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090110
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Juan Marrero -
(261107) - Para algunos en el
mundo debe haberles sonado algo raro el anuncio del Consejo de
Estado de la República de
Cuba
sobre que el domingo 25 de abril
de este año se efectuarán las elecciones para delegados a las
169 Asambleas Municipales del Poder Popular.
Eso es perfectamente comprensible, pues uno de los componentes
principales de la guerra mediática contra la
Revolución cubana
ha sido negar, escamotear o silenciar la realización de
elecciones democráticas: las parciales, cada dos años y medio,
para elegir a delegados (concejales), y las generales, cada
cinco, para elegir a los diputados nacionales e integrantes de
las asambleas provinciales.
Cuba entra en su décimo tercer proceso electoral desde 1976 con
la participación entusiasta y responsable de todos los
ciudadanos mayores de 16 años de edad. En esta ocasión se trata
de elecciones parciales.
Con la tergiversación, la desinformación y la exclusión de las
elecciones en Cuba de la agenda informativa de cada uno, los
dueños de los grandes medios de comunicación han intentado
afianzar su siniestro mensaje de que los dirigentes en
Cuba,
a diferentes niveles, no son electos por el pueblo. Aunque
afortunadamente en los últimos años, sobre todo luego de la
irrupción de la web, los controles mediáticos se han ido
resquebrajando aceleradamente, y la verdad sobre la realidad de
Cuba, en las elecciones y en otros acontecimientos y temas, se
ha ido abriendo paso.
No dar información sobre las elecciones en Cuba, como tampoco a
su obra de salud, educación, seguridad social y otros temas,
obedece a que los poderosos del mundo del capital temen la
propagación de su ejemplo, a la vez que quede completamente al
desnudo la ficción de democracia y libertad que por siglos se ha
vendido al mundo.
Apreciamos, sin embargo, que el implacable decursar del tiempo
es adverso a los que tienden muros de silencio. Aunque aún andan
por ahí algunos comentaristas tarifados o políticos defensores
de intereses ajenos o adversos a los pueblos que siguen
afirmando que “bajo la dictadura de los Castro en Cuba no hay
democracia ni libertad ni elecciones”. Se trata de una consigna
que se repite frecuentemente para hacer honor a aquel
pensamiento de un ideólogo del nazismo de que una mentira
repetida mil veces podría convertirse en una verdad.
A la luz de las elecciones convocadas para el próximo 25 de
abril, quiero solamente comentarles en este artículo, dentro de
la mayor brevedad posible, cuatro rasgos del proceso electoral
en Cuba, aún susceptibles de perfeccionamiento, que marcan
sustanciales diferencias con los mecanismos existentes para la
celebración de elecciones en las llamadas “democracias
representativas”. Esos aspectos son:
1) Registro Electoral;
2)
Asambleas de Nominación de Candidatos a Delegados;
3) Propaganda
Electoral; y
4) La votación y escrutinio.
El Registro Electoral es automático, universal, gratuito y
público. Al nacer un cubano no sólo tiene derecho a recibir
educación y salud gratuitamente, sino que cuando arriba a los 16
años de edad automáticamente se le inscribe en el Registro
Electoral. Por razones de sexo, religión, raza o filosofía
política a nadie se le excluye. Tampoco si pertenece a los
cuerpos de defensa y seguridad del país. A nadie se le cobra un
solo centavo por aparecer inscripto, y mucho menos se le somete
a engorrosos trámites burocráticos como exigirles fotos, sellos
del timbre o la toma de huellas dactilares. El Registro es
público, se expone en lugares de masiva afluencia del pueblo en
cada circunscripción..
Todo ese mecanismo público posibilita, desde los inicios del
proceso electoral, que cada ciudadano con capacidad legal pueda
ejercer su derecho de elegir o resultar elegido. E impide la
posibilidad de fraude, lo que es muy común en países que se
llaman democráticos. La base del fraude en todas partes está, en
primer lugar, en que la inmensa mayoría de los electores no
saben quienes tienen derecho a votar. Eso sólo lo conocen o
dominan unas pocas maquinarias políticas. Y, por eso, hay
muertos que votan varias veces, o, como pasa en Estados Unidos,
numerosos ciudadanos no son incluidos en los registros porque
alguna vez fueron condenados por los tribunales, a pesar de
haber cumplido sus sentencias.
