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Hosni Mubarak y Juan Carlos Borbón: Los amados

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Mubarak y Juan Carlos Borbón

Bien pensado, no se necesita vivir en Magreb o en Medio Oriente para expulsar a dictadores, dictadorzuelos, déspotas, usurpadores, "demócratas", tiranos, reyezuelos, testas coronadas y, en general, a gobernantes de toda calaña, camuflados o no bajo la devaluada palabra democracia.

 230211
- Coronel Martínez Inglés - Nuestro amado “Mubarak” - Los ciudadanos egipcios en un alarde de valentía y determinación han conseguido por fin echar, y además pacíficamente, a su bestia negra, a su odiado Mubarak, al sempiterno Muhammad Hosni Sayid Mubarak, el dictador sanguinario que permanecía atrincherado desde hace nada menos que treinta años en la poltrona de su poder haciéndoles la vida poco menos que imposible.

Sin embargo, otros muchos ciudadanos de diferentes naciones, y no solo árabes o ubicadas en el llamado tercer mundo sino pertenecientes incluso al selecto y democrático club de la primera división global, todavía siguen desgraciadamente con el suyo, con su sátrapa de andar por casa, con su reyezuelo (divino o no), con su jefecillo de Estado (algunas veces elegido más o menos democráticamente y después sobrevenido en autoritario regidor de los destinos patrios, con su preboste primero (rodeado de numerosos prebostes segundos, terceros y cuartos…), con su autócrata imperial anunciador de glorias futuras, con su conductor de masas (así suelen llamar a estos especimenes político/militares en algunos países sudamericanos muy dados a las asonadas castrenses), con su vividor máximo a costa siempre del pueblo soberano, con su dueño y señor teóricamente elegido en las urnas y en realidad aupado una y otra vez a la cúspide del Estado por los poderes fácticos de siempre… Y es que la democracia verdadera, la única, la que merece la pena ser vivida en este mundo global del siglo XXI, “es una flor muy delicada a la que le cuesta mucho germinar y que se marchita muy rápidamente”, según la sentencia que hace años tuve la ocasión de oírle pronunciar, con todo el cinismo del mundo, al ya fallecido dictador argentino Galtieri, escasos meses antes de que llevara a su país a la humillante derrota de las Malvinas.

Pues bien, entre las muy numerosas y desgraciadas naciones (desgraciadas desde el punto de vista democrático, aunque la penuria en libertades casi siempre conlleva la económica y material y, desde luego, la infelicidad y la frustración de los que la sufren) cuyos ciudadanos todavía no gozan de auténtica libertad y de una democracia moderna y avanzada y, en cambio, padecen (muchas veces sin darse cuenta pues los totalitarismos y las dictaduras suelen actuar con guante de seda en puño de hierro) dirigentes corruptos, engreídos, fatuos y autoritarios… sin ánimo de momento, por las razones que sean, para intentar (como los corajudos jóvenes tunecinos y egipcios, por el momento) sacarlos de sus poltronas a tortazo democrático limpio, se encuentra, a mi modesto entender y sin exagerar un ápice, este bendito país, España. Los españoles solemos estar siempre a la cabeza de todo lo malo (drogas, fracaso escolar, paro, paro juvenil, pensiones de miseria, alcoholismo, muertes en la carretera…) y en esto de aguantar dictadores (aunque sean de medio pelo o enmascarados tras una pátina de democracia) estamos sin ninguna duda también en el nefasto pelotón de cabeza. Y a las pruebas me remito: si el autócrata gallego que nos hizo desfilar a todos los ciudadanos de este país al paso de la oca durante cuarenta años no llega a morirse como se murió, él solito, el 20 de noviembre de 1975, todavía estaríamos (también todos) en la plaza de Oriente levantando el brazo derecho con más energía y marcialidad que los legionarios de Julio César.
 

