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Suleiman I, ¿el torturador?

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Omar Suleiman

120211 - Mónica G. Prieto - Periodismo Humano - El actual hombre fuerte de Egipto es un socio privilegiado de Estados Unidos e Israel.

 

Fue el interlocutor de la CIA en las rendiciones (entregas)extraordinarias, de supuestos terroristas a terceros países para obtener confesiones a cualquier precio.

 

“Está directamente implicado en torturas, tanto como miembro del régimen como responsable de la Inteligencia”, denuncian.

A Mahmud Habib, ciudadano egipcio-australiano de 46 años, le secuestraron en Pakistán. En estos tiempos donde no es necesario ser culpable de nada para terminar en prisión, su destino parecía marcado: según relata la periodista Lisa Hajjar, directora adjunta del diario Al Jaddaliya y profesora de Sociología de la Universidad de California-Santa Bárbara, fue colgado de un gancho y electrocutado a petición de agentes norteamericanos antes de ser transferido a miembros de la
CIA. Gracias al acuerdo de rendiciones extraordinarias -así llamadas porque no se ciñen a la legalidad: suelen ser, en realidad, secuestros encubiertos- firmado en 1995 entre la Inteligencia norteamericana y su contraparte egipcia, dirigida por Omar Suleiman, Habib fue enviado a Egipto: le desnudaron, le pusieron un supositorio y un pañal y le “envolvieron como a un rollito de primavera” antes de meterle en el vuelo al país donde nació.

Habib plasmó lo que vino después en su libro, Mi historia: el cuento del terrorista que no lo era, donde explica cómo fue sometido a electroshock, sumergido en agua hasta la nariz y golpeado repetidamente. Le rompieron los dedos y fue colgado de ganchos metálicos. En un momento dado, su torturador le dio tal bofetada que la venda que le cubría los ojos se deslizó: así pudo ver que el hombre que se ensañaba con él. Era Omar Suleiman, número dos del régimen egipcio, en persona. La frustración del jefe de espías era mayúscula, prosigue Hajjar, porque Habib no terminaba de confesar, así que ordenó a un guarda que asesinara a un preso encadenado delante del torturado: lo hizo de una patada de kárate. Pero Habib nunca confesó, sino que sostuvo en todo momento su inocencia: en abril de 2002 fue transferido a Guantánamo, donde pasó tres años antes de que una periodista descubriese y contara la historia de sus torturas. Publicada en la prensa norteamericana, la Casa Blanca le eximió de todos los cargos y le devolvió a Australia. (Ver:
Torturas en el exterior. La historia secreta del programa de “entregas extraordinarias” de EEUU)

Si el rais lleva 30 años al frente de la Presidencia, Suleiman lleva 25 vinculado con la Mubarak, que en los países árabes equivale a la represión. Nacido en Queta en 1935, ingresó con 19 años en la Academia Militar egipcia para escapar de la pobreza. Tras combatir en dos guerras contra Israel (la Guerra de los Seis Días y Yom Kippur) a mediados de los 80 fue ascendido a vice responsable del espionaje militar; en 1993 pasó a convertirse en director de la Inteligencia egipcia, y con los años se revelaría como un maestro de espías en todo Oriente Próximo.

El relato de Habib no es el único que vincula al hombre de transición egipcia, responsable de la temible maquinaria del
Mubarak (Inteligencia), con las torturas. Lo que desde Occidente se vende como un paso adelante en la transición hacia la democracia es, para los egipcios, más de lo mismo pero sin la careta que hasta ahora portaba el rais. Omar Suleiman y Hosni Mubarak son el mismo hombre: el primero, el cerebro gris que opera desde las sombras y el segundo, la cara pública de un régimen basado en la represión y las torturas que lleva años siendo años denunciado por organizaciones como Amnistía Internacional o Human Rights Watch sin que sus aliados de Estados Unidos o la UE alzaran sus voces.

