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La Pascua, el Borbón… y la ministra Chacón

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080110 - Amadeo Martínez Inglés - Honestamente creo que va siendo hora de que en este país, a punto de finalizar la primera década del siglo XXI, mandemos a la muy tradicional y conmemorativa Pascua Militar de Carlos III, alumbrada hace ya más de doscientos años para incordiar a los ingleses que acababan de perder de la isla de Menorca, al retiro fulminante o al pelotón de ejecución; así de claro y utilizando el autoritario y despiadado lenguaje que emplean los militares, aunque sean tan de opereta como los que asisten a semejante acto y como su comandante supremo, el rey que los preside.

Aunque también podríamos los ciudadanos españoles, utilizando un lenguaje más coloquial y menos crispado, enviar a la susodicha fiestecita castrense del alcalde/monarca madrileño a la muerte súbita o a la guillotina política, llevándola después con todos los honores al pudridero de El Escorial. Para que en tan seguro y honorable lugar acompañase por los siglos de los siglos a la sarta de reyes, reyezuelos, príncipes, infantes, regentes, validos, amantes de todos los anteriores… e, incluso, de algún que otro Almirante Honorífico de la Armada española (no pienso en nadie) que en su vida vio nunca un barco de guerra español ni por el forro (a alguno británico sí que se subió, pero de grumete), que bebía ginebra como Bocanegra, y que como indeseable herencia histórica, y hasta que esta monarquía franquista de medio pelo que todavía “disfrutamos” los españoles deserte de nuevo (esta vez con maletín) a bordo de su helicóptero Puma desde el tejado de La Zarzuela, seguirá figurando en el inventario de huesos ilustres de este país.

Porque de verdad, amigos, este lamentable espectáculo que cada año, cuando los niños abren sus juguetes, nos vemos obligados los españoles a visualizar contra viento y marea en al Palacio Real de Madrid, este patético “teatrillo castrense” de la llamada Pascua Militar cuya almendra protocolaria no es otra que el doblamiento marcial de la cerviz ante la oronda figura de su majestad (por cierto, que mayor está este hombre y que voz de flauta se le está poniendo, a mitad de camino entre Franco y el Papa) por parte de dos centenares de militares profesionales (los antiguos soldados forzosos, los peyorativamente llamados durante siglos “guripas” no pueden ir, ya no existen, se los cargó hace años el modesto profesional que esto escribe), a la vez que producen con sus botas (más bien con sus zapatos de charol, que el Ejército se está convirtiendo, además de en una ONG, en una mariconada) un sonoro taconazo.

Igualito, igualito, que hacían hace un par de centurias aquellos capitanes de capa y espada contemporáneos del escurrido predecesor regio de Gallardón, que fumaban en pipa, sacaban el acero ante cualquiera que les disputara la acera (si la había) y podían, con arreglo a las sacrosantas Ordenanzas militares de su señor, “afanar” lo que pudieran para sanear su magro sueldo. Pero claro, aquellos eran otros tiempos, el rey/edil se aburría, no tenía ya guerras que enfrentar ni conquistas que acometer, Madrid era un villorrio y había que construirle plazas, avenidas, parques, museos, mercados… y casas de lenocinio. Para que a sus súbditos se les alegrara la vista y sus cortesanos lo disfrutaran.

Pero no se trata solo de cabezazos ante el monarca, amigos, pues en estas reuniones protocolarias y tradicionales de alto nivel también se habla. Sí, sí, los “cabecillas” de este cónclave monárquico/castrense del 6-E, o sea, el figurón que en teoría manda los Ejércitos nacionales (aquí el que corta el bacalao de verdad en nuestras empobrecidas y desmoralizadas FAS es ZP, que para eso se ha organizado su guardia de corps particular con mangueras y todo) y la pizpireta ministra de Defensa, que se ha creído en su ignorancia guerrera que los actos castrenses (incluidos los de Afganistán) son meras pasarelas Cibeles que hay que aprovechar… hablan los dos, claro que hablan los dos, para toda la exquisita pléyade de invitados ¡faltaría más! Y lo que es peor, como no tienen ni pajolera idea de nada que huela a castrense, no les queda más remedio que ponerse a leer lo que sus dos amanuenses de turno, uno en La Zarzuela y el otro en La Castellana, se han dignado estampar un par de días antes sobre sus respectivos papeles; con membrete regio y ministerial, naturalmente.

El resultado es ya conocido por todos: palabras vacías, huecas, manoseadas, insulsas, reiterativas, patrioteras, propias más bien de tertulias y chascarrillos… y nada acordes, desde luego, con un acto como el que se pretende vender a la ciudadanía; devaluado ya en demasía por la desastrosa figura que últimamente presenta en estos eventos el rey de todos los españoles, vestido de general golpista caribeño (más que nada por su voluminosa barriga que no se compadece en absoluto con el uniforme de capitán general con mando en plaza), y, también, por la de la ministra de Defensa, señora Chacón, con su consabido modelito negro de pantalón ajustado, homologado y autorizado, eso sí, por la Casa Real. ¡Toma ya! ¡Lo que nos faltaba oír a los republicanos de pro, es que no gana uno para cabreos!

