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220609
- M K Bhadrakumar
China ha roto el silencio sobre la situación que se
desarrolla en Irán. Sucede ante el trasfondo de un cambio
discernible en la postura de Washington hacia los
acontecimientos políticos en ese país.
China Daily, de propiedad gubernamental, publicó el jueves su
principal comentario editorial con el título “Por la paz en
Irán.” Viene entre informes en los medios occidentales de que el
ex presidente Akbar Hashemi Rafsanyani está movilizando el clero
de Qom para presionar al Consejo de Guardianes – y, luego, al
Supremo Líder Ali Jamenei – para anular la elección presidencial
del viernes que otorgó a Mahmud Ahmadineyad otro período de
cuatro años.
Beijing teme una inminente confrontación y aconseja a Obama que
se adhiera a la promesa hecha en su discurso del Cairo de no
repetir errores de la política de EE.UU. en Oriente Próximo como
el derrocamiento del gobierno elegido de Mohammed Mosaddeq en
Irán en 1953. Beijing también advierte que no se deje que el
genio de la impaciencia popular salga de la botella en una
región extremadamente volátil a punto de estallar. Teherán vivió
el viernes su sexto día de masivas protestas de partidarios de
Mir Hossein Mousavi, a quien dicen le fue arrebatada la
victoria.
Paralelo con Tailandia
Mientras tanto, el enviado especial de China para Oriente
Próximo, Wu Sike, partió el sábado a un amplio viaje de quince
días de duración por la región (que, significativamente, será
completado con consultas en Moscú) para sondear la temperatura
política en capitales tan variadas como el Cairo y Tel Aviv.
Amman y Damasco, y Beirut y Ramala.
Beijing también hizo una declaración cuando se programó para el
martes una sustantiva reunión bilateral entre el presidente Hu
Jintao y Ahmadineyad al margen de la reunión en la cumbre de la
Organización de Cooperación de Shanghái (SCO) en Ekaterimburgo,
Rusia.
Es concebible que Hu haya discutido la situación en Irán con su
homólogo ruso, Dmitry Medvedev, durante su visita oficial a
Moscú que tuvo lugar después de la cumbre de la SCO.
Anteriormente, Moscú saludó la reelección de Ahmadineyad. Tanto
China como Rusia detestan las revoluciones “de color”,
especialmente cuando involucran algo tan desconcertante como
Twitter, que Moscú presenció hace algunos meses en Moldavia y
que cae muy mal respecto a la estrategia intervencionista global
de EE.UU.
China anticipó la reacción contra la victoria de Ahmadineyad. El
lunes, el periódico Global Times citó al ex embajador chino en
Irán, Hua Liming, diciendo que la situación iraní volverá a la
normalidad sólo si se llega a un acuerdo negociado entre los
“principales centros del poder político… Pero, si no, es posible
que se repita la reciente agitación en Tailandia.” Es bastante
revelador que el veterano diplomático chino haya hecho un
paralelo con Tailandia.
Sin embargo, Hua subrayó que Ahmadineyad goza de popularidad y
que tiene “mucho apoyo en ese país nacionalista porque tiene el
valor de expresar su propia opinión y se atreve a realizar sus
políticas.” El consenso de la opinión de la comunidad académica
china es también que la reelección de Ahmadineyad será una
“prueba” para Obama.
Por lo tanto, el editorial de China Daily del jueves tiene la
naturaleza de un llamado al gobierno de Obama para que no
arruine su nueva política en Oriente Próximo, que se desarrolla
bien, a través de acciones impetuosas. Significativamente, el
editorial mantuvo la autenticidad de la victoria electoral de
Ahmadineyad: “Ganar o perder son dos caras de una moneda
electoral. Algunos candidatos son menos inclinados a aceptar la
derrota.”
El periódico señaló que un sondeo de la opinión pública previo a
la elección, realizado por el Washington Post, mostró que
Ahmadineyad tenía una ventaja de 2 a 1 contra su rival más
cercano, y algunos sondeos de opinión en Irán también indicaron
más o menos lo mismo, mientras que, en realidad “ganó la
elección por un margen inferior. Por lo tanto, las afirmaciones
de la oposición contra Ahmadineyad son un poco sorprendentes.”
El editorial advierte: “Los intentos por impulsar la así llamada
revolución de color hacia el caos serán muy peligrosos. Un Irán
desestabilizado no es de interés para nadie si queremos mantener
la paz y la estabilidad en Oriente Próximo, y en el mundo en
general.” Recordó explícitamente que la “intervención de la
Guerra Fría en Irán” de EE.UU. llevó a que la relación entre
EE.UU. e Irán fuera difícil, “en la cual presidentes de EE.UU.
trataron de meter su nariz en los asuntos internos de Irán.”
Teocracia contra republicanismo
Beijing comprende muy bien la política revolucionaria de Irán.
China fue uno de los pocos países que acogieron calurosamente a
Ruhollah Jomeini como presidente (en 1981 y 1989). Al contrario,
India, que profesa vínculos “civilizacionales” con Irán, se
mostró mucho más confusa sobre el legado revolucionario de Irán
como para ser capaz de estimar correctamente los instintos
políticos de Jamenei a favor del republicanismo. La mayor parte
de las elites indias ni siquiera saben que Jamenei estudió como
joven en la Universidad Patricio Lumumba de Moscú.
Sea como sea, la reunión de Hu y Ahmadineyad en Ekaterimburgo
del martes mostró una vez más que Beijing tiene una idea muy
clara sobre el va y viene de la política iraní. Sin duda, Hu
acordó a Ahmadineyad su pleno honor como interlocutor estimado
por Beijing.