Su prioridad fue acabar con todo atisbo de islamismo, radical o no, y, para ello, aliarse con
Estados Unidos. En 1995 firmó el acuerdo que permite extraditar a sospechosos de terrorismo secuestrados por la CIA o por las fuerzas amigas en cualquier lugar del mundo a sus países de origen para evitar, durante los interrogatorios, los límites legales de la democracia norteamericana: socios como Egipto no tienen esos reparos. En su libro El lado oscuro, Jane Mayer describe cómo comenzó la cooperación entre ambos países en el terreno de las rendiciones extraordinarias. “Cada rendición era autorizada al más alto nivel entre ambos gobiernos. El jefe de la Inteligencia, Omar Suleiman, negociaba directamente con altos oficiales [de la CIA]. [El ex embajador de CIA en Egipto Edward] Walker describía a Suleiman como muy brillante y muy realista, añadiendo que se sabía que tenía una cara oscura por algunas de las cosas negativas que los egipcios confrontan, la tortura y eso. Pero él no es muy escrupuloso, en cualquier caso”.

“Cuando es invitado por otras naciones a ayudar en operaciones de Inteligencia, la Muhabarat de Suleiman se ha mostrado deseosa de encarcelar e interrogar a egipcios y no egipcios, y esos interrogatorios han incluido torturas”, revelaba hace unos días John Sifton, ex investigador de Human Rights Watch sobre los métodos empleados por los egipcios en materia de detenciones y autor del informe de 2007 al respecto. “[Suleiman] está directamente implicado [en torturas, tanto como miembro del régimen como responsable del Muhabarat”.

En su libro La teoría del uno por ciento, el periodista Ron Suskind afirmaba que Suleiman estuvo personalmente involucrado en el caso del libio Ibn al Shayj al Libi, detenido en Afganistán y entregado a
Egipto para ser interrogado. “Es un hombre caritativo que sólo tortura gente a la que no conoce”, ironizaba el autor, citado por el canal ABC. “El ha sido nuestro hombre clave en Egipto por muchos años. Todo pasaba por Omar, no teníamos que hablar con nadie más. Cuando queríamos que alguien fuese torturado, lo enviábamos a Egipto para que lo torturasen”. Según Sifton, como responsable de la Inteligencia Suleiman supervisaba operaciones conjuntas que “implicaban rendiciones ilegales y torturas de docenas de detenidos”.

Los egipcios no necesitaban acudir a las publicaciones extranjeras para saber de la afición de la Muhabarat por la tortura, porque en estos 30 años de estado de excepción ha sido la norma. En Internet es posible ver vídeos que muestran los métodos empleados en las comisarías contra islamistas, sospechosos de disidencia, blogueros o simples viandantes. En uno de ellos, siempre grabados por la Policía -con la amenaza de exhibir la grabación públicamente en el caso de que se querellen contra los agentes- se puede ver a un hombre tumbado en el sueño desnudo de cintura para abajo, maniatado y con las piernas atadas y alzadas, con el trasero expuesto: un policía le introduce una vara en el ano entre desgarradores gritos de dolor. “Las violaciones de hombres y mujeres como castigo denigrante y método para extraer confesiones son rutinariamente denunciadas”, explicaba el periodista John R. Bradley en su libro Inside Egypt.

En su reciente informe “Trabájatelo hasta que confiese: Impunidad para la tortura en
Egipto”, Human Rights Wacht ofrecía el pasado 31 de enero una amplia visión de los abusos y las desapariciones de presos por parte de las fuerzas egipcias. “Nunca un miembro de la Inteligencia ha sido condenado por torturas, aunque al menos tres han comparecido ante los tribunales. Un antiguo detenido, miembro de los Hermanos Musulmanes, Nasr al-Sayed Hassan Nasr, relató su detención de dos meses en 2010, cuando pasó todo el tiempo con los ojos vendados. Me pegaban con un zapato en la cara. Me pateaban los testículos hasta que caía al suelo. Una vez allí usaban descargas eléctricas para ponerme en pie y me volvían a patear los testículos. En un momento dado, me intentaron estrangular”.