El que no habla casi nada el pobre, y cuando habla no se atreve a decir lo que piensa (y lo que seguramente sabe, aunque sea de Aviación) es el JEMAD (no me acuerdo del nombre, la verdad, no es ninguna maldad corporativa, es que como sale tan poco en los medios y es tan humilde…) quien cuando un periodista se atreve preguntarle si “lo de Afganistán es una guerra” no se le ocurre otra cosa que “meter motores” (por eso de la deformación profesional) y contestarle al curioso informador que “él no entra en eso, pero que será bueno que nos marchemos de allí en cuanto se pueda”; o sea, cuando lo mande
Zapatero a través de la pizpireta generala de atrezzo de la que recibe él las órdenes, o esa la Chacón.

Pero yo no soy el JEMAD ni tampoco soy aeronáutico, soy de la fiel infantería (con experiencia de guerra) y, además, escritor e historiador; y como sé un poquito, solo un poquito porque 50 años de estudio y preparación tampoco dan para mucho, de Estrategia, Táctica, Logística y Orgánica militar y, desde luego, no tengo ningún miedo a perder ni buena poltrona ni abundante soldada de alto jerarca de la defensa de este país, me voy a permitir hacerlo con claridad y rotundidad:

Sí, sí, señor JEMAD, señora Chacón, señor Zapatero, señor Borbón, señores del Gobierno, señores diputados, señores senadores…españolitos de a pie esos de las dos Españas: “Lo de Afganistán es una guerra como la copa de un pino, pero una guerra “irregular”, “de guerrillas”, “no estabilizada”, “de baja intensidad”, “fluida”, “de movimiento”, sin frentes tradicionales, sin organizaciones ofensivas o defensivas permanentes… Que se libra sobre el terreno día y noche con acciones tácticas muy cruentas como las siguientes: golpes de mano, emboscadas, combates de encuentro, maniobras de envolvimiento vertical a cargo de pequeñas Unidades helitransportadas y de paracaidistas, acciones psicológicas y de decepción y engaño a cargo de los servicios secretos y de Inteligencia militar… etc, etc. Lo que pasa es que los españoles en esa guerra vamos de comparsas, a verlas venir, de soldados vergonzantes, refugiándonos permanentemente en nuestras bases/erizo para, cumpliendo órdenes del Gobierno, no tener que matar ni morir. Salvo alguna mina o “accidente”, como el del helicóptero Cougar, que se cruce en nuestro camino. Aunque, eso sí, como a todos los soldados del mundo, nos guste colgarnos medallas en hipotéticos combates y contabilicemos como nuestros los muertos que matan otros; como los 7 talibanes abatidos hace algunos meses por helicópteros artillados italianos de la OTAN que acudieron, jurando en hebreo, en nuestro auxilio tras una emboscada.

Pero ¡coño! repito y perdone el lector mi mal humor pero es que la cosa está ya resultando patética y ridícula: aquello ES UNA GUERRA y punto. ¿Pero que tiene de diferente esta de
Afganistán de la mal llamada de la Independencia española, hace ahora dos siglos? ¿Que en aquella fuimos de buenos, de resistentes, de guerrilleros (de terroristas, nada por supuesto), de valientes, de los que luchaban y morían para que su país siguiera siendo libre…y en la de ahora estamos con los malos, con los napoleones, con los imperialistas, con los invasores, con los soldados yanquis que matan “terroristas” (o sea patriotas, como son los talibanes de ahora y como lo eran los madrileños de la faca de 1808 y los iraquíes de 2003) a golpe de misiles lanzados desde aviones sin piloto. Terrorífica arma de destrucción masiva ésta, que un día sí y otro también se lleva por delante centenares de vidas de civiles afganos: hombres, mujeres y niños.

Pero nada, políticos de este país, sigamos allí, como dice la Chacón para no permitir que
Afganistán caiga en manos de extremistas… ¡Más que lo está ahora! Pero voy a terminar, que se me está calentando el subconsciente y mi deriva personal desde lo del Palacio Real a lo de Afganistán ha sido espectacular. Me gustaría, no obstante, antes de hacerlo, decirle algo serio, muy serio, al presidente Zapatero. Como amigo, más que como ciudadano:

“Señor presidente. Entérese. Aquella guerra (la de Afganistán) esta perdida, no “se va a perder o va muy mal” como dicen algunos. Está ya perdida. Como lo estuvo en el pasado, mucho antes de irse de allí, para macedonios, ingleses y rusos. No lo dude un solo segundo. Váyase cuanto antes de allí y saque a los soldados españoles. No se nos ha perdido nada en un lugar como aquél, que nunca ha sido ni nunca será nunca conquistado por nadie, a excepción de sus propios habitantes. Igual que ocurre en otras zonas sensibles geoestratégicas como, salvando todas las distancias, en la península ibérica, cuna de guerrilleros, de resistentes, de luchadores y, por lo tanto, campo de Agramante donde se la han jugado (y perdido) las más poderosas civilizaciones.

Aquello, señor presidente del Gobierno, es ya (no es que vaya a ser) un segundo Vietnam para los Estados Unidos. Pero ellos, llegado el momento, concentrarán otra vez cerca de su nuevo “Saigón” sus aviones y sus helicópteros y sacarán a los suyos aprovechando los tejados del mísero Kabul. Nosotros, los españoles, señor Zapatero, no podremos hacerlo. No tenemos portaaviones ni helicópteros. No tendremos más remedio que improvisar, con más moral que el Alcoyano, nuestra particular Anábasis en busca de la patria lejana. A golpe calcetín, naturalmente.
 


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