenidos u orientaciones destacaría de la “nueva
etapa” anunciada por las autoridades chinas?
Respuestas de Yang Enrui (Observatorio de la Política China)
1. ¿Qué resultados principales cabe esperar de este
XVII Congreso del PCCh?
El Congreso dará el último toque para completar formalmente toda una
elaboración de un rumbo político, presentado como continuidad de lo
anterior pero que tiene su columna vertebral en unas ideas muy novedosas
sobre el desarrollo científico y la sociedad armónica, y para anunciar
la lista definitiva de la nueva dirección suprema del PCCh, lista más
menos aprobada tras un difícil consenso. Pueden esperarse consecuentes
cambios paulatinos en los mecanismos del PCCh que vayan teniendo lugar
en función de la conveniencia conyuntural, pero no un impacto repentino.
La cúpula actual del PCCh no suele proceder con grandes aspavientos.
Menos aún cuando el número uno seguirá siéndolo en adelante, aunque el
segundo mandato de Hu Jintao puede suponer una fase cualitativamente más
importante que la anterior. 2. ¿Qué retos más significativos afronta el
PCCh para no ver peligrar su posición central en el sistema político
chino?
Los peligros tendrían su origen en: ( 1 ) Discordia en el interior de la
dirección colectiva sobre el proceso democratizador; ( 2 ) Resistencia a
la reforma por parte de dirigentes locales, obstinados en la defensa de
propios intereses; ( 3 ) Agotamiento de la paciencia por parte de
amplios sectores desfavorecidos que están a la expectativa de las
mejoras prometidas, y ( 4 ) Exacerbación drástica de los estragos
ecológicos, motor importante del descontento del pueblo.
3. ¿Qué contenidos u orientaciones destacaría de la “nueva etapa”
anunciada por las autoridades chinas?
Calar en el pueblo el mensaje de armonía social, prestando una atención
mayor para sus necesidades de subsistencia. Adoptar reajustes en la
estrategia económica para corregir los dramáticos desequilibrios
sociales y ecológicos. Y presentarse al exterior como un gobierno
responsable en la comunidad internacional.
Respuestas de Francisco Javier Haro Navejas (Universidad Autónoma de
México).
1. ¿Qué resultados principales cabe esperar de este XVII Congreso del
PCCh?
Los más evidentes, de varias formas anunciados, serán el fortalecimiento
del liderazgo de Hu y los cambios a documentos claves del organismo
partidario. Por supuesto, habrá que esperar la profundidad de los
mismos. Respecto a lo primero, ya a estas alturas Jiang Zemin habrá
entendido, además de sus limitadas opciones, la necesidad de hacerse a
un lado en aras, entre otros aspectos, del proceso imparable de
fortalecimiento institucional del que él mismo se benefició a la muerte
de Deng Xiaoping. Humano, político y formado en acres luchas políticas
durante décadas, tiene que negociar parcelas de poder y, faltaba más, su
ascenso al panteón teórico con su triple representatividad. En relación
a lo segundo, más relevante, por lo menos a largo plazo, será ver la
capacidad del Congreso para “reflejar los últimos desarrollos del
marxismo en China”, pero sobre todo cristalizar programáticamente las
transformaciones políticas de las últimas décadas.
2. ¿Qué retos más significativos afronta el PCCh para no ver peligrar
su posición central en el sistema político chino?
El reto esencial es aceitar la relativamente pequeña, con apenas
alrededor de 70 millones de miembros formales, pero poderosa maquinaria
partidaria ya que es el sustento político del sistema; además, claro, de
ser la fuente en la cual se originan y negocian temas vitales para todo
el país, lo que quiere decir poder político y económico. La pregunta es
muy relevante, pero no debe inducir a pensar que el partido está en
peligro, si bien ya existen planteamientos en el sentido de que cambie
de nombre y de ideología, éstos son minoritarios y con escasa fuerza. El
PCCh no es el Partido Comunista Italiano, pero tampoco es el Partido del
Trabajo Coreano. El organismo fortalecerá dos funciones que ha venido
realizando con intensidad en los últimos años: primero, es un
instrumento de creciente importancia en política exterior, sirve como
una “falange” de la misma, la cual permite atraer y acercarse, lo mismo
en China como fuera de ella, a partidos de las más variada índole
ideológica. En la internacional de la diversidad política, el gobierno
chino consigue más ganancias políticas que aquellas corrientes ancladas
en las ideologías del siglo XIX. Quién lo fuera decir, los comunistas
chinos son abiertos en sus opciones políticas lejanas a las alianzas
políticas de los años sesenta.
