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290509
- Immanuel Wallerstein - Después
de casi 50 años de hostilidad incesante hacia el gobierno
revolucionario de Cuba,
Estados Unidos
está dando sus primeros pasos hacia un deshielo en las
relaciones. El gobierno cubano responde con cautela y
escepticismo, pero deja la puerta abierta a esta posibilidad.
Algunos comentaristas han atribuido esta nueva situación a
un cambio en el liderazgo de ambos países. La explicación real
descansa mucho más en un cambio en la situación geopolítica –en
el sistemamundo como un todo– y en América latina en particular.
Los revolucionarios cubanos asumieron el poder en enero de 1959.
Las relaciones con
Estados Unidos
se deterioraron mucho en el lapso de un año. En marzo de 1960,
el presidente Eisenhower ordenó preparar una invasión de
exiliados cubanos para derrocar al gobierno de
Cuba.
En marzo de 1961, poco después de llegar a presidente,
John F. Kennedy aprobó una versión revisada del plan
Eisenhower. El plan se instrumentó un mes después. Se lo conoce
como la invasión de Bahía de Cochinos (Playa Girón). Duró unos
cuantos días y fue un fiasco militar para los invasores
respaldados por
Estados Unidos.
En enero de 1962,
Estados Unidos
propuso en la reunión de la Organización de Estados Americanos (OEA)
que se le suspendiera su membresía a
Cuba.
La propuesta de Estados Unidos fue aprobada por 14 de los 21
miembros, apenas las dos terceras partes necesarias para que
pasara.
Cuba
votó que no y se abstuvieron otros seis países latinoamericanos.
El argumento principal para la suspensión fue que
Cuba
había anunciado su adhesión al marxismo leninismo, que se
consideró incompatible con la membresía.
Además,
Estados Unidos
lanzó un embargo total
a las relaciones comerciales con
Cuba
y buscó la aquiescencia con este boicot de los aliados de la
OTAN en Europa occidental y de los Estados latinoamericanos.
Octubre de 1962 marcó la muy dramática
crisis de los misiles cubanos. La
Unión Soviética colocó misiles nucleares en sitios de la
isla.
Estados Unidos
exigió que fueran retirados. El mundo temió que estuviéramos a
punto de una guerra nuclear. Al final, la
Unión Soviética
retiró los misiles, supuestamente a cambio de un compromiso
secreto de
Estados Unidos
de que no respaldaría ninguna invasión más a
Cuba.
El gobierno cubano indicó su desacuerdo con la decisión de la
Unión Soviética,
pero mantuvo sus buenas relaciones con ese gobierno.
Como resulta evidente, el principal elemento en la hostilidad
estadounidense hacia el gobierno cubano se debió a
consideraciones de la
Guerra Fría. De ahí en adelante, el gobierno de Estados
Unidos puso presión constante en sus aliados de la
OTAN
y en los Estados latinoamericanos para que cortaran todos sus
vínculos con Cuba, lazos que, uno por uno, casi todos cortaron.
Al mismo tiempo, hubo un número creciente de exiliados cubanos
en
Estados Unidos.
Estos exiliados estaban decididos a derrocar al gobierno cubano,
y se organizaron políticamente para garantizar un fuerte apoyo a
esta idea por parte del Congreso y del gobierno estadounidense.
Durante los primeros 30 años, este esfuerzo tuvo más y más
éxito.
>>Fulgencio
Batista Zaldívar>>
Contra esta hostilidad, el gobierno cubano buscó alianzas no
sólo con países del así llamado bloque socialista sino con
gobiernos y movimientos revolucionarios en el llamado
tercer mundo. “Exportó” a los países del
tercer mundo
su capital humano en la forma de médicos y profesores bien
capacitados. Ofreció ayuda militar crucial al gobierno de la
Angola independiente, que entonces luchaba contra los invasores
del gobierno de Sudáfrica, promotor del apartheid. Las tropas
cubanas ayudaron a derrotar a los sudafricanos en la crucial
batalla de Cuito Carnavale en 1988.
