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La estúpida venganza de un Imperio asesino

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Con nocturnidad, alevosía, premeditación, torturas, engaños, desprecio de la soberanía de otro Estado, abuso de la fuerza, de la tecnología y de la confianza democrática de millones de ciudadanos norteamericanos, utilizando ilegalmente la obediencia debida de unos soldados de elite que un día juraron defender con honor la integridad de su patria y ahora se han convertido en despreciables asesinos a sueldo, en sicarios sin escrúpulos de un poder mafioso a nivel global…
el Imperio yanqui, la ultraderecha republicana, los halcones del Pentágono dirigidos por el “progresista” Barack Obama, por el nuevo “paladín de la democracia” de la Casa Blanca, por la gran esperanza tornasolada de millones de ciudadanos de este mundo desesperado que aspiraban a que las cosas cambiaran tras su milagroso ascenso al olimpo del poder y del dinero, han ejecutado finalmente su ansiada y torpe venganza asesinando fríamente, “manu militari” y estando desarmado, a su mortal enemigo, a aquél que un día osó desafiar su omnímodo poder masacrando en un terrorífico y bien planeado operativo a casi tres mil inocentes ciudadanos al tiempo que, con su atípica “fuerza aérea civil”, derribaba las joyas arquitectónicas de la gran manzana neoyorquina y hería gravemente la mismísima “arca de la alianza” del puño militar norteamericano.

(Ver:
Mi reacción ante la muerte de Osama)

Pues sí, amigos, aunque parezca increíble y, desde luego, muy difícil de asumir por cualquier mente dotada de un mínimo de saltarinas neuronas, así ha sido. Y es que los Imperios, como monstruos (políticos) que son, son siempre torpes en sus movimientos y lentos y estúpidos en sus decisiones. Y, por supuesto, prepotentes, ególatras, engreídos y desleales, equivocándose a mansalva y minusvalorando constantemente a sus enemigos (que es el peor error que puede cometer un estratega militar o político) lo que a veces les lleva a resultados catastróficos para sus propios intereses y al sufrimiento de millones de sus ciudadanos, presentes y futuros. La historia guarda en sus páginas abundantes errores y clamorosas ilegalidades y crímenes cometidos por todos y cada uno de los Imperios que en el mundo han sido, desde la Antigüedad hasta nuestros días. Imperios como el persa, el egipcio, el macedonio, el griego, el romano, el turco, el español, el inglés, el napoleónico, el nazi, el ruso, el japonés… y, por último, el que ahora nos toca vivir y padecer: el yanqui. Muchos de ellos, la mayoría, después de décadas de dominio absoluto y desprecio por sus adversarios, no pudieron sobrevivir a su última y alocada decisión política o militar. Así es la vida y así es la terrible correlación de fuerzas e intereses que el hombre ha impuesto sobre la tierra para, según él, progresar y aspirar a una existencia mejor y más saludable.

Pero aún, como digo, siendo consciente de la torpeza e idiotez congénita de los Imperios, la decisión tomada por el presidente Obama en relación con asesinato de Estado del terrorista Osama Bin Laden alcanza tal grado de estupidez personal y política que, sin duda, y eso lo veremos en los próximos días, semanas, meses y años, la historia de su país le pedirá en su momento responsabilidades de gran nivel al afectar gravemente a la vida y las haciendas de miles, quizá millones, de compatriotas.

¿Pero como se le ocurre a este hombre, máximo dirigente de la primera y, en teoría, más democrática potencia del mundo, montar este crimen de Estado, esta “hazaña bélica” terrorista y televisada en directo al peor estilo de los batallones de la muerte de las dictaduras castrenses sudamericanas de los años setenta del pasado siglo, para eliminar extrajudicialmente y sin el más mínimo respeto por la legalidad internacional y el propio derecho de guerra (si le hacemos caso de que están en guerra contra el terrorismo global), a un personaje todo lo siniestro que se quiera pero que apenas era ya un mito en su propia organización, acabado, enfermo, retirado por decisión propia a la vida contemplativa y familiar y sin apenas poder ejecutivo real (hasta los servicios secretos de Andorra disponen de información que acredita el profundo cambio sufrido por Al Qaeda en los últimos tiempos y su nueva y descentralizada organización operativa)?
¿No fue capaz de pensar este primer presidente “bronceado” yanqui de mucha labia y escaso cerebro (ahora reciclado en terrorista de Estado) que matando al mito, al heroico enemigo de Occidente, al único superluchador islámico que ha infringido un duro castigo al Imperio, además de subirlo muchos peldaños en su carisma espiritual, de rescatarlo para la lucha sin cuartel que mantienen en la actualidad multitud de hombres, mujeres y organizaciones del islamismo radical, lo convierte en un mártir, en un símbolo que abrazarán (ya lo estarán haciendo a miles) nuevos terroristas (luchadores de la guerra santa contra el infiel, según ellos) que en los próximos días, semanas, meses y años, acudirán ilusionados y en masa a los centros de reclutamiento de suicidas y yihadistas?

Supongo que este tontorrón de la Casa Blanca y nuevo terrorista del Imperio que, como el simpático Peter que da nombre al conocido complejo, ha traspasado con creces su nivel de competencia personal al ocupar, con evidente riesgo para todos los ciudadanos del mundo, su despacho oval, sí se daría cuenta de algo de todo esto al firmar, tapándose la nariz, la orden que autorizaba a los descerebrados jerarcas del Pentágono a montar su numerito de criminales de Estado. Pero resulta evidente que ni se atrevió a ir contra ellos, representantes divinos de la sacrosanta “Seguridad Nacional”, ni consiguió sobreponerse a la suprema tentación de ganar puntos, muchos puntos, en el siniestro porcentaje de popularidad que este crimen haría subir como la espuma.

Resulta meridianamente claro para cualquier observador imparcial que este desgraciado asunto de terrorismo de Estado a cargo de la primera potencia global no se ha cerrado, ni mucho menos, con la muerte de Bin Laden. Solo acaba de empezar y su terminación llevará seguramente muchos años. Tantos como “la guerra” que el genocida Bush (el que ya ha “democratizado” Irak y Afganistán liberándolos de terroristas a doscientos mil muertos por barba) se permitió declarar sabe Dios contra quién y que ha propiciado crímenes y errores tan monumentales como éste que ahora comentamos; y que alarma y entristece sobremanera por su propia gravedad intrínseca y por venir de la potencia que rige el mundo y que debería ser la primera en defender el derecho internacional y los derechos fundamentales de todas las personas, terroristas y delincuentes incluidos.

¿Y aquí en España qué, se preguntará el lector? Pues aquí lo de siempre, amigo. A nuestro desahuciado presidente del Gobierno, a aquél al que el culo se le convirtió en plomo en un desfile militar en el que figuraba la bandera de las barras y estrellas, no se le ha ocurrido otra cosa que felicitar al tontorrón (y terrorista sobrevenido) Obama por el éxito obtenido por las FAS de su país en masacrar limpiamente a su enemigo (no olvidemos que están en guerra) y también terrorista Osama (¡Es que son iguales hasta en el nombre!). ¡Inefable, esplendoroso, encomiable, divino, supino…! ¿Pero este ZP estará en sus cabales o es que la crisis le ha generado un trastorno superbipolar de nulo retorno? ¡Por favor, que alguien saque a este acabado político de La Moncloa antes de que nos lleve a todos a la ruina! Aunque sea el mismísimo Rajoy. Como mal menor, siempre será mejor un derechón que un cretino.


 

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