El segundo, trascendental, es el partido como alentador de la reforma, a
través de la politización y control de las masas. Lo cual quiere decir
tener células o comités del partido inclusive dentro de las grandes
compañías extranjeras, las cuales vacilaron al principio pero ahora
tienden a aceptarlo como algo que podría redundar en su beneficio.Los
lados menos amables los localizamos en la renovación del corporativismo,
expresado en el control limitado que se ejerce sobre la sociedad; la muy
incompleta separación del partido y del gobierno, apreciable en muchos
aspectos, sobre todo en el poder acumulado por el presidente de la
república-secretario general del partido; finalmente, en el
fortalecimiento de los militantes-empresarios y empresarios-militantes,
que algo de positivo habrá tenido, pero que fortalece la corrupción.
2. ¿Qué contenidos u orientaciones destacaría de la “nueva etapa”
anunciada por las autoridades chinas?
Hay un reforzado énfasis en la sinidad de los procesos
político-económicos, las famosas características chinas; pero al mismo
tiempo, se aprecia una mayor apertura en casi todos los frentes. En lo
político, creo que sin mucho éxito, se inyectará energía a algo que
prácticamente nunca la tuvo: la cooperación multipartidaria. Partidos,
dicen en China, que no sean oposición, pero que tampoco gobiernen .En
todo caso, en lo político cabría espera un paulatino y consistente
fortalecimiento de los procesos electorales, los cuales crecerán
espacialmente, pero también en importancia en el proceso de toma de
decisiones; e igualmente importante, cambios institucionales a
diferentes niveles y a veces negociados con instituciones
internacionales que llevarán a una mayor flexibilidad y eficiencia del
Estado.
Se podrían mencionar muchos elementos, pero el más importante es la
síntesis que partes de la elite han hecho de la historia, sobre todo la
de la terrible década iniciada en 1839. En ese sentido, el PCCH tiene
ante sí dos enormes retos: primero, impedir que la moral se convierta en
el punto débil que lleva al país y al mismo partido a la bancarrota
histórica; segundo, hacer del mundo su espacio “natural” para
convertirse en potencia indiscutible que obtiene de innumerables lugares
lo que necesita, a la vez que invierte e instala procesos productivos
allende sus fronteras.
Respuestas de Julio A. Díaz Vázquez (Centro de Investigaciones de
Economía Internacional, Universidad de La Habana).
1. ¿Qué resultados principales cabe esperar de este XVII Congreso del
PCCh?
Ante todo, nos parece útil destacar que la preparación del XVII Congreso
del Partido Comunista de China (PCCh), a iniciarse el próximo 15 de
octubre, ha estado rodeado de hechos muy particulares. Uno, la
“discreción asiática” en que la prensa oficial y el PCCh han venido
reflejando los trabajos preparatorios de eventos tan significativos como
los Congresos de los Partidos Comunistas en el poder. Otro, el carácter
“cerrado” del Cónclave”: no habrá invitados externos. El congreso, como
evento político es una herencia “bolchevique”; salvo anormalidades, se
efectúan cada cinco años. Al surgir la República Popular China (RPCh)
siguió esta “tradición”.
Sin embargo, la “experiencia” china marcó, desde el VIII Congreso (1957)
este acontecimiento, de momento en que medían sus “sables” las cabezas
visibles de la cúpula dirigente, o plataformas políticas subyacentes en
el interior del Partido. Este es uno de los “síndromes” que le imprimió
la etapa de
Mao Tse Tung, en tanto conductor indiscutido
del PCCh. El tránsito a la dirección que tomó las riendas del PCCh, a la
muerte del “fundador”, con Deng Xioaping de líder más prominente, no
estuvo ausente de los enfrentamientos entre “reformadores” e
“inmovilistas”, manifestada con intensidad desde el XII Congreso.
