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Discurso de
asunción de Raúl Castro
250208 -
Granma
- Elegido
Raúl Castro presidente de los consejos de Estado y de Ministros
Raúl Castro Ruz fue elegido este
domingo 25 presidente de los consejos de Estado y de Ministros,
durante la sesión constitutiva de la Asamblea Nacional del Poder
Popular, que tuvo lugar en el Palacio de Convenciones de La
Habana.
Al reanudarse la sesión
en horas de la tarde, Ricardo Alarcón de Quesada, reelecto presidente
del Parlamento, dio a conocer también la elección de José Ramón Machado
Ventura como primer vicepresidente de los consejos de Estado y de
Ministros; y como vicepresidentes, Juan Almeida Bosque, Abelardo Colomé
Ibarra, Carlos Lage Dávila, Esteban Lazo Hernández y Julio Casas
Regueiro.
Como secretario del
consejo de Estado fue elegido José Millar Barruecos.
También fueron dados a conocer los otros 23 integrantes
del Consejo de Estado.
Discurso pronunciado por el presidente
Raúl Castro Ruz, en las conclusiones de la sesión constitutiva de la
VII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Palacio de
las Convenciones, La Habana, 24 de febrero de 2008, “Año 50 de la
Revolución”
Compañeras
y compañeros:
Es claro
el mandato del pueblo a esta Legislatura: continuar fortaleciendo la
Revolución en un momento histórico que exige ser dialécticos y
creadores, como nos alertó el compañero Fidel en su medular Reflexión
del pasado 14 de enero.
Muchas
expectativas se generaron, tanto en Cuba como en el extranjero, en torno
a la integración del Consejo de Estado que acaba de elegir la Asamblea.
La fundamental fue despejada por el compañero Fidel en su Mensaje del 18
de febrero. Poco puedo agregar a lo expresado por él, salvo reconocerle
a nuestro pueblo, en nombre de la Dirección de la Revolución, las
innumerables muestras de serenidad, madurez, confianza en sí mismo y la
combinación de genuinos sentimientos de tristeza y firmeza
revolucionaria.
Asumo la
responsabilidad que se me encomienda con la convicción de que, como he
afirmado muchas veces, el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana es
uno solo.
Fidel es
Fidel, todos lo sabemos bien. Fidel es insustituible y el pueblo
continuará su obra cuando ya no esté físicamente. Aunque siempre lo
estarán sus ideas, que han hecho posible levantar el bastión de dignidad
y justicia que nuestro país representa.
Sólo el
Partido Comunista, garantía segura de la unidad de la nación cubana,
puede ser digno heredero de la confianza depositada por el pueblo en su
líder. Es la fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado y así
lo establece el Artículo 5 de nuestra Constitución, aprobada en
referendo por exactamente el 97,7% de los votantes.
Esa
convicción tendrá particular importancia cuando por ley natural de la
vida, haya desaparecido la generación fundadora y forjadora de la
Revolución.
Afortunadamente no es ese el momento que hoy vivimos. Fidel está ahí,
como siempre, con la mente bien clara y la capacidad de análisis y
previsión, más que intacta, fortalecida, ahora que puede dedicar al
estudio y el análisis las incontables horas que antes empleaba en el
enfrentamiento a los problemas cotidianos.
A pesar de
la paulatina recuperación, sus condiciones físicas no le permitirían
aquellas interminables jornadas, con frecuencia separadas por escasas
horas de descanso, que caracterizaron su trabajo prácticamente desde que
emprendió la lucha revolucionaria y aún con mayor intensidad durante
estos largos años de período especial, en que no se permitió siquiera un
solo día de vacaciones.
La
decisión del compañero Fidel es una nueva contribución, con su ejemplo
que lo enaltece, en aras de asegurar desde ahora la continuidad de la
Revolución, consecuente en quien ha tenido siempre como guía el precepto
martiano: “Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.
Igualmente
es inconmovible su decisión de continuar, mientras tenga fuerzas para
hacerlo, aportando a la causa revolucionaria y a las ideas y propósitos
más nobles de la humanidad.
