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150107
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El economista Rafael Correa asumió este lunes 15 de Enero, como nuevo
presidente de Ecuador prometiendo una "revolución ciudadana" en su país. El
acto oficial tuvo lugar en Quito, un día después que recibiera el Bastón de
Mando en una ceremonia indígena en la localidad de Zumbahua, a 100
kilómetros de la capital.
Correa sustituye a Alfredo Palacio, quien como
vicepresidente tuvo que asumir el orden de sucesión después de que el
Congreso destituyera a Lucio Gutiérrez en abril de 2005. Estuvieron
presentes en el acto de toma de posesión: el venezolano
Hugo Chávez, el boliviano
Evo Morales, así como el recién investido presidente de
Nicaragua, Daniel Ortega. También
estaban la presidenta chilena Michelle Bachelet y el brasileño,
Luiz Inácio "Lula" da Silva, quien hizo un paréntesis de un día en sus
vacaciones para asistir al evento. Asimismo los presidentes de
Perú, Alan García; de
Paraguay, Nicanor Duarte; de
Colombia, Álvaro Uribe, y el heredero de
la corona española, el Príncipe de Asturias, Don Felipe de Borbón. La
delegación estadounidense estuvo encabezada por el Secretario de Comercio,
Carlos Gutiérrez, quien apenas llegado a Quito expresó sus deseos de que
ambos países puedan seguir desarrollando una "amistad con beneficios
mutuos". Pero si algo puede haber resultado incómodo a Washington fue la
presencia del presidente de Irán, Mahmoud
Ahmadinejad, quien terminó en Ecuador una gira que empezó el sábado en
Venezuela y siguió el domingo en Nicaragua. Las palabras del nuevo
presidente fueron las siguientes:
Lea: Correa declaró
victoria "aplastante" y habrá nueva Constitución
Queridos Compatriotas:
Hace ya más de 50 años, cuando nuestro país estaba devastado por la guerra y
el caos, el gran Benjamín Carrión expresaba la necesidad de volver a tener
Patria. Esta frase fue la inspiración de un puñado de ciudadanos que
decidimos liberarnos de los grupos que han mantenido secuestrada a la
Patria, y así emprender la lucha por una Revolución Ciudadana, consistente
en el cambio radical, profundo y rápido del sistema político, económico y
social vigente, sistema perverso que ha destruido nuestra democracia,
nuestra economía y nuestra sociedad.
De esta forma empezamos esta
cruzada llamada Alianza PAÍS, más que con un lema de campaña, con una
esperanza: la Patria Vuelve, y, con ella, vuelve el trabajo, vuelve la
justicia, vuelven los millones de hermanos y hermanas expulsados de su
propia tierra en esa tragedia nacional llamada migración.
Esta esperanza de unos cuantos se expandió cual fuego en pajonal, y se
convirtió en la esperanza y decisión de todos los ecuatorianos que, en
Noviembre 26 del 2006, escribieron una gesta heroica en el país y empezaron
una nueva historia. Hoy, LA PATRIA YA ES DE TODOS.
Sin embargo, la lucha recién
empieza. Noviembre 26 no fue un punto de llegada, fue un punto de partida,
La Revolución Ciudadana recién se ha iniciado y nadie la podrá parar,
mientras tengamos a un pueblo unido y decidido a cambiar.
Lea:
Historia de Ecuador
EJE I.- REVOLUCIÓN CONSTITUCIONAL
El primer eje de esa revolución ciudadana es la revolución constitucional.
El mandato de la ciudadanía fue claro: queremos una transformación profunda,
nuestras clases dirigentes han fracasado, queremos una democracia donde se
oiga nuestra voz, donde nuestros representantes entiendan que son nuestros
mandatarios, y que los ciudadanos somos sus mandantes.