Precisamente, lo interesante del anterior XVI Congreso consistió en que
el Cónclave, transcurrió sin sismos en la cúpula y la salida de Jiang
Zemin, dio paso a la llamada “cuarta generación” en el poder. También,
relevante fue que a más de un lustro de la muerte de Deng, el Secretario
General, Hu Jintao, provenía de la “selección” previa de aquel
liderazgo. En resumen, ahora las expectativas del XVII Congreso del PCCh
giran sobre dos puntos básicos. Uno, la composición del Comité Central (CCPCCh),
la formación del Buró Político y dentro de éste, su Comité Permanente,
de donde saldrá la llamada “quinta generación”. El otro, incluye el
avance o retroceso de las tendencias del rumbo capitalista en que, la
visión de una parte de la izquierda y los enfoques (neo) liberales
avizoran el futuro económico-social del país.
Vale una puntualización. Si bien en la “Nueva China”,
Mao inicia la “primera generación” en el
poder, Deng Xiaoping la “segunda”, Jiang Zeming la “tercera” y Hu Jintao,
la “cuarta”; en la historia no puede separarse a Deng, y otros que
aprobaron las “cuatro modernizaciones” de creadores, junto a Mao de la
RPCh. Así, son “fundadores” los que en la cronología, inauguran el
legado de “reforma y apertura”, que terminó dando al traste con la
universalidad del “modelo clásico socialista soviético” y el intentado
establecer por Mao. Jiang Zeming, al continuar la renovación económica,
marcó su mandato con el aporte de la “triple representatividad” (TR).
Mientras, la impronta de Hu Jintao, parece estar en integrar el
desarrollo económico-social, impulsar el avance de la ciencia-tecnología
y fundirlo en el surgir de una “sociedad armoniosa”.
En síntesis, entre otros, el XVII Congreso del PCCh integrará al CCPCCh
a los “herederos o hijos de la revolución”. De esta cantera saldrá el
relevo o “cuarta generación” (“quinta”) que formará la cúpula dirigente
en el 2012. Proceso que abrirá una nueva etapa o “relevo del baton” en
las esferas políticas y gubernamentales del país. Aunque, sin dudas,
dará continuidad a la profundización de los perfiles que encierra el
“desarrollo social armonioso”. El promedio de edad oscilará entre los
50-55 años, con mayoría absoluta de profesionales; y la composición de
la estructura en la cúpula del PCCh buscará equilibrar el peso de
histórico de Shanghai y Beijing en el Buró Político, incorporando más
cuadros de las regiones menos favorecidas.
2. ¿Qué retos más significativos afronta el PCCh para no ver peligrar
su posición central en el sistema político chino?
Es conveniente señalar que, el lugar central que ocupa el PCCh en la
China actual, debe abordarse desde una óptica abarcadora, integrando la
política, lo económico-social y, quizás, una esfera que, a veces, solo
aparece, en la lejanía y es distintivo de China: la cultura. No es una
exageración afirmar que lo cultural permea todos los intersticios de
esta milenaria sociedad.
En otra acepción, la senda socialista de China implicó, en más de un
sentido, una “herejía”. En una original sociedad campesina, llega al
poder el PCCh inspirado en la ideología de la clase obrera, producto
neto del desarrollo capitalista en el occidente europeo. Entre otros,
este Partido acumula en su haber la unificación del país en el área
continental; puso fin al caudillismo militar; logró anhelos de cientos
años al establecer un gobierno centralizado. Retomó y fundió los
sentimientos nacionales, imprimiéndoles nuevo contenido. Ahora transita
de una economía centralizada a otra que incorpora el “mercado”.
En tanto, si repasamos el curso de la “Nueva China”, tenemos “herejías”
de “izquierdas” (Gran Salto y Revolución Cultural); y en relación con el
“socialismo real”, la “reforma y apertura” cae en la “derecha”. Sin
embargo, desde nuestra óptica, las “cuatro modernizaciones”, al llevarse
a la práctica a través de la renovación económica y abrirse al exterior
hicieron que, hoy China, se asemeje a un especial e inmenso
“laboratorio” de experimentación social.
