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Cuba
de enero de 1959: 400 cómplices de Batista huyeron a EE.UU.

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Pilar García


Irenaldo García

. Pilar e Irenaldo García

020110 - Jean-Guy Allard - Pero no hubo ni una sola extradición

Ninguno de los asesinos, torturadores y ladrones del régimen de Fulgencio Batista reclamados por
Cuba después del Primero de Enero de 1959, día de su Triunfo, fue luego extraditado. Muchos vivieron desde entonces en la Florida, donde se beneficiaron no sólo de una total impunidad sino que varios fueron reclutados por la CIA para sus guerras sucias contra América Latina

Este mismo día que marcó la llegada el poder de la Revolución liderada por Fidel Castro, fue por un aeropuerto de Jacksonville, en la misma Florida, que llegaron a
Estados Unidos algunos de los más repugnantes personajes del régimen pro estadounidense del dictador Fulgencio Batista.

Enumerar sus nombres es suficiente para despertar entre los cubanos de la generación de McCain un sentimiento de horror.

Ese día desembarcan en esa localidad nada menos que el mayor general Pilar García, asesino de los asaltantes al cuartel Goicuría, Jefe de la Policía Nacional, el más abyecto torturador de La Habana, y su hijo de siniestra fama, el teniente coronel Irenaldo García, junto al mayor general Luis Robaina, inspector general del ejército batistiano.

Por ese mismo lugar, en el mismo vuelo, desembarcaron también el Jefe de Estado Mayor de Batista, Francisco "El Viejo Pancho" Tabernilla, y sus tres hijos, Carlos, jefe de la aviación que ordenó los bombardeos de Cienfuegos y Santa Clara; Francisco, jefe del cuerpo de tanques, y Marcelo, jefe de los bombarderos del campo militar habanero de Columbia.

CINCUENTA Y CUATRO PASAJEROS CON CINCUENTA PISTOLAS

Según un reporte del New York Times, cuatrocientos individuos identificados con el régimen de Batista salieron huyendo de La Habana ese primer día de enero para aparecerse en
Estados Unidos y República Dominicana.

En esa misma parte sureste del país donde se encontraba McCain, precisamente en la Nueva Orleans, se produjo una de las llegadas más características de la naturaleza gansteril del régimen que acababa de ser derrocado en la Isla: los servicios de aduanas ocuparon cincuenta pistolas y dos granadas a las cincuenta y cuatro personas que salieron de una aeronave.

Nadie fue arrestado.

Otros 47 batistianos, entre ellos Francisco Batista, el hermano del dictador, aterrizaron en West Palm Beach, cerca de Miami. Dos pilotos de la dictadura se aparecieron en Daytona Beach con un bombardero.

Mientras, centenares de partidarios de la Revolución protestaban en el aeropuerto de Miami contra la llegada de los batistianos.

UN VUELO DE CUBANA SECUESTRADO HACIA NUEVA YORK

Al norte, en el Aeropuerto Internacional de Nueva York, en el barrio de Queens, 91 personas desembarcaron de una aeronave de Cubana de Aviación cuyo piloto, Raúl Cabeza, declaró haber sido obligado, a punta de una pistola, a volar desde La Habana.

Entre esos pasajeros se encontraban Mario Cabas, ministro de Transportes de Batista; Victor Rams, un oficial de inteligencia, y Hermenegildo Hernández, un mayor del ejército.

Cabeza contó al Times cómo un personaje se le acercó en el aeropuerto de La Habana y lo amenazó con una pistola. El avión salió a las 9:19 a.m. y llego a Nueva York a las 2:02.

A pesar de las declaraciones del piloto, ninguno de los ocupantes de la aeronave pirateada fue arrestado. Dos pistolas fueron encontradas a bordo.

Sin embargo, la policía mando a 70 agentes para rodear los 250 manifestantes favorables a la Revolución que se manifestaban contra los batistianos.

En Linden, Nueva Jersey, decenas de simpatizantes de la Revolución esperaron en vano, para repudiarlo, la anunciada llegada de un esbirro que no apareció. La policía arrestó a uno de ellos.