Por tanto,
seguro de expresar el sentir de nuestro pueblo, solicito a esta
Asamblea, como órgano supremo del poder del Estado, que las decisiones
de especial trascendencia para el futuro de la nación, sobre todo las
vinculadas a la defensa, la política exterior y el desarrollo
socioeconómico del país, me permita continuar consultándolas al líder de
la Revolución, el compañero Fidel Castro Ruz.
Por esta y
otras muchas razones, en mis palabras de hoy citaré, no pocas veces,
algunas de las ideas y conceptos esenciales expresados en sus
Reflexiones, que aprovecho para decir que debemos estudiar, por sus
enseñanzas y capacidad de previsión. Tener presente siempre algo que
gustaba repetir Raúl Roa a sus íntimos: “Fidel oye la hierba crecer y ve
lo que está pasando al doblar de la esquina”.
Compañeras
y compañeros diputados:
Estoy
consciente de la responsabilidad que entraña ante el pueblo la tarea que
se me encarga, y a la vez convencido de contar, como hasta hoy, con el
apoyo de quienes desempeñan responsabilidades de dirección a los
diferentes niveles y más importante aún, con el de mis compatriotas, sin
el cual no hay éxito posible en una sociedad como la nuestra.
La
Asamblea, en plena concordancia con la opinión del Buró Político del
Partido, eligió Primer Vicepresidente del Consejo de Estado al compañero
José Ramón Machado Ventura y posteriormente aprobó su designación como
Primer Vicepresidente del Consejo de Ministros.
Como
expliqué en mi propuesta para dicho cargo, en las actuales
circunstancias es conveniente que el mismo compañero desempeñe, como
hasta ahora, estas dos importantes responsabilidades del Estado y el
Gobierno.
No hay
dudas de que Machado Ventura, por su trayectoria y convicciones
revolucionarias, experiencia, preparación, cualidades como dirigente y
ser humano, reúne los requisitos para desempeñar esos altos cargos.
Igualmente
la Asamblea acordó, en cumplimiento de lo establecido en el Artículo 75
de la Constitución, considerar la composición del Gobierno en una futura
sesión en el transcurso del presente año. Es una decisión oportuna, pues
no se trata únicamente de nombramientos, sino de determinar qué cambios
resulta necesario realizar en el sistema de organismos de la
administración central del Estado, algo que requiere un poco más de
tiempo.
En los
primeros 15 años de la Revolución, se fueron ajustando desde la marcha
las estructuras estatales heredadas del capitalismo para asumir las
tareas que imponían los radicales cambios económicos, políticos y
sociales.
El proceso
de institucionalización de los años setenta, con sus imperfecciones,
permitió estructurar un sistema coherente y ajustado a aquellas
circunstancias, alcanzándose cierta equiparación con el de los países
socialistas, incluidas las buenas y también las malas experiencias.
Por
último, en 1994, en el momento más agudo del período especial, se
hicieron considerables ajustes que conllevaron reducciones y fusiones de
organismos, así como redistribución de las tareas de algunos de ellos.
No obstante, fueron realizados con la premura impuesta por la necesidad
de adecuarnos de manera rápida a un escenario radicalmente distinto, muy
hostil y sumamente peligroso.
Desde
entonces han transcurrido 14 años, en los cuales ha cambiado
considerablemente el panorama nacional e internacional. Hoy se requiere
una estructura más compacta y funcional, con menor número de organismos
de la administración central del Estado y una mejor distribución de las
funciones que cumplen.
Lo
anterior permitirá reducir la enorme cantidad de reuniones,
coordinaciones, permisos, conciliaciones, disposiciones, reglamentos,
circulares, etcétera, etcétera. Contribuirá además a concentrar algunas
actividades económicas decisivas hoy dispersas en varios organismos, y
hacer un mejor empleo de los cuadros.
En
resumen, tenemos que hacer más eficiente la gestión de nuestro Gobierno.
La
Asamblea ha sido renovada en una mayor proporción que en la anterior
Legislatura; el número de mujeres crece más de siete puntos porcentuales
y ya se aproxima a la mitad de los diputados, algo más del 43%; aumentan
de 23 a 36 los que tienen entre 18 y 30 años, o sea los más jóvenes,
aunque también son más los que superan los sesenta.