Lo que más distingue y diferencia a las elecciones en Cuba de
otras son las asambleas de nominación de candidatos. En otros
países la esencia del sistema democrático es que los candidatos
surjan de los partidos, de la competencia entre varios partidos
y candidatos. Eso no es así en Cuba. Los candidatos no salen de
ninguna maquinaria política. El Partido Comunista de Cuba,
fuerza dirigente de la sociedad y el Estado, no es una
organización con propósitos electorales. Ni postula, ni elige ni
revoca a ninguno de los miles de hombres y mujeres que ocupan
los cargos representativos del Estado cubano. Entre sus fines
nunca ha estado ni estará ganar bancas en la Asamblea Nacional o
en las Asambleas Provinciales o Municipales del Poder Popular.
En cada uno de los procesos celebrados hasta la fecha han sido
propuestos y elegidos numerosos militantes del Partido, porque
sus conciudadanos los consideraron personas con méritos y
aptitudes, pero no debido a su militancia.
Los cubanos y cubanas tienen el privilegio de postular a sus
candidatos sobre la base de sus méritos y capacidad, en
asambleas de residentes en barrios, demarcaciones o áreas en las
ciudades o en el campo. A mano alzada se hace la votación en
esas asambleas, donde resulta electo aquel propuesto que obtenga
mayor número de votos. En cada circunscripción electoral hoy
varias áreas de nominación, y la Ley Electoral garantiza que al
menos dos candidatos, y hasta 8, puedan ser los que aparezcan en
las boletas para la elección de delegados del próximo 25 de
abril.
Otro rasgo del proceso electoral en Cuba es la ausencia de
propaganda costosa y ruidosa, la mercantilización que está
presente en otros países, donde hay una carrera por la obtención
de fondos o por privilegiar a una u otra firma de relaciones
públicas. Ninguno de los candidatos postulados en Cuba puede
hacer propaganda en su favor y, por supuesto, ninguno necesita
ser rico o disponer de fondos o ayuda financiera para dar a
conocerse. En las plazas y calles no hay actos en favor de
candidato alguno, ni manifestaciones ni carros altoparlantes ni
pasquines con sus fotos, ni promesas electoreras; en la radio y
la televisión, tampoco; en la prensa escrita, tampoco. La única
propaganda la ejecutan las autoridades electorales y consiste en
la exposición en lugares públicos en la misma área de residencia
de los electores de la biografía y foto de cada uno de los
candidatos. Ningún candidato es privilegiado sobre otro. En las
biografías se exponen méritos alcanzados en la vida social, a
fin de que los electores puedan tener elementos sobre
condiciones personales, prestigio y capacidad para servir al
pueblo de cada uno de los candidatos y emitir libremente su voto
por el que considere el mejor.
El rasgo final que queremos comentar es la votación y el
escrutinio público. En Cuba no es obligatorio el voto. Como lo
establece el Artículo 3 de la Ley Electoral, es libre, igual y
secreto, y cada elector tiene derecho a un solo voto. Nadie
tiene, pues, nada que temer si no acude a su colegio electoral
el día de las elecciones o si decide entregar su boleta en
blanco o anularla. No ocurre como en muchos países donde el voto
es obligatorio y la gente va compulsada para evitar que le
impongan una multa, lo lleven a los tribunales o incluso para no
perder un empleo. Mientras en otros países, incluyendo
Estados
Unidos, la esencia radica en que la mayoría no vote, en Cuba se
garantiza que todo el que desee pueda hacerlo. En lo elecciones
efectuadas en Cuba desde 1976 a la fecha, como promedio, 97 % de
los electores han ido a votar. En las últimas tres lo hicieron
más de 8 millones de electores inscriptos.
El conteo de los votos en las elecciones cubanas es público, y
puede ser presenciado en cada colegio por todos los ciudadanos
que lo deseen, incluso la prensa nacional o extranjera. Y,
además, los elegidos lo son solo si alcanzan más del 50 por
ciento de los votos válidos emitidos, y ellos rinden cuenta a
sus electores y pueden ser revocados en cualquier momento de su
mandato.
Aspiro simplemente a que con estos rasgos enunciados, un lector
sin información sobre la realidad cubana responda a algunas
elementales preguntas, como las siguientes: ¿dónde hay mayor
transparencia electoral y mayor libertad y democracia? y ¿dónde
se ha logrado mejores resultados electorales: en países con
muchos partidos políticos, muchos candidatos, mucha propaganda o
en la Cuba silenciada o manipulada por los grandes medios,
monopolizados por un puñado de empresas y magnates cada vez más
reducido?
Y aspiro, además, a que algún día, al menos, en la gran prensa
cese el muro de silencio que se ha levantado sobre las
elecciones en Cuba, al igual que en otros temas como la obra de
salud pública y la educación, y ello pueda ser fuente de
conocimiento para otros pueblos que merecen un mayor respeto y
un futuro de más libertades y democracia -
Cubadebate
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