Ninguno de los 400 asesinos, torturadores y ladrones señalados por el New York Times, reclamados por el Gobierno revolucionario fue luego restituido a Cuba.

Al contrario, muchos prosperaron al asociarse a los programas de sabotaje y terrorismo desarrollados durante décadas contra Cuba y América Latina. Varios se hicieron ricos al participar en acciones encubiertas en varios continentes.

Varios de ellos se encargaron de imponer en Miami el dominio de una mafia de pura cepa batistiana que ha controlado hasta hoy la vida política del Sur de la Florida y que sigue orientando, a pesar de toda lógica, la política agresiva de Estados Unidos hacía la Isla -
Rebelión

Pilar e Irenaldo García

De esa plaga de criminales y asesinos que ensombreció la historia republicana-cubana procedían Pilar García García e Irenaldo García Báez. Padre e hijo integraron un inolvidable dúo de maldad, cinismo, sadismo y monstruosidad, que operó tanto en el interior como en la capital del país.

Aunque sus carreras militares comenzaron mucho antes, no fue hasta el golpe de Estado de 1952 que estas llegaron a niveles jamás esperados.

Comandante Irenaldo García BáezComo parte del grupo conspirador, inmediatamente cobraron su recompensa. Es así como el 11 de marzo, apenas 24 horas después del cuartelazo, el segundo teniente Irenaldo García Báez pasearía por el polígono de Columbia con su flamante nuevo uniforme de Comandante.

Al producirse el retiro de Pilar García en el período auténtico, ostentaba el grado de capitán, Jefe de Regimiento 3 Santa Clara y mediante el Decreto 94, primero en el orden militar que firmó Batista el propio día del zarpazo, fue reincorporado al servicio activo con el grado de Coronel.

Se descorría el telón para dar paso a una obra de infinitos actos, en la que los protagonistas principales serían el dúo maléfico, que descargó todo su odio y maldad contra aquellos hombres y mujeres cubanos que inconformes con el ilegal golpe de Estado, deseaban cambiar el régimen de opresión existente en Cuba.

Corrían los días finales de 1952 y un grupo de patriotas y revolucionarios comenzaban a denunciar el carácter ilegítimo e inconstitucional del nuevo gobierno a través de los periódicos clandestinos Son Los Mismos y El Acusador. Para apresar a sus creadores y detener la oposición, el apartamento donde residían los jóvenes hermanos Abel y Haydeé Santamaría, en 25 y O, en El Vedado fue asaltado por agentes policiales, quienes liderados por el comandante Irenaldo García Báez, golpearon, destruyeron objetos y humillaron a sus moradores.

Pilar García, Jefe del Regimiento No. 4 de la Guardia RuralCon el paso del tiempo, la lucha de la juventud cubana en rechazo a todo lo que significó el golpe militar, se fue incrementando. Para tratar de controlar la situación, Batista fue colocando sus hombres fuertes en lugares importantes del país. Pilar García fue trasladado en 1955 para la provincia de Matanzas, como Jefe del Regimiento No. 4 de la Guardia Rural. Lo acompañó su maléfico e inseparable hijo.

En esta provincia, la pareja perpetró una de las masacres más horrendas que recuerde la Cuba de los años 50: el asesinato premeditado y de una parte del grupo de jóvenes valiosos que intentaron tomar el Cuartel Goicuría el 29 de abril de 1956. Por órdenes del padre y del hijo fueron ametrallados vilmente en el intento de ocupar la fortaleza o torturados los jóvenes revolucionarios: Reynold García, Mario Vázquez, Francisco Alonso, Carlos M. Álvarez, Jorge Armengol, Rolando Castillo, Nelson Hernández, Julio A. García, Marino Jaime, Gonzalo Quesada, César M. Rodríguez, Julián R. Rodríguez, Emilio Sabugüeiro, José Fosca y Marcos Veira.

Los hijos de Matanzas y el pueblo cubano, en general, no pudieron ni pueden borrar de sus mentes este salvaje crimen, razón por la cual el 26 de febrero de 1959 se inició la causa No. 27 de ese año, contra los autores del horrendo crimen del Goicuría, en la que, por supuesto, Pilar e Irenaldo no comparecieron, pues prófugos de la justicia revolucionaria, se refugiaron en los Estados Unidos, bajo la tutela de dicho gobierno, que los acogió como "Héroes". A pesar de los esfuerzos del gobierno de Cuba, ambos criminales nunca fueron extraditados, para que respondieran por sus crímenes.