Algo muy
importante, crece el número de los vinculados directamente a la
producción o los servicios, es decir, de los obreros, campesinos y otros
trabajadores; también de los miembros de las instituciones armadas, los
deportistas, artistas, escritores, periodistas y de otras profesiones,
que unidos a los dirigentes estudiantiles y compañeros que se desempeñan
en los consejos populares, constituyen más de la mitad de los diputados.
Datos como
estos, junto a la simple relación de las tareas que cumplen cada uno de
ustedes, desde dirigentes nacionales hasta jubilados y líderes
religiosos, permiten afirmar que los aquí reunidos son una muestra en
pequeña escala de la sociedad cubana.
Lo
anterior constituye una premisa básica, pero no asegura por sí sola el
cumplimiento de la misión del Parlamento. Se requiere además, y sobre
todo, la actuación inteligente, organizada, creativa y enérgica de sus
integrantes, en particular durante el trabajo de las comisiones, donde
se dispone de más tiempo, pues al centrarse en determinados asuntos
permite estudiarlos mejor y pueden intervenir más compañeros.
En la
visita que hice en diciembre pasado al Distrito de Santiago de Cuba
donde fue electo diputado el compañero Fidel, afirmé que el apoyo masivo
a la Revolución exige cuestionarnos cuanto hacemos para mejorarlo.
Y añadí
que si el pueblo está firmemente cohesionado en torno a un único
partido, éste tiene que ser más democrático que ningún otro, y con él la
sociedad en su conjunto, que desde luego, como toda obra humana, se
puede perfeccionar, pero sin dudas es justa y en ella todos tienen
oportunidad de expresar sus criterios, y más importante aún, de trabajar
para hacer realidad lo que en cada caso acordemos.
No hay por
qué temer a las discrepancias en una sociedad como la nuestra, en que
por su esencia no existen contradicciones antagónicas, porque no lo son
las clases sociales que la forman. Del intercambio profundo de opiniones
divergentes salen las mejores soluciones, si es encauzado por propósitos
sanos y el criterio se ejerce con responsabilidad.
Así ha
actuado la inmensa mayoría de los cubanos, desde nuestros mejores
científicos, intelectuales, obreros, campesinos y estudiantes, hasta la
más sencilla ama de casa.
Todos
ellos, en diferentes momentos de la Revolución, incluido el actual, han
brindado una ejemplar demostración de madurez política y conciencia de
la realidad, al valorar con objetividad tanto los asuntos de alcance
estratégico como las dificultades de la vida cotidiana, y sobre todo
crece la convicción de que la única fuente de riquezas de la sociedad
está en el trabajo productivo, sobre todo cuando emplea con eficiencia
los hombres y recursos.
Los
agoreros internacionales de la muerte de la Revolución intentaron
presentar a su favor las críticas surgidas durante el estudio y
reflexión del discurso del 26 de julio en Camagüey, sin comprender que
se trataba de un debate crítico dentro del socialismo. Así lo
confirmaron con creces, pocos meses después, los resultados de nuestras
elecciones, que concluyeron el pasado 20 de enero.
Es cierto
que también hay personas que hablan antes de informarse; que demandan
sin valorar si dicen algo racional o descabellado. Coinciden, como
norma, con quienes reclaman derechos sin jamás mencionar deberes. Como
dijo Fidel en su reflexión del 16 de enero: “esperan milagros de nuestra
porfiada y digna Revolución”, concluyó.
No les
negamos el derecho a expresarse, siempre que sea en el marco de la ley.
Ante un planteamiento de ese tipo no podemos ser extremistas, pero
tampoco ingenuos.
Cuando lo
motiva el desespero ante una dificultad personal o es provocado por la
falta de información, debemos ser pacientes y brindar los argumentos
necesarios.
Pero si
alguien lo que pretende es presionar con afán de protagonismo o animado
por la ambición, la demagogia, el oportunismo, la simulación, la
autosuficiencia u otra debilidad humana de similar carácter, hay que
enfrentarlo resueltamente, sin ofensas, pero llamando las cosas por su
nombre.