En este “laboratorio”, el mercado satanizado por lo más radical de la
izquierda, cumple con su papel dinamizador, la inserción en la economía
globalizada rinde frutos, es “locomotora” económica internacional.
Constituye la tercera potencia de la economía mundial y segunda por el
monto del comercio exterior.
Recordemos que después de la Revolución Industrial sólo se registró un
caso que combinó una escala económica gigantesca con vertiginosas tasas
de crecimiento: la “conversión” de los Estados Unidos de América en
potencia industrial. Proceso de transformación económico-social no
repetido –en límite y rapidez — hasta casi un siglo después, con el
“despertar del dragón” chino.
En otras palabras, la RPCh es el “otro” único caso -después de los EEUU
— de formación de un coloso económico global en los doscientos años
transcurridos desde que la Inglaterra de Jorge III, pusiera fin a
milenios de predominio de la agricultura como fundamento material de las
sociedades modernas. Sin pasar por alto que aún el “coloso asiático”
enfrenta gigantescos retos para culminar el ascenso hasta las cumbres de
“potencia global”.
China cuenta con el potencial para modificar por sí misma su malograda
historia de desarrollo económico-social, y volver a ocupar el lugar
puntero que ostentó hasta finales del siglo XVIII. Las mutaciones en
curso dan fundamento a las expectativas para que acceda a la expansión
de la economía un país que cobija un quinto de la humanidad. Impronta
que rebasa el impacto que ha tenido su vuelco en la economía
internacional. Además, abre una oportunidad para examinar los cambios en
la acumulación capitalista contemporánea y sus contradicciones. Prueba
al canto: los efectos del factor “precio chino”, la reversión de los
“términos de intercambio”, se erigen en otro “laboratorio”.
En lo social, cierto, si escrutamos bajo la “lupa de los derechos
humanos”, - fuera del sesgo político que toma hoy este objetivo supremo
de la humanidad -, es largo lo que debe andar China y otros muchos
pueblos que habitan la “aldea tierra”. Sin embargo, una ojeada a lo
acaecido en los últimos 25 años, hace de lo alcanzado un hito en la
milenaria historia del país. Desaparecieron las recurrentes hambrunas,
cientos de millones de personas dejaron atrás la secular miseria, la
“democracia” desconocida en los símbolos del lenguaje, forma parte de la
pendiente “quinta modernización”, aunque llegará acompañada del “toque
cultural”. Tal vez, la mayor conquista de la “reforma” radicó en liberar
las fuerzas de la “creatividad” contenidas en el pueblo chino.
En la esfera política, si bien lo apuntado más arriba, constituyen
logros indudables del PCCh – sin olvidar las manchas oscuras que también
carga en el ejercicio del poder – hoy está llamado a enfrentar desafíos
que esperan respuestas, ante todo, en el orden externo e interno del
propio Partido. Entre otros, comenzaríamos por señalar, separar en la
práctica, la fusión Partido-Estado. Proceso que tampoco puede desconocer
la existencia de factores legados por el “modelo bolchevique”. Una
cuestión fue organizar al PCCh para la toma del poder; y otra demanda
muy distinta resultó al convertirse en “gobernante” de todos los chinos.
Asignatura que aún está pendiente.
Diseñar un “Estado de Derecho” que incluya la obligación de someterse a
la Ley para todos los ciudadanos, incluidos los miembros del Partido,
está lejos de la “cultura histórica”; el “autoritarismo” está
“embotellado” en más de dos milenios en China. No admitir fueros ni
privilegios en el orden legislativo, requiere de la “formación de una
cultura legal” que no se crea solo con aprobar una legislación.
Intervenir con voz y votos en las cuestiones que atañen a los intereses
de todo el pueblo – independiente de lo logrado por la sociedad humana
bajo la “democracia ateniense” y la “ciudadanía” en la Francia de 1789 -
sigue siendo un ideal real por alcanzar. Este es un reto que el PCCh
tendrá que resolver “ladrillo a ladrillo”, en los próximos 10-20 años.