La institucionalidad política del Ecuador ha colapsado, algunas veces por su
diseño anacrónico y caduco, otras por las garras de la corrupción y las
voracidades políticas. El reparto que refleja la Constitución vigente, a
través de la politización de autoridades de control, tribunales, etc., ha
desestabilizado e inmovilizado al país. El Congreso Nacional, supuestamente
máxima expresión de la democracia representativa, no es percibido por la
ciudadanía como su representante. Por el contrario, su pérdida de
credibilidad refleja el desencanto de millones de hombres y mujeres que
ansían un cambio. Las reformas anheladas no pueden limitarse a maquillajes.
América Latina y el Ecuador no están viviendo una época de cambios, están
viviendo un verdadero cambio de época. El momento histórico de la Patria y
de toda el continente, exige una nueva Constitución que prepare al país para
el Siglo XXI, una vez superado el dogma neoliberal y las democracias de
plastilina que sometieron personas, vidas y sociedades a las entelequias del
mercado.
El instrumento fundamental para este cambio es la Asamblea Nacional
Constituyente. En pocos minutos más, cumpliendo el mandato que el pueblo
ecuatoriano me entregara el 26 de Noviembre pasado, y en uso de las
atribuciones que la actual Constitución Política del Estado me confiere,
convocaré a la consulta popular para que el soberano, el pueblo ecuatoriano,
ordene o niegue esa Asamblea Nacional Constituyente de plenos poderes que
busque superar el bloqueo político, económico y social en el que el país se
encuentra.
Gracias al respaldo mayoritario a nuestra propuesta de transformación, las
resistencias de algunas fuerzas políticas tradicionales han dado paso a un
consenso de aceptación a nuestro proyecto, sin que haya mediado para ello
ningún acuerdo oscuro o subterráneo. No negociaré con nadie la dignidad de
la Patria. La Patria ya no está en venta. El oprobio del pasado histórico,
con la venta de la bandera o pactos que canjeaban votos por prebendas, ha
terminado para siempre.
Lea:
La espada de Bolívar y las democracias de plastilina
EJE II.- LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN
El segundo eje de la revolución ciudadana es la lucha contra la corrupción,
mal enraizado en nuestra sociedad, pero también exacerbado por modelos,
políticas y doctrinas que ensalzaron el egoísmo, la competencia y la
avaricia como el motor del desarrollo social.
Estas aberraciones también tuvieron fuertes efectos en la seguridad
ciudadana y en los niveles de violencia, no solo por la inequidad y
pauperización que las políticas aplicadas en los últimos años han generado,
sino también porque si la competencia es buena en lo económico, ¿por qué no
también competir en las calles? Para esa lucha contra la corrupción hemos
buscado y seguimos buscando los mejores hombres y mujeres que con manos
limpias, mentes lúcidas y corazones ardientes por la Patria, dirijan las
diferentes instituciones del Estado, y, desde ahí, con todo el respaldo
político de la Presidencia de la República, eliminen, con su ejemplo y su
consagración ciudadana, este nefasto mal.
De igual manera, se mejorará la información del sector público, con
proyectos como el gobierno electrónico, para que los ciudadanos puedan saber
en qué se utilizan sus dineros, comparar precios unitarios de las compras
públicas, etc. Endureceremos leyes que impidan la corrupción, como la Ley de
Enriquecimiento Ilícito, y se la extenderá al sector privado, que también
deberá justificar de dónde proviene su riqueza. Sin embargo, la lucha contra
la corrupción debe ser la lucha de todo un pueblo, por lo que se organizarán
veedurías ciudadanas en las instituciones susceptibles a la corrupción.
El perdón y olvido a nivel social, se llama impunidad, por lo que jamás
olvidaremos los crímenes de los banqueros corruptos que nos quebraron, los
atentados contra los derechos humanos, y otros tantos delitos y atracos aún
sin sancionar.
Por otro lado, hay varias formas de corrupción, desde lucrar con dineros del
Estado, hasta la evasión de impuestos, pasando por comportamientos,
estructuras y, paradójicamente, leyes corruptas.
¿Acaso no fue corrupción los 18 jubilados muertos que tuvimos en el 2003
cuando pidieron por cerca de 2 meses un incremento de sus míseras pensiones?