Nunca
olvidar que el enemigo sigue al acecho, permanentemente dispuesto a
aprovechar el menor descuido para hacernos daño, aunque haya quien se
empeñe en ignorarlo.
No vamos a
dejar de escuchar la opinión honesta de cada cual, que tan útil y
necesaria resulta, por la algarabía que se arma, a veces bastante
ridícula, cada vez que un ciudadano de nuestro país dice algo a lo que
esos mismos promotores del espectáculo no harían el menor caso, si lo
escucharan en otro lugar del planeta.
Sabemos
que esos mensajes van dirigidos a engañar o al menos crear confusión,
pero si alguien ha tenido la peregrina idea de asustarnos con ellos, le
recuerdo que la principal razón de que sigamos aquí -y seguiremos
estando-, es que nuestro pueblo y su Revolución han dado siempre el
frente, sin la menor muestra de temor y enarbolando la verdad, a las
agresiones de todo tipo de la mayor potencia militar y económica del
mundo.
Infinidad
de ejemplos pudieran citarse, basta mencionar la inconmovible dignidad
de nuestros cinco héroes, frente a cada intento de doblegarlos durante
una década de injusto encarcelamiento.
Aprovecho
la ocasión para agradecer, en nombre de nuestro pueblo, las incontables
expresiones de solidaridad, respeto, cariño, aliento y legítima
preocupación para con el líder de la Revolución que emitieron jefes de
Estado y de Gobierno, partidos políticos, organizaciones no
gubernamentales, destacados intelectuales y simples ciudadanos de todos
los confines del mundo tras la publicación de su Mensaje el pasado
martes. No fallaremos jamás a la confianza que ellos depositan en
nosotros.
Al propio
tiempo, hemos tomado debida nota de las declaraciones ofensivas y
abiertamente injerencistas del imperio y algunos de sus más cercanos
aliados.
Como era
de esperar, el Departamento de Estado se apresuró a anunciar la
continuación del bloqueo en correspondencia con la política de la actual
administración.
Otros, con
matices, se empeñan en condicionar las relaciones con Cuba a un proceso
de “transición” dirigido a destruir la obra de tantos años de lucha.
¡Qué poco
conocen a nuestro pueblo, tan orgulloso de su plena independencia y
soberanía!
La
Revolución es obra de mujeres y hombres libres y ha estado
permanentemente abierta al debate, pero nunca ha cedido un ápice ante
las presiones ni se ha dejado influir por ellas, ni por las grandes ni
por las pequeñas.
Solo
añadiré que las Reflexiones de Fidel, publicadas el viernes, son una
magistral respuesta a todas ellas.
En
relación con las dificultades que el país enfrenta en el plano interno,
la determinación de las prioridades y el ritmo de su solución partirá
invariablemente de los recursos disponibles y del análisis profundo,
racional y colegiado, por los órganos competentes del Partido, el Estado
o el Gobierno, y en los casos que sea necesario, previa consulta directa
a los ciudadanos que corresponda de cualquier sector de la sociedad e
incluso a todo el pueblo, si fuera un asunto de gran trascendencia.
Existen
cuestiones cuyo estudio requiere tiempo, ya que un error motivado por la
improvisación, la superficialidad o el apresuramiento, tendría
consecuencias negativas considerables. Hay que planificar bien, pues no
podemos gastar más de lo que tenemos, después organizar y trabajar con
orden y disciplina, que son fundamentales.
Al abordar
estos asuntos es preciso tener siempre presente la profunda convicción
de Fidel, reiterada en su Mensaje del 18 de febrero, de que los
problemas actuales de la sociedad cubana requieren más variantes de
respuestas para cada problema concreto que las contenidas en un tablero
de ajedrez. Que ni un solo detalle se puede ignorar, y no se trata de un
camino fácil, si es que la inteligencia del ser humano en una sociedad
revolucionaria ha de prevalecer sobre sus instintos.
Insisto en
la importancia de la disciplina. Todos tenemos que ser exigentes y
respaldar a quienes lo son. Si es necesario, ayudarlos a mejorar sus
métodos y apoyarlos resueltamente ante el colectivo.
