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211210 - Coronel Amadeo Martínez Inglés - … Y lo peor está por venir

 

El país arruinado (con una deuda autonómica de 108.000 millones de euros, el 10% del PIB y una deuda soberana de 600.000 millones, rayana ya en el 60% de la riqueza nacional); en estado de alarma preventiva para que los tour operadores foráneos no se nos enfaden; con los centros y las torres de control aéreo bajo mando militar (algo que ni Franco se atrevió a hacer); con más de cuatro millones y medio de parados, seiscientos mil de ellos sin recibir ya ningún tipo de prestación; con diez millones de pobres de solemnidad, de los cuales un millón y medio no reciben un solo euro en sus misérrimas cuentas; con dos millones largos de niños insuficientemente alimentados e inadecuadamente educados; con la inflación repuntando de nuevo en medio de la crisis; con la inmensa mayoría de los ciudadanos hasta la coronilla y muchos de ellos ya sin casa y sin poder comer; con Caritas (el antiguo Auxilio Social del franquismo) teniendo que multiplicar a diario los panes y los peces para que puedan subsistir un millón de indigentes; con los sindicatos de nuevo en la calle y blandiendo el hacha de guerra (esta vez sí) contra el golpe de mano de Zapatero retrasando la edad de jubilación a los 67 años; con los alemanes y los franceses llamándonos un día sí y otro también pedigüeños y despilfarradores; con el rey que nos donó caritativamente a los españoles el dictador Franco, Juan Carlos el Primero, viejo, enfermo y con su agenda oliendo solo ya a marisco del bueno y a Vega Sicilia; con todos los altos jerifaltes de este país (monarca, presidente del Gobierno, ministro de Fomento, presidenta de la Comunidad de Madrid… etc, etc, celebrando con risitas y estúpidos discursos la llegada del tren de alta velocidad a Valencia, que nos ha costado a los españoles 12.000 millones de euros cuando estamos sin un euro y a punto de que nos tengan que rescatar financieramente el resto de países europeos dirigidos, eso sí, por políticos bastante menos descerebrados que los nuestros (¿es que no teníamos bastante con nuestros famosos trenes TALGO que circulaban con total seguridad a más de 200 Kilómetros por hora?); con el “príncipe vaguete” que tiene que heredar la finca española denominada “Jefatura del Estado” cuando su señor padre fallezca, solazándose también en el AVE (¡qué perra la de estos desocupados regios con el nuevo y caro juguetito ferroviario español de la alta velocidad!) acompañado de su espigada princesita (del pueblo) y presentando, en sus ratos libres, diccionarios de la Real Academia Española de la Lengua; con el presidente del Gobierno, aquél sonriente ZP de los días de gloria y ahora sonado, estresado, ojeroso y a punto del infarto cerebral o miocárdico, perdiendo el culo un día sí y otro también hacia Bruselas para enseñarle la libreta de los deberes a la fracasada Merkel; con el hombre del pequeño pero matón martillo parlamentario, el inefable señor Bono, tontorrón él, autoritario él, piropeando al valido Rubalcaba más allá de la línea roja de la vergüenza ajena (¿estaría cocido este hombre?) e ironizando con la hipotética sucesión de su amado jefe; con el ministro de Fomento, mister White, jugando de nuevo al ajedrez con los controladores (después de los severos encontronazos pasados) a ver si esta vez consigue comerles definitivamente las torres; con el jefe de la Oposición (el divino Rajoy) viéndolas venir, esperando sentado a que pase por la calle Génova el cadáver de su enemigo, mientras, sobre un plano robado, se afana en distribuir equitativamente las habitaciones de La Moncloa entre los componentes de su casta y tradicional familia no sea que la cosa se adelante y le pille el toro; y, por último, (aunque hay más) los políticos “chupa presupuestos” vascos y canarios (apoyados esta vez por los verdugos de Montilla) ejerciendo en el Congreso de alfombras humanas y pícaras muletas de un Ejecutivo acabado, pero que suelta la mosca religiosamente…
 