No los olvidamos, compañeros jubilados. ¿Acaso no fue corrupción el canje de
deuda del año 2000, que explícitamente buscó mejorar el precio de los bonos
en beneficio de los acreedores, mientras que el país estaba destruido?
¿Acaso no es corrupción la existencia de bancos centrales completamente
autónomos, cuya opulencia es un insulto a la pobreza de nuestra gente, y
que, además, no responden a controles democráticos, pero sí a burocracias
internacionales? ¿Acaso no fue corrupción la Ley de Garantía de Depósitos,
impuesta por el poder político de los banqueros, que obligó al Estado a
garantizar el 100% de los depósitos bancarios, sin límites de monto, días
antes de la quiebra generalizada de los bancos? Todo esto nos llevó a la
dolarización de la economía, cuando en 1999 el Banco Central triplicó la
emisión monetaria para el salvataje bancario. Hoy, ya no tenemos moneda
nacional, no está más la simbología heroica del Mariscal de Ayacucho, pero
los culpables de esta destrucción, la banca y el Banco Central, están más
prósperos que nunca.
¿Acaso no es corrupción la existencia de leyes absurdas como la Ley de
Transparencia Fiscal, que limita cualquier gasto, menos el servicio de la
deuda?.
¿Acaso no fue corrupción esa barbaridad llamada Fondo de Estabilización,
Inversión y Reducción del Endeudamiento Público –el tristemente célebre
FEIREP- que con los recursos de la nueva extracción petrolera garantizaba el
pago de deuda y recompraba ésta en forma anticipada y pre anunciada? De esta
forma, nos han robado nuestro dinero, nuestros recursos naturales, nuestra
soberanía, pese a que la mayoría de estos hechos, por haber estado amparados
en leyes corruptas, quedarán en la impunidad, el 26 de Noviembre del 2006 el
pueblo ecuatoriano ya condenó a sus autores y actores al basurero de la
historia.
Eje III Revolución Económica.
La política económica seguida por Ecuador desde finales de los ochenta se
enmarcó fielmente en el paradigma de desarrollo dominante en América Latina,
llamado ''neoliberalismo'', con las inconsistencias propias de la
corrupción, necesidad de mantener la subordinación económica y exigencia de
servir la deuda externa. Todo este recetario de políticas obedeció al
llamado ''Consenso de Washington'', supuesto consenso en el que, para
vergüenza de América Latina, ni siquiera participamos los latinoamericanos.
Sin embargo, dichas ''políticas'' no fueron solo impuestas, sino también
agenciosamente aplaudidas, sin reflexión alguna, por nuestras élites y
tecnocracias.
Los resultados de estas
políticas están a la vista, y después de quince años de aplicación,
las consecuencias han sido desastrosas. El Ecuador apenas ha crecido
en términos per cápita en los últimos tres lustros, la inequidad ha
aumentado, y el desempleo se ha duplicado con relación a las cifras
de inicios de los noventa, pese a la masiva emigración de
compatriotas ocurrida en los últimos años.
Se llegó al absurdo de defender como ''prudentes'' políticas que
destruyeron empleo, como aquellas aplicadas en los años 2003-2004.
El dogmatismo fue tan grande, que se llamó ''populismo'' a cualquier
cosa que no entendiera el dogmatismo neoliberal. Por el contrario,
cualquier cantinflada en función del mercado y del capital, se la
asumió como ''técnica'', en un verdadero ''populismo del capital''.
Recordemos a manera de ejemplos, los bancos centrales autónomos y
sin control democrático, el simplismo del libre comercio, las
privatizaciones, la dolarización y tantas otras barbaridades.
Estas políticas han podido mantenerse sobre la base de engaños y
actitudes antidemocráticas por parte de los beneficiarios de las
mismas, con total respaldo de organismos multilaterales, los cuales
disfrazaron de ciencia a una simple ideología, y cuyas supuestas
investigaciones científicas se acercaron más a multimillonarias
campañas de marketing ideológico que a trabajos académicos. Estos
organismos también se convirtieron en representantes de los
acreedores y en brazos ejecutores de la política exterior de
determinados países, por lo que, además del fracaso económico,
también se ha mermado la soberanía y representatividad del sistema
democrático, siendo ésta una de las principales fuentes de
ingobernabilidad en el país, incomprensible para la tecnocracia.