He aquí otro “laboratorio”, para superar lo aportado por el socialismo
conocido; y lo de aquel que el “viejo topo” condenó para siempre.
En lo interno, el PCCh resulta otra “herejía”. De los más de 71 millones
de militantes (2006), un 32% eran campesinos y un 12% obreros. Además,
con la “reforma y apertura” ha emergido un “nuevo estrato social” (NES),
cuyos miembros (empresarios), junto a obreros, agricultores,
intelectuales, cuadros al servicio del Estado-PCCh y miembros del
Ejército Popular de Liberación (EPL), se dice, contribuyen de manera
importante con su trabajo honesto y negocios al desarrollo
económico-social del país. La TR da cobertura a los NES fuera de la
teoría de las clases” - relación de los hombres respecto a los medios de
producción y modo de participar en la distribución del producto social
-; para la “ortodoxia socialista” la TR no encajaría en la esencia de un
partido proletario.
Tampoco debemos soslayar que, dentro del canon centralizador, político y
económico que se tejió en la “Nueva China”, el PCCh instrumentó aparatos
político-sociales-militares singulares. Uno de ellos, la Conferencia
Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh); por la formación de su
membresía y funciones va más allá de los Frentes Populares que el
“socialismo real” instauró en Europa. Hoy, a despecho del formalismo en
que pudo funcionar en el pasado, adquiere un mayor peso en la discusión
de las cuestiones político-sociales de la nación. El otro órgano, es
aporte de China, la Comisión Militar Central (CMC), e integrada a la
estructura estatal. Aquí se analizan y toman las decisiones cruciales en
lo político-militar que afectan al país.
Así, al trazar un sondeo de lo que puede especularse o “cocinar”
entretelones acerca del XVII Congreso del PCCh, nos parece que lo
esencial trasciende el natural “forcejeo” entre las plazas de poder
“tradicionales” y la “nueva generación”, salida, en particular, de la
cantera natural del Partido, los dirigentes de la juventud. El Cónclave
sacará a la palestra pública la “hornada”, de los “herederos” de la
Revolución. Lo nuevo, ya no están presentes figuras “históricas” que
inclinen la balanza del poder para una u otra corriente. Tendrán que
ganar el aval público haciendo que la política económica seguida, reciba
en lo social aprobación práctica: la elevación del nivel de vida de la
población.
Resumiendo, la verdadera interrogante radicará en sí se verifica en el
cercano futuro la profecía: “Los herederos suelen dilapidar la
herencia”. ¿Sucederá en el experimento socialista de China? La tarea
central de la nueva dirigencia consistirá, entonces, en solucionar las
contradicciones propias de las “herejías”, así como superar los desafíos
creados por la propia marcha de la renovación económico-social-política.
3. ¿Qué contenidos u orientaciones destacaría de la “nueva etapa”
anunciada por las autoridades chinas?
Ante la China del XVII Congreso (2007-2012) se abre un amplio abanico de
opciones y desafíos, todos ellos, de alcance histórico. En la economía,
consolidar un “modelo” económico que consolide el “desarrollo pacífico”,
mediante el incremento sostenido del consumo. Mientras, revertir la
tendencia permanente de altas tasas de ahorro de la población, choca con
la percepción, cada vez, más acentuada de las incertidumbres que crea la
propia difusión del “mercado”. Hacer manejable la dirección de la
economía y su control a través del instrumental “macroeconómico” exigirá
superar grandes barreras. Citemos solo tres: alcanzar en la operación de
la esfera bancario-financiera parámetros internacionales; ajustar la
tasa de cambio suavemente; y lograr la plena convertibilidad del yuan
reduciendo al mínimo el riesgo de la especulación.
Estabilizar el crecimiento de la economía en tasas oscilantes alrededor
del 8-9% anual, dependiendo más del factor gasto de la población, que de
las inversiones. Valga la salvedad, China demandará por largo tiempo de
cuantiosos desembolsos para crear una infraestructura moderna, que
sostenga la estabilidad del auge económico. Poner freno a las amenazas
del “calentamiento” de la economía, haciendo del “crédito duro” y otras
herramientas financieras, palancas efectivas para limitar las
inversiones, en particular, en ramas con exceso de capacidades y en el
área inmobiliaria.