Llevamos, efectivamente, los españoles más de 75 años (desde julio de 1936) sufriendo situaciones políticas y sociales lamentables y concatenadas en el tiempo. A saber: golpismo castrense, guerra civil, posguerra civil y mundial, represión franquista, dictadura feroz, dictadura aceptada por USA, dictadura en descomposición (dictablanda), transición democrática (en realidad, reubicación del aparato franquista), pseudo democracia juancarlista (una suerte de democracia de baja intensidad homologada interesadamente por la UE y que en realidad tiene más bien poco de verdadera democracia) en sus diferentes etapas partidarias: socialismo felipista (con sus apestosos corolarios de corrupción generalizada, nepotismo, terrorismo de Estado… etc, etc), derecha carpetovetónica aznarista vasalla del imperio y, por último, el socialismo igualitario de ZP con sus derivadas de crisis generalizada, paro, descomposición política y miseria social… (Ver: Las tribulaciones del Oso Yogui)
 

Estamos pues los españoles, en estos momentos de estallido revolucionario tercermundista, viviendo el final de una larga etapa de interinidad política consecuencia todavía del perverso golpe militar franquista del 18 de julio de 1936. Y que en los últimos treinta y seis años ha venido manteniendo en la jefatura del Estado, al igual que el corrupto régimen egipcio que acaba de caer y con el que, por supuesto, mantenemos algunas diferencias pero no tantas, como luego veremos, a una especie de muy amado y reconocido “Mubarak” (con corona, eso sí, en lugar de turbante) prácticamente igual a él en lo político y en lo personal, incluso con dotes de dictador en la sombra y mangoneador nato muy superiores a las del octogenario militar egipcio y que, también como él, no está nada dispuesto a abandonar su trono (borbónico en este caso en lugar de faraónico) por los siglos de los siglos.
 
Pero como a algún avispado y crítico lector (y está en su perfecto derecho) le puede parecer exagerado, desenfocado, malévolo y, desde luego, políticamente incorrecto, el establecer una comparación, por muy sutil que sea (que no lo es), entre nuestro amado monarca de derecho franquista, Juan Carlos I, y el, a todas luces, odiado y exiliado Hosni Mubarak egipcio, me voy a permitir poner a continuación negro sobre blanco, en defensa de mi tesis, un somero análisis de la trayectoria personal e institucional de ambos mandatarios. Uno ya en el exilio (el árabe) y el otro todavía, teóricamente por lo menos, en pleno ejercicio de su alto cargo; aunque, eso sí, ya bastante cascado el pobre, peleándose a diario con sus 73 tacos, con la baba insinuándose constantemente a través de la comisura de sus labios y marcando barriga a todo trapo (lo de paquete me parece a todas luces exagerado, dadas las circunstancias y el respeto debido) en su recoleto palacio de La Zarzuela. (Ver:
La irremediable decadencia de la monarquía española)
 


Juan Carlos Borbón


Hosni Mubarak

Bueno, pues ahí va mi particular encuentro o análisis comparativo entre nuestro amado Juan Carlos I y el muy odiado Mubarak; y no se me sorprenda en demasía el lector si salen del mismo muy empatados e igualaditos:

- El tal Mubarak, hasta hace unos días presidente de Egipto y capitán general, subió al poder tras un golpe de Estado desatado en la sombra después del asesinato del presidente Anwar el Sadat. Juan Carlos I, todavía rey de España, alcanzó el trono también como consecuencia de un golpe de Estado (el de Franco) ya que fue este dictador y genocida el que le nombró general del Ejército y heredero de su Movimiento fascista “a título de rey”.

- A Hosni Mubarak se le relaciona con el asesinato de su predecesor, el presidente Sadat, cometido durante un desfile militar. Mubarak estaba al lado de su jefe en la tribuna en el momento del magnicidio y el pelotón de soldados asesinos que mató, además de a Sadat a otras once personas, respetó milagrosamente su vida. El rey Juan Carlos (según reconoció él mismo en su momento) mató con su propia pistola en el año 1956, siendo ya un cadete de la Academia Militar de Zaragoza y experto, por lo tanto, en el manejo de armas portátiles, a su hermano el infante D. Alfonso de Borbón, aspirante como él al trono de España y favorito para suceder a su padre, el conde de Barcelona, en sus derechos dinásticos. Este homicidio, por orden de Franco, nunca fue investigado por la justicia.