Felizmente, como decía el General Eloy Alfaro, la hora más oscura es
la más próxima a la aurora, y el nefasto ciclo neoliberal ha sido
definitivamente superado por los pueblos de nuestra América, como lo
demuestran los procesos de Argentina, Brasil, Uruguay, Venezuela,
Bolivia, Chile, Nicaragua y ahora Ecuador.
De esta forma, la nueva conducción económica del Ecuador priorizará
una política digna y soberana, es decir, más que liberar mercados,
liberar al país de los atavismos y poderosos intereses nacionales e
internacionales que lo dominan; con una clara opción preferencial
por los más pobres y postergados; y priorizando al ser humano sobre
el capital.
Sin embargo, Ecuador y Latinoamérica deben buscar no solo una nueva
estrategia, sino también una nueva concepción de desarrollo, que no
refleje únicamente percepciones, experiencias e intereses de grupos
y países dominantes; que no someta sociedades, vidas y personas a la
entelequia del mercado; donde el Estado, la planificación y la
acción colectiva recuperen su papel esencial para el progreso; donde
se preserven activos intangibles pero fundamentales como el capital
social; y donde las aparentes exigencias de la economía, no sean
excluyentes y, peor aún, antagónicas del desarrollo social.
Política soberana de endeudamiento y manejo de la deuda pública.
Con respecto a la deuda externa, uno de los principales desafíos del
Ecuador es vencer la cultura de endeudamiento que hemos adquirido a
través de los años, y que nos ha llevado a una situación de sobre
endeudamiento altamente costosa para el país.
Con la nueva política de endeudamiento el país deberá utilizar tanto
ahorro interno cuanto sea posible, y solo endeudarse cuando sea
estrictamente indispensable. Para ello, se redefinirá la política de
endeudamiento con los organismos multilaterales y gobiernos, y los
préstamos externos se usarán fundamentalmente para inversiones
productivas que generen flujo de divisas para pagar los préstamos,
mientras que los proyectos sociales se financiarían con recursos
propios.
Sin embargo, no habrá solución integral al problema de la deuda
mientras no haya reformas a la arquitectura financiera
internacional, por lo que es necesaria una acción concertada de los
países deudores para redefinir el criterio de sustentabilidad del
servicio de la deuda, determinar la deuda externa ilegítima, así
como promover la creación de un Tribunal Internacional de Arbitraje
de Deuda Soberana. Desde un punto netamente financiero, la
sustentabilidad del servicio de la deuda significa todo lo que un
país pueda pagar sin comprometer flujos financieros futuros,
independientemente de los niveles de bienestar al que someta a su
población. Un criterio de sustentabilidad adecuadamente definido
debe considerar implicaciones de bienestar, como por ejemplo, el
servicio de deuda que permita a los países endeudados alcanzar las
Metas del Milenio. Por otro lado, existe deuda externa ilegítima,
adquirida en situaciones dudosas, que no se utilizó para los fines
para los que fue contratada, o que ya ha sido pagada varias veces.
Luego de definir adecuadamente el criterio de sustentabilidad y lo
que es deuda ilegítima, un Tribunal Internacional, imparcial y
transparente, debería decidir la deuda a pagar, la capacidad de pago
y modo de pago de los países endeudados. Cabe indicar que en estos
momentos, no existe dicho tercero imparcial y los países endeudados
tienen que acudir al FMI, es decir, al representante de los
acreedores.
Por otro lado, mientras los países latinoamericanos deben y
transfieren ingentes cantidades de recursos al primer mundo, lo cual
impide su desarrollo, al mismo tiempo, los países de la cuenca
amazónica constituyen el pulmón del planeta, pulmón sin el cual la
vida en la tierra se extinguiría. Sin embargo, por ser el aire puro
un bien de libre acceso, nuestros países no reciben la justa
compensación por el servicio que generan. Con dichos fondos, se
podría pagar a los acreedores de los países endeudados generadores
de medio ambiente, sin comprometer el desarrollo de estos últimos,
dentro de una lógica no de caridad, sino de estricta justicia.