Esto se acaba, amigos. Este país está en almoneda y a punto de dejarse caer por el precipicio. El último que apague la luz, cierre el gas y meta el coche en el garaje. El espejismo de la España democrática, rica, europea, avanzada, desarrollada, capaz de ejecutar una modélica transición a la democracia que asombró al mundo… se desdibuja más cada día que pasa, se esfuma, se pierde, desaparece al mismo ritmo que se abre camino la cruda realidad: La crisis, el paro, la corrupción, el despilfarro, la ineptitud de nuestros políticos, la elefantiasis y la voracidad de las Autonomías… han conseguido por fin arruinar al Estado y poner a este país al borde del desastre. Y lo peor está aún por venir. Si las cosas siguen así, y lo más probable es que empeoren ostensiblemente después de los últimos varapalos de las agencias de calificación internacionales, del disparo de la deuda autonómica y, sobre todo, después de que ZP haya traspasado irresponsablemente en Bruselas la línea roja de la confrontación social con su órdago 67, en los próximos meses (en todo caso durante el primer semestre del 2011) España, con toda seguridad, va a tener que afrontar una situación de excepcionalidad extrema en el campo social; esta vez de verdad, con millones de personas desesperadas en las calles de todas las ciudades del país y con huelgas generales y salvajes continuadas en el tiempo y en el espacio. Nada que ver con la huelga general pactada de septiembre de este año ni con el paripé de alarma/militarización que se sacó de la manga el valido Rubalcaba el 3 de diciembre para demonizar y cargarse a los controladores.
 

En este desolador escenario que muy pronto vamos a tener ante nuestros ojos los españoles (los recientes de Grecia, Francia e Italia pueden resultar un juego de niños comparados con el que, históricamente, le gusta gestionar al celtíbero común cuando está empobrecido y, además, piensa que sus gobernantes le toman el pelo) no le va a quedar otra opción a Zapatero, con el país en ruina total, acosado en el exterior y contestado y odiado en el interior que, esta vez en serio pues la situación será sin duda de auténtica excepcionalidad, escalar algunos metros más por la empinada cuesta de nuestra sacrosanta Constitución y, dada la experiencia que ya tiene en regalarnos alarma tras alarma a los ciudadanos de este país, decretar el estado de excepción o el de sitio. El que más le convenga para sanear los supremos intereses nacionales y el más idóneo u operativo para solventar la aguda crisis y contrarrestar los acontecimientos que, si Dios no lo remedia, va a vivir España en el preocupante año 2011 que comienza. Ello dependerá, en todo caso, de las circunstancias del momento pero que nadie en su sano juicio piense en estos momentos que del monumental pantano político/económico/social en el que estamos metidos los españoles hasta el tuétano, vayamos a salir impolutos, sanos, recién afeitados, perfumados, guapos… cumpliendo exclusivamente con las recetitas que hace unos meses le metieron en el bolsillo de la chaqueta a nuestro amado e incompetente líder ZP los jerarcas europeos y mundiales (y que él ha cargado, con más cara que espalda, en las magras cuentas de funcionarios, autónomos y pensionistas); ni, tampoco, con las que estos últimos días le vienen susurrando al oído tanto la frustrada y perversa Merkel como su amigo del alma, el inquieto inquilino de El Elíseo. De las que, por otra parte, le volverá a examinar la “alemana de hierro” el próximo día 3 de febrero.
 