El tránsito de “taller del mundo” (Hecho en China) a la fase de “creado
en China” exige perfeccionar las modalidades a través de las cuales el
país, de manera acelerada, busca instrumentos que potencien la
asimilación de tecnologías más progresistas, así como elevar el
rendimiento de las inversiones en I + D. China ocupa el segundo lugar
mundial, por el número de patentes registradas – muchas corresponden a
corporaciones extranjeras - e igual índice por los recursos destinados a
investigaciones, aunque muy por detrás de los Estados Unidos.
Los objetivos de diseñar una “sociedad armoniosa” lanzados por Hu Jintao-
Wen Jiabao, requieren precisiones de más alcance, es decir, que rebasen
las buenas intenciones de “eslogan” para movilizar a las masas. Cabe
entonces la interrogante ¿Es factible que China pueda repetir el patrón
de desarrollo de los EE.UU.? Definir el uso más rentable de las enormes
reservas de divisas (un billón 400 mil millones), para invertir, en
particular, en el exterior, está en el horizonte con la fundación de la
Corporación China de Inversiones (CChI), que dispone de un fondo inicial
de 200 mil millones de dólares.
En lo social, los retos no dejan de ser menos apabullantes. Detener la
brecha en la diferenciación de los ingresos entre el campo y la ciudad
sería el primero de ellos. Si bien, hay en marcha medidas tendentes a la
eliminación de las cargas impositivas a los campesinos, ayudas para la
educación y elevar la calidad de la salud pública en las áreas rurales -
y se notan mejoras - , todavía no se producen variaciones sensibles en
las disparidades heredadas y las creadas por la “reforma”. Igualmente,
las áreas costeras siguen marcando el dinamismo económico del país. El
Centro y el Occidente crecen, pero lo hacen de modo más lento. Cantón,
ya puntea dentro de las áreas desarrolladas.
En tanto, no podemos olvidar el fariseísmo sobre la contaminación
ambiental que ha prevalecido en los países desarrollados; es bien sabido
que está lleno de injusticias y mentiras intolerables. Pero, la RPCh
muestra que el desarrollo económico sin parangón alcanzado en solo 28
años, ha venido acompañado de la destrucción del ambiente y de la
naturaleza. De las 10 ciudades más contaminadas del mundo, 5 están en
China; 300 millones de personas no disponen de agua potable; es el
primer emisor de gases invernaderos.
El panorama nacional se caracteriza, en general, por la contaminación de
ríos y mares, la disminución del agua potable para la población, el
incremento de la polución del aire, los ruidos, el aumento de los
desperdicios sólidos, la degradación de los suelos y la reducción de las
tierras de laboreo (1-3 millones de ha. al año), los cambios climáticos
y los efectos de los desastres naturales.
La modernización de las explotaciones de carbón – primer productor
mundial–, junto con la introducción de tecnologías más avanzadas para su
utilización, demandará ingentes recursos; mejorar las condiciones de
seguridad y de ambiente en las minas – mueren miles de mineros todos los
años – es una cuestión social de vital importancia. Crear una
legislación para el trabajo fabril – con independencia de las leyes
aprobadas – y hacer efectiva su aplicación, a lo que se agrega que, el
sistema de seguridad social, presenta visibles lagunas y está lejos de
responder a las verdaderas exigencias sociales, son tareas urgentes.
Generan disturbios y protestas que no pueden ignorarse.
Por otra parte, China, en los próximos 15 años deberá construir
alojamiento para no menos de 300 millones de personas. Esfuerzo que
requiere recursos materiales, ampliar la red de servicios (transporte,
salud, educación, etc.); también presenta un aspecto no menos
importante. Serán desplazados, en lo fundamental, del campo; en lo
sociológico, tal cambio de vida, nos hace recordar la frase: “por encima
de Moscú se nota la mano del mujik”. ¿Qué tiempo exigirá esta masa
humana en llegar a citadina? ¿La historia se repetirá?