Disminuir dependencia y vulnerabilidad a través de la integración
regional: El Banco del SUR.
Por otro lado, los
países latinoamericanos ni siquiera necesitarían de una condonación
de deuda, sino de una adecuada reestructuración y financiamiento de
la misma. De hecho, en el caso de Ecuador, la transferencia neta con
los organismos internacionales es negativa, es decir, en general es
más lo que paga que lo que recibe de estos organismos. Es claro que
no se puede hablar de ayuda para el desarrollo mientras esta
situación continúe. Con la nueva política económica, Ecuador
comenzará a independizarse de los organismos internacionales
representantes de paradigmas e intereses extranjeros, más aún cuando
los créditos multilaterales y el financiamiento en general, son las
nuevas formas de subordinar a nuestros países.
Por otro lado, al mismo tiempo que los países latinoamericanos
buscan financiamiento, la región tiene centenas de miles de millones
de dólares en reservas invertidos en el primer mundo, lo cual
constituye un verdadero absurdo. Por ello, el traer esas reservas a
la región, juntarlas y administrarlas adecuadamente en un Banco del
SUR, es decir, el inicio de una gran integración financiera, más que
un imperativo económico, constituye un imperativo del sentido común
y de soberanía. Para ello, por supuesto, deberá acabar ese sin
sentido técnico de la autonomía de los bancos centrales, que, a
espaldas de nuestros países, envían nuestras reservas fuera de la
región.
El trabajo humano.
Como dice la
encíclica Laboren Exercem de Juan Pablo II, el trabajo humano no es
un factor más de producción, sino el fin mismo de la producción. Sin
embargo, el neoliberalismo redujo al trabajo humano a un simple
instrumento más que hay que utilizar o desechar en función de las
necesidades de acumulación del capital. Para esto, se generalizaron
en América Latina formas de explotación laboral bastante bien
disfrazadas con eufemismos como ''flexibilazación laboral'', ''tercerización'',
''contratos por horas'', etc. Cabe indicar que, de acuerdo a
múltiples estudios, esta ''flexibilización laboral'' ha sido una de
las reformas que menos resultados ha dado en la región, sin que
exista con ella mayor crecimiento, pero sí una mayor precarización
de la fuerza laboral, y con ello, mayor desigualdad y pobreza. Pero
incluso si la flexibilización hubiere dado resultado, no podemos
rebajar la dignidad del trabajo humano a una simple mercancía. Ya es
hora entiender que el principal bien que exigen nuestras sociedades
es el bien moral, y que la explotación laboral, en aras de supuestas
competitividades, es sencillamente inmoral. Uno de las principales
razones para la explotación laboral ha sido la falacia de la
competencia.
Este es un principio
ya bastante cuestionado entre agentes económicos al interior de un
país, pero es un verdadero absurdo entre países, donde debe primar
la lógica de la cooperación, de la complementaridad, de la
coordinación, del desarrollo mutuo.
Esta globalización
neoliberal, inhumana y cruel, que nos quiere convertir en mercados y
no en naciones, que nos quiere hacer tan solo consumidores y no
ciudadanos del mundo, es muy similar en términos conceptuales al
capitalismo salvaje de la Revolución Industrial, donde antes de que,
por medio de la acción colectiva, las naciones lograsen en su
interior leyes de protección laboral, la explotación no tuvo
límites. Ya es hora de que, en la búsqueda de una nueva forma de
integración que supere la visión puramente mercantilista, nuestros
países adopten una legislación laboral regional, que recupere la
centralidad del trabajo humano en el proceso productivo y en la vida
de nuestras sociedades, y que evite este absurdo de competir
deteriorando las condiciones laborales de nuestra gente. En todo
caso, en Noviembre 26 del 2006, se firmó también la partida de
defunción de la explotación laboral en el Ecuador, y sobretodo de
esa farsa llamada ''tercerización''.