Entiéndase
que no hablo de extremismos ni de aceptar abusos de autoridad o
injusticias, sino de que todos hagamos correctamente la parte que nos
corresponde en el fortalecimiento de la disciplina y el orden social. De
lo contrario, las consecuencias las paga nuestro pueblo.
Es verdad
que hay limitaciones objetivas –las conocemos bien y sufrimos
diariamente tratando de resolverlas cuanto antes. Somos conscientes de
los enormes esfuerzos que requiere fortalecer la economía, premisa
imprescindible para avanzar en cualquier otro ámbito de la sociedad,
frente a la verdadera guerra que libra el gobierno de los Estados Unidos
contra nuestro país.
La
intención es la misma desde el triunfo de la Revolución: hacer sufrir
todo lo posible a nuestro pueblo hasta que desista de la decisión de ser
libre.
Es una
realidad que lejos de amilanarnos debe seguir haciendo crecer nuestra
fuerza. En lugar de utilizarla como excusa ante los errores, debe ser
acicate para producir más y brindar mejor servicio, para esforzarnos por
encontrar los mecanismos y vías que permitan eliminar cualquier traba al
desarrollo de las fuerzas productivas y explotar las importantes
potencialidades que representan el ahorro y la correcta organización del
trabajo.
Nuestra
historia enseña, desde las guerras de independencia hasta el presente,
que mientras mayores sean las dificultades, más exigencia, disciplina y
unidad se requieren. El desorden, la impunidad y la falta de cohesión
han estado siempre entre los peores enemigos de un pueblo que lucha.
Reitero
que el país tendrá como prioridad satisfacer las necesidades básicas de
la población, tanto materiales como espirituales, partiendo del
fortalecimiento sostenido de la economía nacional y de su base
productiva, sin lo cual, repito una vez más, sería imposible el
desarrollo.
Un ejemplo
es la propuesta de medidas dirigidas a incrementar las producciones
agropecuarias y perfeccionar su comercialización, las cuales se han
analizado, provincia por provincia, con una amplia representación de los
encargados de llevarlas a la práctica, incluidos los propios
productores.
Así se
continuará haciendo en cada asunto de importancia cardinal para el país.
Estamos
examinando, por ejemplo, todo lo relacionado con la implementación
oportuna de las ideas del compañero Fidel sobre la “progresiva, gradual
y prudente reevaluación del peso cubano” -son los términos
exactos que empleó en marzo del 2005-. Al propio tiempo, profundizamos
en el fenómeno de la doble moneda en la economía.
Estas
cuestiones son realmente sensibles y complejas, cuando, como es nuestro
caso, existe la firme voluntad de proteger e ir incrementando de modo
paulatino los ingresos y ahorros de la población, en especial de quienes
reciben menos.
Para
evitar efectos traumáticos e incongruencias, cualquier cambio referido a
la moneda debe hacerse con un enfoque integral en el que se tengan en
cuenta, entre otros factores, el sistema salarial, los precios
minoristas, las gratuidades y los millonarios subsidios que actualmente
suponen numerosos servicios y productos distribuidos de una forma
igualitaria, como los de la libreta de abastecimiento, que en las
actuales condiciones de nuestra economía resultan irracionales e
insostenibles.
Constituye
hoy un objetivo estratégico avanzar de manera coherente, sólida y bien
pensada, hasta lograr que el salario recupere su papel y el nivel de
vida de cada cual esté en relación directa con los ingresos que recibe
legalmente, es decir, con la importancia y cantidad del trabajo que
aporte a la sociedad.
Como nos
dijo Fidel en su Reflexión del 16 de enero: “Tampoco debe regalarse nada
a los que pueden producir y no producen o producen poco. Prémiese el
mérito de los que trabajan con sus manos o su inteligencia”, sentenció.
Se
estudian simultáneamente otros temas siguiendo una prioridad y el ritmo
de avance dependerá de la complejidad y los recursos.
