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291111 -
Edgar E. Quintero - “China
no será más un país humillado, nos hemos puesto de pie” estas
proféticas palabras fueron emitidas hace casi 62 años un 1ro. de
Octubre de 1949 por
Mao Tsè Tung en el acto de proclamación constitutiva de la
nueva República Popular
China,
para ese entonces un atrasado país rural con una economía
básicamente semifeudal, un desarrollo industrial muy escaso y
prácticamente aislado en las relaciones internacionales.
(Ver:
Leonid
Ivashov: “Están cercando a Rusia y China”)
Recién concluía una prolongada guerra interna que dejo una
sociedad endeble, altamente dividida y enfrentada, el país
estaba sumido en una severa crisis económica sin precedentes,
los conflictos sociales hacían muy difícil la conformación de
una base política que diera soporte a un nuevo proyecto de país,
sin embargo a partir de ese momento comenzó un proceso lento de
cambio político, económico, social y educativo que seis décadas
más tarde convirtieron a
China
en la segunda economía mundial que ostenta un nivel de
desarrollo que le confiere sin lugar a dudas una posición
privilegiada y geoestratégica de potencia mundial emergente de
primera línea.
(Ver:
Discurso de Hu Jintao en el 90 aniversario del PCCh)
China comienza seriamente su salto al desarrollo en 1978
modificando drásticamente su economía planificadamente
centralizada para dar paso un modelo más abierto y
participativo, se implantaron cambios en la legislación
económica y con ello en la producción agrícola, industrial y de
servicios, así como en el comercio externo, igualmente se
promovió un vigoroso programa para el fomento de la inversión
privada interna y extranjera en muchos sectores de la producción
industrial, en el área financiera y en los servicios. En 1992
las autoridades chinas definieron su modelo de desarrollo como
una economía socialista de mercado basado en un moderado nivel
de libre competencia económica con un estructurado y modernizado
sistema de orientación y control estatal a fin de garantizar una
equilibrada libertad económica de los ciudadanos chinos, una
sana competencia mercantil y por ende una mayor nivel de
bienestar social, se pretendió con esta estrategia promover la
creatividad y el esfuerzo productivo de las personas y a su vez
limitar el libertinaje de la dinámica
capitalista neoliberal. Incentivaron la promoción de
amplísimos cambios tecnológicos y condicionaron la entrada de
inversiones extranjeras a transferir tecnología de avanzada a
fin de desarrollar áreas de producción importantes orientadas en
principio hacia los mercados de exportación. Algunos sectores
económicos de vital importancia como ciertas industrias básicas,
telecomunicaciones, energía y una parte importante del sector
financiero se reservaron a manos del estado pero compiten entre
ellos y con sus similares del sector privado, el estado no
interfiere determinantemente en la competencia, es el mercado el
que básicamente rige la actividad pero bajo ciertas reglas y
orden. El Gobierno Chino definió en 2003 un programa para
eficientizar aún más el sistema de economía socialista de
mercado al estructurar la aplicación de un modelo de desarrollo
nacional equilibrado entre los ciudadanos y las fuerzas
productivas del país con el fin de mejorar la competitividad, el
comercio, la producción y la distribución de los recursos y las
riquezas generadas para garantizar una seguridad social y
económica más amplia a fin de conformar un desarrollo
socioeconómico sostenible y una sociedad más justa, todo lo cual
permitió un gradual pero seguro proceso de incorporación de
China
a la economía mundial con amplias ventajas competitivas.