- En el momento de su defenestración, Mubarak llevaba 30 años en el poder. Sin someterse a ningún refrendo popular real a través de las urnas. Nuestro amado Mubarak, el nuestro, el borbónico, Juan Caarlos I, ni que decir tiene (por algo es rey) que nunca se ha sometido a respaldo electoral alguno. Lleva 36 años en el trono y ahí parece ser que quiere estar hasta que su alma vuelva al idílico lugar desde el que vino, o sea, al cielo.

- Parece ser que Mubarak ha conseguido en sus treinta años en el poder una fortunita de 30.000 millones de dólares, cifra que algunas fuentes bien informadas (como la ministra Chacón que se apoya seguramente en informaciones del CNI) elevan a 70.000 millones. Por su parte, el amado rey de todos los españoles, según revistas especializadas de toda solvencia, ha conseguido reunir en sus siete lustros de reinado la tampoco despreciable suma de 1.790 millones de euros (300.000 millones de pesetas), diez veces el montante de todos los sueldos recibidos en su ya largo reinado. ¿Cómo podrá haberlo hecho este campechano ciudadano español?

- Durante la presidencia de Mubarak, en Egipto se cometieron centenares de asesinatos de Estado. Las organizaciones represoras del sistema nunca se han andado con bromas en cuanto a la seguridad interior, sobre todo en las personas de los autodenominados “hermanos musulmanes”. Durante el reinado de Juan Carlos I, se perpetraron en España 28 asesinatos de Estado a cuenta de los GAL, organización terrorista formada en las cloacas del sistema y dirigida desde los servicios secretos españoles (CESID). Y el rey era y es comandante supremo de las FAS, jefe por lo tanto de ese organismo de inteligencia y responsable máximo de esos crímenes institucionales.

- Mubarak cometió sin duda (como todos los dictadores) continúas malversaciones de fondos públicos de su país en beneficio de su impresionante fortuna. El “Mubarak español también realizó presuntamente este tipo de delitos, algunos de ellos tendentes a pagar chantajes sexuales de una muy conocida vedette del espectáculo español.

- El ex presidente Mubarak utilizó muchas veces el Ejército egipcio para mantenerse en el poder. El rey español también. Concretamente, en una ocasión muy conocida: el 23-F. Peligraba su corona y no dudó en utilizar a sus generales cortesanos para que le salvaran. Luego los abandonó.

- Mubarak, obviamente, ha ejercido una corrupción galopante y continuada. El Borbón, también: yates, coches deportivos, mansiones turísticas, regalos multimillonarios de todo tipo…

- A Mubarak no se le ha conocido una vida personal irregular. Los árabes para estas cosas son muy serios y se lo montan bien. Juan Carlos I, por el contrario, ha sido protagonista de todo tipo de escándalos sexuales y prácticas cinegéticas rocambolescas. Pero como este hombre es inviolable e irresponsable constitucionalmente…

¿Seguimos con la comparativa? No creo que haga falta pues necesitaría muchos folios más y para eso ya están los libros (que lo están). Amigo lector ¿Tenemos los españoles un Mubarak que echar o no? ¿Le siguen pareciendo muy exageradas mis afirmaciones en relación con la pareja Juanca/Mubarak? ¡No, aunque aquí no haya publicidad no me lo diga ahora que si me contesta en positivo voy a enfadarme mucho e, incluso, puedo entrar en la depresión pura y dura! Y eso, según dicen los médicos, no es nada bueno…

Amadeo Martínez Inglés es Coronel del Ejército Español, Escritor e Historiador


 

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