Eje IV La Revolución en
Educación y Salud.
En cuanto a nuestro
IV Eje, la revolución en las políticas sociales, partiremos del
principio de que la inversión en el ser humano, además de ser un fin
en sí mismo, constituye la mejor política para un crecimiento de
largo plazo con equidad. Sin embargo, Ecuador es uno de los cinco
países latinoamericanos con menor inversión social por habitante,
siendo su gasto social per cápita aproximadamente la cuarta parte
del promedio de la región. Es necesario, entonces, revertir esta
situación, para lo cual se requiere liberar recursos de otras áreas,
y básicamente del insoportable peso de la deuda externa. Por ello,
iremos a una renegociación soberana y firme de la deuda externa
ecuatoriana, y, sobretodo, de las inadmisibles condiciones que nos
impusieron en el canje del año 2000.
No obstante lo anterior, los países exitosos no solo han tenido un
alto capital humano, sino que también han sido sociedades motivadas,
con energías intrínsecas, mirando juntos hacia los mismos objetivos,
socialmente cohesionados, conjunto de características que se conocen
como ''capital social''.
Lamentablemente, en las últimas décadas es claro el deterioro del
capital social del Ecuador, fenómeno que en gran medida puede ser
vinculado a una estrategia de desarrollo basada en el individualismo
de mercado y a los programas de estabilización y ajuste estructural
frecuentemente diseñados en función del cumplimiento de compromisos
externos, obviando los grandes compromisos nacionales y de esta
forma fracturando la cohesión social.
En consecuencia, nuestra política económica integrará explícitamente
sus efectos sobre el capital humano y social, considerando su
preservación como fundamental para el desarrollo y por encima de
temporales y muchas veces aparentes logros económicos. En este
sentido, la política social debe ser diseñada como una parte
fundamental de la política económica, y no simplemente con un
criterio asistencialista y como remiendo de esta última.
Otro costo desgarrador de la crisis: La Emigración Ecuatoriana.
Sin duda, el mayor
costo del fracaso del modelo neoliberal y la consiguiente
destrucción de empleo, ha sido la migración. En la historia política
de América, una de las práticas más aberrantes fue la del destierro,
que se inició con los mitimaes, en transplantes forzosos de
comunidades que fueron disgregadas de su entorno original. La
migración supone precisamente este tipo de ofensas a la humanidad,
de desarraigos y desgarramientos familiares. Los exiliados de la
pobreza, en nuestro país, suman millones, y, paradójicamente, son
quienes, con el sudor de su frente, han mantenido viva la economía a
través del envío de remesas, mientras los privilegiados despachan el
dinero hacia el exterior. Solamente la banca ecuatoriana tiene cerca
de dos mil millones de dólares de ahorro nacional depositados en el
extranjero, en nombre, según su particular visión, de supuestas
prudencias, eufemismo que disfraza su falta de confianza y
compromiso con el país. Que a todos les quede claro: a este país lo
mantienen los pobres.
Un agravante a esta situación consiste en que los millones de
inmigrantes, pese a su esfuerzo de Patria y a sostener en gran parte
la economía del país, ni siquiera tienen representación política.
Esta situación inadmisible se empezará a corregir desde la próxima
Asamblea Nacional Constituyente, donde habrá tres asambleístas por
parte de esa Quinta Región del país: los hermanos migrantes. De
igual manera se dará a los migrantes representación legislativa
permanente, y se creará la Secretaría Nacional del Migrante, con
rango de ministerios, para velar eficazmente por el bienestar de
nuestros hermanos en el extranjero y de sus familias en la nación.