Tenemos lo
fundamental para encontrar las mejores soluciones al alcance de las
posibilidades materiales y las capacidades organizativas, que deben irse
incrementando: un pueblo instruido, de elevada cultura política y
firmemente unido bajo los principios que resumió el compañero Fidel en
su reflexión del 24 de enero, cuando dijo:
“Unidad significa compartir el combate, los
riesgos, los sacrificios, los objetivos, ideas, conceptos y estrategias,
a los que se llega mediante debates y análisis. Unidad significa la
lucha común contra anexionistas, vendepatrias y corruptos que no tienen
nada que ver con un militante revolucionario”, fin de la cita.
Insisto en
lo expresado aquí durante la anterior sesión de esta Asamblea: para que
las enormes posibilidades de esa unidad se conviertan en resultados
tangibles, es imprescindible que todos los organismos y organizaciones
trabajen con la necesaria integración.
La
institucionalidad, repito el término: la institucionalidad, es
importante sustento de ese decisivo propósito y uno de los pilares de la
invulnerabilidad de la Revolución en el terreno político, por lo que
debemos trabajar en su constante perfeccionamiento. No creernos nunca
que lo que hemos hecho es perfecto.
Nuestra
democracia es participativa como pocas, pero debemos estar conscientes
de que el funcionamiento de las instituciones del Estado y del Gobierno
aún no alcanza el nivel de efectividad que nuestro pueblo exige con todo
derecho. Es un tema en que debemos pensar todos.
En
diciembre hablé del exceso de prohibiciones y regulaciones, y en las
próximas semanas comenzaremos a eliminar las más sencillas. Muchas de
ellas tuvieron como único objetivo evitar el surgimiento de nuevas
desigualdades, en un momento de escasez generalizada, incluso a costa de
dejar de percibir ciertos ingresos.
La
supresión de otras regulaciones, aunque a algunos pueda parecer
sencillo, tomará más tiempo debido a que requieren un estudio integral y
cambios en determinadas normativas jurídicas, además de que influyen en
algunas de ellas las medidas establecidas contra nuestro país por las
sucesivas administraciones norteamericanas.
Pasando a
otro tema, también está la tendencia a aplicar la misma receta en todas
partes. Como resultado de ello y quizás su peor consecuencia, muchos
piensan que cada problema exige medidas de alcance nacional para
resolverse.
La
iniciativa local es efectiva y viable en muchas cuestiones, así lo ha
demostrado la distribución directa de la leche, como expliqué el pasado
26 de julio. Ya la experiencia abarca a 64 municipios de 13 provincias
del país, 40 de ellos totalmente cubiertos. En los restantes y en la
propia industria láctea también se avanza.
Además de
garantizar con puntualidad y calidad este esencial producto, que es el
objetivo fundamental, en los últimos meses del pasado año este programa
permitió ahorrar más de 6 mil toneladas de leche en polvo cuya
adquisición hubiera excedido los 30 millones de dólares, considerando el
precio promedio en el período de 5 mil cincuenta dólares la tonelada.
Adicionalmente se redujeron gastos en divisas por un valor de 2,6
millones, incluidos en esta cifra unos 600 mil litros de combustible.
Y pudieran
citarse otros casos de diversos sectores, por lo que hay que continuar
pensando en soluciones similares en todos los niveles de la
administración.
Compañeras
y compañeros:
Un día
como hoy, en 1895, al llamado de Martí, los Pinos Viejos y Nuevos
reiniciaron la lucha por la independencia, frustrada por la intervención
militar de los Estados Unidos. Medio siglo después logramos unirnos
nuevamente y presentar combate al mismo enemigo de siempre.
No fue
casual que se escogiera esta fecha, hace 50 años, para la primera
transmisión de Radio Rebelde en la Sierra Maestra, ni que fuera el día
en que proclamamos nuestra Constitución socialista en 1976.
En este
aniversario 113 del inicio de la Guerra Necesaria, son realmente muchos
y difíciles los retos. Ante ellos, tengamos presente lo expresado por
Fidel en su Reflexión publicada el pasado 10 de diciembre, cuando nos
alertó:
“El rostro
ceñudo de Martí y la mirada fulminante de Maceo señalan a cada cubano el
duro camino del deber y no de qué lado se vive mejor”.
Muchas gracias.
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