(Ver:
El arsenal de China: Sus reservas en dólares)
Estas estrategias permitieron que el PIB de
China
creciera a una tasa promedio de más del 9% en los últimos 30
años luego de crecer entre 1950 y 1978 a un promedio entre 3 % y
4 % lo que equivale a casi un 300% de incremento lo cual es por
mucho el mayor nivel de crecimiento económico en el mundo para
ese periodo. La proporción de su PIB en el Producto Bruto
Mundial aumento asombrosamente desde un 3,4% en 1980 a casi 16%
en 2010 y seguramente podría llegar al 20% en 2020 por encima
del PIB de los Estados Unidos y del PIB de toda la
Unión Europea
en su conjunto. Para 2030 muchos especialistas estiman que
podría llegar a un sorprendente 25%. Durante la última década la
economía
China
creció a un promedio cercano al 10% mientras que la economía
estadounidense lo hizo a 1,8 % una diferencia abismal. En 1990
la economía
China
ocupo el lugar No. 11 en el mundo, para el año 2000 ya ocupaba
el lugar No. 6 y para el 2010 fue la No. 2 detrás de los
EE.UU,
para 2020 el
FMI y muchos especialistas vaticinan que la economía del
gigante asiático tomara el liderazgo mundial en términos de
valor del PIB, flujos comerciales y de capital, capacidad
interna de demanda y receptor de inversiones foráneas y aún más
se estima que para 2050 la India se proyecta como la segunda
economía mundial. En 1985 el déficit comercial de
EE.UU con
China
fue de 6 millones de dólares, hoy en un solo mes este déficit
puede rondar los 30 mil millones de dólares, es evidente que se
han invertido los flujos comerciales en favor de la economía
China.
En la actualidad los estadounidenses gastan algo más de 5
dólares en productos “Made in
China”
por cada dólar que los chinos compran en bienes y servicios
“Made in
USA”
Las opiniones generalizadas de grandes instituciones financieras
y económicas perciben a
China
como la locomotora económica del mundo aunque están concientes
de que los
Estados Unidos
mantienen todavía la supremacía en la esfera militar y
tecnológica.
(Ver:
¿Qué significa ser musulmán "moderado"?)
En China todo está cambiando y modernizándose, estos cambios son
muy rápidos y en todos los sentidos, desde un desarrollo
espacial pujante y tecnológicamente autosustentable hasta la
consolidación de un sólido mercado de modas o un amplio mercado
de turismo emisivo fruto de la creciente capacidad de consumo
que está acumulando vertiginosamente la cada vez más expandida
clase media china la cual se estima será mucho más grande que
toda la población de los
Estados Unidos
o de Europa en el 2020, esto significara tener a la mano un
determinante factor de transformación interna, de negociación
internacional y de crecimiento económico con el cual afianzará
su liderazgo y su condición de potencia económica. Este
creciente mercado doméstico con amplia capacidad de compra,
aprox. 550 millones de personas con ingresos anuales entre 25
mil y 35 mil dólares anuales, modificara la producción mundial
para satisfacer la amplísima demanda y los particulares gustos
chinos de bienes y servicios de toda índole, el mercado
estadounidense en un futuro cercano dejara de ser la prioridad
mundial, las grandes corporaciones industriales y mercantiles se
orientaran sin lugar a dudas hacia la seguridad del expansivo
mercado chino buscando mejores y más estables ganancias.
La actual crisis económico-financiera que azota con fuerza a
Europa
y
USA
no ha afectado en casi nada a la economía
China,
el gobierno y sus estrategas económicos se dedicaron en la
última década a fortalecer su amplísimo mercado interno
aumentando el poder de compra de la población. El crecimiento
económico sin duda ha significado mejores niveles de vida y por
supuesto mejores salarios y beneficios para su mano de obra todo
lo cual ha incrementado la demanda agregada interna que se ha
convertido en un factor de muchísima importancia para mantener
el crecimiento del PIB en más de un 8 % y un altísimo nivel de
empleo mientras la economía mundial permanece estancada y en
muchos casos en retroceso.
China
hoy está mirando hacia adentro lo cual disminuye la posibilidad
de distorsiones y estancamientos económicos originados por la
inestabilidad de los mercados internacionales o por efecto de
guerras económicas planificadas que hoy son tan comúnmente
usadas por las grandes potencias occidentales en contra de
países que no se amoldan a sus intereses.
(Ver:
En apoyo del pueblo de Siria: contra los crímenes de la OTAN y
sus socios)
El imparable ascenso de
China
sin duda es el peor dolor de cabeza para los estrategas
políticos y militares de Washington, los próximos tres lustros
serán claves en su consolidación definitiva como potencia
económica dominante muy a pesar de los intereses estadounidenses
que se verán más temprano que tarde desplazados frente al
arrollador empuje económico y tecnológico chino lo cual es hoy
un drama de preocupación relevante para la elite imperial
norteamericana.