Sectores vulnerables de la sociedad
Otro sector de
enorme vulnerabilidad en nuestra sociedad es el de la población
carcelaria. Existe en ese laberinto de culpabilidad una suerte de
ciego rumor del que emergen dolor, soledad y desamparo. Las leyes
impuestas en los años noventa en la América Latina suponen que el
problema de la droga solo tiene una salida: la represión, y aquel
concepto, muchas veces agenciado por lacayos, impuso condenas aún
más severas que las aplicadas a delitos contra la vida. Esas
sentencias, para hacer méritos ante patrones extranjeros, jamás
consideraron la naturaleza de la infracción, y, como consecuencia de
ello, nuestra población carcelaria, en un alto porcentaje, no tiene
rostro delincuencial, sino caras de madres solteras, de jefes de
familia empobrecidos, de jóvenes sin trabajo, forzados por la
miseria a transportar unos cuantos gramos de droga, por los que
sufren penas de reclusión de 8, 12, 16 años. A esa población
carcelaria no la olvidaremos. Como jamás podremos olvidar a las
internas de la tercera edad sentenciadas por quienes quieren quedar
bien con los patrones; a los extranjeros que se pudren en un suelo
ajeno; a los niños que viven el calvario de pérdida de libertad de
sus padres. No los olvidaremos.
Discriminación.
De igual manera lucharemos contra la discriminación en todas sus
formas, sobretodo la de género y étnica. Aunque todavía nos falta
mucho por hacer, ya hemos dado los primeros pasos al contar por
primera vez en la historia con un gabinete donde más del 40% de sus
miembros son mujeres, así como al tener el primer ministro
afroecuatoriano de la historia del país, nuestro entrañable poeta
Antonio Preciado.
Grupos más vulnerables.
Finalmente, no nos olvidamos de los niños de las calles, del trabajo
infantil, de las madres solteras, de los enfermos terminales, de los
discapacitados, y de tantos grupos postergados de nuestra sociedad.
Para ellos, se creará la Secretaría de Solidaridad Ciudadana, a
cargo de ese extraordinario hombre, patriota y compañero de lucha,
nuestro Vicepresidente Lenín Moreno.
Eje V: rescate de la
dignidad, soberanía y búsqueda de la integración latinoamericana.
Ecuador se integra
desde hoy y de manera decidida a la construcción de la Gran Nación
Sudamericana, aquella utopía de Bolívar y San Martín, que, gracias a
la voluntad de nuestros pueblos, verá la luz, y, con sus centellas
históricas será capaz de ofrecer otros horizontes de hermandad y
fraternidad a los pueblos sudamericanos, pueblos justos, altivos,
soberanos.
Cuando hace medio milenio los primeros europeos llegaron a las
tierras que hoy se conocen como América, encontraron un paraíso
donde los seres humanos vivían armónicamente con la naturaleza. Por
miles de años, tribus, pueblos y civilizaciones fueron construyendo
un mundo en el que la Paccha Mama, la madre tierra era respetada,
porque era la madre primaria, la madre de todas las madres. Tres
siglos de conquista y de colonia marcaron para siempre a los hombres
y a la tierra americana.
Hace mas de dos siglos surgen los próceres, indígenas, negros,
blancos y mestizos. Son los hijos del sol y la razón, en la que se
destaca el médico, el precursor, el hombre universal, Eugenio
Espejo, que representa el despertar primero de esta América
insurgente.
Miranda consolida el pensamiento en propuesta estratégica y Simón
Rodríguez entiende que las repúblicas sin republicanos se
convertirán en simples republiquetas, como hoy, cuando parafraseamos
al maestro y decimos: una nación sin ciudadanos no es una nación.
Por esos años, un 10 de Agosto de 1809, la llama se enciende en
Quito, conocida desde entonces como Luz de América. Esa generación
insumisa fue exterminada por los colonialistas, pero sería un
hombre, único y genial, quien habría de emprender, desde Caracas, la
heroica lucha de la independencia americana, acompañado de Manuela
Sáenz, que tejió su bandera revolucionaria con retazos de amor, de
talento y de decisión sublime.