La "Heroicidad" de Pilar frente a los asaltantes del Goicuría fue recompensada con la concesión de la cruz Carlos Manuel de Céspedes de manos del propio Batista como premio al valor demostrado en la defensa del cuartel. Asimismo, sirvió para que en marzo de 1958, cuando la tiranía fue sacudida por el accionar de la juventud revolucionaria, y la capital presentaba características magnificadoras de esa ofensiva, el tirano convocaba a uno de sus verdugos más crueles: Pilar García, "nombre de mujer y alma de asesino", para poner "orden" en la urbe desde la Jefatura de la Policía Nacional. Comenzaba un nuevo acto en la historia que relatamos.

En abril de 1958 el auge revolucionario llega a su clímax con la huelga. Pilar García, el monstruo del Goicuría, ávido de sangre, lanzaba sus pandillas tras la huella de los combatientes. Enseguida, la radio de la policía empezó a transmitir sus feroces instrucciones. El chacal conminaba a sus esbirros. ¡No quiero heridos, ni prisioneros ¡maten, maten Esas eran sus instrucciones.

El grito siniestro de Pilar García se extendió sobre la ciudad como un aullido de odio y los muertos comenzaron a aparecer: Carlos Astiazaraín, Marcelo Muñoz, Roberto Casals, Reinaldo Aulet, José Prieto, Emilio Rodríguez, Juan Lifont, Vicente Chávez, Noel Fernández, Jorge Matos, Luis Morales, Ciro Hidalgo, Leonel Fraguelas, Juan Fernández, Luis A. Ruiz, Víctor González, Orlando Cuéllar, Ricardo Martínez, José Benítez, Alfredo Rodríguez.

Sus cadáveres mutilados por las horrendas torturas, acribillados a balazos fueron encontrados en diferentes lugares de la capital, jóvenes, cuyo único falta consistía en oponerse al sistema imperante. Muchos más, sin identificar, misteriosamente, desaparecieron o se enterraron en cementerios privados.

Entretanto, su hijo Irenaldo, desde su cargo de segundo jefe de Servicio de Inteligencia Militar (SIM) cometía atrocidades tales como la del 16 de abril de 1958 en Rancho Boyeros y La Rosa. Ese día, en unión de otros policías, penetró en la vivienda de Aurelio Vilella, apropiándose durante el registro realizado de la cantidad de $ 2 800,00. Después, lo esperaron frente a su casa y cuando salía de esta lo acribillaron a balazos en presencia de su esposa e hija.

Este crimen, según Margarita la propia hija del occiso, fue premeditado. La joven relató que su padre había sido detenido por Pilar García, en Santa Clara, y que luego de ser liberado, el hostigamiento, el saqueo de su finca y los vejámenes no cesaron, lo que los obligó a trasladarse a La Habana. Desgraciadamente, las bestias sangrientas arribaron a la capital y continuaron su cacería llegando hasta las últimas y dramáticas consecuencias.

Pilar e Irenaldo decidieron huir en la madrugada del 1ro de enero cuando se produjo el derrocamiento de la tiranía. Desde su exilio continuaron con las ansias de destruir al pueblo cubano. Formaron parte de la dirigencia de la primera organización contrarrevolucionaria fundada en suelo norteamericano, cuyo objetivo principal fue promover acciones terroristas contra Cuba, en complicidad con el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo. Nos referimos a La Rosa Blanca, cuyo nombre ultrajaba el límpido ideario del apóstol José Martí.

Esbirros como ellos jamás serán olvidados por los cubanos. El pueblo de la Isla no desea regresar al pasado y mucho menos tener personajes como estos: torturadores, asesinos y criminales de jóvenes.

Algún día el pueblo norteamericano conocerá la verdad y llegará la hora en que descubrirá la clase de lobos que recibió refugio en la Florida - Cuba Socialista
 


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