Estados Unidos
no puede impedir el ascenso de las potencias emergentes, la
única opción que disponen y están implementando es el
reforzamiento de su aparataje militar como pretendido mecanismo
de disuasión frente al cual
China
ha demostrado no amilanarse, ya en este sentido ha desafiado a
la Casa Blanca con la declaración hace unos meses en favor de
defender a Pakistán frente a cualquier aventura de guerra
abierta contra este país por parte de las fuerzas militares
estadounidenses o la
OTAN/NATO, esto no es más que la evidencia de la creciente
preponderancia de Beijing en su área de influencia directa como
es el Asia, sin embargo Washington se apresta a retar la
estrategia china fortaleciendo su proyección militar y política
sobre esta área como respuesta a la determinante influencia que
ejerce la nueva potencia emergente todo lo cual augura una nueva
etapa de “Guerra
Fría” con la diferencia que
China
es un contrincante mucho más fuerte y
Estados
Unidos
manifiesta hoy signos evidentes de debilidad económica y
política lo cual le confiere evidente desventaja frente a la
potencia asiática.
(Ver:
Europa, la
desaparición de la democracia)
Muchos analistas dan por sentado y están en lo cierto, que la
hegemonía del imperio estadounidense está en franco declive, el
nuevo orden en la economía del mundo se está orientando con
fuerza hace dos décadas desde y hacia el continente asiático con
China
y la India a la cabeza seguidos
por Corea del Sur, Malasia, Indonesia y el resto de las
emergentes economías del área, las ventajosas posiciones
estratégicas de los Estados Unidos forjadas al amparo de la
2da. Guerra Mundial se están erosionando rápida e
inexorablemente en parte frente al empuje de la poderosa
economía
China
y es por esta causa que Washington pretende a toda carrera
reforzar sus posiciones militares a fin de tratar de impedir su
creciente pérdida de influencia. Es evidente que
China
usara sus ventajas económicas, financieras y tecnológicas para
configurar un nuevo escenario político y geoestratégico no solo
en su área de influencia directa sino que seguramente
extrapolara dichas ventajas hacia el resto del mundo a fin de
conformar un nuevo modelo emergente que beneficie no solo sus
intereses sino los intereses de sus socios internacionales. Sin
lugar a dudas creemos que habrá dentro de muy pocos años un
orden multipolar más justo y equilibrado,
China
basa el eje de sus relaciones internacionales en el respeto por
la autodeterminación y la soberanía de los pueblos sin
intervenir política o militarmente en otros países al contrario
de la dinámica imperial de los
Estados
Unidos
y sus aliados que a fuerza de cañones, bombardeos y amenazas le
han impuesto a muchos países sus designios e intereses políticos
y económicos que preferencialmente les benefician.
China
no dicta a otros países la forma como deben manejarse sus
asuntos políticos o económicos no busca la subordinación y la
dependencia y esta es una diferencia determinante que más
temprano que tarde le reportara solidas alianzas y beneficios a
largo plazo como de hecho está ocurriendo.
(ver:
El plan de la élite para un nuevo orden social mundial)
Todo esto está conformando una peligrosa concepción militarista
en las cúpulas dominantes del imperio en la cual se considera a
China
como una amenaza a su supremacía global y a la seguridad de sus
estados, en razón de este razonamiento prepotente se están
planificando estrategias militaristas y generando tensiones que
seguramente se agudizaran en muy pocos años las cuales se
evidencian en las constantes declaraciones de altos funcionarios
norteamericanos en contra de las políticas del Gobierno Chino en
materia monetaria, comercial y de derechos humanos que no tienen
otro origen sino en el temor que sienten frente la creciente
influencia y preponderancia mundial del gigante asiático y en
general hacia las grandes economías emergentes que han
demostrado no estar supeditadas a las órdenes de Washington.
Estamos en presencia de una lenta pero sin pausa transición del
poder mundial en donde una potencia emergente que nace fuera del
ámbito de influencia del imperio dominante se posiciona con
fuerza en los predios del dominador, ni
Estados
Unidos
ni
Europa están en capacidad de hacer mucho para frenar este
ascenso que significara el fin de la hegemonía unipolar del
imperio estadounidense y sus más cercanos agregados.
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