Pero me temo que aunque el cansino y ojeroso ZP actúe con la contundencia que en las últimas semanas parece haber aprendido de Europa, todo será en vano porque los remedios a la tremenda crisis que padece este país (económica, financiera, social…) no pueden llegar exclusivamente por los caminos puramente economicistas, seguramente necesarios, que le vienen marcando los líderes europeos. El gran problema de España, del cual nacen todos los demás (corrupción, despilfarro, déficit, elefantiasis administrativa, descrédito internacional…) es sin duda su modelo de Estado (el pomposamente denominado de las Autonomías, una especie de Estado federal sui generis con todos los defectos de este sistema político descentralizador y ninguna de sus ventajas) consagrado e impuesto a la ciudadanía por una Constitución elaborada en una situación excepcional de pánico social y político y bajo la vigilancia del poder fáctico del momento: los militares franquistas. Este demencial sistema parecía que había funcionado más o menos bien todos estos años empujado por los vientos políticos favorables de la UE y los dineros de alemanes y franceses pero la corrupción generalizada, los espantosos déficits democráticos que ha presentado desde siempre y, sobre todo, el despilfarro central, autonómico y municipal han acabado agotándolo, arruinándolo, endeudándolo, desprestigiándolo internacionalmente… hasta el punto de que, atacado también financieramente desde el exterior con una saña increíble, está a punto de resultar absolutamente inviable en el medio plazo. Todo esto gracias, desde luego, a la presencia de un potente y muy profundo catalizador: la monstruosa crisis financiera y económica que padecemos desde hace ya más de tres años.
 

Así estamos amigos, a punto de comenzar el, a todas luces, “annus horribilis” español de 2011. Pero antes de terminar estas líneas, abandonándome con ello a la vacuidad propia de estas fechas, querría enviarle un mensaje de advertencia, y también de preocupación ¿por qué no?, al líder del PP, el eterno aspirante a la presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy. Mire, señor Rajoy, baje cuanto antes de la nube en la que se encuentra soñando con los angelitos de La Moncloa y aterrice en la cruda realidad de este país, lejos de encuestas triunfalistas y zarandajas periodísticas. Este país (y esto usted lo sabe pues lo ha dicho) se hunde, el Régimen de la Transición, el de la Constitución del 78 está en sus horas más bajas, ha cumplido su ciclo vital, ningún Régimen personalista (y éste, como el mismo franquista del que fue heredero, lo es) sobrevive a su fundador y los 35 años de juancarlismo (que quizá pudo tener su razón de ser histórica y cumplir razonablemente su función de abrir camino tras una odiosa dictadura) tocan a su fin; al mismo tiempo que la vida (activa, no tiene por qué irse precipitadamente al pudridero de El Escorial) de su titular.
 

Usted, señor Rajoy, no digo que no, puede estar llamado a recoger, en el corto plazo las ruinas, los despojos, los sinsabores, las frustraciones, la ruina económica y moral de una sociedad empobrecida y harta de sus políticos y hasta de su propia estructura como país. Pero no se confíe demasiado, no haga mucho caso a los que ya le vitorean en silencio como el caballo ganador de marzo de 2012. Porque, a lo peor, el Gobierno, este Gobierno, el Ejecutivo del señor Zapatero, el propio ZP, no es que no adelante las elecciones generales previstas para esa fecha como usted y su partido le piden machaconamente desde hace meses. No, no, es que puede verse tentado, inmerso como está en la vorágine del poder absoluto y militarizable, a posponerlas sine die. A retrasarlas todo lo que le dé la gana y convenga a sus intereses. Razones puede esgrimir las que quiera, a montones: Crisis, Europa, inestabilidad social, posibles desórdenes, conflictividad laboral, de cualquier otro tipo, necesidad de no abandonar el barco en medio de la tormenta… ¿Y como podría hacerlo? ¿Sería legal? Elemental, señor Rajoy. ¿Ha oído usted hablar de los estados de alarma, excepción y sitio que contempla nuestra Constitución? ¿Se pueden convocar elecciones mientras esté en vigor cualquiera de ellos? ¿Verdad que no? Pues elija uno de los tres, tal vez acierte con el que puede tener ya in mente el sibilino ZP. O su maquiavélico vicepresidente, el todopoderoso Rubalcaba.

Amadeo Martínez Inglés es Coronel del ejército de España, Escritor e Historiador.

 


 

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