Sin embargo, uno de los temas recurrentes cuando se trata de visualizar
toda la conmoción en el entramado social que la modernización económica
acarreó tiene que ver con dos fenómenos. Uno, los grandes
desplazamientos humanos. El flujo migratorio sigue las pautas del
mercado, son grupos formados por jóvenes, con predominio de varones; las
mujeres cuentan con ventajas para emplearse en las esferas doméstica,
servicios e industria ligera, etc. En general, posee un bajo nivel
educativo; están fácilmente disponibles, aceptan condiciones más duras
de trabajo; y quizás, uno de sus rasgos más peculiares es su carácter
estacional.
El otro, la marejada migratoria tiene impactos positivos en los lugares
de origen. Disminuye la densidad de población y reduce el contingente de
desocupados o subempleados. Cuando envían dinero a los familiares
originan fines de doble carácter; mejora el nivel de vida de los
parientes y contribuyen al fomento de actividades de tipo artesanal o
semindustrial. Lo negativo, de abandonar de forma permanente el cultivo
de la tierra, afecta la producción agrícola.
Además, hay otras aristas. Los inmigrantes son una mano de obra
primordial para el desarrollo de las zonas urbanas en crecimiento y
progreso económico y social del país. Ofertan trabajo manual, barato y,
casi siempre sin seguridad social, lo que significa menores costes para
las empresas. Se emplean, en su mayoría, en el sector privado y no en el
público, “reservado” para los habitantes locales, y son factor de
competencia para los ocupados en el sector estatal.
Otro elemento que no escapa al escrutinio de lo acaecido en la esfera
social incluye un fenómeno desconocido dentro del funcionamiento de la
economía. La generalización del mercado ha conformado un “ejército
industrial de reserva”, que algunas fuentes oficiosas fijan en unos
30-50 millones de personas. Esto, con independencia que las estadísticas
oficiales hacen oscilar el desempleo en las zonas urbanas en un 4-5% (el
8-10% para otras fuentes) y donde quedan excluidas las áreas rurales.
También, de modo negativo pesa en los avances económicos que éstos hayan
venido acompañados, en el aspecto social, de una galopante corrupción
que en la práctica toca todas las esferas de la sociedad, incluyendo la
política El comercio de influencias, las malversaciones, la
participación en redes de tráfico, el nepotismo, la evasión de
impuestos, las construcciones ilegales, la desviación de fondos del
presupuesto, el establecimiento de negocios ilícitos, contabilizan entre
las más habituales formas de prácticas corruptoras.
Además, se difunden otras formas de delitos y violaciones penadas por la
Ley. La elaboración, distribución y venta de drogas alcanzan
considerables niveles, junto a la prostitución, el juego y las
actividades de tipo criminal. A este flagelo se une el creciente
secuestro y comercio de mujeres y niños y el contrabando interno e
internacional de personas. Aunque las penas para estas y las anteriores
infracciones son duras, su proliferación causa alarma entre las
autoridades gubernamentales y partidarias, que ponen en práctica severas
medidas de seguridad e intensifican su persecución.
En lo político, de una parte, el XVII Congreso del PCCh, confirmará el
afianzamiento de las rumbos que le han impreso al país, el dueto Hu
Jintao-Wen Jiabao. De otro, sin cismas ni rupturas traumáticas se
estructurará la “nueva cúpula” dirigente del país. Lo nuevo radicará en
la irrupción en el Partido-Estado de la generación nacida con la
Revolución. Un paso importante para afianzarse lo constituirá la lucha
contra la corrupción dentro de las filas del Partido y el Estado. Sin
embargo, esto no será fácil, ni tampoco de poca monta. La corrupción dio
al traste con más de una dinastía imperial; no fue desdeñable en la
caída del gobierno nacionalista del “Guomindang”. Forma parte de la
“cultura” del país.
