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Al menos 24 muertos desde el sábado -
Gara
«El Gobierno asume su responsabilidad política, expresa su
lamento por estos sucesos dolorosos y, partiendo de este
sentimiento, presentó ayer su dimisión y lo puso a disposición
del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas», señaló el
comunicado del Ejecutivo egipcio que anunció su renuncia.
(Ver:
Tahrir: el giro de la historia)
Los militares egipcios intentan acallar las protestas que
reclaman el traspaso de poder a manos civiles de la misma forma
y en el mismo escenario que bajo el régimen del derrocado
Hosni Mubarak.
Cientos de manifestantes llevan tres días enfrentándose a la
policía en la plaza de
Tahrir
de El Cairo y los alrededores.
Tiroteados o asfixiados por los gases lacrimógenos, al menos 24
personas han fallecido y más de mil han resultado heridas desde
el sábado.
Como consecuencia de la represión, el Gobierno nombrado por el
Consejo Superior de las Fuerzas Armadas (CSFA) presentó su
dimisión, según confirmó su portavoz Mohamed Hijazi.
No obstante, el Ejecutivo que dirige Essam Charaf «continuará
cumpliendo todas sus misiones» hasta que la dimisión sea
aceptada por el CSFA.
Los militares, por su parte, se limitaron a convocar a los
partidos políticos a una reunión urgente sin confirmar si
aceptan la dimisión, aunque en medios políticos egipcios se daba
por hecho que sólo esperaba a contar con un Ejecutivo sustituto.
(Ver:
El plan de la élite para un nuevo orden social mundial)
El ministro de Cultura, Emad Abou Ghazi, ya se había adelantado
y fue el primero en dimitir el domingo como protesta por la
represión.
Los movimientos que promovieron el levantamiento contra
Hosni Mubarak
-la Coalición de jóvenes de la revolución y el Movimiento 6 de
abril- han convocado para hoy una manifestación masiva para
reclamar el fin del poder militar, la formación de un «Ejecutivo
de salvación nacional» y la celebración de elecciones antes de
abril de 2012.
Ayer siguieron los enfrentamientos en la plaza Tahrir y la
Policía lanzó gases lacrimógenos y balas de goma a los
manifestantes que, repartidos en pequeños grupos, contestaban
con piedras. Los choques más duros se vivieron en torno al
Ministerio del Interior, objetivo de la ira de los manifestantes
y fuertemente custodiado por la Policía. «El pueblo quiere la
ejecución del mariscal» gritaban los manifestantes en referencia
a Hussein Tantaui, que dirige el CSFA y el país.
(Ver:
Los macabros secretos de Hillary Clinton)
Varios médicos confirmaron haber atendido a numerosos heridos
por balas reales.
El responsable de seguridad en el Ministerio egipcio del
Interior, Sami Sidhom, dijo que quienes alimentan los disturbios
«no son los activistas sino los "baltaguiya" (matones)», pero el
activista Mahmud Afifi, del Movimiento 6 de Abril, dijo a Efe
que «no hay infiltrados entre nosotros. ¿Cómo puede distinguir
el Ministerio del Interior entre un infiltrado y un activista?
Sus balas tampoco distinguen...».
El domingo las manifestaciones se repitieron en las localidades
de el Arich, Suez Ismalia, y Alejandría. El Ejército se aferra
al poder y sólo accede a entregarlo a manos civiles tras las
elecciones presidenciales para las que no ha puesto fecha. Así
las cosas, aumenta el temor a que intente retrasar las
legislativas previstas para este fin de semana, aunque los
militares dijeron que respetarán el calendario previsto.
(Ver:
Egipto y los 18 días de protesta, en video)
En un intento por mitigar las protestas, la Junta Militar
publicó ayer un decreto que impide concurrir a exmiembros del
disuelto Partido Nacional Democrático (PND) de Mubarak en las
próximas elecciones, una de las principales reivindicaciones de
activistas y grupos políticos, pero que no había sido aprobada
hasta la fecha.
(Ver:
La cumbre del gatillazo
griego)
Hospitales de campaña entre balas y gases tóxicos
En medio del caos de disparos y gases en la plaza Tahrir, se han
levantado nuevas tiendas después de que el domingo la Policía
irrumpiera en la zona para quemar las que había, y se han
instalado hospitales de campaña, que se han convertido en un ir
y venir continuo de personas que presentan desde síntomas de
asfixia hasta heridas por balas y balines, según explicó a Efe
el médico Mohamed Reda. El gas lacrimógeno empleado por el
Ejército y la Policía egipcios para disolver las
manifestaciones, gas CR, podría causar graves daños en los
pulmones y daños menos severos en el corazón y en los riñones,
además de abortos, según se desprende de los análisis realizados
de varios botes de esta sustancia por el portal de noticias
árabes Bikyamasr.com, que recoge datos previamente difundidos
por el Centro de Promoción de la Salud y de Medicina Preventiva
del Ejército de Estados Unidos La inhalación de esta sustancia
en elevadas dosis ha provocado el aumento de los niveles de
cianuro de las personas que lo han inhalado. Por otro lado, un
vídeo publicado en Internet por activistas muestra a un oficial
de Policía recibiendo las felicitaciones de sus compañeros
uniformados tras haber conseguido alcanzar y derribar con un
disparo de su fusil a uno de los manifestantes.
En este sentido, Amnistía Internacional ha hecho balance de los
diez meses transcurridos desde el arranque de la revolución en
Egipto y ha denunciado que la junta militar ha «aplastado» a la
población mediante una violencia equivalente a la que utilizó en
su día el régimen de
Hosni Mubarak.
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