La situación cambió por completo en los años ‘90, en tres modos
cruciales. El primer nuevo elemento fue el colapso de la
Unión Soviética.
Esto significó que las consideraciones de la
Guerra Fría
se volvieran irrelevantes. Significó también que
Cuba
sufriera grandes penurias económicas en los años ’90 debido al
fin de la asistencia económica ruso/soviética, y que tuviera que
ajustar su programa interno.
El segundo nuevo elemento, especialmente evidente en la
presidencia de
George W. Bush, fue la aguda decadencia del poderío
geopolítico estadounidense. Esto desató un serio revés en la
política latinoamericana, con la subida al poder de gobiernos de
centroizquierda en un país tras otro. Una por una, todas estas
naciones empezaron a reestablecer relaciones con
Cuba
y llamaron a ponerle fin al boicot estadounidense y a la
reintegración de Cuba a la
OEA.
El tercer elemento fue una marcada transformación en el
escenario político estadounidense. Por vez primera, comenzó a
hablarse con seriedad del “fracaso” de las políticas
estadounidenses hacia
Cuba.
Hubo presión de los agricultores que se interesaron en conseguir
el derecho de vender sus productos en
Cuba.
Esto obtuvo respaldo de muchos senadores republicanos, incluido,
notablemente, Richard Luger, el decano republicano en el Comité
de Relaciones Exteriores del Senado.
Más importante aún fue el hecho de que, después de 50 años, la
comunidad de exiliados en
Cuba
evolucionó en sus puntos de vista políticos. Un gran número de
cubanoestadounidenses más jóvenes comenzaron a argumentar en
favor de su derecho a viajar a Cuba, enviar dinero ahí y
establecer un intercambio libre y abierto.
Cuando
Barak Obama
llegó a la presidencia, recibió algunas presiones para emprender
el “deshielo” en las relaciones cubanoestadounidenses. Esto lo
hizo mediante varios gestos iniciales, deshaciendo las
restricciones a las remesas familiares y a los viajes que su
predecesor había impuesto.
Qué tan lejos está dispuesto a llegar
Obama
para mejorar las relaciones es algo que no sabemos todavía. Pero
mientras que hace apenas 10 años las presiones políticas
internas en
Estados Unidos
estaban abrumadoramente en favor de un boicot económico, hoy el
público y los políticos están divididos. Y debido a la evolución
de la opinión latinoamericana y el tamaño creciente de la
población latina en
Estados Unidos,
es probable que la opinión pública evolucione todavía más en uno
o dos años por venir.
>>John F Kennedy>>
La reacción de Cuba ha sido prudente.
Fidel Castro lo explicó bien el 5 de abril. Dijo que los
gestos y afirmaciones de
Obama
estaban destinados primordialmente al público estadounidense y
expresaban la opinión de un presidente de
Estados Unidos.
“Sin duda es mucho mejor que Bush y
McCain” (algo que muchos críticos de izquierda no quieren
admitir de
Obama),
pero
Obama
está constreñido por las realidades. “El imperio es mucho más
poderoso que él y sus buenas intenciones.”
Así que
Cuba
está tentativamente explorando qué tan lejos quiere llegar
Estados Unidos.
Hay discusiones diplomáticas de “nivel bajo” que ya están en
curso. El gobierno de
Obama
tiene presiones que empujan hacia el “deshielo”. El gobierno de
Castro tiene presiones en América latina en favor de un
“deshielo”. Si las realidades geopolíticas continúan
evolucionando en la dirección en la que se han encaminado en los
últimos años, no es imposible que Cuba y
Estados Unidos
logren relaciones diplomáticas “normales”. No hay duda de que
ambos continuarían teniendo perspectivas diferentes con respecto
al mundo, y que prosigan diferentes objetivos, pero eso es
cierto para casi todas las relaciones bilaterales. Lograr una
situación en que las relaciones entre
Cuba
y
Estados Unidos
fueran unas de dignidad y respeto mutuo sería un gran avance con
respecto a las relaciones de los pasados 50 años. -
La Jornada
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