De otro lado, puede desempeñar un lugar central en la afirmación de la
“nueva dirigencia”; además, por esta vía puede capitalizar y construirse
una plataforma para fortalecer la continuidad en el control político del
país. Aunque, vale la observación, todos los que siguen lo que acontece
en China, reconocen que hoy no hay fuerzas políticas estructuradas que
pongan en duda la supremacía del PCCh. No obstante, el CCPCCh a salir
del XVII Cónclave, necesitará mantener tasas de crecimiento elevadas,
afincar su liderazgo nacional, ausencia de con- flictos políticos
internos, disciplina y orden social en el interior, mantener altas tasas
de ahorro, afluencia de inversión extranjera, y estabilidad regional y
mundial. Combinación feliz e inusual de conseguir en el largo plazo.
Finalmente, una conclusión parece obvia, la remodelación de la economía
que significaron la “cuatro modernizaciones” tiran de la sociedad china
en todas sus vertientes: económicas, sociales y políticas. Sus
variopintos y contradictorios efectos han hecho más diversificada y
dinámica la estructura social – piénsese en la NES y su corolario -, la
formación de una “clase capitalista” y con ella, una “clase media” que,
en los parámetros de China, puede oscilar entre 80 millones para unos, y
para otros, entre 150-180 millones. Si retrocedemos a los “experimentos”
que condujeron a las “Comunas” o la “Revolución Cultural”, cabe la
interrogante: es una ¿Reforma? , ¿Revolución?, o vuelta al
¿Capitalismo?, lo que acontece en China. El primer cuarto de del siglo
XXI definirá el rumbo del “laboratorio” chino.
Respuestas de Seán Golden (Universidad Autónoma de Barcelona)
1. Qué resultados principales cabe esperar de este XVII Congreso del
PCCh?
Creo que lo más importante que podemos esperar de este congreso es:
- la consagración del liderazgo de Hu Jintao y alguna aclaración de su
visión ideológica, una visión que parece ser más ortodoxa y de
izquierdas al viejo estilo del Partido;
- la marginación de los líderes del Partido que no dan un apoyo
suficiente a las estrategias de Hu Jintao;
- una idea más clara del cambio de rumbo de “crecimiento sostenido” a
“crecimiento sostenible”;
- una idea más clara de cómo se pretende construir una “sociedad
armoniosa” que aspira a ser “moderadamente acomodada”;
- una idea más clara de qué representa el giro hacia la construcción de
un “campo socialista” o de llevar la modernidad al campo, y si estos
procesos representarían un rechazo a la política de urbanización de la
población que se está llevando a cabo actualmente;
- una idea más clara del grado de compromiso del Partido con una
decidida política medioambiental;
- una idea más claro del grado de tolerancia de la libertad de expresión
que quiere permitir el Partido;
- el perfil de la quinta generación de líderes del Partido a través de
la renovación del Comité Central y del Politburó.
2. Qué retos más significativos afronta el PCCh para no ver peligrar su
posición central en el sistema político chino?
Mejorar la distribución de la riqueza; mejorar el nivel de vida del
campo y del interior del país; crear y consolidar un mercado doméstico
capaz de sustituir su dependencia de las exportaciones; frenar e
invertir la degradación medioambiental; formar talentos, expertos y
gestores capaces de mantener el valor añadido de la producción china en
casa; asumir un grado de responsabilidad en la política internacional
que corresponda a su grado de importancia el la economía mundial;
consolidar el estado de derecho; abrir la toma de decisiones a procesos
más democráticos e inclusivos.
3. Qué contenidos u orientaciones destacaría de la “nueva etapa”
anunciada por las autoridades chinas?
Creo que la armonización social incluirá esfuerzos para mejorar el nivel
de vida del campo, ya que es este problema el problema clave que frena
la consolidación de un mercado doméstico. China no puede depender
indefinidamente de su capacidad de producción de productos baratos para
la exportación, y necesita un mercado de consumo doméstico. La mayor
parte de la población es rural. Si el poder adquisitivo no llega al
campo, no se puede consolidar el mercado doméstico. Al mismo tiempo la
armonización representa un tipo de pacto social: el Partido promete
estabilidad y mejora del nivel de vida y de poder adquisitivo a cambio
de la no exigencia de cambios políticos que podrían desestabilizar el
país y poner en peligro el crecimiento económico.
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