“La tortura es un problema endémico en Egipto y acabar con los abusos policiales es un elemento básico tras las masivas manifestaciones populares que sacuden Egipto”, decían sus autores en la presentación del informe de HRW. Efectivamente, fue el asesinato del joven egipcio Khaled Said a manos de la policía lo que sembró la protesta masiva que ha puesto en jaque al régimen. De ahí que sea difícil de digerir, para los egipcios, que el jefe de los torturadores herede el trono de Mubarak.

Sus métodos nunca asquearon a Estados Unidos, que en todo momento han destacado la estrecha colaboración con el jefe de espías y la conveniencia de que herede el puesto del rais, según los cables diplomáticos filtrados por Wikileaks. Ya en 2006 un memorando del Departamento de Estado afirmaba que “nuestra colaboración en materia de Inteligencia con Omar Suleiman es ahora probablemente el elemento más exitoso de las relaciones [entre
Egipto y Estados Unidos]”. En un cable fechado en mayo de 2009 y enviado con motivo de una visita de Mubarak a Estados Unidos, los oficiales norteamericanos afirman que “Omar Suleiman y el ministro del Interior Al Adly mantienen las bestias domésticas a raya, y Mubarak no es de los que pierde el sueño por las tácticas [a emplear]”. En otro cable enviado en febrero de 2010 en preparación de la visita del jefe del FBI Robert Mueller, la embajadora norteamericana en El Cairo escribía que “la policía egipcia y los servicios de seguridad internos continúan siendo sujetos a persistentes y creíbles denuncias de abusos a los detenidos. La brutalidad policial en Egipto contra criminales comunes es rutinaria y penetrante, resultado de la falta de formación. En los últimos cinco años, el Gobierno ha admitido que hay torturas pero afirma que son casos aislados y responsabilidad de una minoría de agentes”. “Nunca han hecho un esfuerzo serio por transformar la policía de un instrumento del poder del régimen a una institución de servicio público”.

Eso no ha impedido que, hace escasos días, la secretaria de Estado Hillary Clinton diera públicamente su apoyo a Suleiman como hombre de la transición egipcia. La represión y las torturas no son nada comparados con los beneficios que les reporta a
Estados Unidos en materia antiterrorista y también en la seguridad regional de su principal aliado, Israel. El actual vicepresidente se ha caracterizado por su persecución contra grupos islamistas egipcios pero también por sus ataques contra Irán y Siria, así como el Hizbulá libanés, considerado una extensión de Teherán. La alianza estratégica entre el grupo palestino Hamas y los ayatolás iraníes es percibida por Suleiman como un desafío en su propio terreno, de ahí que se haya mostrado partidario de “estrujar” a Hamas, como puede leerse en el siguiente cable. “Los egipcios siguen ofreciendo excusas por el problema que encaran, la necesidad de estrujar a Hamas evitando ser vistos como cómplices del asedio de Gaza. El jefe de la Inteligencia Omar Suleiman nos ha dicho que Egipto quiere ver a Gaza pasar hambre pero no morir de inanición”.

Su dedicación a la hora de aplastar a los ciudadanos de
Gaza bajo las sanciones ha sido siempre aplaudida por Israel, para quien Suleiman es el favorito en la sucesión de Mubarak, como se refleja en los cables filtrados. En uno de ellos se explica cómo “en momentos de gran frustración, [el ministro de Defensa] Tantawi y Suleiman han afirmado que el IDF [el Ejército israelí] sería bienvenido si reinvade el cruce de Filadelfia si así piensan que pueden parar el contrabando [de armas para Hamas]”. “Delegamos en la Embajada de Cairo el análisis de los escenarios de la sucesión egipcia, pero no hay duda de que Israel está más cómoda con la perspectiva de Omar Suleiman”.

El actual vicepresidente, a quien Mubarak traspasó ayer sus poderes convirtiéndole de facto en el hombre más poderoso de
Egipto, es el interlocutor de Israel desde 2001, de forma que los dirigentes israelíes le conocen y le aprecian tanto como su pueblo le conoce y detesta. “Mubarak y Suleiman son la misma persona con diferente nombre. El torturador Suleiman es conocido por su brutalidad”, decía un bloguero egipcio desde su cuenta de Twitter.


 

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