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291210 - Arturo del Villar - En este reino constitucionalmente laico se conmemora con inmensa devoción la Natividad de Jesucristo, palabra apocopada en Navidad, que según el Diccionario de la Real Academia es nombre propio y debe escribirse con la inicial mayúscula. Además de fiesta religiosa lo es oficial, se adornan e iluminan especialmente las calles para celebrarla, se da una paga extraordinaria a los escasos trabajadores que aún resisten, enseñantes y enseñados se toman vacaciones, y los medios de comunicación de masas informan sobre los dos discursos más memorables de cada año, los de su majestad el rey católico y los de su santidad el obispo de Roma, dicho sea con el ceremonial que merecen. Pues menos mal que es un reino laico, porque si llega a ser confesional nos obligaban a todos los súbditos a participar en la misa del gallo, con cárcel para quien no acudiese con la unción debida.
 

Los dos discursos copan la atención de los medios y de los comentaristas políticos. No se habla de otra cosa en las cadenas de televisión y de radio, ni se escribe de nada más importante en los diarios. En cambio, nadie los comenta en la calle, lo que demuestra la separación entre los medios y los receptores. Y aún se quejan de que los periódicos estén en quiebra.
 

El discurso se su majestad el rey católico nuestro señor, que Dios guarde, resultó tan vacío de ideas como la persona real hinchada de aspecto. Parece que tenemos un rey y medio. A su izquierda, con un marco dorado, lucía esplendorosa una fotografía de la recepción que la real persona concedió a los componentes de la selección española de fútbol, para que le enseñaran la copa que habían ganado en Sudáfrica. Entonces todavía el rey no había necesitado hacerse nuevos trajes.
 

Se trata de un detalle confirmador de la importancia que la casa real concede al fútbol. Que no le falte el opio al pueblo, para que no piense en otra cosa. Ese tema sí que acapara las conversaciones callejeras. Los medios de comunicación de masas embrutecen al pueblo con las constantes informaciones futboleras. Cuando no se juegan partidos en el reino laicista de España, como sucede en la Navidad, por respeto a la dignidad de la fiesta, se comentan los que sí juegan en otros países irrespetuosos, con la disculpa de que interviene un jugador español. El caso es que los vasallos estén sumisamente adormilados y fanatizados y atontados.
 

En cuanto al mensaje, esta vez el escriba real ha puesto poca imaginación. Se ha limitado a contar lo que todos sabemos: que padecemos una crisis económica espantosa, que el paro es inmenso, que el número de empresas quebradas es clamoroso, que los estudiantes españoles son muy torpes, que los jóvenes están desesperados, y en resumen, que este reino se halla sumido en una crisis total.
 

Eso lo conocemos los vasallos por experiencia, porque lo sufrimos en nuestras propias carnes. A su majestad católica se lo ha redactado el escriba para que lo lea, pero a él y a su familia el paro no es les afecta, al menos por el momento. Ninguno de ellos pasa las noches en vela, discurriendo cómo encontrar un empleo aunque sea temporal y misérrimo, conseguir dinero para comer algo al día siguiente, o pagar la hipoteca para evitar que los expulsen del piso que habitan, en el que ya no queda más objeto que un televisor para ver los partidos de fútbol. A ninguno de ellos le inquieta que desde el 1 de enero suban las tarifas de todos los servicios, mientras se reducen los sueldos y las pensiones. Eso es cosa de vasallos, no de reyes.
 

Merece meditarse especialmente este párrafo: “Quiero reiterar esta noche que el terrorismo sólo suscita condena y repudio en cuantos defendemos la libertad y la democracia.” Vamos por partes. Si este reino se encuentra amenazado por el terrorismo islamista, se debe a la ocupación de territorios independientes islamistas por fuerzas armadas españolas al servicio del imperialismo gringo. Si el presidente del Gobierno apodado Socialista no estuviese perpetuamente genuflexo ante el emperador, no sufriríamos esa amenaza, se habría evitado la muerte de soldados en accidentes o acciones bélicas en países lejanísimos, y nos ahorraríamos millones de euros con los que se podrían contener los sueldos y las pensiones. Puesto que el rey detenta “el mando supremo de las fuerzas armadas”, según el artículo 62 h) de la Constitución, no tiene que hacer más que ordenar el regreso a la patria de todos los militares en misiones bélicas extranjeras, y se acabó la amenaza terrorista, además de ahorrarnos vidas de soldados y millones de euros, que buena falta nos hacen.
 

En cuanto a su cacareada defensa de la libertad y la democracia, es incompatible con su título real. La palabra castellana libertad deriva de la latina libertas, que en primera acepción significa libertad política, cosa incompatible con una monarquía. Asimismo, la palabra castellana democracia deriva de la griega democratía, que se traduce por gobierno del pueblo, algo imposible en una monarquía. Por lo tanto, el escriba real no debía haber hecho decir a su majestad católica que defiende la libertad y la democracia, porque para ello tendría que abdicar antes.
 

Conmovedora resulta la afirmación siguiente: “He contado siempre, y muy especialmente este año, con el afecto de los españoles y con el activo apoyo del príncipe de Asturias”. Será con el afecto de los vasallos contratados para que acudan a vitorearle en sus apariciones públicas, porque con el de los millones que nos manifestamos a favor de la Tercera República seguro que no cuenta. Y respecto al príncipe, es natural que apoye a la institución monárquica, para intentar evitar perder su descansado empleo vitalicio, o algo peor.
 

Pero si el mensaje real era una suma de lugares comunes, el papal ha resultado más absurdo todavía. El antiguo nazi Joseph Ratzinger, ahora convertido en dictador supremo e infalible del presunto Estado Vaticano con el alias de Benedicto XVI, se ha atrevido a reclamar a la República Popular China la libertad religiosa, cuando la criminal secta que preside ha estado durante veinte siglos asesinando a quienes disentían de los dogmas romanos. Millones de mártires inocentes claman contra el papado, y exigen la disolución de esta secta genocida, que debe ser extirpada de las sociedades actuales en todo el mundo.
 

Por el contrario, no ha mencionado para nada a las víctimas de la lujuria ejercida por curas, frailes, obispos, arzobispos y cardenales de la Iglesia católico romana contra niños y jóvenes en todos los lugares en donde se les permite ejercer su misión contra las libertades cívicas, y contra la doctrina predicada por Jesucristo, aunque el dictador vaticano tiene la desvergüenza de auto titularse su vicario.
 

Dos mensajes, pues, el del trono y el del altar, que debieran influir en las conciencias de los vasallos de ambas instituciones. Si no estuvieran narcotizadas por el opio del fútbol, naturalmente. Mientras se celebraban las olimpíadas griegas no había guerras. Mientras se transmitan partidos de fútbol no habrá disturbios sociales.
 

ARTURO DEL VILLAR ES PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO
Más informaciones republicanas en www.fresdeval.blogspot.com

 


 

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