Los medios chinos han seguido de cerca la trayectoria de la
reacción de EE.UU. ante la situación en Irán, especialmente la
“revolución Twitter”, que pone Beijing en guardia sobre las
intenciones de EE.UU. Existen indicaciones de que el
establishment de EE.UU. ha comenzado a interferir en la política
iraní. El campo de Rafsanyani siempre mantiene líneas abiertas
hacia Occidente. Teniéndolo todo en cuenta, se ve un grado de
sincronización que tiene que ver con la ruta de la “revolución
Twitter” de EE.UU, las negociaciones de Rafsanyani con el clero
conservador en Qom y la actitud de desafío poco característica
de Mousavi.
Obama enfrenta múltiples desafíos. Por una parte, como informó
el jueves Helene Cooper de The New York Times, las continuas
protestas callejeras en Teherán están envalentonando a un cuerpo
de conservadores (favorables a Israel) en Washington para que
exijan que Obama tome una “posición más visible de apoyo a los
manifestantes.” Pero por otro lado, un cambio de régimen
retrasaría inevitablemente el esperado acercamiento directo
entre EE.UU. e Irán y afectaría el estrecho calendario de Obama
para asegurar que las negociaciones cobren ímpetu para fines de
año, mientras las centrífugas de Irán en sus instalaciones
nucleares siguen girando.
También, una estructura fragmentada del poder en Teherán
resultará ser poco efectiva en la ayuda a que EE.UU. estabilice
Afganistán. No obstante, altos funcionarios del gobierno como el
vicepresidente Joseph Biden y la secretaria de estado Hillary
Clinton quisieran que EE.UU. “usara un tono más fuerte” en la
turbulencia iraní. Cooper informó que hacen presión sobre Obama
en el sentido de que podría correr riesgo de “salir al lado
equivocado de la historia en un momento potencialmente
transformador en Irán.”
Una reacción termidoriana
Sin duda, la turbulencia tiene un lado intelectual. Ya que Obama
es uno de los pocos políticos dotados de intelectualidad y un
agudo sentido de la historia sabe lo que está en juego es un
intento bien orquestado del establishment clerical de la línea
dura para echar marcha atrás los dolorosos cuatro años de
proceso zigzagueante hacia el republicanismo en Irán.
Mousavi es el afable testaferro de los mulás, que temen que
otros cuatro años de Ahmadineyad afectarían sus intereses
creados. Ahmadineyad ya ha comenzado a marginar al clero de las
prebendas del poder y de los sitios más atractivos de la
economía iraní, especialmente la industria petrolera.
La lucha entre los mulás mundanos (en alianza con el bazar) y
los republicanos es tan antigua como la revolución iraní de
1979, donde los fedayín del proscrito partido Tudeh (cuadros
comunistas) fueron los partidarios originales de la revolución,
pero los clérigos usurparon el liderazgo. Las pasiones políticas
altamente artificiosas provocadas por la crisis de los rehenes
con EE.UU. de 444 días de duración ayudaron a los astutos
clérigos chiíes a escenificar la reacción termidoriana y a
aislar a la dirigencia revolucionaria progresista. Irónicamente,
EE.UU. figura de nuevo como un protagonista clave en la
dialéctica de Irán – aunque no como rehén.
El imam Jomeini tenía cuidado con los mulás iraníes y creó el
Cuerpo de los Guardias Revolucionarias Iraníes como fuerza
independiente para asegurarse de que los mulás no secuestraran
la revolución. Del mismo modo, su preferencia era que el
gobierno fuera dirigido por no-clérigos. En los primeros años de
la revolución, las conspiraciones tramadas por el triunvirato
Beheshti-Rafsanjani-Rajai que organizó la salida del presidente
secularista de izquierda, Bani Sadr (protegido de Jomeini),
tuvieron la agenda de establecer un Estado teocrático de un solo
partido. Son viñetas de la historia revolucionaria de Irán que
podrían haber eludido a la comprensión intelectual de un George
W Bush, pero Obama debe estar al tanto respecto a la tortuosidad
de la política de Rafsanyani.
Si el putsch de Rafsanyani tuviera éxito, Irán se parecería en
el mejor de los casos a un puesto avanzado decadente del Golfo
Pérsico “pro-occidental.” ¿Sería durable un régimen dudoso? Más
importante, ¿es lo que Obama desea ver como destino para al
pueblo iraní? La calle árabe también está mirando. Irán es una
excepción en el mundo musulmán donde el pueblo ha sido
empoderado. Las multitudes de pobres de Irán, que forman la base
de apoyo de Ahmadineyad detestan el establishment corrupto y
venal de los clérigos. Ni siquiera ocultan su odio visceral a la
familia Rafsanyani.
Por desgracia, la clase política en Washington no tiene la menor
idea del mundo bizantino del clero iraní. Azuzada por el lobby
israelí, está obsesionada por el “cambio de régimen”. La
tentación será organizar una “revolución de color”. Pero la
consecuencia será mucho peor de lo que ha conseguido en Ucrania.
Irán es un poder regional y los escombros caerán por doquier.
EE.UU. no tiene actualmente ni la influencia ni la fuerza vital
para detener el flujo de lava de una erupción volcánica
provocada por una revolución de color que podría llegar más allá
de las fronteras de Irán.
El Embajador M K Bhadrakumar fue diplomático de carrera del
Servicio Exterior de la India. Entre los puestos desempeñados
figuran los ejercidos en la Unión Soviética, Corea del Sur, Sri
Lanka, Alemania, Afganistán, Pakistán, Uzbekistán, Kuwait y
Turquía. -
AsiaTimes -
Traducido del inglés para Rebelión por
Germán Leyens
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