Había un solo camino y Bolívar lo comprendió al condicionar nuestro
destino común a la creación de ''Una Nación de Repúblicas
hermanas''. Doscientos años han pasado sin que el sueño bolivariano
pueda concretarse. ¿Tendremos que esperar doscientos años más para
lograrlo? Recordando al propio Bolívar, cuando los temerosos y los
pusilánimes le reclamaban su vehemencia por la causa de la
independencia americana y le decían que había que esperar, el joven
y futuro Libertador les respondió, ¿es que trescientos años de
espera no son suficientes? Y años más tarde, el gran poeta Pablo
Neruda, invocaba al Libertador, al decir:
Yo conocí a Bolívar una mañana larga
En la boca del Quinto regimiento
Padre, le dije
Eres o no eres o quién eres
Y mirando el cuartel de la montaña dijo
Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo
Y fue 100 años después de la gesta libertaria bolivariana que volvió
a despertar el pueblo, liderado por el General Eloy Alfaro
-discípulo de Montalvo y amigo de Martí-, para quien ''en la demora
estaba el peligro''. Ahora, a los cien años de última Presidencia de
Alfaro, nuevamente ese despertar es incontenible y contagioso.
Solamente ayer, en el páramo de Zumbahua, con nuestros hermanos
indígenas, se repetía aquel coral rebelde y cívico que inunda las
calles de América: ''Alerta, alerta, alerta que camina la espada de
Bolívar por América Latina''
Ahora nos toca a nosotros, Señores Presidentes. Los pueblos no nos
perdonarán si no logramos avanzar en la integración de Nuestra
América, para usar la entrañable concepción de Martí. Por esta
historia de sueños compartidos, el gobierno ecuatoriano manifiesta a
sus hermanos su compromiso profundo con la integración de nuestros
pueblos. Esperamos el regreso de Venezuela a la CAN, para que junto
al Mercosur, a Chile, Surinam y Guayana, se concrete lo antes
posible la institucionalización de la Comunidad Sudamericana y las
acciones sociales, culturales, económicas y políticas tan enunciadas
y ofrecidas en palabras se hagan carne y realidad.
El gobierno del Ecuador, como ustedes lo conocen ya, Señores
Presidentes y representantes de los países sudamericanos, ofrece a
Quito, Luz de América, como un espacio para la reflexión y
construcción de la Comunidad Sudamericana. Que la futura Secretaría
Permanente se instale en tierras ecuatorianas, si ustedes señores
presidentes lo consideran oportuno y conveniente..
Hagamos honor al sacrificio de los próceres y libertadores y al
clamor de nuestros pueblos para que Sudamérica se convierta en
ejemplo ante el mundo de una Gran Nación Sustentable de Repúblicas
Hermanas, para el bien nuestro y ejemplo para toda la humanidad.
DESPEDIDA:
Queridos
ecuatorianos y ecuatorianas: Llegó la hora. No hay que temer miedo.
Aquel que caminó sobre la mar y calmó tempestades, también nos
ayudará a superar estos difíciles pero esperanzadores momentos. No
nos olvidemos que el Reino de Dios debe ser construido aquí, en la
tierra. Pidan por mí para que el Señor me dé un corazón grande para
amar, pero también fuerte para luchar. Marthin Luther King decía que
su sueño era ver una Norteamérica donde blancos y negros puedan
compartir la escuela, la mesa, la Nación. Mi sueño, desde la
humildad de mi Patria morena, es ver un país sin miseria, sin niños
en la calle, una Patria sin opulencia, pero digna y feliz
Una Patria amiga, repartida entre todos. Ahora, con el corazón les
repito: jamás defraudaré a mis compatriotas, y consagraré todo mi
esfuerzo, con la ayuda de Dios y bajo las sombras libertarias de
Bolívar y de Alfaro, a luchar por mi país, por esa Patria justa,
altiva y soberana, que todos soñamos y que todos merecemos.
Mashikuna
Ñami punchaka chayashka
Shuk shikan, mushk llaktata shaychinaka usharinmari
Ñukanchik gobiernoka tukuy runakunapa gobiernomi kanka.
Pi mana ñukanchikta atinkakunachu.
¡Apunchik ñukanchik llaktata bediciachun!
Dios bendiga al pueblo
ecuatoriano
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