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140710 - Arturo del Villar - El esperpentismo nacional se ha desbordado desde que la selección de España de fútbol comenzó a participar en el  Campeonato Mundial de Fútbol celebrado en África del Sur. Jugaba la selección nacional de fútbol, no España, y lo que sucedió en los campos es asunto interno del equipo, no del reino. Sin embargo, convenía al Gobierno que dice ser Socialista y hasta Obrero proponer esa identificación, con objeto de implicar a los ciudadanos en el torneo, y así conseguir que se olvidaran de los gravísimo problemas que padecemos.

 

La primera vergüenza es que los 23 jugadores de la selección cobren unos sueldos superlativos, y encima se les ofrezcan primas cada vez que ganan un partido. Los pocos empleados que todavía quedan en este reino cobran unos sueldos míseros, trabajan sin más incentivo que el salario pactado, sin ninguna prima ni tía, y si no realizan exactamente su cometido se les despide sin contemplaciones. Los jugadores se han buscado además unos complementos en la publicidad de diversos objetos.

Estos nuevos millonarios por acertar a dar patadas a un balón se las dan también al idioma. Es verdad que el fútbol no es una carrera universitaria, pero a personas que dicen encarnar el honor nacional habría que procurarles una enseñanza siquiera de escuela primaria. Ha sido bochornoso escuchar su oratoria, cuando los periodistas deportivos les pedían una opinión. Ni los políticos hablan tan mal, ni la mismísima Leire Pajín es capaz de soltar tantas pajineces seguidas. Qué vergüenza nacional.

Claro que los periodistas deportivos no son mejores que ellos ante los micrófonos y ante los ordenadores. Siempre han sido los desechos de la profesión, pero en las retransmisiones de los partidos del Mundial han superado todo lo imaginable en ridiculez. Gritaban y aullaban como si estuvieran describiendo un acontecimiento histórico. Cierto que sus compañeros redactores les daban la razón, al titular de gesta un triunfo, y de asegurar que hacía historia. El honor del reino de España reside en los pies de 23 jugadores de fútbol. Es comprensible.

Se les ha calificado de héroes, y a algunos incluso de santos. Igualito que los llamados mártires de la llamada cruzada por los vencedores de la guerra, con la jerarquía eclesiástica al frente y brazo en alto. Los noticiarios de las cadenas de radio y televisión han estado monopolizados por la selección nacional de fútbol. Los diarios de información general no se distinguían de los deportivos, porque sus portadas eran monotemáticas, y contribuyeron decisivamente al patrioterismo general, convirtiéndolas en banderas de la monarquía del 18 de julio.
Los escaparates de las librerías que continúan abiertas, a pesar de la crisis socialista, muestran todavía los muchos volúmenes aparecidos estos días, con la historia de la selección y de cada uno se sus integrantes. Son éxitos de ventas.

La dictadura se sirvió del fútbol para entretener a los vasallos, sobre todo a partir de 1956, cuando empezó a emitir Televisión Española. Su heredera, la monarquía del 18 de julio instaurada por el dictadorísimo, sigue el modelo, e incluso algunos de los que entonces practicaron el sistema de embrutecimiento masivo lo continúan realizando. Es que aquí hubo una evolución para que nada sustancial cambiase.

En realidad se han repetido las argucias utilizadas por los servidores de la dictadura para entontecer al pueblo con el opio nacional. La recepción organizada en la tarde del lunes día 12, para recibir a los presuntos héroes en su regreso triunfal a la patria, recordaba los desfiles fascistas y las manifestaciones de la plaza de Oriente. Se engalanaron los balcones con la bandera monárquica, la mayoría de los comercios la lucían en los escaparates, taxis y autobuses y muchos vehículos privados la mostraban, algunos ciudadanos la llevaban por las calles, y hasta se cubrió con ella a las estatuas. Las tiendas de los chinos hicieron un gran negocio, porque agotaron sus existencias en banderas monárquicas. Es que son muy patriotas los chinos.

¿Qué harán los ciudadanos con esas banderas? Seguramente las quemarán en la primera manifestación antidinástica que se organice.
Como durante la dictadura, en los lugares de reunión donde se vieron los partidos se escucharon los gritos de “¡Viva España!”, al identificar a los jugadores con el reino, y también el grito fascista de “¡Arriba España!”, puesto de moda por Falange Española y adoptado por la dictadura. Aquí no ha cambiado nada.

Lo absurdo es que este patrioterismo derivado de la dictadura no se manifestaba con la camisa azul de Falange Española, sino con camisas rojas, un color que horrorizaba al dictadorísimo y sus sicarios, por ser el representativo de las revoluciones populares. La selección española de fútbol, para ser coherente con el reino al que parece representar, debiera haber vestido camisas azules de Falange Española, y recibir el nombre de División Azul, como la que fue a luchar bajo los símbolos nazis contra el Ejército Rojo precisamente. Pero es que en esta monarquía del 18 de julio instaurada por el dictadorísimo se pretende disimular la realidad de la realeza para que se olvide su origen.
Así que resultó conmovedor comprobar la solicitad de su majestad la reina nuestra señora, enviada especial al África del Sur. Apareció en los televisores y en las fotografías de los periódicos vestida de rojo, con un pañuelo amarillo al cuello, como si fuese la mismísima bandera monárquica andante. Los príncipes no se perdieron tampoco el partido final, y parece ser que los jugadores agradecieron la deferencia de que la una y los otros pospusieran sus agotadores trabajos para hacer tan largo viaje, pagado por los súbditos, para festejar el triunfo con ellos. Un sublime detalle.

Seguramente los protagonistas de esta gesta futbolera recibirán un título nobiliario, algo así como duque del Penalty o marqués de la Portería Imbatida, o barón de la Gran Patada, o conde de las Botas de Oro. ¿Por qué no? Los llamados nobles obtuvieron sus títulos por matar a los enemigos del rey de turno, y los jugadores de la selección nacional han dado un día de gloria a la monarquía del 18 de julio.

El Gobierno que dice ser Socialista y hasta Obrero aprobará sin duda esta gracia, puesto que la selección ha cumplido con su papel de servir opio al pueblo. Durante estos días tan patrioteros los ciudadanos han olvidado el número de parados, la bajada de los sueldos, la congelación temporal de las pensiones (enseguida las reducirán), el incremento de los impuestos, la progresión de contratos temporales, la desaparición de las ayudas sociales, el despido exprés, la deuda externa que ya ha rebasado el sistema solar, el producto interior bruto cada vez más embrutecido, los bancos desbancados, las cajas de Ahorros sin caja, la construcción en ruinas, la Ley de Economía Sostenible con muletas para que no se caiga, y un futuro que es un agujero negro. Todo eso se relegó ante la gesta histórica de unos próceres futbolistas. ¡Viva el opio del pueblo! (Pero la Bolsa siguió cayendo el día de la fiesta nacional para recibir a los héroes futboleros.)

Arturo del Villar es Presidente del colectivo republicano del tercer milenio
 


 

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